Todas las hipótesis que
existen con respecto al tema de los
OVNIS dicen que la ufología comenzó en
1947, dos años después de la primera
explosión nuclear. De hecho, una
de las primeras versiones de la
hipótesis extraterrestre, si no
derechamente la primera, presentada en
1949 por el mayor Donald Keyhoe, decía
que los alienígenas nos estaban
estudiando debido a nuestro reciente
dominio sobre la fuerza atómica.
Unas décadas después,
los seguidores de una mirada psicosocial
del tema afirmarían que el fenómeno OVNI
podría ser una manifestación
inconsciente de culpa y miedo de la
especie humana en relación a las armas
nucleares. Hasta hoy, casi como un
Godzilla que surgió como consecuencia de
las pruebas nucleares en el Pacífico,
los OVNIS y las armas atómicas
permanecen asociadas en buena parte de
las hipótesis ufológicas, desde las
extraterrestres a las escépticas,
pasando por las místicas.
El problema es que
muchas otras cosas importantes
ocurrieron poco antes de 1947. Adolf
Hitler murió, comenzó la Guerra Fría,
nació la radioastronomía, las
transmisiones de TV se tornaban más
comunes, ocurrían las primeras
incursiones de aparatos humanos en el
espacio… Asociar las explosiones
nucleares de 1945 con la explosión del
fenómeno OVNI en 1947 no debe implicar
per se que fueran las explosiones
nucleares las causantes del génesis
ufológico. Si el fenómeno OVNI hubiese
surgido en 1940 en Europa, los ufólogos
podrían haber achacado todo al inicio de
la Segunda Guerra Mundial en 1939 y a la
primera fisión nuclear en laboratorio,
en 1938.
Eso es un tipo de
falacia lógica denominada 'post hoc
ergo propter hoc', que quiere decir
en latín “después de, luego por causa
de”. Un ejemplo de esto sería el
siguiente “razonamiento”: “Antes de que
las mujeres votaran no existían las
armas nucleares, luego las mujeres deben
dejar de votar para que se acaben las
armas nucleares”. Si caemos en ese tipo
de falacia dos veces, podemos concluir
que si las mujeres no hubiesen comenzado
a votar, ¡los OVNIS nunca habrían
surgido! Está claro que el hecho de que
las mujeres voten no tiene ninguna
relación directa con el advenimiento de
las armas nucleares; una cosa
simplemente ocurrió después que la otra.
De la misma forma, que los OVNIS hayan
aparecido en masa dos años después de la
primera explosión nuclear no significa
que fueran las armas nucleares las que
“trajeron” a los OVNIS. Todo pudo ser
perfectamente una coincidencia, una
palabra maldita de los esotéricos. Usted
sabe, muchas veces las coincidencias
suceden.
Todo eso, sin embargo,
no significa lo contrario: que las
explosiones nucleares no tuvieron nada
que ver con los OVNIS. Hay un margen
para la especulación, y mientras sepamos
que este margen es para especular y no
para entregar certezas, nosotros
podemos… especular. Y especulando,
podemos asociar las explosiones
nucleares con los OVNIS para ver si esta
idea tiene algún sentido o es más
inconsistente que los aprontes más
habituales.
Asociar a las bombas
atómicas con los OVNIS generalmente
tiene una mirada mesiánica: los
extraterrestres vieron que ahora podemos
destruirnos y vienen a avisarnos de
aquel peligro para salvarnos. Esa
aproximación tiene dos problemas: No ha
sido comprobada y es escapista. Creer
que quienes nos salvarán de
autodestruirnos son los extraterrestres
es muy peligroso. Además de eso,
protestar contra las armas nucleares
porque nos dicen que ellas son
peligrosas es medio idiota en varios
sentidos, y los contactados de los años
50 mostraron eso de diversas formas. Las
armas nucleares son claramente
peligrosas, y debemos oponernos a ellas,
pero hacer eso sólo porque supuestamente
los ET lo dijeron es tanto como usar un
abrigo cuando hace muchísimo frío sólo
porque nuestra madre nos lo ha dicho. Si
estuviese probado que los ET realmente
nos quieres decir eso, todo sería
diferente, pero como esto no es así creo
que debemos evitar esta idea hasta
probar lo contrario, debido a sus
peligros e inconveniencias.
Entonces, ¿cómo asociar
a los OVNIS con las bombas nucleares?
Toda asociación de este tipo (causal, en
otras palabras) debe hacerse con la
excusa de que las bombas nucleares
desencadenaron algo. Por ejemplo, ellas
deben haber activado algún tipo de
alerta cósmica para que los
extraterrestres nos visitasen después de
que la alarma de bombas nucleares sonó.
Antes de inferir sobre los motivos para
que los alienígenas tuvieran ese tipo de
alarma, podemos cuestionarnos sobre la
alarma en sí.
Aún cuando las
explosiones nucleares sean grandes
explosiones –las más potentes jamás
realizadas por el hombre en la Tierra y
que nunca podrían ser igualadas de forma
práctica a través de medios
químicos, como el uso de dinamita–,
ellas no son las mayores explosiones
ocurridas sobre la faz de la Tierra. La
explosión de 1908 en Tunguska, Siberia,
independiente de que algunos digan que
fue una explosión nuclear extraterrestre
y otros hablen de un accidente
electromagnético de Nikola Tesla, fue
una explosión mucho más poderosa que la
mayor parte de las explosiones nucleares
realizadas después de 1945 y, así y
todo, no desencadenó el inicio de la
ufología. En 1994 el impacto del cometa
Shoemaker-Levy 9 con Júpiter desencadenó
detonaciones gigantescas, mucho mayores
que las nucleares más grandes. La
explosión resultante del impacto del
meteoro que extinguió a los dinosaurios
felizmente nunca fue superada en fuerza
por ninguna explosión nuclear humana.
Lo que debe quedar claro
en todo esto es que las explosiones
nucleares, a pesar de ser muy singulares
desde el punto de vista humano, no son
tan singulares desde un punto de vista
cósmico y por lo tanto no son tan
fáciles de identificar. Construir una
“alarma cósmica de bomba atómica” debe
ser muy difícil, porque las explosiones
nucleares no se destacan en el espacio.
Incluso, dependiendo de su intensidad y
localización, no se destacan ni en la
Tierra. El 23 de abril de 2001
científicos del laboratorio Los Álamos
detectaron una explosión sobre el
Pacífico que demoró algún tiempo en ser
dilucidada como una explosión no
nuclear. Hay sistemas monitoreando los
estallidos en todo el planeta, y a todo
momento es preciso un esfuerzo para
diferenciar los impactos de meteoros de
las explosiones nucleares artificiales.
Y eso es aquí en la Tierra.
Así, ninguna “alarma
cósmica” funcionaría sin que se topase
con alguna minucia en el contexto en que
las explosiones ocurrieran. En rigor,
los extraterrestres pueden salir detrás
de cada explosión que ocurra en la
galaxia, pero de seguro se toparán con
incontables falsas alarmas. Y ya que
estamos hablando de extraterrestres
capaces de hacer “alarmas cósmicas” por
ahí, ¿no parece insensato pensar que
tales alarmas no tienen medios
sofisticados de detectar si las
detonaciones son naturales o
artificiales?
Eso quiere decir que si
tales alarmas existen, siempre hubo un
cierto grado de vigilancia. Cuando tales
alarmas detectaron la explosión de
Tunguska, por ejemplo, deben haberla
analizado para saber si fue natural o
artificial, nuclear o no. Los nueve
impactos del cometa en Júpiter deben
haber causado más análisis. Y si ya
había análisis a ese nivel, ¿por qué los
extraterrestres sólo resolvieron venir
en masa cuando vieron que explotamos
armas nucleares? O sea, si ellos ya
tenían alarmas por ahí con sensibilidad
suficiente para diferenciar las
explosiones nucleares artificiales de
las naturales, estas alarmas deben poder
detectar civilizaciones técnicas aunque
éstas nunca hayan hecho explotar una
bomba atómica.
Lo que nos lleva al
elemento crucial, una herida profunda en
la asociación entre OVNIS y bombas
atómicas. Vea bien, una asociación hecha
no entre los OVNIS y la energía nuclear,
sino entre los OVNIS y las bombas
nucleares. La primera fisión de uranio
en laboratorio ocurrió en 1939, el
primer reactor nuclear fue construido en
1942 (por el creador de la “paradoja de
Fermi”, Enrico), pero los OVNIS sólo
aparecieron en masa dos años después de
que ocurrieran las explosiones
nucleares.
La idea, por lo tanto,
es que los OVNIS algo deben tener que
ver con las bombas, no con los reactores
nucleares. Pero quienes tienen reactores
nucleares ciertamente deben estar
capacitados, o al menos predispuestos,
para producir bombas. Pues tenemos otra
pregunta: Si una “alarma cósmica” es
capaz de distinguir el impacto de un
meteoro de una explosión nuclear
artificial, ¿por qué no puede ser capaz
de detectar cuando alguien logra la
capacidad de dominar la energía nuclear?
Los OVNIS debieron aparecer cuando los
primeros reactores nucleares surgieron,
y no cuando se sucedieron las primeras
explosiones.
Eso se torna aún más
evidente cuando imaginamos qué fácil
sería generar una “alarma cósmica de
explosión nuclear”. Bastaría con que
hubiese sondas monitoreando el
movimiento de materiales radiactivos.
Esas sondas podrían detectar el
advenimiento de la era nuclear en una
civilización cuando los grandes
volúmenes de uranio disponibles
comenzaran a ser transportados y
manipulados, en el triste caso de la
Tierra y de nuestra civilización, para
la construcción de bombas nucleares.
Monitorear el movimiento de material
radioactivo de innumerables planetas
puede parecer complejo y dispendioso,
pero no es mucho más que analizar
minuciosamente todas y cada una de las
explosiones que se sucedan para ver si
son o no artificiales.
Esa herida también
soporta otro análisis en la asociación
OVNIS-bombas nucleares: que los ET
vinieran a la Tierra después de detectar
las explosiones nucleares, temiendo lo
que nosotros podríamos hacer a otros
planetas y seres. Pues bien, si los
extraterrestres tienen tanto miedo, o al
menos un mínimo de curiosidad con
respecto a las civilizaciones capaces de
efectuar detonaciones nucleares y son
capaces de detectarlas, entonces –como
ya vimos– debieran ser capaces de
detectar las primeras incursiones en el
dominio de la energía nuclear. Y también
en este caso, los OVNIS deberían haber
aparecido después del comienzo de la era
nuclear –a principios de los 40– y no
apenas después de las explosiones, ya a
finales de los 40 y comienzos de los
50.
Estos pensamientos
acabarán demostrando algunas
inconsistencias en las asociaciones más
comunes entre los OVNIS y las bombas
nucleares. Nada impide, sin embargo, que
versiones más sofisticadas de estas
asociaciones consigan eliminar tales
incongruencias. Un esfuerzo bien simple
sería decir que la mayoría de las
civilizaciones posee el dominio de la
energía nuclear, pero que muy pocas son
tan estúpidas como aplicar tal capacidad
en la explosión de bombas atómicas. Esas
civilizaciones vendrían a visitarnos con
sorpresa y curiosidad, para saber cómo
somos tan imbéciles al grado de hacer
pruebas atómicas en la atmósfera con el
fin de desarrollar armas cada vez más
destructivas.
Podemos también partir
por aproximaciones distintas: Las
explosiones nucleares serían muy
especiales por algún motivo aún
desconocido, y como tales podrían ser
detectadas a través de enormes
distancias con facilidad, mientras que
los reactores nucleares no podrían ser
captados. Esta mirada permitiría una
idea fascinante: Imagine que un viaje en
el tiempo presenta una dificultad
ignorada por la mayoría de los
escritores, una localización en el
espacio y el tiempo.
Imagine que viajar en el
espacio-tiempo rumbo al pasado sea como
hacerlo por una regla al mismo tiempo en
que usted la dobla: resulta un poco
complicado medirla. Un viaje al pasado
podría ser tan complejo y delicado que
no bastaría con apenas tomar como
referencia el momento (o lugar) de
partida y ajustar sus “cinturones de
seguridad”, sino que exige que muchas
mediciones se lleven a cabo para
asegurar que el tiempo y el lugar de
destino sean correctos.
Si las explosiones
nucleares fuesen tan especiales y
dejasen algún tipo de rastro en el
espacio-tiempo que pudiese ser detectado
fácilmente, entonces serían una óptima
referencia espacio temporal que
localizarían la Tierra en una época y
lugar que hoy mismo parecen lejanos.
Luego, ¡¡los OVNIS estarían asociados a
las explosiones nucleares y serían
máquinas del tiempo!! Los OVNIS podrían,
asimismo, ser un efecto visible de las
primeras experiencias con un viaje en el
tiempo que algún científico podría estar
realizando en el futuro, ¡tratando de
enviar hacia el pasado algo más que
bolas de luz!
Ésas son, mientras,
meras especulaciones, que suenan como
ciencia ficción de la mala. Debemos ser
cuidadosos cuando cambiamos nuestras
especulaciones y aproximaciones frente a
cualquier inconsistencia con el fin de
mantener un ideal preestablecido,
exactamente lo que hice unos párrafos
arriba.
Hasta el momento, no
conocemos ningún aspecto que torne, a la
distancia, a las explosiones nucleares
notablemente distintas de cualquier otro
tipo de explosión. Si conociéramos
alguna forma fácil de identificarlas a
grandes distancias, el cumplimiento de
los tratados de restricciones de las
pruebas atómicas sería mucho más
sencillo y transparente de lo que es
hoy.
Al modificar las teorías
frente a cualquier inconsistencia para
preservar nuestras creencias
preestablecidas, corremos el riesgo de
construir castillos en el aire,
intrincados e imponentes, aunque sólo
hechos de viento y sin bases sólidas. En
el caso de la asociación entre los OVNIS
y las explosiones nucleares, éstas son
un evento humano histórico y es curioso
que el fenómeno OVNI haya surgido casi
simultáneamente, y haya tenido uno de
sus apogeos en la época de las pruebas
nucleares y del miedo a la radiación.
Eso puede ser una coincidencia, pero
creo que hay margen suficiente para
hacer pequeños castillos en el aire.
Mientras sepamos con claridad que hasta
que tengamos una base concreta, estos
son sólo de viento, no habrá ningún
inconveniente.
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