El lunes 10 de mayo
de 2004 fue difundido, en conferencia de
prensa, un video grabado el 5 de marzo
por pilotos del Escuadrón 501 de la
Fuerza Aérea Mexicana. En él quedaron
registrados once OVNIS, aunque luego los
medios aumentaron el número a 16. Ese
material, en una decisión
incomprensible, fue cedido al conocido
ufólatra Jaime Maussán. El periodista
determinó, con su habitual capacidad
investigativa, que las luces que se ven
en la grabación infrarroja son OVNIS.
Las últimas indagaciones realizadas
atribuyen las lucecillas en realidad a
las flamas de las refinerías de
Campeche, la reserva petrolífera más
grande de México. ¿Aceptarán los
crédulos que sus marcianitos nuevamente
no son tales? Todo parece indicar que
no.
Por eso no extraña
que Maussán, refiriéndose a las luces
filmadas desde el avión de la Fuerza
Aérea Mexicana, pida “que los
científicos no vengan a destruir el
caso”, cuando en verdad está expresando
“no me vengan a destruir el negocio”. Lo
cierto es que la Secretaría de la
Defensa Nacional (Sedena) decidió
entregar el video a Maussán y no a los
científicos. Y eso no es lo único
cuestionable.
En el número 3.719
del 17 de mayo de 2004 de la “Gaceta de
la UNAM” (Universidad Nacional Autónoma
de México) aparece el artículo
“Centellas, el fenómeno visto desde un
avión de la Sedena. Descartan
universitarios que se trate de objetos o
naves extraterrestres”. Rosa María
Chavarría lo firma.
El texto da cuenta de
la conferencia de prensa en la que
participaron José de Jesús Franco
(director del Instituto de Astronomía),
Armando Arellano (astrofísico), Rafael
Navarro y Julio Herrera (del Instituto
de Ciencias Nucleares). Los físicos de
la UNAM calificaron de irresponsable el
hecho de entregar el video a Maussán.
En un manifiesto
encabezado por el ingeniero Antonio
Sánchez, se lee: “la comunidad
científica mexicana desea expresar su
extrañeza hacia la Secretaría de la
Defensa Nacional por el cuestionable
criterio con el cual decidió entregar
material de manera exclusiva a un grupo
muy reducido de personas. Esta
determinación hizo a un lado a
incontables instituciones de
investigación en nuestro país que
pudieron realizar un trabajo más
certero, ético y serio de lo
acontecido”.
¿Y por qué no se
recurrió a la comunidad científica para
investigar el caso? La sorprendente
respuesta la dio el general Vega García.
Cuando se le comentaron las críticas de
los científicos, dijo que… ¡no los
conocía! Al respecto, Sánchez Ibarra
expresa: “Lamentamos que el general
Clemente Ricardo Vega García, Secretario
de la Defensa Nacional, desconozca la
existencia de científicos de primera
talla en las disciplinas de astronomía,
meteorología, ciencias nucleares y otras
ciencias útiles. El hecho de que la
Defensa Nacional ignorara a qué
instituciones y con qué disciplinas
científicas podría contar para esta
situación nos causa inquietud sobre las
metodologías que se pudieran tomar en
otro tipo de eventos”.
Leemos en la Gaceta:
“No obstante, (José de Jesús Franco)
reconoció el trabajo serio de la Sedena,
la cual cuenta con una serie de
instrumentos adecuados y especialistas
con los que los universitarios desearían
intercambiar puntos de vista. Indicó que
ya pidieron a dicha secretaría una copia
de la cinta y de la información técnica
utilizada que permitió observar estas
luces para realizar estudios profundos y
encontrar una respuesta científica
definitiva sobre los hechos. En esta
casa de estudios y en las universidades
públicas hay expertos suficientes para
efectuar este tipo de investigaciones,
consideró”.
La Sedena –actuando
nuevamente de forma irresponsable– ha
manifestado que no proporcionará
información a los científicos. Otros
investigadores se han topado con una
respuesta similar. Al parecer, aquellos
que quieran realizar alguna
investigación deberán acercarse a Jaime
Maussán para tratar de obtener los datos
que pudieran requerir.
¿Qué harán los
científicos? ¿Se acercarán a Maussán? Lo
dudo, pues seguramente son alérgicos al
ufólogo. ¿Cerrazón? No, es una reacción
lógica ante las barbaridades expresadas
por este sujeto a lo largo de los años.
Y la manera en que se ha desarrollado el
caso Sedena me ha hecho reflexionar
acerca de la relación entre Maussán y la
ciencia.
La desaparecida
revista “Contacto Ovni” publicó un
número especial sobre OVNIS en el
espacio, el que estuvo a cargo de
Maussán, quien en su editorial escribió:
“El día de hoy todos aquellos que
afirmaban la imposibilidad de la vida en
otros planetas han tenido que callar.
Pronto lo harán todos aquellos que
afirmaban que es imposible viajar a la
velocidad de la luz. Y poco después
aquellos que afirmaban la inexistencia
de la vida extraterrestre en la Tierra”.
“Herencia estelar” es
una novela de ciencia ficción. Gabriel
Chávez es su autor. El libro trata sobre
la llegada de los ET a la Tierra.
Maussán anota: “Un gran libro, uno de
los mejores que he leído en cuanto al
tema ciencia ficción, OVNI,
extraterrestre”. No en vano también
escribió el prólogo, donde se lee: “En
la actualidad, la investigación del
fenómeno OVNI se ha convertido en una
verdadera ciencia, desde luego informal,
ya que no es reconocida por los
científicos que no pueden entender cómo
podrían trasladarse hasta la Tierra
seres de otro planeta. Con base en la
Teoría de la Relatividad de Albert
Einstein nada podría moverse en el
espacio más allá de la velocidad de la
luz (300 mil kilómetros por segundo) sin
desintegrarse”.
Antes de
“contradecir” un argumento, Maussán
debería tratar de entenderlo. ¿Qué dicen
realmente los físicos al respecto? ¿Se
desintegraría un objeto al alcanzar o
superar la velocidad de la luz? ¿Qué le
cuesta a Maussán informarse antes de
abrir la boca?
Enterarse de lo que
dicen los físicos no es complicado.
Basta con acudir a una biblioteca. En su
libro “Cuando la ciencia nos alcance”,
el físico Shahen Hacyan explica lo que
en verdad se desprende de la teoría de
la relatividad. Explica: “Einstein
demostró que un cuerpo masivo
necesitaría una cantidad infinita de
energía para alcanzar tal velocidad (la
velocidad de la luz) o, dicho de otro
modo, todo el Universo usado como
combustible no le sería suficiente”.
Por su parte, el
físico Armando Arellano, en su libro
“Por qué no hay extraterrestres en la
Tierra”, asegura: “Viajar a la velocidad
de la luz no es posible para nadie, para
ninguna civilización por muy adelantada
y tecnológica que sea. La razón es que
para que un objeto con masa viaje a la
velocidad de la luz, es necesario darle
una cantidad infinita de energía, lo que
no es posible”.
Estos límites en
cuanto a la velocidad que podría
alcanzar una nave no son una
“imposición” de los científicos. Los
físicos simplemente están explicándonos
cómo funciona el universo. Pero Maussán
se niega a aceptar las leyes de la
naturaleza y trata de refutar los
descubrimientos científicos, aunque
comienza con el pie izquierdo: ni
siquiera entiende las ideas científicas.
PATINAZOS
MAUSSANIANOS
En diversas ocasiones
Maussán ha hablado de ciencia. En
noviembre de 1998 la revista “Quo”
realizó un reportaje acerca de la fiebre
de lo paranormal en México, en el cual
se entrevistó a Jaime: “La ciencia tomó
el tema, lo observó y lo desechó. Por
eso, muchas personas improvisadas se
dedicaron a realizar su investigación y
difusión. No me considero un iluminado,
ni un contactado, ni tampoco un
charlatán. Pero tampoco soy un hombre
que se maneja por el rigor científico.
Soy un comunicador. Puedo moverme con
mucha más amplitud que un científico y
con más rigor que un aficionado”.
En 1998 Yohanan Díaz
organizó el “Primer encuentro
universitario de vida extraterrestre”.
Los ufólogos, entre ellos Maussán, se
dieron cita en el campus Acatlán de la
UNAM. La conferencia de Jaime estaba
programada para el martes 3 de marzo,
aunque expuso el miércoles 4. En ella
pretendió dar una clase de filosofía de
la ciencia.
Su lección partió de
aquello que -se supone– no se ha contado
de Carl Sagan. Según Maussán, Sagan
estaba convencido de la presencia de los
ET en la Tierra, pero fue censurado por
sus colegas y obligado a no hablar al
respecto; así, como parte de esta
censura habría sido expulsado de la
Universidad de Harvard: “Muchos han
recurrido a él para explicar el
escepticismo de la ciencia... Lo curioso
es que Sagan, en un programa de
televisión, cuya entrevista apenas vi,
aceptaba la posibilidad de la existencia
de OVNIS en la Tierra, de naves
extraterrestres.
Curiosamente ese
mismo año (1978) Harvard lo expulsa.
Posteriormente, en 1992, la Academia de
Ciencias de los Estados Unidos le negó
la entrada por su participación en las
demostraciones para impedir el uso de la
tecnología nuclear por sus peligros. De
tal forma ahora nos damos cuenta de que
Sagan fue un hombre que aprendió a
sobrevivir en un medio tan represivo
como lo es el científico, (donde) aquel
que se sale de los parámetros puede ser
fuertemente reprimido, y esto no
solamente en el área astronómica, sino
prácticamente en cualquier área de la
ciencia. Ahí es cuando yo los invito a
ustedes, a los maestros, a los
científicos a considerar que la ciencia
son dos cosas”.
Presten atención,
pues Maussán, el filósofo, nos va a
definir lo que es o debe ser la ciencia.
“Una cosa son los hechos duros, que
deben ser investigados y analizados;
otra es la imaginación. Cuando la
ciencia renuncia a ser imaginativa,
entonces establece límites al ser
humano. Pensar que no es posible viajar
más allá de la velocidad de la luz es
considerar que seremos prisioneros de
nuestro propio planeta por los siglos
por venir. Quizá llegaremos a visitar
algunos de los planetas que nos
acompañan en nuestro sistema solar, pero
nada más allá... y desde luego, jamás
llegaremos a establecer contacto con
extraterrestres”.
Curioso que el profe
de filosofía de la ciencia mencione a
Sagan y luego se queje de que la ciencia
pretenda establecer límites. Habría que
recordarle lo que Sagan decía: “Los
científicos no pretenden imponer sus
necesidades y deseos a la naturaleza,
sino que humildemente la interrogan y se
toman en serio lo que encuentran... Es
irritante que la ciencia pretenda fijar
límites en lo que podemos hacer, aunque
sea en principio. ¿Quién dice que no
podemos viajar más de prisa que la luz?
Solían decirlo del sonido, ¿no es
cierto? ¿Quién osa poner límites al
ingenio humano? En realidad, la
naturaleza. Significativamente, la
seudociencia y la superstición tienden a
no reconocer límites en la naturaleza”.
Continuemos con la
lección de Maussán: “Es importante ser
humildes, aceptar que no todo lo que no
podemos entender quiere decir que no
existe; debemos tener una mente abierta.
Desde luego solamente aceptaremos
aquello que nos convenza, pero ¿no es
verdad que un científico renuncia a su
papel cuando dice desde antes que ‘el
fenómeno extraterrestre no es cierto, no
lo necesito investigar porque no es
verdad’? ¿Y no es esa postura la que yo
he encontrado en los últimos años?
‘Señor, tengo este caso fantástico,
¿quiere usted investigarlo?’. ‘No, no es
necesario, no es cierto’. Es ahí donde
el científico renuncia a ser
científico... No podemos asumir ya desde
antes que algo así no es cierto”.
Después de estas
palabras, Maussán deja de hacer
filosofía de la ciencia y prosigue su
“científica conferencia” con los
misterios de Marte. Pasa el video de
“Alternativa 3”. Misterio, ¿verdad?
Después habla acerca
de lo que se ha encontrado en las rocas
del planeta rojo y pregunta: “¿Cómo
puede haber acero y resinas en las rocas
de Marte si estos compuestos son de
naturaleza artificial? Lo que más me
sorprende es que esta información está
en internet desde septiembre de 1997 y
nadie ha dicho absolutamente nada, nadie
ha siquiera tratado de darle la más
mínima explicación”. Escépticos, ¿cómo
refutan estos “hechos duros” que
encontraron los científicos que han
enviado sondas a Marte? La fuente de
esta información fue Rodolfo Garrido
(“asesor de la NASA”). “Tú usas un
lenguaje seudocientífico”, le comentó
–en un programa de debate– Luis Ruiz
Noguez a Garrido. Éste protestó y Luis
explicó lo de las resinas de silicón y
acero.
En su conferencia,
Maussán dejó claro que para él la
presencia extraterrestre en nuestro
planeta no se trata de una “hipótesis” o
algo a corroborar: “En lo personal ya no
me cabe ninguna duda. Algún día fui
escéptico, pero hoy estoy convencido de
que vivimos una realidad extraordinaria.
Aquí lo más importante es que la
presencia de estos seres no nos dice si
son buenos o si son malos, no nos dice
si nos vienen a ayudar o a atacar, nada
de eso en realidad importa. Lo único que
importa es que están aquí, y si están
aquí quiere decir que nosotros estaremos
allá mañana, quiere decir que sí se
puede viajar en el espacio más allá de
la velocidad de la luz, y que aunque no
entendemos cómo sería posible, muy
pronto en el futuro podríamos hacerlo”.
Y no podía faltar el
mensaje ecológico:
“Por eso apelo a
ustedes. Es necesario pensar que no
seremos la última generación en la
Tierra y que habrá otros que no han
nacido todavía. Debemos estabilizar este
desarrollo que tenemos, evitar seguir
destruyendo, acabando los recursos,
exterminando la fauna y la flora, para
dar oportunidad al futuro, a otras
generaciones a lograr este maravilloso e
increíble sueño.
“Para mí, lo más
importante sería que un descendiente
nuestro en el futuro, algún día, pudiese
cantar a la orilla de otro mar, de otro
mundo, de otra parte del universo y
recordar con gratitud a aquellos que
hicieron posible esto. Nosotros tenemos
la extraordinaria posibilidad de
convertirnos no solamente en una
generación de transición sino en la
generación que haga posible esta
posibilidad; existen ya algunas muestras
de la conciencia naciente, no solamente
aquí en México sino en el mundo,
alrededor de la necesidad de proteger la
vida... Yo espero que tengamos tiempo de
salvar a este mundo del mañana, porque
es ahí donde se encuentra nuestra propia
trascendencia”. Aplausos.
¿Otro ejemplo de los
absurdos de Maussán? El 16 de enero de
1998 Nino Canún organizó el último
debate que sobre OVNIS realizara dentro
de la serie “¿Y usted qué opina?”. El
ufólatra presentó un video en el que se
veía el paso de varias “naves
extraterrestres”, “misteriosos” objetos
que fueron videograbados la noche del 28
de enero de 1996. Los escépticos
plantearon la posibilidad de que se
tratara de un meteorito.
La verdad es que para
cuando se realizó el debate de TV el
caso ya estaba más que resuelto (aunque
actualmente –julio de 2004– el video
sigue siendo para Maussán una prueba de
la manifestación de los extraterrestres
en nuestro planeta). El escéptico Luis
Ruiz Noguez, asiduo colaborador de La
Nave, ya había explicado todo en el
número 20 de “Contacto Ovni” (septiembre
de 1996). Veamos un poco el desarrollo
del caso.
UN OVNI BOLUDO
El lunes 29 de enero
de 1996, los periódicos “Excélsior”,
“Novedades” y “El Heraldo”, entre otros,
informaban de la caída de un meteorito.
El cuerpo habría sido visto la noche del
domingo anterior en el Distrito Federal,
y en los estados de Veracruz, Puebla,
Morelos y Jalisco, entre otros. En los
diarios se informaba que varios
científicos comenzarían a buscar los
restos del supuesto meteorito. “Por su
parte, el físico Octavio Cardona, del
Instituto Nacional de Astrofísica,
Óptica y Electrónica del Planetario de
Puebla, informó que esa institución
inició ayer la búsqueda de fragmentos
del meteoro, visto a las 23.35 horas del
pasado domingo, el cual pudo llegar a la
Tierra entre los límites de Puebla y
Morelos, aunque consideró también que
pudo caer en el mar, frente a la costa
de Guatemala”, informaba el diario “Uno
más uno”.
El físico Daniel
Flores, del Instituto de Astronomía de
la UNAM, explicó que los Institutos de
Astronomía, Geofísica y Geología
trabajarían para tratar de encontrar
aquel cuerpo que tanta expectación había
causado en los diferentes estados de la
República desde donde se le pudo
observar, aunque aclaró que “nada
garantiza que sea encontrado el
meteorito. Sin embargo, se harán los
esfuerzos necesarios para lograrlo”.
Para Gerardo Sánchez, del Instituto de
Geología de la UNAM, “sólo cuando caen
cerca de una casa es factible tener
éxito en la búsqueda, no así cuando caen
en campo abierto. Es prácticamente
imposible, pero por las dimensiones de
los fragmentos vistos y las versiones
difundidas de quienes presenciaron el
fenómeno, habría indicios para pensar
que se trate de algo grande”.
La mayor parte de los
científicos que hicieron declaraciones a
los medios de comunicación estaban
convencidos de que aquel objeto era un
meteorito, aunque la doctora Julieta
Fierro consideraba que “hasta el momento
es difícil hablar con exactitud del tipo
de material que ingresó a la Tierra,
pues el ser humano ha depositado
distinta chatarra espacial que podría
retornar al planeta y alcanzar
velocidades superiores a los 20 mil
kilómetros por segundo”.
¿Se había tratado de
un meteorito o de chatarra espacial? ¿O
acaso había caído una nave
extraterrestre? Los ufólogos no se
quedaron con los brazos cruzados,
también participaron en la búsqueda y
gracias a los testimonios se pudo ubicar
el lugar del impacto.
Así, Óscar Zapién
Jimeno, entonces director de la revista
“Contacto OVNI”, se dirigió a
Pijijiapan, Chiapas, pues en el rancho
Miramar había caído el misterioso
objeto. En la portada del número 16 de
la mencionada revista (correspondiente a
julio de 1996), se presentaban dos
fotografías de lo que había caído: se
trataba de una extrañísima esfera.
Zapién escribió que “la esfera es hueca,
mide 76 centímetros de circunferencia,
51 de altura y tiene un peso aproximado
de diez a doce kilogramos; es de un
material férreo, que al parecer estuvo
expuesto a altas temperaturas. En la
parte superior tiene un agujero de una
pulgada y en la de abajo muestra una
abolladura y tres orificios de media
pulgada; en medio se ve claramente
soldadura uniendo a las dos partes, el
tamaño de la esfera se redujo al parecer
por el fuerte impacto; al golpearla con
otro metal se escucha un sonido parecido
al de una campana”.
Zapién expuso su
investigación y sus conclusiones en dos
artículos que aparecieron en los números
16 y 17 de “Contacto Ovni”. Y la
conclusión –obviamente– es que se
trataba de un objeto extraterrestre.
Sobre la composición de esas esferas,
Ruiz Noguez escribió: “Existe una
aleación que contempla titanio, vanadio
y aluminio. Se utiliza principalmente en
la construcción de tanques para
combustible de satélites artificiales,
debido a su alta resistencia a la
corrosión y a la temperatura”.
Efectivamente, el objeto
“extraterrestre” encontrado en Chiapas
no era sino chatarra espacial.
Ése no fue el fin de
las enigmáticas esferas. En abril del
año 2000, Maussán comentaba: “Se dice
que en 1977 cayó un objeto en la sierra
de Puebla que fue recuperado por el
Ejército. Sin embargo, no sabemos ni
dónde está o si realmente fue. Por otro
lado, el 30 de diciembre de 1994 cayó a
la Tierra una esfera desde el espacio.
Esta esfera fue analizada y se encontró
que tenía titanio, vanadio y aluminio,
que resistía temperaturas de más de mil
800 grados centígrados. Se encontró que
han caído esferas similares desde 1887,
como lo reportó el ‘Time’ de Londres,
que incluso cayeron algunas de estas
esferas antes de que se iniciara la
carrera espacial...”.
Jaime hablaba de una
esfera –idéntica a la de Chiapas– que
cayó en Ciudad Victoria, en el rancho
Tres Arroyos y que según Maussán “con el
impacto al caer a una velocidad de miles
de kilómetros por hora, le reventó el
cuerpo a una vaca y de acuerdo con
algunos testimonios, cuando se le metió
a una bodega donde había varios
automóviles, estos amanecieron con las
llantas desinfladas”.
En el número 82 de
“Contacto OVNI”, aparece lo siguiente:
“En Ciudad Victoria se descubrió una
esfera metálica que cayó del cielo y que
las autoridades se encargaron de dar fe
de este extraño objeto, por su tamaño y
peso no es algo muy usual”. En ese
número aparece el documento del
ayuntamiento y una fotografía en la que
aparecen “la esfera metálica de Ciudad
Victoria y los jefes del departamento
del ayuntamiento de la dirección de
bomberos y protección civil”.
“Después de
Victoria, mucha gente reportó la
presencia de extrañas luces que
descendían por esa zona de Tamaulipas y
hasta se registró una deserción de
trabajadores por el temor que les
provocaban esos objetos”, comentaba
Maussán, quien prometía presentar la
esfera para las pláticas que daría en el
Teatro de los Insurgentes en 1998. No sé
si en esas conferencias la bola mostró
su sorprendente técnica para pinchar
llantas. Para Maussán, la bola –junto
con otras evidencias– mostraba que los
extraterrestres deseaban comunicarse con
nosotros. No sé si Jaime estaba en lo
correcto, ya que las actividades de los
ET me resultan incomprensibles.
En una entrevista,
Maussán aseguraba que “actualmente esta
esfera está siendo exhibida en Sydney,
Australia, como una de las más grandes
evidencias de la realidad del fenómeno
OVNI. La Nasa ha aceptado que la esfera
no es de su propiedad y que sólo nos
falta la declaración de los rusos para
establecer con cierta certeza que es una
esfera de origen desconocido y por tanto
posiblemente extraterrestre”.
Más allá de lo que
quieran creer los ufólogos, queda fuera
de toda duda la verdadera naturaleza de
las esferas: son chatarra espacial.
¿No que el caso de la esfera surgida del
espacio demostraba que los
extraterrestres querían comunicarse con
nosotros? Recordemos una de las
declaraciones de Maussán sobre la esfera
que cayó en Ciudad Victoria: “Está
siendo exhibida en Sydney, Australia,
como una de las más grandes evidencias
de la realidad del fenómeno OVNI”.
Tenemos entonces que, para Maussán, la
chatarra espacial es una de las mejores
evidencias de las visitas de
extraterrestres a la Tierra.
Unos ejemplos más
antes de terminar. Al llegar el año 2000
el mundo entraría en un terrible caos,
las computadoras no sabrían distinguir
entre el año 1900 y el 2000. ¿Resultado?
El mundo se pondría de cabeza; Maussán
decía que lo más seguro es que recibiría
el año trabajando, informando sobre el
caos. Miles de millones de dólares
estaban en juego. El 2000 llegó y se
fue… ¿Y el caos?
Ah, pero antes, en
1996, Maussán promovía la idea de que
detrás del cometa Hale-Bopp venía una
nave extraterrestre tres veces más
grande que la Tierra, y que dicha nave
estaba comunicándose con nosotros: nos
enviaba música. Curioso que el cometa
fuera visible para todo el mundo y la
nave no. Recuerdo que en “Tercer
Milenio” presentó a alguien que
supuestamente trabajaba en la Nasa y
confirmaba la historia. También pasó
1996, el cometa siguió su órbita, una
secta se suicidó al escuchar que la nave
venía... Pero ¿y la nave? Seguramente a
última hora cambió su rumbo.
En otro programa de
“Tercer Milenio” presentó a un jesuita
que afirmaba poder ¡fotografiar el
pasado! ¿Qué evidencia presentaba? Quien
sabe cómo funcionan estos asuntos sabrá
que no se presentaba la cámara
fotográfica con la que se podía realizar
el portento (los misteriosos hombres de
negro, siempre listos para hacer
desaparecer la evidencia de cualquier
cosa emocionante, ya se la habían
llevado). Para probar tan extraordinaria
afirmación se presentaron pruebas
–faltaba más– igualmente
extraordinarias: las fotografías de
Jesucristo. Al cachivache con el que se
podía fotografiar el pasado le llamaban
cronovisor.
Otra muestra del
aprecio que por la ciencia, la
objetividad y la imparcialidad tiene
Maussán: en “Tercer Milenio” presentó a
un tipo que aseguraba poder predecir el
clima a largo plazo. ¿Qué dice la
ciencia sobre esto? En su libro “Esto es
el caos”, Edgar Gómez escribe:
“Las ecuaciones que
describen el comportamiento del clima
requieren el cálculo de miles de
operaciones. Con el advenimiento de las
computadoras parecía que la predicción
meteorológica iba a alcanzar finalmente
la exactitud tan buscada... ¿Quién no se
ha burlado alguna vez de las
desventuradas predicciones
meteorológicas? El clima nunca podrá
predecirse más allá de unos cuantos
días. No se trata de darle tiempo al
tiempo, se trata del caos determinista o
efecto mariposa... El efecto mariposa se
refiere a la extrema dependencia de un
sistema respecto de las condiciones
iniciales. Esto quiere decir que el
comportamiento de un sistema variará
mucho con tan sólo un poco que varíen
sus condiciones iniciales. En otras
palabras, a pequeñas causas, grandes
efectos”.
Pero en aquel
programa de TV la opinión de los físicos
brilló por su ausencia. Uno pensaría que
un comunicador imparcial presentaría
ambos puntos de vista y dejaría que el
público sacara sus propias conclusiones,
pero Maussán sólo presenta un punto de
vista –el que le conviene– y pide a la
gente que saque “sus” conclusiones.
Periodismo responsable, indudablemente.
Pasemos al siguiente
ejemplo: Maussán mandó a analizar las
fotografías donde supuestamente aparece
un ente de otro mundo. Los dos análisis
independientes demostraron que se
trataba de un fraude (el
“extraterrestre” estaba pegado en el
paisaje), ¿y qué hizo Maussán? Seguir
presentando la imagen como un documento
auténtico. O sea que ni siquiera cuando
se demuestra el fraude es capaz de
reconocerlo. Una demostración de su
objetividad.
Como último ejemplo
podemos mencionar la prueba de que las
luces filmadas por la Sedena son una
manifestación de una “inteligencia
desconocida”: Los análisis de Rodolfo
Garrido. El astrofísico Javier Armentia
ha puesto en evidencia lo poco creíble
que resultan las afirmaciones de
Garrido. Escribe Armentia: “La
explicación seudofísica del tal Garrido
alcanza cotas inigualables de
ininteligibilidad. Ni él mismo sabe de
qué está hablando”.
Podríamos seguir,
pero con lo anterior basta para mostrar
por qué los científicos no querrán
acercarse a Maussán para pedir
información sobre los OVNIS de la
Sedena. El de Maussán es un mundo
infundado, irracional, absurdo y
disparatado. ¿Qué significó el hecho de
que la Sedena entregara la filmación a
Maussán (que lo único que hará será
ganar dinero con ella) y no a la
comunidad científica? El biólogo Martín
Bonfil expresa: “Implicó que las fuerzas
armadas del país no reconocen la
existencia y la calidad de los
científicos mexicanos. Y de paso, les
negó credibilidad”. Y claro, Maussán
hablará de la poca seriedad y cerrazón
de los científicos, dirá que él sí
investiga, sí tiene mucha imaginación,
que “ellos están aquí y nadie lo puede
negar”, se seguirá comparando con los
hermanos Wright y seguirá lucrando con
el fenómeno OVNI.
- - -
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