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Los 447 OVNIs de Bonilla (pt. 2)
publicado en 07/02/2005

Autor: Luis Ruiz Noguez

También se usaba el “Manual elemental de astronomía de posición” de Manuel Medina Peralta (78), un libro que básicamente comprende la transformación de coordenadas ortogonales a geográficas como ayuda en la orientación astronómica. Esta rama de las ciencias fue muy cultivada en Zacatecas como aplicación práctica en el deslinde y ubicación de las principales ciudades del Estado, como nos cuenta Manuel Medina Peralta (79), quien informa que en esos años se llevó a cabo la Expedición Geodésica del Estado de Zacatecas, en la que se pudo establecer la posición geográfica de las 102 poblaciones más importantes del Estado. 

Además de estas actividades prácticas, se editaba un buen número de folletos y de revistas científicas de astronomía, como “Boletín Mensual del Observatorio Astronómico-Meteorológico del Estado de Zacatecas” (80), “Memorias de la Sociedad Científica Antonio Alzate” y “Naturaleza”. 

El día de la inauguración del Observatorio de Zacatecas no fue un evento aleatorio. Se escogió el 6 de diciembre de 1882, ya que en ese día tuvo lugar el tránsito del planeta Venus sobre el disco solar. Los astrónomos de la época aprovecharon la ocasión para medir con mayor precisión la distancia entre la Tierra y el Sol. 

Este fenómeno, nos explica el astrónomo y doctor en Historia Ciro Robles Berumen (81), “permitiría a los astrónomos de esos años establecer con mayor precisión la distancia media entre la Tierra y el Sol, lo que a su vez posibilitaría tener un conocimiento mayor de las dimensiones reales de nuestro sistema solar. Estos tránsitos de Venus por el disco solar son raros pero periódicos. A los 122 años de un paso, ocurre otros ocho años después; luego deben transcurrir otros 105 años más para observar otro tránsito, repitiéndose a los ocho años; finalmente, hay que esperar otros 122 años para volver a tener un nuevo paso”. 

Es decir, el ingeniero Bonilla no era ningún improvisado. Pertenecía y era miembro distinguido de varias sociedades científicas mexicanas e internacionales. Adolfo Dollero, en su libro “México al Día (impresiones y notas de un viaje)” (82) lo describió como un hombre de ciencia, progresista, muy conocido por sus trabajos científicos (83) y, ante todo, una persona muy amable y sencilla. 

Sucedió que en 1882 el director del observatorio era el profesor Bonilla. Éste decidió que, con la ayuda de uno de sus hermanos, tratarían de seguir el tránsito de Venus. Para tal efecto adaptaron una cámara fotográfica al telescopio refractor. Se obtuvieron algunas fotos, a pesar de la lluvia torrencial que cayó en Zacatecas. Ésas fueron las primeras fotos astronómicas conseguidas en la ciudad. 

Esas fotos desaparecieron con el tiempo y sólo se conservan algunas reproducciones. 

Bonilla determinó el paralaje solar por medio del método de Halley, en coordinación con otros centros astronómicos. En Puebla estaba el Sr. Bouquet de la Grye, jefe de la Comisión Francesa; en Guadalajara el Sr. Carlos F. Landero, jefe de la Comisión Exploradora en el Pacífico; en la ciudad de León, el Sr. José A. Brambila, jefe de la Comisión de Geografía y Estadística del Estado de Guanajuato; y con el Observatorio de Chapultepec, en la Ciudad de México. Entre todos estos centros se intercambiaron señales telegráficas, para llevar a feliz término la medición. 

En 1885, Carlos Pacheco, Secretario de Fomento de México, escribió lo siguiente dirigido al Congreso de la Unión, respecto a los resultados de Bonilla: 

“El Sr. D. José A. Bonilla, Director del Observatorio Astronómico de Zacatecas, tuvo la bondad de mandarme el resultado de sus observaciones, en un informe que revela desde luego el grande entusiasmo, suma constancia y notable habilidad de su autor.

 

“Preparado perfectamente el Sr. Bonilla para hacer la observación de los contactos con un magnífico ecuatorial, que acaba de montar con buen éxito, determinando sus principales errores, comenzó a abrigar serios temores desde el día 4 por la tarde, en que comenzaron a aparecer algunos nublados; habiendo notado desde el día 2 una baja lenta en el barómetro, pero sin señales entonces de perturbaciones atmosféricas. El día 5 hubo viento fuerte del suroeste y el cielo se cubrió de espesas nubes, pero a la medianoche empezó a variar el estado del cielo, al grado que a las cinco de la mañana del día 6 era magnífico, soplando un viento del poniente. Más a las seis, el viento cambió viniendo de oriente, y empezó entonces a formarse una densa niebla por todo el horizonte del oriente. A las siete el desaliento era completo, pero el ecuatorial fijado en inclinación y ángulo horario comenzó a andar” (84). 

A partir de entonces gran parte de las actividades del Observatorio se dedicaron a estudiar y fotografiar el Sol. En su texto “Cosmografía elemental”, Bonilla escribió que “he contado 417 de manchas de marzo de 1882 a marzo de 1883”. 

El astrónomo Ambrosio Romo Vega continuó con esta labor hasta 1909. Pero los archivos también se perdieron y sólo se conservan dos fotos. 

El propio Bonilla registró sus observaciones en un informe publicado ese mismo año (85). Entre los párrafos más importantes podemos destacar los siguientes: 

“Llega el instante calculado del primer contacto y se nos pierde el astro brillante entre la espesa niebla, sigue soplando el viento oriente, y disolviendo la niebla, y distingo a Venus a través de las nubes, a la mitad sobre el disco solar, pero no sólo veo de Venus la parte del disco que se proyecta sobre el Sol, sino todo su disco, aun la parte que se proyecta sobre el fondo del cielo. Retiro súbitamente mi ojo porque ya no soporta la intensidad de la luz y el calor, y recibo la imagen solar sobre el papel enlienzado, afocado convenientemente al telescopio. Rásgase la niebla. Mi hermano y yo vemos todo el disco de Venus, mitad sobre el sol, mitad fuera de él; la parte que está adentro enteramente negra, rodeada de un aureola o círculos concéntricos delgados, con los colores del espectro; y la otra parte que se proyecta sobre el fondo del cielo, algo negra pero cenicienta, bastante bien terminada, rodeada también de una faja luminosa blanquecina muy delgada, sin los colores irisados.

 

“La proximidad del contacto y el temor de perderlo, me impidió cambiar de ocular y poner el polariscopio de Merz. Seguí observando por proyección, como estaba, esperando atentamente la aparición del ligamento: veo que no se deforma el disco de Venus, marco en el cronómetro el momento en que son tangentes interiormente los dos discos, y sigo con toda atención y calma esperando la formación del ligamento, cuando veo distinta e instantáneamente desprenderse el disco de Venus del disco del Sol, en un punto de tangencia, dejándose ver también instantáneamente el filete luminoso en dicho punto de contacto; en este instante marco en el cronómetro, teniendo lugar el contacto real. Con sorpresa vi, pues, el contacto sin ligamento, o gota negra ninguna, reviso con avidez los minutos y segundos apuntados por el contador del cronómetro, para estar plenamente seguro de no haber ninguna equivocación.

 

“Así es que estoy seguro de haber fijado el momento del contacto interno, con toda precisión de que es susceptible el fenómeno. Inmediatamente veo que la neblina se había despejado de los contornos del Sol, y que el astro radiante se proyectaba sobre un fondo azul purísimo. Con oculares de 50 y 120 (de poder amplificador), veíamos el disco de Venus rodeado de círculos concéntricos delgados, con los colores cambiantes del espectro, bastante brillantes, y por momentos, y algunas veces, el mismo disco de Venus enteramente negro en el centro, y una faja o corona pardusca con tintes violados algo pronunciados, pero siempre dentro del disco. Con los oculares más fuertes desaparecían estas coronas de dentro y fuera del disco, apareciendo éste con un color negro pardusco un tanto amarillento, pero no muy bien terminado en los bordes, sino algo confuso, como si no estuviera bien afocado, por más que yo lo intentaba”. 

Los resultados finales reportados fueron: 

- Primer contacto externo perdido por las nubes

- Primer contacto interno geométrico aparente 7 h 32 m 41 s 0.

- Primer contacto interno real 7 h 33 m 27 s 2.  

Además de estas observaciones, Bonilla y su equipo estudiaron diversos eventos astronómicos como los eclipses, la actividad solar, las lluvias de meteoritos y la aparición de cometas. El 5 de marzo de 1886, por ejemplo, se observó y estudió el eclipse anular de Sol; y el 9 de mayo de 1891, el paso de Mercurio por el disco solar. 

Los astrónomos zacatecanos publicaron un considerable número de artículos sobre el campo. El observatorio llegó a tener 22 estaciones termopluviométricas. Su bóveda se incendió el 31 de mayo de 1928, y el 22 de junio siguiente Francisco Aguilar y Urízar desmontó el ecuatorial para evitar mayores desperfectos.

Varios de esos instrumentos, así como los Gabinetes de Física y otras colecciones, pasaron a formar el patrimonio cultural de la Universidad Autónoma de Zacatecas, que junto con el Museo de Ciencias, forman actualmente el Gran Museo Universitario, que convoca cada año, entre otros certámenes, al Premio de Investigación Científica José Árbol y Bonilla, dirigido a estudiantes universitarios de licenciatura. El Observatorio Astronómico de la Universidad Autónoma de Zacatecas lleva su nombre: José Árbol y Bonilla.

 

BONILLA EN EL MUNDO DE LO PARANORMAL 

El primer autor que relacionó la observación de Bonilla con fenómenos extraños fue la “Foca del Bronx”, Charles Hoy Fort. En su “Libro de los condenados” (86), Fort escribió: 

“Sigue ahora un caso extraordinario desde sus diversos puntos de vista, tanto si se trata de súper-viajeros, de súper-devastadores, de ángeles, de bribones, de cruzados, de emigrantes, de aeronautas, de elefantes, de bisontes o de dinosaurios volantes. Uno de estos objetos ha sido fotografiado y, sin duda, no se ha tomado nunca una foto tan sensacional.

 

“L’Astronomie (87): En el observatorio de Zacatecas, en México, el 12 de agosto de 1883, a dos mil 500 metros sobre el nivel del mar, un gran número de cuerpos luminosos penetraron en el disco solar. El señor Bonilla telegrafió a los observadores de México y de Puebla, donde no eran visibles. Visto este paralaje, el señor Bonilla localizó los cuerpos ‘relativamente cerca de la Tierra’. Pero en su lenguaje de astrónomo, tanto si se hubiera tratado de pájaros, de escarabajos, de súper-Tarmelan o del ejército de un celeste Ricardo Corazón de León, ‘relativamente cerca de la Tierra’ significa ‘a menor distancia de la Luna’.

 

“Uno de estos objetos fue fotografiado: el documento muestra un largo cuerpo rodeado de estructuras indefinidas, por el temblor de alas o de planos en movimiento”. 

Para Fort se trataba de “súper-viajeros, de súper-devastadores, de ángeles, de bribones, de cruzados, de emigrantes, de aeronautas, de elefantes, de bisontes o de dinosaurios volantes”, en fin, locuras de su extraña forma de redactar. Pero fue Harold T. Wilkins (88) el primero en relacionar estos objetos con los misteriosos platillos voladores: 

“En 1883 el director del Observatorio Astronómico de Zacatecas, en México, tomó unas fantásticas fotografías. Fotografió, en el día, cientos de objetos extraños que, aparentemente, cruzaban el disco solar, pero que realmente estaban más cerca que la Luna. En un caso el objeto tomó una curiosa forma como ‘una estrella de cinco puntas con un centro oscuro’. Esto ocurrió en el transcurso de dos días, 12 y 13 de agosto. (Nota: ¡El centro oscuro es una de las características de algunos de los platillos voladores que han sido vistos en los Estados Unidos en 1948-50!).

 

“Este director y astrónomo era el señor José A. Y. Bonilla, cuyo observatorio estaba a dos millas 337 pies sobre el nivel del mar. En ese entonces se encontraba investigando las manchas solares. A las ocho de la mañana del 12 de agosto de 1883, se sorprendió al ver pasar, aparentemente frente al disco solar, un cuerpo pequeño y luminoso. Él lo fotografió utilizando las mismas placas que usaba para fotografiar las manchas solares. El objeto atravesó el Sol dejando una sombra circular”. 

Wilkins fue el primero en utilizar la grafía José A. Y. Bonilla, que muchos otros autores continúan usando hasta nuestros días, en lugar de José A. y Bonilla. El autor inglés cometió también el error de decir que el Observatorio de Zacatecas se encontraba a dos millas 233 pies sobre el nivel del mar (dos mil 502 metros fue el valor que indicó Bonilla en su artículo).


EL INFORME BONILLA 

El artículo de Bonilla fue publicado el 1 de enero de 1886 en “L’Astronomie”, bajo el título “Paso sobre el disco solar de un enjambre de corpúsculos observados en el observatorio de Zacatecas, México” (89). El texto íntegro dice así: 

“EL PASO SOBRE EL DISCO SOLAR DE UN ENJAMBRE DE CORPÚSCULOS OBSERVADOS EN EL OBSERVATORIO DE ZACATECAS (MÉXICO).

 

“Por: José Árbol y Bonilla (Director del Observatorio de Zacatecas, México).

 

“Tengo por costumbre en el observatorio de Zacatecas, situado a dos mil 502 metros sobre el nivel del mar, la observación diaria del estado de la superficie solar; dibujando, por vía directa y proyección, las manchas y granulaciones, como también las protuberancias de la cromosfera solar, valiéndome para ello del espectroscopio.

 

“A este efecto, he adaptado el ecuatorial de 0.16 m de abertura, un aparato de proyección que recibe sobre una hoja de papel una imagen de Sol de 0.250 m de diámetro, ya que el campo de la lente no se proyecta más que en su superficie de 0.260 m y en forma poco clara. Cuando el disco solar ofrece cierto interés tomo fotografías de 0.067 m de diámetro, por medio de placas instantáneas de gelatinobromuro de plata (90).

 

“La cúpula del Observatorio tiene pequeñas ventanas y espesas cortinas negras, de tal manera que no penetra por el objetivo nada más que la imagen del Sol. Su disposición permite notar siempre, con precisión y claridad, las fáculas y los menores detalles de las manchas y de las granulaciones, gracias a la transparencia de la atmósfera y a la altura a que se encuentra ubicado el observatorio, bajo un cielo tropical (22° 46’ 34” 9 de latitud norte).

 

“El 12 de agosto de 1883, a las 08:00 horas de la mañana, comenzaba yo a dibujar las manchas cuando percibí de golpe un pequeño cuerpo luminoso que penetraba en el campo de la lente, dibujándose en el papel que me servía para reproducir las manchas, y recorría el disco solar proyectándose como una sombra casi circular.

 

“No había salido aún de mi asombro cuando el mismo fenómeno se reprodujo nuevamente, y esto con frecuencia tal que en espacio de dos horas pude contar hasta 283 cuerpos atravesando el disco solar.

 

“Poco a poco, las nubes dificultaron la observación, que no pudo reiniciarse hasta el momento del paso del Sol por el meridiano y sólo por 40 minutos, durante ese lapso se contaron de nuevo otros 48 cuerpos. Las trayectorias seguidas por esos cuerpos indican un desplazamiento directo del oeste al este, más o menos inclinado al norte o al sur del disco solar. En algunos minutos de observación noté que esos cuerpos que parecían negros y sombríos –unos perfectamente redondos y otros más o menos alargados–, al proyectarse sobre el disco solar ofrecían imágenes luminosas al abandonar los bordes y cruzando los campos del lente.

 

“Los intervalos de los pasos eran variables; tanto pasaba un cuerpo o dos –no empleando más que un tercio, medio segundo, o un segundo como máximo para atravesar el disco, y un minuto o dos transcurrían antes de que aparecieran otros– como tanto pasaban 15 ó 20 a la vez, de manera tal que era difícil contarlos. Pude fijar la trayectoria de muchos de esos cuerpos sobre el disco solar, marcando sus entradas y salidas en el papel que me servía para dibujar las manchas; ese papel, como la lente de la ecuatorial seguía, por medio de un sistema de relojería, el movimiento diurno aparente del Sol sobre la bóveda celeste. La figura 118 es una copia reducida del dibujo que hice del disco solar ese día (de 250 milímetros de diámetro) con la trayectoria de los cuerpos y las manchas solares.

 

“Tomando frecuentemente fotografías del Sol, cuando su disco presenta manchas y fáculas notables, me he puesto en posición de fotografiar igualmente el raro e interesante fenómeno del paso de estos cuerpos a través del disco solar.

 

“Con este motivo, reemplacé en el mismo ecuatorial el objetivo de 0.16 m por otro de igual intensidad, pero de foco químico (apropiado para el trabajo fotográfico), al que adapté el ocular y la cámara fotográfica. Después de diversos ensayos para enfocar correctamente esos cuerpos, logré tomar algunas fotografías, de las que he elegido la que considero más interesante para enviarla a la revista ‘La Astronomía’. Mientras yo tomaba estas fotografías un ayudante contaba los cuerpos en el ‘buscador’ del ecuatorial. La fotografía ha sido tomada al colodión húmedo a 1/100 de segundo. Esta velocidad no me dio tiempo para filtrar y preparar convenientemente los baños: también el negativo está un poco velado por el revelador. La imagen del Sol no está en foco, pero sí la de los cuerpos, que me ofrecían en esos momentos mayor interés.

 

“Aunque en la proyección y a simple vista, todos los cuerpos parecían redondos o esféricos, se observa en las diversas fotografías que esto no es así y que la mayoría tienen formas irregulares.

 

“He dicho que, en la proyección del campo de la lente, los cuerpos parecían luminosos y desprendían como un sendero brillante, pero que atravesando el disco solar parecían opacos. Observando con atención la fotografía y el negativo, se ve un cuerpo rodeado como de una nebulosidad y un rastro oscuro que, en el campo de la lente y fuera del disco, se observan brillantes. Esto me haría creer que los senderos brillantes al paso del cuerpo a través del disco absorberían la luz actínica (91) del Sol o disminuirían su potencia fotogénica.

 

“En la tarde las nubes me impidieron toda observación. Tomé entonces ciertas medidas y establecí un plan de observación en caso de que el fenómeno se reprodujera al día siguiente.

 

“El 13 de agosto, el cielo estuvo nublado hasta las ocho horas de la mañana; después las nubes se despejaron un poco y pude hacer observaciones. Rápidamente el fenómeno se presentó otra vez, y durante los 45 minutos de observación que nos permitió el estado del cielo, contamos 116 cuerpos que atravesaban el disco solar.

 

“En seguida de realizada la observación del día 12, había telegrafiado a los observatorios de México y de Puebla para pedirles que observaran esos fenómenos, pero fueron invisibles para ellos. Con el objeto de verificar de una manera indirecta la distancia aproximada en que se encontraba este enjambre de cuerpos, preparé con cuidado el buscador de la lente, el ecuatorial y un lente de espejo plateado de Foucault 0.10 m de diámetro y lo dirigí sobre el disco solar y sobre los cuerpos; además, en la noche tuve ocasión de dirigir este sistema, igualmente, hacia los planetas y la Luna, la cual había estado en el primer cuarto durante los dos días pasados. Sin cambiar el foco del sistema, solamente la Luna se observaba con nitidez.

 

“Esta circunstancia, unida a la invisibilidad del fenómeno en México y en Puebla o en otras partes, me hace pensar que estos cuerpos se encontraban próximos a la Tierra, a menor distancia que la Luna, y que su paralaje considerable era motivo para que en México y Puebla estuvieran proyectados fuera del disco solar”(92). 

Hasta aquí el artículo de Bonilla. Una nota al margen, del editor de “L’Astronomie”, dice (93): 

“La observación del señor Bonilla es muy interesante, y no fácil de explicar. Las fechas 12 y 13 de agosto hacen pensar inmediatamente en las estrellas fugaces de esa época, pero sería raro que no se hubieran visto ni en México ni en Puebla. ¿Serían pájaros? Hemos examinado con mucha atención la fotografía que reproducimos en la figura 119: el cuerpo negro oval, está precedido y seguido de débiles rastros: su largo es de 0.9 milímetros y su ancho es de 0.6 a 0.7 milímetros; el diámetro solar es de 66 milímetros (el astro no se encuentra en foco pero sí lo está el corpúsculo). Afuera del Sol los rastros parecerían brillantes. Estaríamos inclinados a creer que estos cuerpos son pájaros,  insectos o polvos suspendidos: en todo caso, corpúsculos pertenecientes a nuestra atmósfera”.

 

BONILLA, ¿UN ASTRÓNOMO QUE SÓLO SABÍA SACAR FOTOGRAFÍAS? 

Un comunicado del ufólogo Dominique Caudron despacha de manera muy simplista el caso Bonilla (94). 

“Tengo un archivo sobre el caso de Zacatecas, con todos los elementos. Lamentablemente nunca lo publiqué, y el artículo es sólo un esbozo escrito a mano. Pero tengo pruebas de que Bonilla era un astrónomo estúpido. Él no supo cómo se ve un pájaro que pasa a través del disco solar. Él no supo cuánto es el tiempo que necesita un asteroide para pasar a través del disco solar. Él no conocía las fórmulas de longitud focal. Pero lo que sí sabía era cómo tomar una foto.

 

“Hace dos años hice esta reconstrucción en términos de broma/verdad. ¿No les parece gracioso?

 

 “Dominique Caudron (Oncle Dom para los grupos de discusión)

“21th CENTURY HOAX

“Presenta

“ZACATECAS

“La historia jamás contada

“(La película que Jimmy Guieu nunca vio)

 

“Una vez, en el año 1883, el astrónomo mexicano José A Y Bonilla, director del Observatorio de Zacatecas, vio miles y miles de OVNIS a través del disco solar. Él fue el primero en tomar una foto de un OVNI, y la envió a la revista francesa ‘L’Astronomie’. Según muchos ufólogos, esta foto es la primera prueba científica de la realidad de los OVNIS.

 

“También encontramos una exclusiva: ¡Bonilla también tomó una película! Este documento histórico proviene de un astrónomo francés aficionado, quien lo encontró después de la muerte del astrónomo Pierre Guérin.

 

“Ojo: ¡Ahora, nadie puede dudar de la realidad de los OVNIS!

“(C) 21th Century Hoax – Enero de 2001

 

“21th CENTURY BOX

“Presenta

“ZACATECAS

“La historia verdadera

“(La película que la 21th CENTURY HOAX nunca vio)

 

“Recientemente, nuestro competidor, la 21th Century Hoax, declaró haber encontrado la prueba de la realidad de los OVNIS: una película tomada por un astrónomo mexicano en 1883.

 

“Señores lamentablemente, no existían las películas en 1883. También tenemos nuestros informantes.

 

“Según un gran ufólogo, este documento ‘histórico’ ha sido hecho por el mismo remitente, y la muerte de Pierre Guérin no tiene nada que ver con ello. Ésta fue una broma hecha por el remitente para probar la credulidad de los ufólogos. El remitente, quien es astrónomo aficionado y también ufólogo, hizo dos versiones de su reconstrucción del avistamiento de Zacatecas: Una falsa para los ufólogos ingenuos, y otra verdadera para los astrónomos escépticos. La versión real está basada en el informe original de José A Y Bonilla de septiembre de 1885 en ‘L'Astronomie’. Se respetó el tamaño y el cronometraje. Después de la publicación del informe original, varios astrónomos aficionados escribieron a ‘L'Astronomie’ que ellos han visto cosas similares. Finalmente ‘L'Astronomie’ concluyó que eran pájaros.

 

“En verdad, hoy, cualquier aficionado con un telescopio, puede ver la misma cosa, con el mismo tamaño y tiempo. En ninguna parte se prohíbe el vuelo a los pájaros. Esto es lo que vio realmente José A Y Bonilla.

 

“(C) 21th Century box – Enero de 2001” 

Aunque el resultado, pájaros en vuelo, pueda ser el correcto, Caudron no llegó a él por sus propios medios. Uno de los editores de “L’Astronomie” lo había apuntado desde el siglo XIX. 

Caudron se equivoca cuando dice que fue después de que varios astrónomos aficionados afirmaron haber visto el mismo fenómeno cuando en ‘L’Astronomie’ se dijo que eran pájaros. La nota aclaratoria se dio justo después (abajo) del artículo de Bonilla. El ufólogo francés también yerra al escribir el nombre de nuestro astrónomo. Como ya apuntamos previamente, la “y” no es una inicial de algún apellido, es simplemente un conectivo (Árbol y Bonilla). 

Pero en donde Caudron comete el peor error es al considerar a Bonilla como un estúpido que sólo sabía sacar fotografías. Como ya hemos visto en estas páginas, el ingeniero Bonilla era un buen científico, a la altura de muchos otros. Si bien es cierto que no supo identificar los objetos que observó, no por ello podemos insultarlo. Si así lo hiciéramos, también tendríamos que hacer lo mismo con gente de la talla Herschel, Ohrt, Messier, o con astrónomos franceses como Lescarbault, De Cuppis, Croste, D’Angos, Bruguière y Jacquot, que describieron objetos similares, como ya vimos al inicio de este trabajo. En descargo de Bonilla podemos decir que, a diferencia de los otros mencionados, por lo menos él sí sabía tomar fotografías. 

No, la verdad es que Bonilla no era ningún aficionado, y Caudron no tiene un archivo con “todos” los elementos, ni tiene prueba alguna de que Bonilla fuera un estúpido. Lo que sí podemos asumir es que la “investigación” de Caudron fue muy superficial y dejó muchos huecos.

 

ALGUNAS TEORÍAS 

La idea de que los objetos vistos por Bonilla eran platillos voladores, OVNIS o súper tarmelanes no será analizada aquí porque, evidentemente para nosotros, la fotografía no se ajusta a ninguna de estas formas. La forma de una estrella de cinco o seis puntas no es la de un plato volador, ni la de un OVNI convencional. No sabemos cuál será la forma de los súper tarmelanes. 

En 1994 el investigador mexicano Oscar García leyó un artículo sobre el curioso fenómeno de las Lunas Azules (95), en el que se mencionaba que el polvo emitido a la atmósfera por los volcanes podía producir que las personas vieran la Luna con un tinte azuloso. García, impresionado, relacionó la extraordinaria coincidencia de fechas entre la erupción del volcán Krakatoa y la observación de Bonilla. 

En la revista “Perspectivas Ufológicas”, García planteó la posibilidad de que la observación de Bonilla se tratara de polvo suspendido debido a las explosiones del Krakatoa (96). Si bien es cierto que dicho volcán hizo erupción el 26 de agosto, es decir 14 días después de la primera observación de Bonilla, García sugiere que previamente hubo otras erupciones del volcán que pudieron enviar cenizas a la atmósfera. 

Sin embargo, el ingeniero catalán Manuel Borraz se encargó de refutar esta teoría, bajo el siguiente esquema (97): 

“En relación al artículo de Oscar García que se ha publicado en el último número de PU, acerca del ‘caso Bonilla’ trabajaremos algunas discusiones que se oponen a las conclusiones por él obtenidas.

 

“Supondremos que los corpúsculos observados por Bonilla tenían un tamaño aparente similar al objeto que muestra la fotografía publicada en ‘L'Astronomie’. En dicha fotografía, el Sol aparecía con un diámetro de 66 mm y el corpúsculo tenía 0,9 mm de largo por 0,6 a 0,7 mm de ancho, según señalaba la redacción de la revista. Para fijar ideas, consideraremos la menor de estas dimensiones, es decir, 0,6 mm.

 

“Un objeto que apareciera con 0,6 mm de diámetro en la foto debía tener un diámetro angular α de valor:


“66 mm... 1899’’ (diámetro solar aparente que indica Bonilla)

0,6 mm .... α ?

α = 0,6 x 1899’’ / 66 = 17,2636

(Tratándose de ángulos tan pequeños, puede aplicarse esta sencilla regla de tres).

 

“El diámetro real D de un objeto de diámetro angular α puede expresarse en función de la distancia r a que se encuentra del observador como:


“D = 2 x r x tg (α /2)

(Expresión aproximada válida para ángulos α pequeños)

 

“En nuestro caso tendríamos:

D = 2 x r x tg (17,2636"/2) = 0,000084 x r


“De donde se deduce que un objeto cuyo diámetro real fuera inferior a 1 milímetro (como sería el caso de una partícula de polvo, ceniza, etc.), se encontraría a... menos de 12 metros de distancia del observador.


“Análogamente, un objeto que se encontrara a una distancia de más de mil metros del observador debería tener un tamaño real de... más de ocho centímetros.


“Obsérvese que si hubiéramos tomado una dimensión aparente mayor que los 0,6 mm de partida, los resultados aún habrían sido más desfavorables a la hipótesis de posibles partículas de origen volcánico en suspensión en la atmósfera.


“A una distancia r del observador, el diámetro solar aparente (1899’’) equivalía a un recorrido s de valor:


“s = 2 x r x tg (1899"/2) = 0,0092 x r

(Expresión aproximada válida para ángulos pequeños).


“Teniendo en cuenta que los corpúsculos observados por Bonilla tardaban entre 1/3 y 1 segundo en atravesar el disco solar, podemos expresar su velocidad real v en función de la distancia s recién calculada, y de ahí en función de la distancia r al observador:


v (máx.) = s / (1/3) = 0,0092 x r / (1/3) = 0,0276 x r

v (mín.) = s / 1 = 0,0092 x r

(Para r expresado en metros, el resultado vendrá dado en metros por segundo).


“De lo cual se deduce, por ejemplo, que un objeto del tamaño aparente aquí considerado que estuviera a unos doce metros del observador debía moverse con una velocidad de 0,11 a 0,33 metros por segundo. Recordemos que, en ese caso, su tamaño real debía ser de 1 milímetro aproximadamente. Análogamente, un objeto situado a unos mil metros de distancia llevaría una velocidad de entre nueve y 27 metros por segundo. En ese caso, su tamaño sería del orden de ocho centímetros.


“En conclusión, los datos descartan la posibilidad de que las observaciones involucraran partículas de origen volcánico flotando a gran altura (criterio tamaño/distancia). Por el contrario, resulta más verosímil la hipótesis de la interposición bien sea de pájaros a cierta distancia o bien de insectos o pequeños corpúsculos a muy corta distancia del punto de observación. Quizás un examen más detenido de los datos y la aplicación de otros criterios complementarios permitan afinar más en la explicación”. 

Las conclusiones de Borraz concuerdan con el relato de Bonilla, quien dijo que los cuerpos se encontraban relativamente cerca de la Tierra: “Esta circunstancia, unida a la invisibilidad del fenómeno en México y en Puebla o en otras partes, me hace pensar que estos cuerpos se encontraban próximos a la Tierra, a menor distancia que la Luna”. 

Ahora bien, si hubiese sido polvo volcánico de 1 milímetro de diámetro y volando a doce metros del telescopio, es de suponer que se hubiera informado de la existencia de una capa de ese polvo sobre las calles de la ciudad de Zacatecas. Pero no he encontrado nada al respecto.

 

OTRAS TEORÍAS 

Pero si no fue polvo volcánico, ¿qué otra cosa pudo haber producido el fenómeno observado por Bonilla? El editor de ‘L’Astronomie’ apuntaba a insectos y pájaros. El ufólogo inglés John Spencer escribió: 

“Se ha sugerido que lo que Bonilla captó fue el vuelo desenfocado de una bandada de patos, pero en cualquier caso, este incidente resulta útil para ilustrar el hecho de que, al no haber sido identificados, son efectivamente OVNIS, en el sentido literal de Objetos Voladores No Identificados”. 

El objeto de la fotografía, con un poco de imaginación parece una mariposa. Las mariposas monarca (Danaus plexippus) migran, desde los alrededores de Toronto, Canadá y el noroeste de los Estados Unidos, hacia México a finales del verano. Son más de 15 millones de individuos los que hacen esa ruta de más de tres mil 800 kilómetros, en unas cinco o seis semanas. 

Según los vientos, las monarcas vuelan a una velocidad que varía entre 15 y 45 kilómetros por hora. Llegan a México, a los Santuarios de las Mariposas, ubicados en los Estados de México y Michoacán, y aquí pasan el invierno para regresar nuevamente al norte, al término de los fríos. 

La época de migración de las monarcas y la ruta que siguen coincide con el avistamiento de Bonilla. ¿Se trataba de monarcas? No lo sabemos. Pero también habría que apuntar otro tipo de migración: pájaros. La corriente migratoria conocida como “Río de rapaces” provoca la ilusión de contemplar una fantástica corriente de agua voladora, según palabras del biólogo americano James E. Dion

Más de cuatro millones de individuos al mes, o 130 mil por día. Aves rapaces no gregarias, que no forman bandadas dirigidas por un individuo, como los patos, sino que cada uno vuela por su cuenta sobre la misma ruta. Son halcones Harris, cernícalos, halcones Swainson, milanos, gerifaltes, águilas, gavilanes y buitres, entre más de 200 especies que provienen de Canadá y los Estados Unidos. 

Llegan hasta el litoral del golfo de México debido a una suerte de embudo gigantesco formado por la Sierra Madre Oriental y el Eje Volcánico central. Algunos sólo llegan al sur de México o norte de Centroamérica, pero otros (cernícalo americano o el halcón de Harris) vuelan más de 16 mil kilómetros hasta las pampas argentinas. 

Las alturas del vuelo son variables y dependen de cada especie, pero el máximo es de diez mil metros, utilizando las corrientes ascendentes de aire caliente. Las aves planean, en lugar de aletear, lo que les permite gran ahorro de energía (98). 

Entre agosto y septiembre varias de estas rapaces pasan por Zacatecas en su trayecto hacia el Golfo de México. ¿Fueron rapaces lo que vio Bonilla? ¿Lo podemos acusar de no saber identificar pájaros o insectos en lugar de objetos astronómicos? ¿Y qué diremos, entonces, de Maurice Jacquot, quien informó del tránsito de un cuerpo negro sobre el disco solar, que fue identificado en “L’Astronomie” como un pájaro? El mismo Jacquot descartó otra de sus observaciones como debida a pájaros. Lo mismo ocurrió con Riccó Annibale, Primer Astrónomo del Observatorio Astronómico de Palermo, quien al parecer vio grullas volando a nueve kilómetros de altura (¿?), aunque originalmente pensó que eran cuerpos astronómicos. 

Si leemos con atención a Fort, el primero que trajo el asunto hacia los terrenos de lo paranormal, veremos que también apunta a una explicación en el sentido de pájaros o insectos: “Tanto si se hubiera tratado de pájaros, de escarabajos (…) Uno de estos objetos fue fotografiado: el documento muestra un largo cuerpo rodeado de estructuras indefinidas, por el temblor de alas o de planos en movimiento”.

 

¿LA PRIMERA FOTOGRAFÍA OVNI DE LA HISTORIA? 

El caso Bonilla ha pasado a la historia de la ufología como el primer caso fotográfico. La única fotografía tomada por Bonilla que se conoce es la aparecida en “L’Astronomie”. El profesor Bonilla menciona que sacó varias fotografías, aunque no dice cuántas. Sólo envió a Francia la que le pareció más interesante. ¿Es ésta la primera fotografía OVNI de la historia? 

No. 

Hemos encontrado otra fotografía de la serie de Bonilla. Había permanecido en custodia de Cuauhtémoc Esparza Sánchez, investigador de la Universidad Autónoma de Zacatecas. Con toda probabilidad se trata, si no de la primera, de una de las primeras que tomó el astrónomo mexicano. En ella se ven los objetos esféricos o circulares que describió Bonilla (“Aunque en la proyección y a simple vista, todos los cuerpos parecían redondos o esféricos, se observa en las diversas fotografías que esto no es así y que la mayoría tienen formas irregulares”).  

¿Por qué pensamos que ésta es una de las primeras fotografías de Bonilla? El astrónomo se encontraba estudiando las manchas solares. Su aparato estaba enfocado en el Sol, cuando repentinamente aparecieron unos objetos extraños. Estos cuerpos se encontraban entre la Tierra y el Sol, con toda seguridad dentro de la atmósfera de la Tierra, y muy probablemente a unos cientos de metros sobre el observatorio. Al pasar sobre el objetivo del telescopio, su figura estaba desenfocada. Esta situación produce una mancha o figura circular en los telescopios, cámaras fotográficas o en las proyecciones de las sombras que se obtienen en el suelo utilizando los telescopios. 

Pronto Bonilla tuvo que ajustar su telescopio. De esta manera desaparecen las formas circulares para dar paso a objetos con formas irregulares. Ese movimiento enfoca a los objetos, pero desajusta la visión del Sol. Eso es precisamente lo que vemos en la famosa fotografía publicada en “L’Astronomie”: el Sol está desenfocado.  

En el primer caso los objetos presentan más semejanza a la forma clásica de los platos voladores. En el segundo bien se puede hablar de “estrellas de cinco o seis puntas”, de “pájaros o escarabajos” o de “estructuras indefinidas, por el temblor de las alas o de planos en movimiento”. 

Pero Bonilla no sólo tomó estas dos fotografías. Sabemos que el ingeniero Rubén J. Prezza, director de la escuela de ingeniería de Zacatecas, posee otra fotografía. Y en la misma Universidad Autónoma de Zacatecas se guarda todo el expediente Bonilla. 

Sin embargo, aún cuando ésta hubiese sido la primera fotografía tomada por Bonilla, no es la primera fotografía OVNI de la historia. El investigador español Vicente Juan Ballester Olmos, en su Fotocat (el catálogo de fotografías OVNI más completo del planeta) registra una fotografía anterior.  

Parte de una futura investigación en torno al caso Bonilla comprenderá la obtención de copias de estas fotografías; ahondar en la vida del científico y su entorno geográfico e histórico; obtener la opinión de los astrónomos mexicanos en torno al asunto de Vulcano y al caso Bonilla, en particular; determinar a qué distancia se debería encontrar un objeto (pájaro o insecto) para aparecer en foco, mientras que el Sol esté fuera de foco, utilizando el telescopio de Bonilla; e intentar identificar el tipo de ave o de insecto que hubiese sido registrado por el astrónomo, en caso de que éste sea el origen de las fotografías.

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NOTAS

(78) Medina, Manuel. “Manual elemental de Astronomía de Posición”. Secretaría de Agricultura y Fomento. México. 1942.

(79) Medina, Manuel. “Algunos datos para la geografía del estado de Zacatecas”. “Boletín de la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística”. Tomo LXI. No. 1. México. 1946. Página 56.

(80) Boletín mensual del observatorio astronómico-meteorológico del Estado de Zacatecas. México. Talleres del Hospicio de Niños de Guadalupe. Zacatecas. El primer número apareció en marzo de 1906. Se publicó hasta 1913.

(81) Robles, Ciro. “La obra astronómica de José Árbol y Bonilla (1853 -  1920)”. Ponencia en el VIII Congreso Mexicano de Historia de la Ciencia y la Tecnología. 3 al 6 de noviembre de 2002. Guanajuato. Gto.

(82) Dollero, Adolfo. “México al Día (Impresiones y Notas de Viaje)”. Librería de la Vda. De C. Bouret. México. 1911. Página 195.

(83) Árbol y Bonilla, José. “Memoria sobre la agricultura y sus productos en el estado de Zacatecas”. Zacatecas, Zac. Hospicio de Niños de Guadalupe. 1889.

(84) Pacheco, Carlos. “Memoria presentada al Congreso de la Unión, por el Secretario de Fomento, Colonización, Industria y Comercio”. Tipografía de la Secretaría de Fomento. México. 1887. Página 451.

(85) Árbol y Bonilla, José. “El paso próximo de Venus por el Disco Solar”. Imprenta del Hospicio de Niños de Guadalupe. Zacatecas. México. 1882.

(86) Fort, Charles. “El libro de los condenados”.

(87) “L’Astronomie”. 1885-347. Nota de Charles Fort.

(88) Wilkins, Harold. “Flying saucers on the attack”. Ace Books Inc. Nueva York. 1954. Págs. 210-212.

(89) Árbol y Bonilla, José. “Passage sur le disque solaire d'un essaim de corpuscules, vu a l'observatoire de Zacatecas (Mexique)”, “L'Astronomie”. 4 (9):347-350. 1885.

(90) Proceso fotográfico conocido como daguerrotipo.

(91) Acción química de las radiaciones luminosas. Nota de Colman S. Von Keviczky.

(92) La distancia de la Tierra al Sol es de 47 millones de kilómetros, mientras que de la Tierra a la Luna es de 382 mil 171 kilómetros. Se estima que lo observado por Bonilla estaba a unos 242 mil  kilómetros de distancia. Nota de Colman S. Von Keviczky

(93) Anónimo. “Note de Rèdaction”. “L'Astronomie”. 4 (9):350. 1885.

(94) Comunicado a Vicente Juan Ballester Olmos.

(95) Ruiz Noguez, Luis. “La Luna Azul. “Matemágica Suplemento”. No. 3. México. Septiembre de 1982.

(96) García, Oscar. “El informe Bonilla. Perspectivas Ufológicas, Año 1. No. 3. México. Septiembre de 1994. Páginas 4-6.

(97) Borraz, Manuel. “En torno a Bonilla…”. “Perspectivas Ufológicas”. Año 2. No. 4. México. Enero de 1995. Pág. 6.

(98) Datos de la revista “Amigos del Río de Rapaces”, editada por Pronatura.

Cliquee en las imágenes para abrir el slideshow
 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 



Instalaciones del Instituto Científico y Literario.Arriba, el salón de Geografía y Astronomía.Abajo el salón de Topografía.

 

 

 

 

 

 


El Ecuatorial de Zacatecas.

 

 


Una de las dos únicas fotografías que se conservan de Ambrosio Romo Vega, de las manchas solares.

 

 

 

 


El famoso telescopio de Zacatecas

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Anteojo cenital de Chapultepec.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Portada de L’Astronomie en donde apareció el artículo de Bonilla.

 


La famosa fotografía de Bonilla en la página 319 de L’Astronomie.

 


El diagrama de Bonilla en donde explica la trayectoria que seguían los cuerpos, así como el lugar de ubicación de las manchas solares.

 


Esta fue la cámara que utilizó Bonilla

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

 


Museo de Historia Natural en la época de Bonilla. También estas instalaciones vieron la mano creativa de Bonilla.

 

 

 

 

 

 


Así se hubiera visto el negativo (en caso de existir) de la foto de Bonilla.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Telescopio cenital de Zacatecas. Con este aparato se tomaron las fotografías de Bonilla.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Telescopio refractor de Tacubaya.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Los objetos que fotografió Bonilla.

 

 

 

 

 

 

 


De esta forma se hubiera visto el negativo. En la fotografía se pueden contar entre 37 y 48 objetos circulares.

  

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