Cuando
George Adamski
dijo haber entrado en
contacto con extraterrestres en los años
50, ellos eran venusinos. Antes de
Adamski, los extraterrestres eran
marcianos. Un análisis de la literatura
de los contactados muestra que su origen
fue llevado gradualmente más lejos, en
la medida que la ciencia mostraba que
los planetas más próximos eran
inhóspitos para la vida humana y lugares
improbables para originar vida
inteligente. Hoy en día una localización
muy citada es Zeta Retículi, a años luz
de distancia de la Tierra.
Los que enfrentan al
fenómeno OVNI como un real fenómeno
extraterrestre encuentran serios
problemas en este gradual alejamiento
del origen de los alienígenas. ¿Cómo
explicar esto? ¿Será que en la medida en
que nos hacemos ‘conscientes’, los
visitantes del espacio limitan su zona
de colonización a distancias cada vez
más grandes? Esto es una respuesta
viable, pero también una típica
característica pseudocientífica de
modificar las explicaciones al
enfrentarse a aspectos imprevistos para
preservar un concepto preestablecido.
Una teoría científica
verdadera debe prever los aspectos
imprevistos, en lugar de ajustarlos. La
hipótesis psicosocial, según la cual el
fenómeno de los contactados y los
abducidos son facetas de una creencia en
seres del espacio, puede prever que
tales creencias muden con el tiempo a
medida que los descubrimientos
científicos llegan a la población,
aunque de forma distorsionada, y
modifican su opinión de cuál sería el
origen más probable de un ser
extraterrestre.
En el comienzo del siglo
XX, Marte era un buen candidato. Décadas
más adelante, Venus parecía un planeta
amigable. Entonces, a pasos agigantados,
llegamos a Zeta Retículi. Ya hay en la
población una percepción arraigada al
respecto de las diferentes dimensiones,
y las ideas de que el origen de los
seres espaciales debe ser inmaterial es
cada vez más aceptada. Los adeptos a la
hipótesis psicosocial (HPS) pueden
prever que, principalmente con el
aumento de la divulgación y aceptación
científica de la Teoría de las
Supercuerdas, que hablan al respecto de
decenas de dimensiones, combinada con un
sentido de que un origen físico creíble
para los extraterrestres parece estar
agotado, llevarán a la creencia popular
a cambiar el origen de estos seres a
tales dimensiones. A partir de la HPS, y
solamente de ella, se hace un pronóstico
sobre la evolución del fenómeno OVNI, y
de aquí a algunas décadas podremos ver
si es correcta, o si estuviera errada
podremos analizar por qué lo estaba.
La previsibilidad no es
el único problema de la hipótesis
extraterrestre (HET) con el origen de
los alienígenas, y para entender eso
debemos abordarla de forma positiva para
identificar algunas inconsistencias
inherentes en su defensa. Al contrario
de lo que muchos adeptos de la HET
puedan imaginar, el problema con el
origen de los viajeros intergalácticos
no es que vengan de planetas
aparentemente ridículos como Venus o
Marte, sino que este origen se mude
linealmente cada vez más lejos sin
muchos cambios asociados, y los cambios
involucrados que llevan a pensamientos
contradictorios.
Adamski y sus venusinos
pueden ser mucho más aceptables que los
grises de Zeta Retículi, y para explicar
esto podemos recurrir a una analogía.
Salga de su casa y pregunte dónde viven
a las diez primeras personas que
encuentre. Si usted vive en una zona
residencial, es muy probable que la
mayoría, si no todas esas personas,
digan que viven bien cerca de su propia
casa. Todas las personas que usted
encuentre deben tener acceso a un coche,
o por lo menos a cualquier transporte
colectivo, y pueden viajar así hasta un
radio de algunos centenares de
kilómetros. Todas pueden viajar hasta el
otro lado del mundo en un avión, pero la
mayoría de ellas vienen probablemente de
muy cerca de su propia casa.
Cuando usted vive en un
barrio residencial, las personas que
pasean cerca de su casa son muy
probablemente sus vecinos, y al igual
que todos ellos usted puede viajar hasta
el otro lado del mundo sin muchas
dificultades. ¡Sería muy extraño que
usted viviese en un barrio residencial
con excelentes condiciones en donde solo
su casa esté habitada, pero más extraño
que eso sería que el único transeúnte
que usted encontrara no viviera cerca de
su casa, sino que fuera de Pelotas! (en
esta analogía, claro, suponiendo que
usted viva bien lejos de Pelotas).
La analogía obvia es que
si tenemos planetas que pueden ser
habitados en nuestro vecindario, aunque
con cierto esfuerzo, los extraterrestres
deberían estar en ellos y, al visitar la
Tierra, lo más seguro es que vinieran de
ellos. ¡Alfa Centauro, el sistema de
estrellas más cercano a la Tierra,
debería ser un lugar del origen
extremadamente común en las historias de
visitas extraterrestres, sólo superado
por lugares como los planetas Venus o
Marte!
En este momento debe
haber serias cuestiones en cuánto a la
analogía: Marte y Venus pueden ser
“casas”, pero no son casas muy
hospitalarias. Más correcto sería
imaginar que vivimos en una mansión y
nos preguntásemos por qué nadie vive en
las casas de cartón a nuestra vuelta y
por qué la gente que pasa por la calle
en Mercedes viene de la mansión más
próxima, a decenas de kilómetros. Esta
idea prácticamente se puede igualar a la
situación de arriba si consideramos que
la ciudad está tan apretada que incluso
las cajas de cartón deben ser lugares
apropiados para habitarlas. La idea de
que es inevitable que una civilización
se expanda y colonice toda la galaxia es
el origen de la
paradoja de Fermi,
y según esta idea toda la especulación
al respecto del origen de los visitantes
extraterrestres cambia.
Adamski decía que los
venusinos viajaban hasta la Tierra en
platillos voladores. Esta idea parece
infantil, pero siguiendo la lógica de la
paradoja de Fermi según la cual una
civilización tecnológica debe
necesariamente expandirse rápidamente
por toda la galaxia la idea no es
entonces tan mala. Los venusinos podrían
ser la colonia más cercana a nosotros de
una civilización antigua que se está
expandiendo rápidamente, y solamente por
estar más cerca de ellos nos visitan con
más frecuencia.
Esta civilización en
expansión por la galaxia no necesita
poseer las naves que sobrepasen la
velocidad de la luz, lo que volvería
todavía más plausible que los visitantes
viniesen de cerca. Justificar las ideas
de Adamski es algo muy extraño, pues hay
claros indicios de que Adamski era un
puro fraude, pero el punto aquí es que
la idea en sí misma de que venusinos o
incluso marcianos nos visiten, ahora
execrada por la ciencia y hasta por las
pseudociencias ya hace décadas, no es
una idea tan mala en sí. Según la lógica
de la paradoja de Fermi, en una galaxia
plenamente colonizada, no tiene sentido
que los ETs no colonicen la Tierra y
colonicen por lo menos los planetas al
lado de ella, lo que haría que los
visitantes más probables de nuestro
planeta sean nuestros vecinos más
próximos.
De hecho por esta
lógica, lo que parece improbable es que
los visitantes extraterrestres vengan
directamente de un lugar distante a años
luz. Sería como la analogía de arriba,
un extraño visitante de Pelotas a un
barrio desierto habitado solamente por
usted. Es difícil entender por qué seres
extraterrestres que pueden viajar años
luz de distancia salgan de sus planetas
de origen para visitar otros planetas
sin colonizar la galaxia. En el artículo
“Alienígenas maltusianos” se puso
énfasis en cómo el crecimiento de la
población en el siglo XX podría hacer
que la humanidad iguale la masa del
universo en solamente seis mil años.
Exactamente con un millonésimo de este
crecimiento, en algunos billones de años
la civilización todavía igualaría la
masa del universo. La presión que tiene
la vida para expandirse –apoyada por la
civilización– es enorme, una idea que
Malthus introdujo y que Fermi percibió
que tendría también que ser aplicada a
las civilizaciones extraterrestres. Una
idea infelizmente ignorada hasta hoy por
la mayor parte de la población,
incluyendo muchos que se atreven a
especular sobre las civilizaciones
extraterrestres.
De toda forma, debe ser
claro que la pregunta sobre que los ETs
de Pelotas, o mejor, de Zeta Retículi,
sean más probablemente venusinos o
marcianos está íntimamente ligada con la
paradoja de Fermi. Como no sabemos
realmente cuál es la respuesta de la
crucial paradoja, sólo nos resta
suspender nuestro juicio hasta el brote
de nuevas evidencias, que vengan de la
astronomía, la exobiología o incluso de
la ufología. Lo que significa que, en
rigor, los venusinos son tan probables
–o improbables– como los reticulianos.
Esto también significa
que el hecho de que estos pensamientos
lógicos no sean accesibles a la
población en general y por lo tanto no
modifiquen sus creencias con respecto al
origen más probable de los visitantes
extraterrestres, muestra cómo los
relatos sobre estos reflejan más una
creencia que posibilidades concretas.
Racionalmente, puede parecer increíble,
pero no hay razones del porqué los
venusinos deban ser vistos con más
incredulidad que los reticulianos. Si
parece extraño que venusinos o marcianos
que viven más cerca todavía no hayan
sido descubiertos, los reticulianos que
vienen de años luz sólo para visitarnos
sin colonizar ningún planeta en medio
del camino puede serlo todavía más.
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