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Los 447 OVNIs de Bonilla (pt. 1)
publicado en 07/02/2005

Autor: Luis Ruiz Noguez

Indudablemente Urbain Jean Joseph Leverrier fue el astrónomo francés más famoso del siglo XIX. Mediante cálculo matemático, Leverrier predijo la existencia de Neptuno. También supuso la existencia de planetas intramercuriales o de otro cinturón de asteroides ubicado a 31 millones de kilómetros del Sol. Con esto trataba de explicar la excentricidad en la órbita de Mercurio. Jamás se demostró la existencia de tales cuerpos planetarios, y fue hasta la llegada de Einstein que se pudo explicar el fenómeno. 

Sin embargo, durante la última mitad del siglo XIX, la teoría de Leverrier influyó en las observaciones astronómicas de sus contemporáneos. Muchos astrónomos creyeron haber visto los cuerpos predichos por el francés. 

Fue el doctor Lescarbault, un astrónomo aficionado del pueblo de Oregarés, Francia, el primero en llamar la atención de Leverrier sobre una curiosa observación de un “cuerpo planetario” que atravesó el Sol en 1859. Lescarbault, de inmediato, le envió una carta a Leverrier. Este último no contestó. Antes bien se dirigió a Oregarés para hablar con Lescarbault, ya que ese supuesto planeta correspondía a sus cálculos de un nuevo planeta entre Mercurio y el Sol. 

Sin identificarse, entró en la casa de Lescarbault y “sometió al doctor a un severo contrainterrogatorio. Lo puso contra la pared, planteándole una pregunta tras otra”. 

Al final, se presentó. Quedó satisfecho con las respuestas de Lescarbault y bautizó al nuevo planeta con el nombre de Vulcano. Este curioso e impertinente comportamiento de Leverrier se repetiría, años más tarde, cuando el ingeniero mexicano Francisco Díaz Covarrubias visitó el Observatorio de París, después de su periplo mundial y del éxito obtenido al fotografiar el tránsito de Venus sobre el disco solar en 1874. Pero sobre este punto regresaremos más adelante. 

Leverrier recopiló toda la información y reportes que pudo obtener sobre el asunto. Publicó sus resultados en el “Monthly Notices of the Royal Astronomical Association" (1). El primer relato era de Fritsche, el 10 de octubre de 1802. Luego le siguieron Stark, el 9 de octubre de 1819; De Cuppis, el 30 de octubre de 1839; Sidebotham, el 12 de noviembre de 1849; Lescarbault, el 26 de marzo de 1859; y, finalmente, Lummis, el 20 de marzo de 1862. 

Con esos datos Leverrier calculó que Vulcano tenía un período de 20 días. Además, predijo que el mejor momento para observar el nuevo planeta sería el 22 de marzo de 1877. En Inglaterra, el Astrónomo Real notificó a los observatorios de Chile, Estados Unidos, Madrás, Melbourne, Nueva Zelanda y Sydney para que estuvieran atentos. Otto Struve, el famoso astrónomo ruso americano, preparó dos grupos de observación: uno en Siberia y otro en Japón.

Pero llegó el día y nadie, en ningún lugar del mundo, pudo observar a Vulcano. 

Sin embargo, según Charles Hoy Fort (2), esos seis reportes no fueron los primeros ni los únicos. Fort Menciona en su “Libro de los Condenados” que: 

“El 9 de agosto de 1762, M. de Rostan, de Basilea, Suiza, tomaba la altitud del Sol en Lausana, cuando vio un cuerpo en forma de huso, de tres dedos de ancho y nueve de largo, avanzar lentamente atravesando el disco solar, a la mitad de la velocidad de lo que lo hacen las manchas solares ordinarias (3). No desapareció hasta el 7 de septiembre, al alcanzar el limbo del Sol.

 

“Otro observador, estudiando el Sol a la misma hora en París, no vio el objeto, pero M. Croste, de Sole, es decir, a unos 271 kilómetros al norte de Lausana, lo observó, descubriendo la misma forma de huso, pero discutiendo un poco su envergadura. Y, detalle importante: Croste y De Rostan no lo vieron en el mismo lugar sobre el Sol.

 

“El redactor del Register escribió: En una palabra, no conocemos nada del cielo a lo cual se pueda recurrir para explicar este fenómeno

Ese mismo año, 1762, pero el 19 de noviembre, Lichtemberg vio otro objeto que cruzaba el Sol (4). Morris Karl Jessup (5) dice que la mancha era enorme y redonda, de un doceavo de diámetro solar. Es decir, si el Sol presenta un diámetro aparente de cerca de medio grado de arco, el objeto tenía dos y medio minutos o 150 segundos. Comparando con el diámetro aparente de Mercurio, de doce segundos, implica un tamaño de más de 20 veces el de Mercurio, o del tamaño de Saturno. 

Un año antes, el 6 de junio de 1761, Scheuten estaba examinando un tránsito sobre Venus, y observó un objeto redondo y negro con tanta claridad como a Venus, como la mitad de su tamaño, que avanzó durante tres horas frente al Sol. Scheuten creyó que podría tratarse de un satélite de Venus, pero como ningún otro observador, de los que vigilaron aquel tránsito vieron el cuerpo, es muy probable que el objeto estuviera muy próximo a la superficie terrestre (6). 

A Hoffman le tocaría su turno en mayo de 1764 (7). Del 1 al 5 de mayo de ese año observó, a simple vista, una gran mancha redonda, de un quinto del diámetro del Sol. Atravesó al astro rey, de norte a sur (8). 

El 17 de junio de 1777, Charles Messier, el famoso astrónomo que catalogó las nebulosas y las constelaciones, advirtió cierto número de cuerpos pequeños cruzando el Sol rápidamente, en direcciones paralelas (9). 

Luego D’Angos, desde Tarbes, Francia, vio una mancha ligeramente elíptica, pero bien definida, sobre el Sol, como a la mitad entre su borde y el centro, el 18 de enero de 1798 (10). El objeto tardó 25 minutos para salir del disco solar (11). 

En “Nuevos mundos” (12), Fort dice que La Concha, de Montevideo, vio un cuerpo oscuro y desconocido que cruzó el disco solar el 5 de noviembre de 1789 (13).

 

CONTINÚAN LOS AVISTAMIENTOS 

En el siglo XIX tenemos otras observaciones. El 10 de octubre de 1802, en Magdeburgo, Alemania, Fritch observó una mancha moviéndose a dos minutos de arco en cuatro minutos, a través del Sol, mancha que no apareció después de haber sido ocultada por un nublado. Fritch indica también que el 20 de marzo de 1800 y el 7 de febrero de 1802, vio también manchas de moción rápida y propia (14). Más observaciones: Keyser, en Ámsterdam, el 9 de noviembre de 1802 (15). 

Los ingleses Capel Lofft y Acton vieron una mancha pequeña subelíptica y opaca, moviéndose más rápido que Venus cuando se hallaba en tránsito sobre el Sol, el 6 de enero de 1818 (16). Desapareció antes del atardecer. Parecía de aspecto cometario o planetario (17). 

El 26 de julio de 1819 Gruithuinsen observó dos cuerpos atravesando juntos el Sol. Stark también tuvo oportunidad de ver uno de estos objetos el 12 de febrero de 1820 (18). Se trataba de una mancha circular bien definida, con una atmósfera anaranjada y oro. Ese mismo objeto fue reportado por Steinheibel, en Viena, el 27 de abril de 1820 (19). Cruzó el Sol en cerca de cinco horas. Jessup escribe el nombre del astrónomo como Steinbuhl (20). 

Durante el eclipse del 7 de septiembre de 1820 el astrónomo Gruithuisen vio cinco objetos de tamaño apreciable (21). El 23 de octubre de 1822 J. W. Pastorff vio dos cuerpos oscuros desconocidos. Web observó otro el 22 de marzo de 1823 (22). Este último escribió un libro, “Celestial objects”, en donde da otros numerosos ejemplos, particularmente en el período comprendido entre el 31 de julio de 1826 y el 30 de mayo de 1828. 

Nuevamente Stark vio otro objeto, un punto redondo en el borde noroeste del Sol a las 4:45 pm del 31 de julio de 1826, invisible el día anterior así como los subsecuentes (23). Feisher, en Lisboa, tuvo una experiencia similar el 5 de mayo de 1832 (24). 

Pastorff (25) señala que vio, dos veces en 1836 y otra más en 1837, dos manchas redondas de tamaño desigual moverse a través del Sol. Una cambiando de posición con relación a la otra, tomando una dirección, si no una órbita, distinta cada vez, y que en 1834 vio otros cuerpos semejantes atravesar seis veces el disco solar, pareciéndose mucho a Mercurio en sus pases. Con esos avistamientos Pastorff se convertía en la persona que había visto más objetos desconocidos sobre el disco solar. El “American Journal of Science”, discutió esos informes. 

De Vico, en Roma, observó un pequeño cuerpo perfectamente redondo, sin traza alguna de penumbra, que cruzó una considerable porción del disco solar, en el corto espacio de seis horas, el 12 de julio de 1837 (26). 

El 2 de octubre de 1839, De Cuppis, estudiante de astronomía en el Colegio de Roma, vio un cuerpo perfectamente definido y redondo, moviéndose a tal velocidad que pudo cruzar el disco solar en seis horas (27). Algo parecido le sucedió a Houzeau en Bruselas, el 8 de mayo de 1845 (28). 

En junio de 1847 Benjamin Scott, Chamberlán de Londres, y el señor Wray vieron un cuerpo planetario atravesando el Sol, según lo cuenta John Russel Hind en “Nature” (29). 

“Una observación hecha por Schmidt, el 11 de octubre de 1847, se opina que es dudosa. Pero en la página 192 se asegura que dicha duda proviene de una traducción errónea, citándose otras dos observaciones hechas por Schmidt el 14 de octubre de 1849 y el 18 de febrero de 1850” (30). Jessup supone que se trataba de Julio Schmidt, astrónomo de Bonn que llegó a dirigir el Observatorio de Atenas (31). 

El mismo Hind, acompañado por Lowe, vio un cuerpo similar el 12 de marzo de 1849 (32). Pero Jessup menciona que fue Lowe, acompañado por Sidebotham (33). Era una mancha negra y redonda que atravesaba el Sol. 

Jaennicke vio un objeto desconocido destacarse contra el Sol, el 30 de mayo de 1853 (34). El 11 de junio de 1855, Ritter y Schmidt observaron, cerca de Nápoles, poco antes de la puesta de Sol y a simple vista, un cuerpo negro redondo cruzando el disco solar (35). 

El 12 de septiembre de 1857, en Wandsbeck, Ohrt notó una notable mancha circular, un poco más pequeña que Mercurio, cercana a la orilla septentrional del Sol, a la 1:00 pm. Esta mancha desapareció cuando se observó el Sol, dos días después (36). El 1 de agosto de 1858, Wilson descubrió al atardecer en Manchester, Inglaterra, un objeto circular y opaco que se movió de este a oeste durante una hora y media (37). 

Dos objetos semejantes a estrellas fueron advertidos cruzando el Sol por Carrington, el 1 de septiembre de 1859 (38). F. A. R. Rusell y otros cuatro testigos observaron un cuerpo del tamaño de Mercurio que atravesaba el Sol el 29 de enero de 1860 (39). En el verano de ese año, R. Covington vio, sin ayuda óptica, un objeto cruzando el Sol (40). 

Staudacher, de Neurenberg, vio una mancha redonda oscura destacándose frente al Sol, en febrero de 1862 (41). Al día siguiente la perdió, pero por su apariencia y movimiento, el astrónomo supuso que se trataba de un nuevo planeta. Morris Karl Jessup da una fecha diferente para este avistamiento, específicamente febrero de 1762 (42). 

El 20 de marzo de 1862, un objeto redondo y claramente definido, fue visto por Lummis, de Manchester, y por un amigo suyo. La observación duró unos 20 minutos y el objeto tenía la mitad del diámetro aparente de Mercurio (43). Sporer vio uno cruzando el Sol el 30 de agosto de 1863 (44). El 12 de febrero de 1864, una mancha de ocho minutos y ocho segundos de arco en diámetro, también cruzó el Sol (45). 

El mismo John Frederick William Hershel observó varios de estos objetos, el 11 de marzo de 1870, en Bangalore, India (46, 47). Otras dos observaciones fueron anotadas por Hind y Denning, el 3 de noviembre de 1871 y el 26 de marzo de 1873, respectivamente (48). Haase reunió, por su lado, informes de 20 observaciones parecidas a las de Lescarbault, cuya lista fue publicada por Wolf en 1872. El 4 de abril de 1876, Weber, de Berlín, informó haber visto otro objeto oscuro que atravesaba el Sol (49). 

Gran polémica presentó el caso de los astrónomos Watson y Swift que vieron planetas durante el eclipse de julio de 1878 (50). El 15 ó 25 de abril de 1883, Bruguière H., en Francia, vio varios corpúsculos pasando delante del Sol (51). Uno de los editores de “L’Astronomie”, un tal P. G., supuso que se trataba de centellas. 

El 30 de noviembre de 1880, el geofísico italiano Riccò Annibale, “primer astrónomo del observatorio astronómico de Palermo”, vio unas manchas que cruzaron el disco solar. Las identificó como grullas, pero volaban a nueve kilómetros de altura (52). 

El “London Times” del 17 de diciembre de 1883, informa que Hicks Pashaw, en Egipto, descubrió a través de binoculares “un enorme punto oscuro sobre la parte inferior del Sol” (53). Ocho años después de su fracasado vaticinio, Leverrier recibió una carta de Coumbray, de Constantinopla, informándole que había observado un punto negro que atravesó el disco solar. Según Coumbray, si el objeto hubiera atravesado el Sol en su parte central, le hubiera tomado un poco más de una hora (54). La observación ocurrió el 8 de marzo de 1885, según Fort, y el 8 de mayo de 1865, según Jessup (55). 

En mayo de 1886, Maurice Jacquot, desde Havre, reportó dos observaciones de cuerpos negros sobre el Sol (56). El mismo Jacquot repetiría dos veces en agosto de 1886 (57, 58). En la primera observación de agosto, Jacquot sugirió que se podría tratar de una centella, mientras que los editores de “L’Astronomie” pensaron que se trataba de un pájaro. En la segunda observación fue el mismo Jacquot el que sugirió que podía ser un ave. 

La mayoría de los astrónomos estaban alocados por la moda de Vulcano. Parece que muchas de esas observaciones se debieron a una mala identificación de planetas (Mercurio, principalmente), a manchas solares o a cuerpos dentro de la propia atmósfera terrestre (polvo, pájaros, insectos…). Incluso C. H. F. Peters demostró que las observaciones eran ilusiones o fraudes (59). 

En las revistas francesas de ciencia y astronomía de la época, se pueden encontrar las siguientes referencias a cuerpos similares a los vistos por Bonilla. 

REVISTA

TÍTULO

AUTOR

PÁG.

AÑO

VOL.

L'Année Scientifique

Vulcan

Weber

7

1876

 

L'Année Scientifique

Vulcan

 

 

1877

 

L'Année Scientifique

Passage d'un Essaim de Corpuscules Noirs devant le Soleil

 

 

1885

 

L'Astronomie

Passage de Corpuscules devant le Soleil

Herschel

70

1886

Vol 5

L'Astronomie

Passage d'un essaim de corpuscules devant le Soleil

Bruguière

70-71

1886

Vol 5

L'Astronomie

 

P. G.

71

1886

Vol 5

L'Astronomie

Essaim de Corpuscules Passant devant le Soleil

Jacquot

389 – 390

1886

Vol 5

L'Astronomie

Autre passage de corpuscules devant le Soleil

Jacquot

390 – 391

1886

Vol 5

L'Astronomie

Mémé sujette

Jacquot

391

1886

Vol 5

L'Astronomie

Echancrure Observée sur le Disque Solaire

 

 

1887

Vol 6

L'Astronomie

Passage d'un Essaim de grues devant le Disque Solaire

Riccò

66-68

1887

Vol 6

L'Astronomie

Passage Sur Le Disque Solaire

 

 

1893

 Vol 12

No sería raro, pues, que nuestro ingeniero, que era miembro o socio de varias sociedades astronómicas mundiales, estuviera al tanto de las tendencias en la investigación científica y que, al presentarse un fenómeno curioso, y un tanto fuera de lo común, lo hubiera asimilado a una observación de asteroides intramercurianos. Los mismos que habían sido predichos por Leverrier. Ésta es pura especulación de este autor, ya que Bonilla no menciona lo anterior, por lo menos en su artículo publicado en “L’Astronomie”.

 

LA ASTRONOMÍA EN EL MÉXICO DEL SIGLO XIX 

Fue el ingeniero Francisco Díaz Covarrubias quien instaló el primer observatorio astronómico oficial, a instancias del presidente Benito Juárez. A partir de diversas piezas de tantos otros telescopios que se habían comprado en el transcurso de los años, Díaz Covarrubias armó sus aparatos y los instaló en el Castillo de Chapultepec. 

“Al comenzar el año de 1863 estaban montados cuatro instrumentos, entre ellos el magnífico telescopio meridiano construido por Ertel, que el Gobierno había comprado muchos años antes, y que yacía abandonado y en completo deterioro en el Colegio Militar” (60). 

Poco duraría esa institución. A la llegada de Maximiliano, durante la intervención francesa, el Emperador instaló su residencia en Chapultepec. Se ordenó empacar los telescopios y fueron enviados a una bodega. Ahí, con el paso del tiempo, se echaron a perder. 

Once años después, en 1874, Díaz Covarrubias, en ese entonces presidente de la Sociedad Humboldt, dirigiría la primera expedición mexicana, al Japón, para hacer mediciones del tránsito del planeta Venus sobre el disco solar (61). Esta expedición fue financiada por el gobierno del presidente Sebastián Lerdo de Tejada, y estaba constituida por el mismo Díaz Covarrubias y Agustín Barroso, calculista y primer fotógrafo mexicano en obtener placas de objetos celestes; Francisco Jiménez, astrónomo mexicano muy conocido en los círculos culturales de nuestro país; Francisco Bulnes, ingeniero, cronista y calculador; y Manuel Fernández Leal, topógrafo y calculador. 

De esa expedición se escribieron dos libros. Díaz Covarrubias fue el autor de uno de ellos (62), mientras que Bulnes escribió el otro (63). El doctor en astronomía Marco Arturo Moreno Corral nos informa en su delicioso trabajo “Odisea 1874 o el primer viaje internacional de científicos mexicanos” (64) los siguientes datos que servirán para comprender una anécdota de Díaz Covarrubias: 

“A mediados de 1875, Francisco Díaz Covarrubias publicó las Observaciones del tránsito de Venus hechas en Japón por la Comisión Astronómica Mexicana (65), logrando así que los mexicanos fueran los primeros en dar a conocer sus resultados.

 

“Los franceses publicaron los suyos en 1877, los ingleses en 1881 y los rusos en 1891. Los demás grupos astronómicos o no los publicaron, o lo hicieron después de los rusos”. 

Díaz Covarrubias cuenta la recepción que tuvo, por parte de Leverrier, durante el Congreso Internacional de Ciencias Geográficas que se llevó a cabo en París en 1875: 

“El agente comercial y antiguo cónsul de México en París, Mr. Armando Montluc, que había obtenido para mí varios permisos o invitaciones del gobierno para visitar diversos establecimientos públicos, solicitó de Mr. Leverrier, sin que yo lo supiese, el permiso de visitar el Observatorio Astronómico. Mr. Leverrier se lo remitió y según me informaron después no fue un permiso especial como era de creerse tratándose de una comisión científica del mismo ramo que se cultivaba en aquel establecimiento, sino una simple autorización como las que se conceden a toda persona que las pide.

 

“Yo, que ignoraba lo que había pasado, me presenté en el observatorio con Mr. De Montluc y con toda la comisión a la hora señalada, creyendo, como era natural, que Mr. Leverrier nos recibiría; Mr. De Montluc se dirigió, en efecto, a la habitación del sabio astrónomo con el fin de anunciarnos, en tanto que nosotros examinábamos algunos instrumentos antiguos pertenecientes a la colección del observatorio; pero volvió poco después vivamente disgustado a decirnos que Mr. Leverrier no juzgaba conveniente recibirnos de manera oficial a causa, decía, de estar interrumpidas las relaciones de su país con el nuestro y de ser nosotros miembros de una comisión nombrada por el Gobierno Republicano de México que derrocó a la Administración Imperial a la que él había sido adicto.

 

“Cuando me refería esto Mr. Montluc, entrábamos a un salón en el cual acababa también de entrar Mr. Leverrier para hacer algunas explicaciones populares a diez o doce visitantes allí reunidos y referentes a un nuevo telescopio que se estaba construyendo. Inútil es decir que al imponerme de tan singular excusa, salí inmediatamente con mis compañeros del salón y del observatorio.

 

“Como me era conocida de antemano, por informes de los mismos franceses, la reputación poco envidiable de que disfruta el carácter personal de Mr. Leverrier, no habría yo ciertamente consentido en que Mr. De Montluc pidiese para nosotros aquel permiso, si antes de dar ese paso hijo de un buen deseo que siempre le agradeceré, me lo hubiera consultado; pero jamás habría yo creído que un sabio tan afamado como el director del observatorio hubiera tenido una originalidad tan inesperada e intempestiva, precisamente en los momentos en que acreditado como representante de México en el Congreso de París, era yo recibido oficialmente con ese carácter y cuando al presentarme en la Sociedad de Geografía a cuyas sesiones se me invitó a concurrir, se me hacía ocupar un lugar de distinción con otros representantes de sociedades extranjeras y era galantemente saludado por el público con un aplauso”. 

En efecto, Díaz Covarrubias y los astrónomos mexicanos eran ya conocidos, no solo por las observaciones del tránsito de Venus, sino por su singular método de determinación de la latitud, en sustitución del conocido Método Talcott. Este nuevo método fue conocido como Método Mexicano. Díaz Covarrubias también publicó varias obras de divulgación (66) y de docencia (67). 

Pero estos no serían los únicos astrónomos mexicanos en ese siglo. También estaban el fotógrafo Luis G. León, autor de varias obras dedicadas a la ciencia (68, 69, 70, 71). 

El Observatorio Astronómico Nacional se inauguró el 5 de mayo de 1878, ocupando la parte alta del Castillo de Chapultepec. En 1883 se cambió al edificio del ex arzobispado (en el huerto), en Tacubaya, mientras se construían sus instalaciones definitivas. Su primer director fue el ingeniero Ángel Anguiano

En 1890 los astrónomos mexicanos contribuyeron a la Carte du Ciel, un ambicioso proyecto para fotografiar la esfera celeste. Uno de los responsables de las fotografías fue Francisco Estañol. Y, obviamente, estaba nuestro famoso José Árbol y Bonilla. Pero antes de hablar de este ingeniero, veamos un poco el contexto y el medio en el que se desenvolvió la vida científica de Bonilla.

 

CIENCIA Y CULTURA EN ZACATECAS DEL SIGLO XIX 

Algunos autores indican que la palabra Zacatecas es de origen náhuatl y significa “lugar donde abunda el zacate”. Tal vez esa etimología no esté lejos de la verdad, ya que el sitio fue asentamiento de varias tribus nahuas y chichimecas, tales como los zacatecas, tecuexes, huachiles y caxcanes hasta que, en 1531, se instalaron ahí los españoles, en lo que hoy es el municipio de Nochistlán.  

El 17 de octubre de 1585, el Rey Felipe II la bautizó como Ciudad de Nuestra Señora de Zacatecas y, tres años después, la dotó de escudo de armas y le confirió el título de Muy Noble y Leal Ciudad.

En 1732 Ribera de Bernardez (72), describe el uso y construcción de diversos instrumentos astronómicos: astrolabios y cuadrantes geométricos de tres varas de diámetro, etcétera. También refiere los cálculos que realizó para la determinación de la longitud geográfica de la ciudad de Zacatecas. 

El año de 1754 sería clave para la vida cultural y académica del Estado. En ese año el padre don Francisco Pérez de Aragón renuncia a sus bienes y los dona para la fundación de un seminario o colegio en Zacatecas. Fueron los jesuitas los encargados de dirigir la construcción del inmueble de lo que sería el colegio de San Luis Gonzaga. Pero luego, por disposiciones virreinales, el colegio pasó a manos de los dominicos, en 1784. Al año siguiente se nombró al bachiller don J. Antonio Calvillo como rector de la institución, que abrió sus puertas el 30 de abril de 1875. 

La institución tuvo una vida muy agitada. Constantemente cerraba sus puertas por causas diversas. También tuvo muchos cambios de funciones. Fue hospital y se convirtió en escuela normal (Escuela de la Constitución, en 1825) 

No fue sino hasta la llegada a la gobernatura de don Francisco García Salinas, luego del período presidencial de don Guadalupe Victoria, en 1828, que se estabilizaron las cosas. La agricultura, minería y educación tuvieron gran impulso. García fundó una escuela normal para profesores de enseñanza primaria; abrió diversas academias y fundó el Instituto Literario. Éste originalmente estaba en la ciudad de Jerez, pero luego se trasladó a Zacatecas. Ahí cambio de nombre adoptando el de Instituto Literario de García y posteriormente el de Instituto de Ciencias, después Instituto Autónomo y actualmente la Universidad Autónoma de Zacatecas. 

La cátedra de Cosmografía, como disciplina, se incorporó a los planes de estudio en 1844 y seis años después se estableció de lleno el estudio de las ciencias experimentales. En 1852 se adquirieron diversos instrumentos para las cátedras de Física y Química, lo que daría origen al laboratorio del Instituto de Ciencias 

De 1853 a 1872, el Instituto fue cerrado en cuatro ocasiones: en el 53 debido a conflictos políticos, en el 58 por la guerra de tres años, en 1864 a causa de la intervención francesa y en 1872, por conflictos políticos. 

Para 1869 se abre la Escuela Preparatoria, que adopta los planes de estudio de la similar de la capital y por ello gozó de gran prestigio hasta 1910, antes de la Revolución. En 1870 se creó la Escuela de Partero que funcionó hasta 1918, como antecedente de la de Enfermería; al mismo tiempo que la Escuela de Partero, se iniciaron los estudios de Ingeniería, estableciéndose la carrera de Topografía e Hidrografía; más tarde Minería y Beneficio de Metales, Ingeniería Civil Ensaye y Apartado de Metales.  

Paulatinamente, a finales del siglo XIX se abren paso las Ciencias Experimentales, Física, Química y Biología, en detrimento de la Teología y la Filosofía que empiezan a perder peso. El positivismo toma cada vez mayor fuerza al lado del auge de las Matemáticas y Astronomía. 

En 1876, el ingeniero José Árbol y Bonilla fundó el Observatorio Astronómico. Cuatro años después, en 1880, se adquirió el equipo experimental de Física y Química y la colección de herbolaria, para fundar el Museo de Ciencias Naturales. En este mismo año el doctor Fernando Castro creó la Escuela de Farmacia, que constantemente cerraba sus puertas. Existió una carrera de Medicina, de 1870 a 1886, pero la misma y la Escuela de Farmacia fueron clausuradas definitivamente en 1918, por carecer de instrumental y apoyos didácticos. También el observatorio de Bonilla cerró sus puertas. 

Pero en 1881, durante el gobierno del general Aréchiga, Bonilla recibió el espaldarazo del Instituto Autónomo, por lo que se dio a la tarea de incrementar el acervo instrumental con planetarios, esferas y sextantes (73). Compró gabinetes de Física y Química y de Historia Natural. Algunos de esos instrumentos también fueron adquiridos por el ingeniero Ruiseco García, para impartir los talleres de Artes y Oficios. 

El Observatorio Astronómico y Meteorológico del Instituto Literario se reabrió el 6 de diciembre de 1882. El Instituto cambió nuevamente su denominación en 1885, durante el porfiriato. En ese entonces tenía el título de Instituto Científico y Literario. No hubo ningún contratiempo hasta la llegada de la Revolución. En 1918 volvió a cambiar de nombre, esta vez a Colegio del Estado. Nuevamente, en 1920, sufre otra transformación, Instituto de Ciencias de Zacatecas. Luego, el doctor Donato Moreno decretaría la libertad de cátedra y la autonomía universitaria. En 1960, siendo gobernador del Estado el licenciado Francisco E. García, cambió a Instituto de Ciencias Autónomo de Zacatecas (ICAZ). Finalmente, en 1968 se convirtió en la Universidad Autónoma de Zacatecas, siendo su primer rector el señor licenciado Magdaleno Varela Luján.

 

JOSÉ ÁRBOL Y BONILLA. EL CIENTÍFICO 

El profesor Ciro Robles Berumen escribió lo siguiente en torno a la vida de Bonilla (74): 

“José Árbol y Bonilla nació el 5 de febrero del año 1853 en la ciudad de Zacatecas, y falleció en la ciudad de México, en 1920. Estudió la carrera de ingeniero topógrafo en el Instituto de Literario de García, presentando su examen profesional el 29 de mayo de 1873, y siendo el segundo profesional de ese ramo graduado en Zacatecas.

 

“Posteriormente realizó estudios de ensayador de metales, practicando lo relativo en la Casa de la Moneda de Zacatecas, al término de los cuales el gobierno del Estado le concedería una beca para cursar la carrera de ingeniero de minas y civil, en el Colegio Nacional de Minería, en la ciudad de México.

 

“En el curso de estos estudios trabaría relación con Francisco Díaz Covarrubias, quien fue su maestro de astronomía y meteorología, y con quien se adiestró en el uso de los diversos instrumentos astronómicos, despertando así su interés por la astrofísica al grado de centrar en ella su mayor interés una vez de regreso en su ciudad natal; interés que lo llevaría posteriormente a perfeccionar conocimientos en los observatorios de París y Juvisy.

 

“A la conclusión de sus estudios se incorporó a la planta docente del Instituto Literario de García, y pocos años después el gobierno de la entidad le encomendó diversas comisiones, lo que lo haría viajar al extranjero. Así, en 1881 fue comisionado para recibir aparatos y material didáctico adquiridos por el gobierno estatal para la enseñanza de las materias de física, cosmografía, geografía e ingeniería y, por supuesto, el instrumental del observatorio astronómico.      

 

“En uno de tales viajes tuvo oportunidad de profundizar sus conocimientos de astronomía y fotografía celeste en el observatorio de París, al lado de los hermanos: Paul y Prosper Henry, quienes tuvieron una destacada participación en el proyecto de la Carte du ciel (Carta del cielo) muy importante en su época, a propósito de lo cual el ilustre historiador zacatecano, don Salvador Vidal, apuntó:

 

“Durante sus viajes por los Estados Unidos y Europa en desempeño de las diversas comisiones que le encomendaron, el Sr. Bonilla no perdió tiempo. Además de haber perfeccionado sus estudios sobre astronomía, como se dijo, aprendió fotografía celeste con los hermanos Paul y Prosper Henry, astrónomos del observatorio de París, y visitó los principales observatorios extranjeros, consagrándose siempre al estudio práctico de sus ciencias favoritas, la astronomía y la meteorología”(75). 

El ingeniero José Árbol y Bonilla no sólo fue director del Observatorio de Zacatecas, sino también rector, por dos ocasiones, de lo que luego sería la Universidad Autónoma de Zacatecas (76). El primer período del 30 de abril de 1900 al 16 de septiembre de 1900; el segundo período del 18 de mayo de 1905 al 10 de julio del mismo año. 

El Observatorio de Zacatecas era uno de los más importantes del país. Contaba con un grupo de profesores con gran experiencia en ese campo. Al lado de las materias básicas de matemáticas y física se impartía cosmografía, geodésica, geografía y topografía, todas ellas dentro de los cursos de la carrera de ingeniería.

Como texto básico en la materia de cosmografía se utilizó un libro escrito por el propio Bonilla (77). De hecho éste es el primer texto de cosmografía moderna en México. Se le usó como obra de texto en el Instituto de Ciencias del Estado de Zacatecas y en la Escuela Normal de Señoritas.

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NOTAS 

(1) “Monthly Notices of the Royal Astronomical Association”. Febrero de 1877. Citado por Fort.

(2) Fort, Charles. “El libro de los condenados”. Ediciones Dronte. Argentina. 1978.

(3) “Annual Register”. 9-120. Citado por Fort.

(4) “Monthly Notices of the Royal Astronomical Association”. 20-100. Citado por Fort.

(5) Jessup, Morris. “El caso de los OVNIS”. Populibros La Prensa. México. 1956.

(6) Id.

(7) “Monthly Notices of the Royal Astronomical Association”. 20-100. Citado por Fort.

(8) Jessup, Morris. Op. cit.

(9) Id.

(10) “Monthly Notices of the Royal Astronomical Association”. Op. cit.

(11) Jessup, Morris. Op. cit.

(12) Fort, Charles. “Nuevos Mundos”. Editorial Posada. México. 1985.

(13) “Cosmos”. 42-467. Citado por Fort.

(14) Jessup, Morris. Op. cit.

(15) “Cosmos”. Op. cit.

(16) “Monthly Notices of the Royal Astronomical Association”. Op. cit.

(17) Jessup, Morris. Op. cit.

(18) “Monthly Notices of the Royal Astronomical Association”. Op. cit.

(19) “Monthly Notices”. 18-62. Citado por Fort y por Jessup.

(20) Jessup, Morris. Op. cit.

(21) Id.

(22) Id.

(23) Id.

(24) “Cosmos”. 42-467. Citado por Fort.

(25) “American Journal of Science”. 2-28-446. Citado por Fort.

(26) “Observatory”. 2-424. Citado por Fort.

(27) Jessup, Morris. Op. cit.

(28) “Cosmos”. 42-467. Citado por Fort.

(29) “Nature”. 14-469. Citado por Fort.

(30) “Monthly Notices of the Royal Astronomical Association”. 20-100. Citado por Fort.

(31) Jessup, Morris. Op. cit.

(32) “L’Année Scientifique”. 1876-9. Citado por Fort.

(33) Jessup, Morris. Op. cit.

(34) Id.

(35) Id.

(36) Id.

(37) Id.

(38) Id.

(39) “Nature”. 14-505. Citado por Fort.

(40) Jessup, Morris. Op. cit.

(41) “Monthly Notices of the Royal Astronomical Association”. 20-100. Citado por Fort.

(42) Jessup, Morris. Op. cit.

(43) Id.

(44) Id.

(45) Id.

(46) “Dark objects crossing the Sun's disk (1870, march 11)”. “Monthly Notices of the Royal Astronomical Society”. 30 (5). 135-138. 1870.
(47) Herschel, John. “Passage de corpuscules devant le Soleil”. “L'Astronomie”. 5:70. 1886.
(48) “London Times”. 3 de noviembre de 1871 y 26 de marzo de 1873. Citado por Fort.

(49) “L’Année Scientifique”. 1876-7. Citado por Fort.

(50) Citado por Fort y Jessup.

(51) Bruguière, H. “Passage d'un essaim de corpuscules devant le Soleil”. “L'Astronomie”. 5:70-71. 1886.

(52) Riccò, Annibale. “Passage d'un essaim de grues devant le disque solaire”. “L'Astronomie”. 6:66-68. 1887.

(53) Jessup, Morris. Op. cit.

(54) L’Année Scientífique. Citado por Fort.

(55) Jessup, Morris. Op. cit.

(56) Jacquot, Maurice. “Essaim de Corpuscules passant devant le Soleil”. “L'Astronomie”. 5:389-390. 1886.

(57) Jacquot, Maurice. “Autre passage de corpuscules devant le Soleil”. “L'Astronomie”. 5:390-391. 1886.

(58) Léotard, Jacques. “Méme sujet. “L'Astronomie”. 5:391. 1886.

(59) Citado por Jessup.

(60) Moreno, Marco. “Astrofotografía en el México del siglo XIX”. “Alquimia”. Año 5. No. 14. México. Primavera-verano de 2002. Págs. 29-35.

(61) Moreno, Marco. “Odisea 1874 o primer viaje internacional de científicos mexicanos”. Fondo de Cultura Económica. México. 2001.

(62) Díaz, Francisco. “Viaje de la Comisión Astronómica Mexicana al Japón para observar el tránsito del planeta Venus por el disco del Sol el 8 de diciembre de 1874”. Imprenta Políglota de C. Ramiro y Ponce de León. México. 1876.

(63) Bulnes, Francisco. “Sobre el hemisferio norte once mil leguas. Impresiones de viaje a Cuba, los Estados Unidos, el Japón, China, Conchinchina, Egipto y Europa”. Imprenta de la Revista Universal. México. 1875.

(64) Moreno, Marco. “Odisea 1874 o el primer viaje internacional de científicos mexicanos”. Fondo de Cultura Económica. México. 1986.

(65) Díaz, Francisco. “Observaciones del tránsito de Venus hechas en Japón por la Comisión Astronómica Mexicana”. Librería Española de E. Denné Schmitz. París. 1875.

(66) Díaz, Francisco. “Exposición popular del objeto y utilidad de la observación del paso de Venus por el disco del Sol”. Tipográfica de M. Pérez Lete. Guadalajara. México. 1882.

(67) Díaz, José. “La instrucción pública en México”. Imprenta del Gobierno, a cargo de José M. Sandoval. México. 1875.

(68) León, Luis. “La fotografía sin laboratorio”. Librería de Ch. Bouret. México. 1904.

(69) León, Luis. “Algunas aplicaciones de la fotografía a la astronomía”. Librería Ch. Bouret. México. 1902.

(70) León, Luis. “Cien experimentos de óptica”. Librería Ch. Bouret. México. 1907.

(71) León, Luis. “Los progresos de la Astronomía en México, desde 1810 hasta 1910”. Tipografía de la Vda. De F. Díaz de León. México. 1911.
(72) Rivera, Joseph. “Descripción breve de la muy noble y leal ciudad de Zacatecas, impresa por Joseph Bernardo de Hogal”. México. 1732. Reimpresión facsimilar en la Colección: Testimonios de Zacatecas. Edición del H. Ayuntamiento de Zacatecas. 1992. Páginas 78-80. [Punto II: Del Clima, Latitud, Longitud y Estrellas Verticales de esta Ciudad.]

(73) Staples, Anne. “Gabinetes de física y química, siglo XIX”. “Diálogos”. Revista del Colegio de México. 1982. 106:50-59. Pág. 52

(74) Robles, Berumen. “La fotografía celeste en Zacatecas durante el último tercio del siglo XIX”. Observatorio Astronómico: José Árbol y Bonilla. Unidad Académica de Física. UAZ.

(75) Vidal, Salvador. “Continuación del bosquejo histórico de Zacatecas del Señor Elías Amador”. Tomo IV. Aguascalientes. 1959. Página 296.

(76) Esparza, Cuauhtémoc. “José Árbol y Bonilla, un científico zacatecano”. Centro de Investigaciones Históricas de la UAZ. Anuario de Historia. Vol. 2. Editorial Jus, S.A. México. 1979. P.12.

(77) Árbol y Bonilla, José. “Cosmografía Elemental”. Tipografía de la Penitenciaría, a cargo de Mariano Mariscal. Zacatecas. México. 1887.

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Urbain Jean Joseph Leverrier. American heritage.

 

 

 

 

 

 

 

 


Ivan Kramskoy. Portrait of the Astronomer Otto Struve, Director of the Pulkovo Observatory. 1886. Óleo sobre tela. The Russian Museum, St. Petersburg, Russia

 


Charles Hoy Fort

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Charles Messier

 

 

 

 

 

 

 


Capel Lofft

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


John Russel Hind

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


William Hershel

 

 

 

 


Riccó Annibale

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Círculo meridiano de Ertel

 


De pie: Francisco Jiménez, Francisco Díaz Covarrubias, Francisco Bulnes. Sentados: Agustín Barroso y Manuel Fernández Leal.

 

 

 

 

 


Leverrier haciendo los cálculos que le llevarían a descubrir el planeta Neptuno.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El autor y sus obras. Don Luis G. León y dos de sus libros más representativos.

 

 


Base y torreón del que posteriormente sería el Observatorio de Tacubaya.

 

 

 

 

 

 


El Telescopio de Tacubaya.

 

 

 

 

 

 


Círculo meridiano de Tacubaya.

 

 

 

 

 

 


El Huerto en donde estaban las instalaciones del Observatorio de Tacubaya.

 

 

 

 

 

 

 



Los gabinetes de Física y Química del Instituto Autónomo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


José Arbol y Bonilla tuvo una enorme influencia en el desarrollo de la ciencia en los estados del norte del país. Además de su labor en el observatorio, dio clases y escribió textos que fueron usados como base de los cursos de astronomía.

  

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