También se usaba el
“Manual elemental de astronomía de
posición” de Manuel Medina Peralta
(78), un libro que básicamente comprende
la transformación de coordenadas
ortogonales a geográficas como ayuda en
la orientación astronómica. Esta rama de
las ciencias fue muy cultivada en
Zacatecas como aplicación práctica en el
deslinde y ubicación de las principales
ciudades del Estado, como nos cuenta
Manuel Medina Peralta (79), quien
informa que en esos años se llevó a cabo
la Expedición Geodésica del Estado de
Zacatecas, en la que se pudo establecer
la posición geográfica de las 102
poblaciones más importantes del Estado.
Además de estas
actividades prácticas, se editaba un
buen número de folletos y de revistas
científicas de astronomía, como “Boletín
Mensual del Observatorio
Astronómico-Meteorológico del Estado de
Zacatecas” (80), “Memorias de la
Sociedad Científica Antonio Alzate”
y “Naturaleza”.
El día de la
inauguración del Observatorio de
Zacatecas no fue un evento aleatorio. Se
escogió el 6 de diciembre de 1882, ya
que en ese día tuvo lugar el tránsito
del planeta Venus sobre el disco solar.
Los astrónomos de la época aprovecharon
la ocasión para medir con mayor
precisión la distancia entre la Tierra y
el Sol.
Este fenómeno, nos
explica el astrónomo y doctor en
Historia Ciro Robles Berumen
(81), “permitiría a los astrónomos de
esos años establecer con mayor precisión
la distancia media entre la Tierra y el
Sol, lo que a su vez posibilitaría tener
un conocimiento mayor de las dimensiones
reales de nuestro sistema solar. Estos
tránsitos de Venus por el disco solar
son raros pero periódicos. A los 122
años de un paso, ocurre otros ocho años
después; luego deben transcurrir otros
105 años más para observar otro
tránsito, repitiéndose a los ocho años;
finalmente, hay que esperar otros 122
años para volver a tener un nuevo
paso”.
Es decir, el
ingeniero Bonilla no era ningún
improvisado. Pertenecía y era miembro
distinguido de varias sociedades
científicas mexicanas e internacionales.
Adolfo Dollero, en su libro
“México al Día (impresiones y notas de
un viaje)” (82) lo describió como un
hombre de ciencia, progresista, muy
conocido por sus trabajos científicos
(83) y, ante todo, una persona muy
amable y sencilla.
Sucedió que en 1882
el director del observatorio era el
profesor Bonilla. Éste decidió que, con
la ayuda de uno de sus hermanos,
tratarían de seguir el tránsito de
Venus. Para tal efecto adaptaron una
cámara fotográfica al telescopio
refractor. Se obtuvieron algunas fotos,
a pesar de la lluvia torrencial que cayó
en Zacatecas. Ésas fueron las primeras
fotos astronómicas conseguidas en la
ciudad.
Esas fotos
desaparecieron con el tiempo y sólo se
conservan algunas reproducciones.
Bonilla determinó el
paralaje solar por medio del método de
Halley, en coordinación con otros
centros astronómicos. En Puebla estaba
el Sr. Bouquet de la Grye, jefe
de la Comisión Francesa; en Guadalajara
el Sr. Carlos F. Landero, jefe de
la Comisión Exploradora en el Pacífico;
en la ciudad de León, el Sr. José A.
Brambila, jefe de la Comisión de
Geografía y Estadística del Estado de
Guanajuato; y con el Observatorio de
Chapultepec, en la Ciudad de México.
Entre todos estos centros se
intercambiaron señales telegráficas,
para llevar a feliz término la
medición.
En 1885, Carlos
Pacheco, Secretario de Fomento de
México, escribió lo siguiente dirigido
al Congreso de la Unión, respecto a los
resultados de Bonilla:
“El Sr. D. José A.
Bonilla, Director del Observatorio
Astronómico de Zacatecas, tuvo la bondad
de mandarme el resultado de sus
observaciones, en un informe que revela
desde luego el grande entusiasmo, suma
constancia y notable habilidad de su
autor.
“Preparado
perfectamente el Sr. Bonilla para hacer
la observación de los contactos con un
magnífico ecuatorial, que acaba de
montar con buen éxito, determinando sus
principales errores, comenzó a abrigar
serios temores desde el día 4 por la
tarde, en que comenzaron a aparecer
algunos nublados; habiendo notado desde
el día 2 una baja lenta en el barómetro,
pero sin señales entonces de
perturbaciones atmosféricas. El día 5
hubo viento fuerte del suroeste y el
cielo se cubrió de espesas nubes, pero a
la medianoche empezó a variar el estado
del cielo, al grado que a las cinco de
la mañana del día 6 era magnífico,
soplando un viento del poniente. Más a
las seis, el viento cambió viniendo de
oriente, y empezó entonces a formarse
una densa niebla por todo el horizonte
del oriente. A las siete el desaliento
era completo, pero el ecuatorial fijado
en inclinación y ángulo horario comenzó
a andar” (84).
A partir de entonces
gran parte de las actividades del
Observatorio se dedicaron a estudiar y
fotografiar el Sol. En su texto
“Cosmografía elemental”, Bonilla
escribió que “he contado 417 de manchas
de marzo de 1882 a marzo de 1883”.
El astrónomo
Ambrosio Romo Vega continuó con esta
labor hasta 1909. Pero los archivos
también se perdieron y sólo se conservan
dos fotos.
El propio Bonilla
registró sus observaciones en un informe
publicado ese mismo año (85). Entre los
párrafos más importantes podemos
destacar los siguientes:
“Llega el instante
calculado del primer contacto y se nos
pierde el astro brillante entre la
espesa niebla, sigue soplando el viento
oriente, y disolviendo la niebla, y
distingo a Venus a través de las nubes,
a la mitad sobre el disco solar, pero no
sólo veo de Venus la parte del disco que
se proyecta sobre el Sol, sino todo su
disco, aun la parte que se proyecta
sobre el fondo del cielo. Retiro
súbitamente mi ojo porque ya no soporta
la intensidad de la luz y el calor, y
recibo la imagen solar sobre el papel
enlienzado, afocado convenientemente al
telescopio. Rásgase la niebla. Mi
hermano y yo vemos todo el disco de
Venus, mitad sobre el sol, mitad fuera
de él; la parte que está adentro
enteramente negra, rodeada de un aureola
o círculos concéntricos delgados, con
los colores del espectro; y la otra
parte que se proyecta sobre el fondo del
cielo, algo negra pero cenicienta,
bastante bien terminada, rodeada también
de una faja luminosa blanquecina muy
delgada, sin los colores irisados.
“La proximidad del
contacto y el temor de perderlo, me
impidió cambiar de ocular y poner el
polariscopio de Merz. Seguí observando
por proyección, como estaba, esperando
atentamente la aparición del ligamento:
veo que no se deforma el disco de Venus,
marco en el cronómetro el momento en que
son tangentes interiormente los dos
discos, y sigo con toda atención y calma
esperando la formación del ligamento,
cuando veo distinta e instantáneamente
desprenderse el disco de Venus del disco
del Sol, en un punto de tangencia,
dejándose ver también instantáneamente
el filete luminoso en dicho punto de
contacto; en este instante marco en el
cronómetro, teniendo lugar el contacto
real. Con sorpresa vi, pues, el contacto
sin ligamento, o gota negra ninguna,
reviso con avidez los minutos y segundos
apuntados por el contador del
cronómetro, para estar plenamente seguro
de no haber ninguna equivocación.
“Así es que estoy
seguro de haber fijado el momento del
contacto interno, con toda precisión de
que es susceptible el fenómeno.
Inmediatamente veo que la neblina se
había despejado de los contornos del
Sol, y que el astro radiante se
proyectaba sobre un fondo azul purísimo.
Con oculares de 50 y 120 (de poder
amplificador), veíamos el disco de Venus
rodeado de círculos concéntricos
delgados, con los colores cambiantes del
espectro, bastante brillantes, y por
momentos, y algunas veces, el mismo
disco de Venus enteramente negro en el
centro, y una faja o corona pardusca con
tintes violados algo
pronunciados, pero siempre dentro del
disco. Con los oculares más fuertes
desaparecían estas coronas de dentro y
fuera del disco, apareciendo éste con un
color negro pardusco un tanto
amarillento, pero no muy bien terminado
en los bordes, sino algo confuso, como
si no estuviera bien afocado, por más
que yo lo intentaba”.
Los resultados
finales reportados fueron:
- Primer contacto
externo perdido por las nubes
- Primer contacto
interno geométrico aparente 7 h 32 m 41
s 0.
- Primer contacto
interno real 7 h 33 m 27 s 2.
Además de estas
observaciones, Bonilla y su equipo
estudiaron diversos eventos astronómicos
como los eclipses, la actividad solar,
las lluvias de meteoritos y la aparición
de cometas. El 5 de marzo de 1886, por
ejemplo, se observó y estudió el eclipse
anular de Sol; y el 9 de mayo de 1891,
el paso de Mercurio por el disco solar.
Los astrónomos
zacatecanos publicaron un considerable
número de artículos sobre el campo. El
observatorio llegó a tener 22 estaciones
termopluviométricas. Su bóveda se
incendió el 31 de mayo de 1928, y el 22
de junio siguiente Francisco Aguilar
y Urízar desmontó el ecuatorial para
evitar mayores desperfectos.
Varios de esos
instrumentos, así como los Gabinetes de
Física y otras colecciones, pasaron a
formar el patrimonio cultural de la
Universidad Autónoma de Zacatecas, que
junto con el Museo de Ciencias, forman
actualmente el Gran Museo Universitario,
que convoca cada año, entre otros
certámenes, al Premio de Investigación
Científica José Árbol y Bonilla,
dirigido a estudiantes universitarios de
licenciatura. El Observatorio
Astronómico de la Universidad Autónoma
de Zacatecas lleva su nombre: José Árbol
y Bonilla.
BONILLA EN EL MUNDO
DE LO PARANORMAL
El primer autor que
relacionó la observación de Bonilla con
fenómenos extraños fue la “Foca del
Bronx”, Charles Hoy Fort. En su “Libro
de los condenados” (86), Fort escribió:
“Sigue ahora un caso
extraordinario desde sus diversos puntos
de vista, tanto si se trata de
súper-viajeros, de súper-devastadores,
de ángeles, de bribones, de cruzados, de
emigrantes, de aeronautas, de elefantes,
de bisontes o de dinosaurios volantes.
Uno de estos objetos ha sido
fotografiado y, sin duda, no se ha
tomado nunca una foto tan sensacional.
“L’Astronomie (87):
En el observatorio de Zacatecas, en
México, el 12 de agosto de 1883, a dos
mil 500 metros sobre el nivel del mar,
un gran número de cuerpos luminosos
penetraron en el disco solar. El señor
Bonilla telegrafió a los observadores de
México y de Puebla, donde no eran
visibles. Visto este paralaje, el señor
Bonilla localizó los cuerpos
‘relativamente cerca de la Tierra’. Pero
en su lenguaje de astrónomo, tanto si se
hubiera tratado de pájaros, de
escarabajos, de súper-Tarmelan o del
ejército de un celeste Ricardo Corazón
de León, ‘relativamente cerca de la
Tierra’ significa ‘a menor distancia de
la Luna’.
“Uno de estos objetos
fue fotografiado: el documento muestra
un largo cuerpo rodeado de estructuras
indefinidas, por el temblor de alas o de
planos en movimiento”.
Para Fort se trataba
de “súper-viajeros, de
súper-devastadores, de ángeles, de
bribones, de cruzados, de emigrantes, de
aeronautas, de elefantes, de bisontes o
de dinosaurios volantes”, en fin,
locuras de su extraña forma de redactar.
Pero fue Harold T. Wilkins (88)
el primero en relacionar estos objetos
con los misteriosos platillos
voladores:
“En 1883 el director
del Observatorio Astronómico de
Zacatecas, en México, tomó unas
fantásticas fotografías. Fotografió, en
el día, cientos de objetos extraños que,
aparentemente, cruzaban el disco solar,
pero que realmente estaban más cerca que
la Luna. En un caso el objeto tomó una
curiosa forma como ‘una estrella de
cinco puntas con un centro oscuro’. Esto
ocurrió en el transcurso de dos días, 12
y 13 de agosto. (Nota: ¡El centro oscuro
es una de las características de algunos
de los platillos voladores que han sido
vistos en los Estados Unidos en
1948-50!).
“Este director y
astrónomo era el señor José A. Y.
Bonilla, cuyo observatorio estaba a dos
millas 337 pies sobre el nivel del mar.
En ese entonces se encontraba
investigando las manchas solares. A las
ocho de la mañana del 12 de agosto de
1883, se sorprendió al ver pasar,
aparentemente frente al disco solar, un
cuerpo pequeño y luminoso. Él lo
fotografió utilizando las mismas placas
que usaba para fotografiar las manchas
solares. El objeto atravesó el Sol
dejando una sombra circular”.
Wilkins fue el
primero en utilizar la grafía José A. Y.
Bonilla, que muchos otros autores
continúan usando hasta nuestros días, en
lugar de José A. y Bonilla. El autor
inglés cometió también el error de decir
que el Observatorio de Zacatecas se
encontraba a dos millas 233 pies sobre
el nivel del mar (dos mil 502 metros fue
el valor que indicó Bonilla en su
artículo).
EL INFORME BONILLA
El artículo de
Bonilla fue publicado el 1 de enero de
1886 en “L’Astronomie”, bajo el
título “Paso sobre el disco solar de un
enjambre de corpúsculos observados en el
observatorio de Zacatecas, México” (89).
El texto íntegro dice así:
“EL PASO SOBRE EL
DISCO SOLAR DE UN ENJAMBRE DE
CORPÚSCULOS OBSERVADOS EN EL
OBSERVATORIO DE ZACATECAS (MÉXICO).
“Por: José Árbol y
Bonilla
(Director del Observatorio de Zacatecas,
México).
“Tengo por costumbre
en el observatorio de Zacatecas, situado
a dos mil 502 metros sobre el nivel del
mar, la observación diaria del estado de
la superficie solar; dibujando, por vía
directa y proyección, las manchas y
granulaciones, como también las
protuberancias de la cromosfera solar,
valiéndome para ello del espectroscopio.
“A este efecto, he
adaptado el ecuatorial de 0.16 m de
abertura, un aparato de proyección que
recibe sobre una hoja de papel una
imagen de Sol de 0.250 m de diámetro, ya
que el campo de la lente no se proyecta
más que en su superficie de 0.260 m y en
forma poco clara. Cuando el disco solar
ofrece cierto interés tomo fotografías
de 0.067 m de diámetro, por medio de
placas instantáneas de gelatinobromuro
de plata (90).
“La cúpula del
Observatorio tiene pequeñas ventanas y
espesas cortinas negras, de tal manera
que no penetra por el objetivo nada más
que la imagen del Sol. Su disposición
permite notar siempre, con precisión y
claridad, las fáculas y los menores
detalles de las manchas y de las
granulaciones, gracias a la
transparencia de la atmósfera y a la
altura a que se encuentra ubicado el
observatorio, bajo un cielo tropical
(22° 46’ 34” 9 de latitud norte).
“El 12 de agosto de
1883, a las 08:00 horas de la mañana,
comenzaba yo a dibujar las manchas
cuando percibí de golpe un pequeño
cuerpo luminoso que penetraba en el
campo de la lente, dibujándose en el
papel que me servía para reproducir las
manchas, y recorría el disco solar
proyectándose como una sombra casi
circular.
“No había salido aún
de mi asombro cuando el mismo fenómeno
se reprodujo nuevamente, y esto con
frecuencia tal que en espacio de dos
horas pude contar hasta 283 cuerpos
atravesando el disco solar.
“Poco a poco, las
nubes dificultaron la observación, que
no pudo reiniciarse hasta el momento del
paso del Sol por el meridiano y sólo por
40 minutos, durante ese lapso se
contaron de nuevo otros 48 cuerpos. Las
trayectorias seguidas por esos cuerpos
indican un desplazamiento directo del
oeste al este, más o menos inclinado al
norte o al sur del disco solar. En
algunos minutos de observación noté que
esos cuerpos que parecían negros y
sombríos –unos perfectamente redondos y
otros más o menos alargados–, al
proyectarse sobre el disco solar
ofrecían imágenes luminosas al abandonar
los bordes y cruzando los campos del
lente.
“Los intervalos de
los pasos eran variables; tanto pasaba
un cuerpo o dos –no empleando más que un
tercio, medio segundo, o un segundo como
máximo para atravesar el disco, y un
minuto o dos transcurrían antes de que
aparecieran otros– como tanto pasaban 15
ó 20 a la vez, de manera tal que era
difícil contarlos. Pude fijar la
trayectoria de muchos de esos cuerpos
sobre el disco solar, marcando sus
entradas y salidas en el papel que me
servía para dibujar las manchas; ese
papel, como la lente de la ecuatorial
seguía, por medio de un sistema de
relojería, el movimiento diurno aparente
del Sol sobre la bóveda celeste. La
figura 118 es una copia reducida del
dibujo que hice del disco solar ese día
(de 250 milímetros de diámetro) con la
trayectoria de los cuerpos y las manchas
solares.
“Tomando
frecuentemente fotografías del Sol,
cuando su disco presenta manchas y
fáculas notables, me he puesto en
posición de fotografiar igualmente el
raro e interesante fenómeno del paso de
estos cuerpos a través del disco solar.
“Con este motivo,
reemplacé en el mismo ecuatorial el
objetivo de 0.16 m por otro de igual
intensidad, pero de foco químico
(apropiado para el trabajo fotográfico),
al que adapté el ocular y la cámara
fotográfica. Después de diversos ensayos
para enfocar correctamente esos cuerpos,
logré tomar algunas fotografías, de las
que he elegido la que considero más
interesante para enviarla a la revista
‘La Astronomía’. Mientras yo tomaba
estas fotografías un ayudante contaba
los cuerpos en el ‘buscador’ del
ecuatorial. La fotografía ha sido tomada
al colodión húmedo a 1/100 de segundo.
Esta velocidad no me dio tiempo para
filtrar y preparar convenientemente los
baños: también el negativo está un poco
velado por el revelador. La imagen del
Sol no está en foco, pero sí la de los
cuerpos, que me ofrecían en esos
momentos mayor interés.
“Aunque en la
proyección y a simple vista, todos los
cuerpos parecían redondos o esféricos,
se observa en las diversas fotografías
que esto no es así y que la mayoría
tienen formas irregulares.
“He dicho que, en la
proyección del campo de la lente, los
cuerpos parecían luminosos y desprendían
como un sendero brillante, pero que
atravesando el disco solar parecían
opacos. Observando con atención la
fotografía y el negativo, se ve un
cuerpo rodeado como de una nebulosidad y
un rastro oscuro que, en el campo de la
lente y fuera del disco, se observan
brillantes. Esto me haría creer que los
senderos brillantes al paso del cuerpo a
través del disco absorberían la luz
actínica (91) del Sol o disminuirían su
potencia fotogénica.
“En la tarde las
nubes me impidieron toda observación.
Tomé entonces ciertas medidas y
establecí un plan de observación en caso
de que el fenómeno se reprodujera al día
siguiente.
“El 13 de agosto, el
cielo estuvo nublado hasta las ocho
horas de la mañana; después las nubes se
despejaron un poco y pude hacer
observaciones. Rápidamente el fenómeno
se presentó otra vez, y durante los 45
minutos de observación que nos permitió
el estado del cielo, contamos 116
cuerpos que atravesaban el disco solar.
“En seguida de
realizada la observación del día 12,
había telegrafiado a los observatorios
de México y de Puebla para pedirles que
observaran esos fenómenos, pero fueron
invisibles para ellos. Con el objeto de
verificar de una manera indirecta la
distancia aproximada en que se
encontraba este enjambre de cuerpos,
preparé con cuidado el buscador de la
lente, el ecuatorial y un lente de
espejo plateado de Foucault 0.10 m de
diámetro y lo dirigí sobre el disco
solar y sobre los cuerpos; además, en la
noche tuve ocasión de dirigir este
sistema, igualmente, hacia los planetas
y la Luna, la cual había estado en el
primer cuarto durante los dos días
pasados. Sin cambiar el foco del
sistema, solamente la Luna se observaba
con nitidez.
“Esta circunstancia,
unida a la invisibilidad del fenómeno en
México y en Puebla o en otras partes, me
hace pensar que estos cuerpos se
encontraban próximos a la Tierra, a
menor distancia que la Luna, y que su
paralaje considerable era motivo para
que en México y Puebla estuvieran
proyectados fuera del disco solar”(92).
Hasta aquí el
artículo de Bonilla. Una nota al margen,
del editor de “L’Astronomie”,
dice (93):
“La observación del
señor Bonilla es muy interesante, y no
fácil de explicar. Las fechas 12 y 13 de
agosto hacen pensar inmediatamente en
las estrellas fugaces de esa época, pero
sería raro que no se hubieran visto ni
en México ni en Puebla. ¿Serían pájaros?
Hemos examinado con mucha atención la
fotografía que reproducimos en la figura
119: el cuerpo negro oval, está
precedido y seguido de débiles rastros:
su largo es de 0.9 milímetros y su ancho
es de 0.6 a 0.7 milímetros; el diámetro
solar es de 66 milímetros (el astro no
se encuentra en foco pero sí lo está el
corpúsculo). Afuera del Sol los rastros
parecerían brillantes. Estaríamos
inclinados a creer que estos cuerpos son
pájaros, insectos o polvos
suspendidos: en todo caso, corpúsculos
pertenecientes a nuestra atmósfera”.
BONILLA, ¿UN
ASTRÓNOMO QUE SÓLO SABÍA SACAR
FOTOGRAFÍAS?
Un comunicado del
ufólogo Dominique Caudron
despacha de manera muy simplista el caso
Bonilla (94).
“Tengo un archivo
sobre el caso de Zacatecas, con todos
los elementos. Lamentablemente nunca lo
publiqué, y el artículo es sólo un
esbozo escrito a mano. Pero tengo
pruebas de que Bonilla era un astrónomo
estúpido. Él no supo cómo se ve un
pájaro que pasa a través del disco
solar. Él no supo cuánto es el tiempo
que necesita un asteroide para pasar a
través del disco solar. Él no conocía
las fórmulas de longitud focal. Pero lo
que sí sabía era cómo tomar una foto.
“Hace dos años hice
esta reconstrucción en términos de
broma/verdad. ¿No les parece gracioso?
“Dominique Caudron
(Oncle Dom para los grupos de discusión)
“21th CENTURY HOAX
“Presenta
“ZACATECAS
“La historia jamás
contada
“(La película que
Jimmy Guieu nunca vio)
“Una vez, en el año
1883, el astrónomo mexicano José A Y
Bonilla, director del Observatorio de
Zacatecas, vio miles y miles de OVNIS a
través del disco solar. Él fue el
primero en tomar una foto de un OVNI, y
la envió a la revista francesa
‘L’Astronomie’. Según muchos ufólogos,
esta foto es la primera prueba
científica de la realidad de los OVNIS.
“También encontramos
una exclusiva: ¡Bonilla también tomó una
película! Este documento histórico
proviene de un astrónomo francés
aficionado, quien lo encontró después de
la muerte del astrónomo Pierre Guérin.
“Ojo: ¡Ahora, nadie
puede dudar de la realidad de los OVNIS!
“(C) 21th Century
Hoax – Enero de 2001
“21th CENTURY BOX
“Presenta
“ZACATECAS
“La historia
verdadera
“(La película que la
21th CENTURY HOAX nunca vio)
“Recientemente,
nuestro competidor, la 21th Century
Hoax, declaró haber encontrado la prueba
de la realidad de los OVNIS: una
película tomada por un astrónomo
mexicano en 1883.
“Señores
lamentablemente, no existían las
películas en 1883. También tenemos
nuestros informantes.
“Según un gran
ufólogo, este documento ‘histórico’ ha
sido hecho por el mismo remitente, y la
muerte de Pierre Guérin no tiene nada
que ver con ello. Ésta fue una broma
hecha por el remitente para probar la
credulidad de los ufólogos. El
remitente, quien es astrónomo aficionado
y también ufólogo, hizo dos versiones de
su reconstrucción del avistamiento de
Zacatecas: Una falsa para los ufólogos
ingenuos, y otra verdadera para los
astrónomos escépticos. La versión real
está basada en el informe original de
José A Y Bonilla de septiembre de 1885
en ‘L'Astronomie’. Se respetó el tamaño
y el cronometraje. Después de la
publicación del informe original, varios
astrónomos aficionados escribieron a
‘L'Astronomie’ que ellos han visto cosas
similares. Finalmente ‘L'Astronomie’
concluyó que eran pájaros.
“En verdad, hoy,
cualquier aficionado con un telescopio,
puede ver la misma cosa, con el mismo
tamaño y tiempo. En ninguna parte se
prohíbe el vuelo a los pájaros. Esto es
lo que vio realmente José A Y Bonilla.
“(C) 21th Century box
– Enero de 2001”
Aunque el resultado,
pájaros en vuelo, pueda ser el correcto,
Caudron no llegó a él por sus propios
medios. Uno de los editores de
“L’Astronomie” lo había apuntado desde
el siglo XIX.
Caudron se equivoca
cuando dice que fue después de que
varios astrónomos aficionados afirmaron
haber visto el mismo fenómeno cuando en
‘L’Astronomie’ se dijo que eran pájaros.
La nota aclaratoria se dio justo después
(abajo) del artículo de Bonilla. El
ufólogo francés también yerra al
escribir el nombre de nuestro astrónomo.
Como ya apuntamos previamente, la “y” no
es una inicial de algún apellido, es
simplemente un conectivo (Árbol y
Bonilla).
Pero en donde Caudron
comete el peor error es al considerar a
Bonilla como un estúpido que sólo sabía
sacar fotografías. Como ya hemos visto
en estas páginas, el ingeniero Bonilla
era un buen científico, a la altura de
muchos otros. Si bien es cierto que no
supo identificar los objetos que
observó, no por ello podemos insultarlo.
Si así lo hiciéramos, también tendríamos
que hacer lo mismo con gente de la talla
Herschel, Ohrt, Messier, o con
astrónomos franceses como Lescarbault,
De Cuppis, Croste, D’Angos, Bruguière y
Jacquot, que describieron objetos
similares, como ya vimos al inicio de
este trabajo. En descargo de Bonilla
podemos decir que, a diferencia de los
otros mencionados, por lo menos él sí
sabía tomar fotografías.
No, la verdad es que
Bonilla no era ningún aficionado, y
Caudron no tiene un archivo con “todos”
los elementos, ni tiene prueba alguna de
que Bonilla fuera un estúpido. Lo que sí
podemos asumir es que la “investigación”
de Caudron fue muy superficial y dejó
muchos huecos.
ALGUNAS TEORÍAS
La idea de que los
objetos vistos por Bonilla eran
platillos voladores, OVNIS o súper
tarmelanes no será analizada aquí
porque, evidentemente para nosotros, la
fotografía no se ajusta a ninguna de
estas formas. La forma de una estrella
de cinco o seis puntas no es la de un
plato volador, ni la de un OVNI
convencional. No sabemos cuál será la
forma de los súper tarmelanes.
En 1994 el
investigador mexicano Oscar García
leyó un artículo sobre el curioso
fenómeno de las Lunas Azules (95), en el
que se mencionaba que el polvo emitido a
la atmósfera por los volcanes podía
producir que las personas vieran la Luna
con un tinte azuloso. García,
impresionado, relacionó la
extraordinaria coincidencia de fechas
entre la erupción del volcán Krakatoa y
la observación de Bonilla.
En la revista “Perspectivas
Ufológicas”, García planteó la
posibilidad de que la observación de
Bonilla se tratara de polvo suspendido
debido a las explosiones del Krakatoa
(96). Si bien es cierto que dicho volcán
hizo erupción el 26 de agosto, es decir
14 días después de la primera
observación de Bonilla, García sugiere
que previamente hubo otras erupciones
del volcán que pudieron enviar cenizas a
la atmósfera.
Sin embargo, el
ingeniero catalán Manuel Borraz
se encargó de refutar esta teoría, bajo
el siguiente esquema (97):
“En relación al
artículo de Oscar García que se ha
publicado en el último número de PU,
acerca del ‘caso Bonilla’ trabajaremos
algunas discusiones que se oponen a las
conclusiones por él obtenidas.
“Supondremos que los
corpúsculos observados por Bonilla
tenían un tamaño aparente similar al
objeto que muestra la fotografía
publicada en ‘L'Astronomie’. En dicha
fotografía, el Sol aparecía con un
diámetro de 66 mm y el corpúsculo tenía
0,9 mm de largo por 0,6 a 0,7 mm de
ancho, según señalaba la redacción de la
revista. Para fijar ideas,
consideraremos la menor de estas
dimensiones, es decir, 0,6 mm.
“Un objeto que
apareciera con 0,6 mm de diámetro en la
foto debía tener un diámetro angular α
de valor:
“66 mm... 1899’’ (diámetro solar
aparente que indica Bonilla)
0,6 mm .... α ?
α = 0,6 x 1899’’ / 66
= 17,2636
(Tratándose de
ángulos tan pequeños, puede aplicarse
esta sencilla regla de tres).
“El diámetro real D
de un objeto de diámetro angular α puede
expresarse en función de la distancia r
a que se encuentra del observador como:
“D = 2 x r x tg (α /2)
(Expresión aproximada
válida para ángulos α pequeños)
“En nuestro caso
tendríamos:
D = 2 x r x tg
(17,2636"/2) = 0,000084 x r
“De donde se deduce que un objeto cuyo
diámetro real fuera inferior a 1
milímetro (como sería el caso de una
partícula de polvo, ceniza, etc.), se
encontraría a... menos de 12 metros de
distancia del observador.
“Análogamente, un objeto que se
encontrara a una distancia de más de mil
metros del observador debería tener un
tamaño real de... más de ocho
centímetros.
“Obsérvese que si hubiéramos tomado una
dimensión aparente mayor que los 0,6 mm
de partida, los resultados aún habrían
sido más desfavorables a la hipótesis de
posibles partículas de origen volcánico
en suspensión en la atmósfera.
“A una distancia r del observador, el
diámetro solar aparente (1899’’)
equivalía a un recorrido s de valor:
“s = 2 x r x tg (1899"/2) = 0,0092 x r
(Expresión aproximada
válida para ángulos pequeños).
“Teniendo en cuenta que los corpúsculos
observados por Bonilla tardaban entre
1/3 y 1 segundo en atravesar el disco
solar, podemos expresar su velocidad
real v en función de la distancia s
recién calculada, y de ahí en función de
la distancia r al observador:
“v (máx.) = s
/ (1/3) = 0,0092 x r / (1/3) = 0,0276 x
r
v (mín.) = s / 1 =
0,0092 x r
(Para r expresado en
metros, el resultado vendrá dado en
metros por segundo).
“De lo cual se deduce, por ejemplo, que
un objeto del tamaño aparente aquí
considerado que estuviera a unos doce
metros del observador debía moverse con
una velocidad de 0,11 a 0,33 metros por
segundo. Recordemos que, en ese caso, su
tamaño real debía ser de 1 milímetro
aproximadamente. Análogamente, un objeto
situado a unos mil metros de distancia
llevaría una velocidad de entre nueve y
27 metros por segundo. En ese caso, su
tamaño sería del orden de ocho
centímetros.
“En conclusión, los datos descartan la
posibilidad de que las observaciones
involucraran partículas de origen
volcánico flotando a gran altura
(criterio tamaño/distancia). Por el
contrario, resulta más verosímil la
hipótesis de la interposición bien sea
de pájaros a cierta distancia o bien de
insectos o pequeños corpúsculos a muy
corta distancia del punto de
observación. Quizás un examen más
detenido de los datos y la aplicación de
otros criterios complementarios permitan
afinar más en la explicación”.
Las conclusiones de
Borraz concuerdan con el relato de
Bonilla, quien dijo que los cuerpos se
encontraban relativamente cerca de la
Tierra: “Esta circunstancia, unida a la
invisibilidad del fenómeno en México y
en Puebla o en otras partes, me hace
pensar que estos cuerpos se encontraban
próximos a la Tierra, a menor distancia
que la Luna”.
Ahora bien, si
hubiese sido polvo volcánico de 1
milímetro de diámetro y volando a doce
metros del telescopio, es de suponer que
se hubiera informado de la existencia de
una capa de ese polvo sobre las calles
de la ciudad de Zacatecas. Pero no he
encontrado nada al respecto.
OTRAS TEORÍAS
Pero si no fue polvo
volcánico, ¿qué otra cosa pudo haber
producido el fenómeno observado por
Bonilla? El editor de ‘L’Astronomie’
apuntaba a insectos y pájaros. El
ufólogo inglés John Spencer
escribió:
“Se ha sugerido que
lo que Bonilla captó fue el vuelo
desenfocado de una bandada de patos,
pero en cualquier caso, este incidente
resulta útil para ilustrar el hecho de
que, al no haber sido identificados, son
efectivamente OVNIS, en el sentido
literal de Objetos Voladores No
Identificados”.
El objeto de la
fotografía, con un poco de imaginación
parece una mariposa. Las mariposas
monarca (Danaus plexippus) migran, desde
los alrededores de Toronto, Canadá y el
noroeste de los Estados Unidos, hacia
México a finales del verano. Son más de
15 millones de individuos los que hacen
esa ruta de más de tres mil 800
kilómetros, en unas cinco o seis
semanas.
Según los vientos,
las monarcas vuelan a una velocidad que
varía entre 15 y 45 kilómetros por hora.
Llegan a México, a los Santuarios de las
Mariposas, ubicados en los Estados de
México y Michoacán, y aquí pasan el
invierno para regresar nuevamente al
norte, al término de los fríos.
La época de migración
de las monarcas y la ruta que siguen
coincide con el avistamiento de Bonilla.
¿Se trataba de monarcas? No lo sabemos.
Pero también habría que apuntar otro
tipo de migración: pájaros. La corriente
migratoria conocida como “Río de
rapaces” provoca la ilusión de
contemplar una fantástica corriente de
agua voladora, según palabras del
biólogo americano James E. Dion.
Más de cuatro
millones de individuos al mes, o 130 mil
por día. Aves rapaces no gregarias, que
no forman bandadas dirigidas por un
individuo, como los patos, sino que cada
uno vuela por su cuenta sobre la misma
ruta. Son halcones Harris, cernícalos,
halcones Swainson, milanos, gerifaltes,
águilas, gavilanes y buitres, entre más
de 200 especies que provienen de Canadá
y los Estados Unidos.
Llegan hasta el
litoral del golfo de México debido a una
suerte de embudo gigantesco formado por
la Sierra Madre Oriental y el Eje
Volcánico central. Algunos sólo llegan
al sur de México o norte de
Centroamérica, pero otros (cernícalo
americano o el halcón de Harris) vuelan
más de 16 mil kilómetros hasta las
pampas argentinas.
Las alturas del vuelo
son variables y dependen de cada
especie, pero el máximo es de diez mil
metros, utilizando las corrientes
ascendentes de aire caliente. Las aves
planean, en lugar de aletear, lo que les
permite gran ahorro de energía (98).
Entre agosto y
septiembre varias de estas rapaces pasan
por Zacatecas en su trayecto hacia el
Golfo de México. ¿Fueron rapaces lo que
vio Bonilla? ¿Lo podemos acusar de no
saber identificar pájaros o insectos en
lugar de objetos astronómicos? ¿Y qué
diremos, entonces, de Maurice Jacquot,
quien informó del tránsito de un cuerpo
negro sobre el disco solar, que fue
identificado en “L’Astronomie” como un
pájaro? El mismo Jacquot descartó otra
de sus observaciones como debida a
pájaros. Lo mismo ocurrió con Riccó
Annibale, Primer Astrónomo del
Observatorio Astronómico de Palermo,
quien al parecer vio grullas volando a
nueve kilómetros de altura (¿?), aunque
originalmente pensó que eran cuerpos
astronómicos.
Si leemos con
atención a Fort, el primero que trajo el
asunto hacia los terrenos de lo
paranormal, veremos que también apunta a
una explicación en el sentido de pájaros
o insectos: “Tanto si se hubiera tratado
de pájaros, de escarabajos (…) Uno de
estos objetos fue fotografiado: el
documento muestra un largo cuerpo
rodeado de estructuras indefinidas, por
el temblor de alas o de planos en
movimiento”.
¿LA PRIMERA
FOTOGRAFÍA OVNI DE LA HISTORIA?
El caso Bonilla ha
pasado a la historia de la ufología como
el primer caso fotográfico. La única
fotografía tomada por Bonilla que se
conoce es la aparecida en
“L’Astronomie”. El profesor Bonilla
menciona que sacó varias fotografías,
aunque no dice cuántas. Sólo envió a
Francia la que le pareció más
interesante. ¿Es ésta la primera
fotografía OVNI de la historia?
No.
Hemos encontrado otra
fotografía de la serie de Bonilla. Había
permanecido en custodia de Cuauhtémoc
Esparza Sánchez, investigador de la
Universidad Autónoma de Zacatecas. Con
toda probabilidad se trata, si no de la
primera, de una de las primeras que tomó
el astrónomo mexicano. En ella se ven
los objetos esféricos o circulares que
describió Bonilla (“Aunque en la
proyección y a simple vista, todos los
cuerpos parecían redondos o esféricos,
se observa en las diversas fotografías
que esto no es así y que la mayoría
tienen formas irregulares”).
¿Por qué pensamos que
ésta es una de las primeras fotografías
de Bonilla? El astrónomo se encontraba
estudiando las manchas solares. Su
aparato estaba enfocado en el Sol,
cuando repentinamente aparecieron unos
objetos extraños. Estos cuerpos se
encontraban entre la Tierra y el Sol,
con toda seguridad dentro de la
atmósfera de la Tierra, y muy
probablemente a unos cientos de metros
sobre el observatorio. Al pasar sobre el
objetivo del telescopio, su figura
estaba desenfocada. Esta situación
produce una mancha o figura circular en
los telescopios, cámaras fotográficas o
en las proyecciones de las sombras que
se obtienen en el suelo utilizando los
telescopios.
Pronto Bonilla tuvo
que ajustar su telescopio. De esta
manera desaparecen las formas circulares
para dar paso a objetos con formas
irregulares. Ese movimiento enfoca a los
objetos, pero desajusta la visión del
Sol. Eso es precisamente lo que vemos en
la famosa fotografía publicada en
“L’Astronomie”: el Sol está desenfocado.
En el primer caso los
objetos presentan más semejanza a la
forma clásica de los platos voladores.
En el segundo bien se puede hablar de
“estrellas de cinco o seis puntas”, de
“pájaros o escarabajos” o de
“estructuras indefinidas, por el temblor
de las alas o de planos en movimiento”.
Pero Bonilla no sólo
tomó estas dos fotografías. Sabemos que
el ingeniero Rubén J. Prezza,
director de la escuela de ingeniería de
Zacatecas, posee otra fotografía. Y en
la misma Universidad Autónoma de
Zacatecas se guarda todo el expediente
Bonilla.
Sin embargo, aún
cuando ésta hubiese sido la primera
fotografía tomada por Bonilla, no es la
primera fotografía OVNI de la historia.
El investigador español Vicente Juan
Ballester Olmos, en su Fotocat
(el catálogo de fotografías OVNI más
completo del planeta) registra una
fotografía anterior.
Parte de una futura
investigación en torno al caso Bonilla
comprenderá la obtención de copias de
estas fotografías; ahondar en la vida
del científico y su entorno geográfico e
histórico; obtener la opinión de los
astrónomos mexicanos en torno al asunto
de Vulcano y al caso Bonilla, en
particular; determinar a qué distancia
se debería encontrar un objeto (pájaro o
insecto) para aparecer en foco, mientras
que el Sol esté fuera de foco,
utilizando el telescopio de Bonilla; e
intentar identificar el tipo de ave o de
insecto que hubiese sido registrado por
el astrónomo, en caso de que éste sea el
origen de las fotografías.
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1 - - -
NOTAS
(78) Medina, Manuel.
“Manual elemental de Astronomía de
Posición”. Secretaría de Agricultura y
Fomento. México. 1942.
(79) Medina, Manuel.
“Algunos datos para la geografía del
estado de Zacatecas”. “Boletín de la
Sociedad Mexicana de Geografía y
Estadística”. Tomo LXI. No. 1. México.
1946. Página 56.
(81) Robles, Ciro. “La
obra astronómica de José Árbol y Bonilla
(1853 - 1920)”. Ponencia en el
VIII Congreso Mexicano de Historia de la
Ciencia y la Tecnología. 3 al 6 de
noviembre de 2002. Guanajuato. Gto.
(82) Dollero, Adolfo.
“México al Día (Impresiones y Notas de
Viaje)”. Librería de la Vda. De C.
Bouret. México. 1911. Página 195.
(83) Árbol y Bonilla,
José. “Memoria sobre la agricultura y
sus productos en el estado de
Zacatecas”. Zacatecas, Zac. Hospicio de
Niños de Guadalupe. 1889.
(84) Pacheco, Carlos.
“Memoria presentada al Congreso de la
Unión, por el Secretario de Fomento,
Colonización, Industria y Comercio”.
Tipografía de la Secretaría de Fomento.
México. 1887. Página 451.
(85) Árbol y Bonilla,
José. “El paso próximo de Venus por el
Disco Solar”. Imprenta del Hospicio de
Niños de Guadalupe. Zacatecas. México.
1882.
(86) Fort, Charles. “El
libro de los condenados”.
(88) Wilkins, Harold.
“Flying saucers on the
attack”. Ace Books Inc.
Nueva
York. 1954. Págs. 210-212.
(89)
Árbol y Bonilla, José. “Passage sur le
disque solaire d'un essaim de
corpuscules, vu a l'observatoire de
Zacatecas (Mexique)”, “L'Astronomie”.
4 (9):347-350. 1885.
(90) Proceso fotográfico
conocido como daguerrotipo.
(91) Acción química de
las radiaciones luminosas. Nota de
Colman S. Von Keviczky.
(93) Anónimo.
“Note de Rèdaction”.
“L'Astronomie”. 4 (9):350. 1885.
(94) Comunicado a Vicente
Juan Ballester Olmos.
(96) García, Oscar. “El
informe Bonilla”.
“Perspectivas
Ufológicas”,
Año 1. No. 3. México. Septiembre de
1994. Páginas 4-6.
(97) Borraz, Manuel. “En
torno a Bonilla…”. “Perspectivas
Ufológicas”. Año 2. No. 4. México. Enero
de 1995. Pág. 6.
(98) Datos de la revista
“Amigos del Río de Rapaces”, editada por
Pronatura. |