Fue a finales de 1972
cuando escuché por primera vez la
historia del “Monstruo de Tecolutla”.
Por aquellos años se transmitía un
programa de radio pionero en los temas
paranormales. El nombre del programa
escapa a mi memoria, pero la estación
era Radio Capital. La música de
rock progresivo era el pretexto o telón
de fondo para presentar casos de
avistamientos OVNI, casas encantadas,
fenómenos forteanos o animales
desconocidos.
Como ambas cosas me
interesaban (el rock y los fenómenos
paranormales), no era raro que todos los
sábados para amanecer domingo (23.00 a
02.00 horas) me acomodara para escuchar
la radio. Grupos tan conocidos como “Emerson,
Lake and Palmer”, “Yes”, “Pink
Floyd”, “Jethro Tull”, se
mezclaban con otros que no lo eran
tanto, o que luego se harían famosos,
como “Brian Eno”, “Capitan
Beefhearth”, “Kraftwerk” y
otros. Indudablemente ese programa
influiría en mis gustos musicales y
paranormales.
Pues bien, un día al
lado de esos monstruos del rock
aparecería otro monstruo, pero esta vez
marino. En la cabina se recibió la
llamada de un nativo del pueblo pesquero
de Tecolutla (México). Recientemente
había cambiado su residencia a la ciudad
de México. Tenía gustos similares a los
míos, por lo que pronto se encontró
escuchando la misma estación de radio.
Hablaba para informar la aparición de un
monstruo en las playas de Tecolutla.
Daba la descripción del animal: enorme,
como una serpiente, de color oscuro. El
cuerpo estaba parcialmente mutilado,
descarnado por los tiburones. No se
parecía a nada conocido. No había animal
que presentara sus características… por
lo menos actualmente. El testigo
informaba que o se trataba de una enorme
serpiente marina o era un animal
emparentado con el monstruo de Lago
Ness, del que se había hablado en
otro programa.
Poco más fue lo que
se dijo. Por lo menos eso es lo que
recuerdo. Lo único claro es que el
programa originó una anotación en mis
cuadernos de notas. En el futuro, a la
primera oportunidad, iría a Tecolutla
para recabar más información. Pero esa
oportunidad se presentaría hasta 25 años
después.
ENTRE
CRIPTOZOÓLOGOS Y FORTEANOS
Mientras tanto leí
varias descripciones del monstruo. La
mayoría, si no todas, provenían del
extranjero. Ni siquiera la revista “Duda”
se ocupó del asunto. Creo que Tomás
Doreste sí lo hizo en alguno de sus
libros, pero no he encontrado la
referencia. Pero, por otra parte, la
Sociedad Forteana, en el número 71 de su
“INFO Journal”, al lado de
artículos como “El tesoro de la Isla
Oak”, “OVNIS soviéticos” y el “Bigfoot
granuja”, publicó el primer artículo
sobre el monstruo de Tecolutla.
Luego algún otro
criptozoólogo, como Mark Chrovinsky,
escribiría algunas notas sobre el asunto
para “Fate”. Chrovinsky, a
grandes rasgos decía:
“Treinta y cinco
toneladas de algo se encontraron en la
playa de Tecoluta en marzo de 1969 y,
fuera lo que fuese, ciertamente recibió
mucha publicidad. La extraña carcasa con
cuerpo parecido al de una serpiente fue
cubierta con una gruesa armadura. Un
hueso de unos tres metros de largo, que
algunos dijeron era un colmillo, y que
se estimó que pesaba una tonelada, salía
de su cabeza. Según el cable de la UPI,
los biólogos pensaban que era un narval,
los cuales tienen un gran cuerno, pero
luego de ver la carcasa ‘no pudieron
decir a qué tipo de animal pertenecía’.
La prensa internacional reportó que era
un monstruo prehistórico lo que había
encallado en Tecoluta.
“Una comisión de
siete científicos reportaron en abril de
1969 que el monstruo era una ballena
rorcual, conocida como ballena aleta
dorsal. El monstruo de Tecoluta pudo
haber sido una ballena, en lugar de un
dinosaurio, pero eso no detuvo la
llegada de muchos curiosos de todo el
mundo. Los científicos insistieron en
enterrar la criatura, que se descomponía
rápidamente, ya que dijeron que no se
podía sacar ninguna lección de esto.
Después de una gran batalla política, el
alcalde de Tecoluta se negó a enterrarla
y la mantuvo como atracción turística, a
pesar del fétido olor. Los científicos
estuvieron satisfechos con la
explicación que, curiosamente, no
coincide con el enorme cuerno de una
tonelada”.
Aparte del error en
el nombre, no había nada nuevo en la
historia desde que fue contada por los
forteanos.
Otro criptozoólogo,
que se identifica como “Megaraptor”,
creyó encontrar la identidad del
monstruo de Tecolutla. Según él, se
trata del “caballo de mar” descrito por
Bernard Heuvelmans en 1965 (1), y
que fuera visto por Olaus Magnus
en 1555.
Heuvelmans da por
hecho la existencia de una nueva especie
de monstruo marino. Lo describe y
adelanta una taxonomía: Clase:
Mammalia; Orden: Carnivora;
Suborden: Pinnipedia; Familia:
Halshippidae (nueva familia);
Género/Especie: Halshippus olaimagni.
Según Heuvelmans, el
caballo de mar es la misma especie de la
serpiente de mar cadborosaurus
willisi. Afirma que se han capturado
algunos individuos, incluso uno dentro
de la panza de una ballena de esperma
(cachalote). Todavía más, dice que se
capturaron dos bebés cadborosauros. Su
cuerpo estaba cubierto con pelos. Dentro
de toda la fantasía de Heuvelmans
podemos rescatar dos puntos: el caso del
animal encontrado en la “panza” de un
cachalote, y los cuerpos cubiertos con
pelos. Mantengamos estos dos puntos
pendientes.
La descripción del
halshippus olaimagni (el caballo de
mar de Olaus Magnus) dada por Heuvelmans
es la siguiente:
“Es un animal
alargado, con forma de serpiente, cuya
cabeza parece la de un caballo o
camello, pero mucho más ancha, con una
forma de diamante (si se la mira desde
el frente). De enormes ojos negros, de
tonalidades rojizas o verdosas, según el
ángulo de la luz. La boca es ancha, con
labios ligeramente coloridos. En la nuca
crece una especie de cabellera y con
algunos pelos sobre la cara que,
incluso, llegan a formar un bigote. La
cola es una especie de aleta que se
bifurca. La piel es muy suave y
brillante, de un color que va de café
oscuro o gris acero hasta negro. La
longitud varía de diez a 30 metros”.
Megaraptor dice que
el monstruo de Tecoluta (sic) “alcanzó
una longitud de 27 metros. El cuerpo era
largo y estaba cubierto con una
armadura. La cola era bilocada, como la
de las ballenas. Su color era negro, con
una raya blanca (…) La cabeza tenía un
cuerno en su extremo, que pesaba una
tonelada. La boca tenía dientes de
cuatro centímetros (…) Otra carcasa
parecida fue encontrada en el Golfo de
Fonseca, en San Salvador, en 1928”.
Esto es poco más o
menos lo que se sabe del monstruo de
Tecolutla, vía la criptozoología. Veamos
ahora lo que hay detrás del mito.
UN PARAÍSO LLAMADO
TECOLUTLA
A vuelo de pájaro, la
playa más cercana a la ciudad de México
es Tecolutla, en el Estado de Veracruz.
Por carretera se encuentra a sólo cuatro
horas de la ciudad de México. Se debe
tomar la carretera
Pachuca-Tulancingo-Poza Rica y luego
dirigirse a Papantla, pasando por Tajín
y su espectacular pirámide de los
nichos. Al llegar a Papantla, se toma la
carretera federal hasta llegar a
Gutiérrez Zamora. De dicha población se
toma la carretera estatal para llegar a
Tecolutla.
La ciudad se
encuentra en la latitud 20° 29’ N,
longitud 97° 00’ W. Su altitud es de
diez metros, y abarca una superficie de
471 km2, y más de 20
kilómetros de playas (parte de la Costa
Esmeralda). Está en la desembocadura del
río Tecolutla. Clima con una temperatura
media anual de 23° C; su precipitación
pluvial media anual es de mil 494 mm.
Existe una gran
variedad de animales silvestres, donde
sobresalen principalmente los cangrejos,
conejos, ardillas, reptiles (tortugas y
lagartos) y aves (águilas, garcetas,
pelícanos, y en teoría, búhos o
tecolotes). La vegetación es de selva
tropical, con árboles de madera blanda
como el guarumbo, chancarro, además de
jonote, guanacaxtle y sangrado.
Es la cabecera del
municipio que pertenece al cantón o
provincia de Papantla. De acuerdo con el
censo del 2000, su población es de 25
mil 680 personas.
El río Tecolutla fue
descubierto por Juan de Grijalva
el 29 de junio de 1518. Mediante
convenio entre el gobierno italiano y el
presidente Benito Juárez, en 1857
se permitió el desembarco de 60 familias
italianas para colonizar la zona.
Tecolutla significa,
literalmente, “abundancia de tecolotes”
(lechuzas, búhos), de tecolotl ‘lechuza’
y -tlan ‘donde abundan’. El tecolote,
del náhuatl tecolotl (raíz: col-
‘doblar; curva’) es el búho. Pero,
desgraciadamente, este animal ya es
escaso en la región, debido a la tala
inmoderada de los ganaderos que utilizan
gran parte de la zona para sus
animales.
El sitio es un
paraíso que lo tiene todo. El que así
desee puede viajar en canoa por los
manglares o el estero. Existen
actividades de rafting y carreras de
lanchas. Las playas son interminables y
el complejo hotelero posee buenas
instalaciones (para todos los
bolsillos). Hay áreas muy seguras para
acampar y los cielos son lo más claro
que uno pueda imaginar (las estrellas
están al alcance de la mano). En este
paraíso es donde decidió terminar sus
días el famoso monstruo. Una decisión
nada equivocada.
FRENTE A FRENTE
CON EL MONSTRUO
Mi primera visita a
Tecolutla se dio en el marco de un
estudio de corrosión para la Refinería
de Poza Rica, en 1997. Aprovechando la
ocasión visité, cómo no, El Tajín,
Papantla y sus “voladores”, y finalmente
Tecolutla. No tuve mucho éxito, pues ni
siquiera supe de la existencia del Museo
Marino de Tecolutla, en donde se guardan
los restos del animal, porque en ese
entonces se encontraba cerrado. Los
viajes por los esteros, la contemplación
de la fauna (viva), los bikinis, el
rafting y otras actividades, distrajeron
mi atención del motivo principal de mi
visita. Las respuestas tendrían que
aguardar otros años.
He viajado a
Tecolutla en seis ocasiones. Poco a poco
he ido rescatando los retazos que quedan
de aquella historia. Las nuevas
generaciones no conocen, ni les importa,
la historia del monstruo. Los testigos,
en su mayoría, han emigrado o ya están
muertos. Son pocos los registros
escritos, y mucho menos los
fotográficos.
En una de estas
visitas ubiqué el Museo Marino de
Tecolutla (dirección: Carlos Prieto,
esquina Miguel Hidalgo; teléfono: (784)
600 03 602 42; horario: 8 a 14; 15 a 20
horas, todos los días, excepto los
martes). Fue reinaugurado (2) el 21 de
noviembre de 1997. En él se exhiben
diversos especímenes, vivos y muertos,
de la fauna local. La estrella (para mí)
es el cráneo del monstruo de Tecolutla.
Ni en mis sueños más
locos me imaginé estar frente al cráneo
de un monstruo, pero ahí estaba. Una
enorme masa de huesos que muestran el
cráneo y el maxilar superior. ¿Pero las
fantasías pueden encarnar, o por lo
menos tomar, huesos a falta de carne?
Ahí frente mío estaban esos restos de
algo que se describió como monstruo
marino. Los criptozoólogos y los
forteanos tenían razón, después de
todo.
Bueno, tal vez los
OVNIS no sean extraterrestres, pero de
que hay monstruos marinos, los hay. Esos
huesos eran la prueba… y también eran el
origen de un enorme malestar de este
escéptico recalcitrante. Ningún vendedor
de fantasías me lo estaba contando. Ahí
estaba yo viéndolo, viviéndolo,
sufriéndolo. Lo peor de todo es que no
tenía argumentos para negarlo: no era
una mala identificación de Venus; no era
un fraude maussanesco; no eran los pisos
carcomidos de la casa de la colonia
Condesa que sonaban como raps; no era el
chupacabras, hijo del Frankestein
periodístico, que había ayudado a
enterrar en México. No. Ahí estaba el
auténtico, imborrable, no soslayable,
monstruo tecolutleño.
Respuestas. Eso era
lo que necesitaba de inmediato. Y como
algún vendedor español de fantasías
decía, la suerte no existe, alguien
superior guía nuestros pasos. En este
caso ese ser superior (3), me hizo
voltear la vista y observar una serie de
dibujos que describían la historia del
monstruo.
Las pinturas, de una
fuerte carga naif, mostraban e
informaban que una ballena, para más
señas una rorcual, era lo que había
encallado en Tecolutla en 1968. Bueno,
si esos dibujos lo decían, así debería
ser. Sólo que yo no soy zoólogo marino y
mis conocimientos en biología son más
que rudimentarios. Yo no podría decir si
el cráneo y el maxilar pertenecían a una
ballena o a un monstruo marino. Lo mejor
era investigar más. Dos eran las
vertientes que se podían seguir:
localizar a testigos presenciales del
avistamiento; e investigar sobre los
huesos de las ballenas.
HABLANDO CON LOS
TESTIGOS
En otras ocasiones
había intentado localizar a cualquier
persona que hubiese visto al animal. No
había tenido éxito. No existen
periódicos locales en Tecolutla. Es Poza
Rica la ciudad que cubre esta función,
pero en La Opinión no conocían
del asunto, y lo que es peor, no habían
guardado los ejemplares de aquellos
años: el servicio de hemeroteca es muy
rudimentario. Por aquí no pude llegar a
nada.
En el Palacio
Municipal tampoco sabían del “monstruo”.
Hasta que mencioné el cráneo de la
ballena que se encontraba en el Museo
Marítimo, alguien me dijo que contactara
con “Capricho”. Este personaje parece
ser una especie de cronista del pueblo.
Tiene un humilde restaurante con un
quiosco de revistas. La mujer que me
atendió (¿su esposa?) no quiso soltar
prenda (“¿Quién será este fuereño
entrometido que viene a preguntar por
Capricho?”). La suspicacia de la señora
me impidió conocer si “Capricho” es su
nombre o su apodo; si es fotógrafo; si
trabaja para La Opinión; si ella es su
esposa…
Lo único que supe es
que “Capricho” trabaja en Poza Rica (4),
sospecho que como fotógrafo para La
Opinión; que va y viene todos los días a
su trabajo; que tenía fotografías del
“monstruo” (¿obtenidas por él mismo?),
pero que todo ese material se perdió en
la inundación (5).
El que guía mis pasos
parece que me había abandonado. Pero
pronto tendría un reencuentro con él. En
el mismo Palacio Municipal me informaron
de la existencia de otro testigo: un
pescador de nombre Alejandro Salas
Pérez. “Lo puede encontrar en el
embarcadero. Allá trabaja y ahí tiene su
casa”, me dijeron. Y hacía ahí dirigí
mis pasos.
Don Alejandro es un
hombre sencillo de mar. Curtido por
cincuenta y tantos años de recibir la
brisa marina y los rayos del Sol, se
dedica, entre otras cosas, a hacer
paseos con los turistas hacia los
esteros y manglares. Fue él mismo quien
pintó los cuadros que se encuentran en
el museo.
Él fue testigo del
izamiento del monstruo. El animal quedó
varado no en el pueblo de Tecolutla,
como todos dicen, sino a unos diez
kilómetros al sur, en un lugar llamado
La Vigueta, perteneciente al mismo
municipio.
“Fue el 18 ó 19 de
marzo de 1968 –empieza por contarnos don
Alejandro–. Yo estaba a punto de ir a
Poza Rica cuando nos dijeron que habían
encontrado ese animal en la playa de La
Vigueta, cerca de Casitas y Flores
Magón” (6).
Sin embargo, en los
carteles que sirven como “pie de foto”
para las pinturas del museo, se menciona
que fue el 14 de marzo. Se dice que
parecía una “lancha volteada”, que se
había avistado a las 6:00 a.m.
“Era un animal
enorme. No tenía forma de ballena,
parecía un gusano gigante. Algunos
confundieron las aletas y dijeron que
eran cuernos. La cabeza estaba
semidescarnada: las fibras colgaban como
pelos de gusano (sic), como una melena”.
POR LAS BARBAS DE
NEPTUNO Y LOS PELOS DEL MONSTRUO DE
TECOLUTLA
¿Una melena? ¿Pelos
de gusano? Un momento. ¿Acaso no es la
misma descripción que dio Heuvelmans de
los bebés cadborosauros? ¿Y la melena
que crece en la nuca del halshippus
olaimagni? El “monstruo” encontrado
por un barco japonés en aguas de Nueva
Zelanda también muestra esos “pelos”. No
tengo idea de lo que sean esos “pelos”.
Esto es parte de una posterior
investigación en la que me deberé
involucrar con algún zoólogo marino.
Pero no hay duda de que tenemos frente a
nosotros el mismo fenómeno, y que don
Alejandro no miente y estuvo ante al
famoso monstruo.
Según los testigos,
se le veían algunos huesos y jirones de
carne. No se le podía identificar y se
pensó que se trataba de algún
dinosaurio. Hacia las 14 horas, al bajar
la marea, se pudo acceder al animal. La
gente pensaba que podrían obtener mucho
dinero con el “marfil de los huesos”,
por lo que comenzaron a destazarlo sobre
la playa. Probablemente aquí fue cuando
se perdió el maxilar inferior, el famoso
cuerno o colmillo del que habla la
leyenda y los criptozoólogos, mismo que
haría que algunos lo identificaran con
un narval.
Los cortes hechos por
los pescadores, junto a las mordidas de
los tiburones (7), convirtieron los
jirones de carne en fibras colgantes,
que le daban su extraño aspecto de
gusano peludo, dificultando aún más su
identificación.
“Se decidió pedir
ayuda a PEMEX –continúa Don Alejandro–,
para traer la carcasa hasta Tecolutla.
Se utilizó un trailer con plataforma de
15 metros (8). El animal fue levantado
con una grúa. Finalmente fue colocado en
la playa, frente al faro”.
El cuerpo del animal
fue llevado a Tecolutla el día 16 de
marzo, cuando obviamente la pestilencia
era enorme. Ahí se sacaron fotografías,
pero en ellas es imposible identificar
al animal debido a los ataques de los
escualos, los destrozos de los humanos y
el tiempo que había pasado.
Don Alejandro insiste
en que el animal era una ballena
rorcual. En la descripción gráfica que
hace del suceso, menciona una y otra vez
una rorcual, o ballena azul.
“Durante años a nadie
le interesó el animal. Yo me quedé
intrigado y comencé a investigar.
Finalmente encontré algunas fotos de
cráneos de rorcuales y de inmediato supe
que el ‘monstruo’ era, en realidad, una
ballena”.
Se recogió el cráneo
y maxilar superior y con ellos se fundó
el primer museo marítimo de la
localidad.
Tiempo después
aparecerían otros “monstruos”. En abril
o mayo de 1976 encalló un cachalote,
frente al Hotel Tecolutla. Se
recuperaron dos huesos del maxilar.
Medía unos 12 metros. Los restos fueron
enterrados frente al faro. En diciembre
de 1991 una ballena piloto de cuatro
metros varó frente al Hotel Marsol.
Probablemente murió por parásitos. No
traía comida en el estómago.
Don Alejandro
insistía en que era una ballena azul,
pero yo, aunque no soy zoólogo marino ni
vivo en un lugar cercano al mar, creo
que se trata de otra especie. En
particular pienso en el cachalote (physeter
macrocephalus) o ballena de
esperma.
Trataré de aportar
datos a mi teoría, comenzando por
analizar las características de cada uno
de estos animales.
RORCUALES
De entre estos
animales podemos contar las especies que
se ven en la tabla siguiente. Veamos las
características de cada una de ellas,
para luego compararlas con las de los
cachalotes y, finalmente, las del
supuesto “monstruo” de Tecolutla.
|
Clasificación |
Nombre común |
Pacífico
Norte |
Mar de Cortés |
Pacífico
Tropical |
Golfo de
México |
Mar Caribe |
|
Balaenoptera
acutorostrata
|
Rorcual minke
|
X |
X |
X |
X |
|
|
Balaenoptera
physalus
|
Rorcual común
|
X |
X |
X |
X |
|
|
Balaenoptera
musculus
|
Ballena azul
|
X |
X |
X |
X |
|
|
Balaenoptera
borealis
|
Rorcual de
Sei |
X |
X |
X |
X |
|
|
Balaenoptera
edeni
|
Rorcual
tropical o de Bryde
|
X |
X |
X |
X |
|
|
Megaptera
novaeangliae
|
Rorcual
jorobado |
X |
X |
X |
X |
|
Balaenoptera
acutorostrata
Nombres comunes:
Rorcual minke, ballena minke (minke
whale).
Esta ballena, el más
pequeño de los rorcuales, habita todos
los océanos del mundo, pero prefiere las
aguas templadas y frías, por lo que su
población es escasa en los mares
tropicales. Al nacer miden unos tres
metros y se desarrollan hasta alcanzar
los ocho. Su característica externa más
notable es una franja transversal de
color claro en las aletas pectorales.
Frecuentemente saltan y marsopean al
viajar.
En México (Golfo de
California), se cuentan con 25 registros
de esta especie, la mayoría en el Canal
de Ballenas. De esos registros, cuatro
corresponden a ballenas varadas
(encontradas muertas), dos en el Golfo
de Santa Clara y los dos restantes en la
Bahía de San Luis Gonzaga. Todos ellos
en el Pacífico. En el Golfo de México se
han contabilizado once varamientos
durante los meses que cubren el invierno
y la primavera. Todos han sido en la
costa norte.
El tamaño de nuestro
“Monstruo” era de aproximadamente 15
metros. La rorcual minke queda
descartada. Además, don Alejandro no la
menciona como origen de nuestro
monstruo.
Balaenoptera
physalus
Nombres comunes:
Rorcual común, ballena de aleta (fin
whale), ballena boba.
Al igual que la
Minke, son escasas en aguas tropicales.
Una de sus
principales características es la
coloración asimétrica, más oscura (gris
oscuro) en la parte izquierda del
cuerpo. El dorso también tiene esta
coloración, mientras que el vientre es
claro. A veces presenta pálidas líneas
detrás de la cabeza.
Posee una aleta
dorsal falcada situada en el tercio
posterior del cuerpo. El soplo columnar
es alto. Gran nadadora. Cubre distancias
de aproximadamente 300 kilómetros por
día, a una velocidad de hasta 37 km/h.
El período de
gestación es de casi un año. Las crías
nacen con una longitud de unos seis
metros, para luego alcanzar los 24, en
el estado adulto. Es el segundo cetáceo
en tamaño, después de la ballena azul.
Parece que su población es escasa en
México, aunque se han reportado
varamientos desde el Alto Golfo hasta la
Bahía de La Paz, pero no se tienen
registros de esta especie en la boca del
Golfo de California. En el Golfo de
México sólo se sabe de seis varamientos
y seis avistamientos entre los 28º y 30º
N. El “monstruo” de Tecolutla no tenía
el vientre blanco. Descartada la rorcual
común.
Balaenoptera
musculus
Nombres comunes:
Ballena azul, rorcual gigante (blue
whale).
La famosa ballena
azul recibe este nombre por la
coloración jaspeada azul-grisácea con
motas claras que presenta en su porción
dorsal. Son los gigantes de la
actualidad. Los machos alcanzan unos 24
metros de longitud, en promedio, las
hembras suelen ser más grandes. Las
crías miden al nacer cerca de ocho
metros y el período de gestación es de
once meses.
Son dos las áreas en
donde se concentran estos gigantes
durante el invierno y la primavera: El
“Domo de Costa Rica” (aproximadamente en
los 9º N, 89º W) y las costas de la
Península de Baja California.
En México, nuevamente
se les puede encontrar a ambos lados de
su territorio. En el Pacífico se les ha
visto desde San Felipe hasta Los Cabos
en la costa sur occidental del Golfo de
California. En el Golfo de México sólo
se conocen dos registros, ambos de
varamientos en la costa de Texas, lo que
indica que esta especie es muy rara en
esta zona.
Esa rareza, el color
y el tamaño nos pueden ayudar a
descartar a esta ballena, que es la que
don Alejandro identifica como el
monstruo de Tecolutla.
Balaenoptera
borealis
Nombres comunes:
Rorcual de Sei, ballena boba (sei
whale).
Con crías de cinco
metros, la ballena boba llega a alcanzar
longitudes de hasta 18 metros. Las
hembras son un poco más grandes que los
machos a una misma edad.
Prefieren las aguas
frías y templadas, lejos de las costas,
pero al llegar el invierno se les puede
ver desde el Archipiélago de las
Revillagigedo (18º 30' N) hasta el Golfo
de California. En el Golfo de México se
conocen tres varamientos de esta
especie: en las costas de Mississippi y
Louisiana, en los Estados Unidos, y en
Campeche, en México. Estos sucedieron en
invierno y primavera. El color no
coincide con el del animal encontrado en
Tecolutla.
Balaenoptera edeni
Nombres comunes:
Rorcual tropical, bruda (bryde's whale).
Esta especie presenta
tres crestas longitudinales en la
porción dorsal de la cabeza, que no se
encuentran en las otras rorcuales.
También se diferencian de las otras
ballenas en su gusto por las aguas
tropicales y subtropicales.
Su tamaño va de los
4.3 metros al nacer, a los 14 en la edad
adulta.
Según un informe de
Greenpeace México:
“En la costa
occidental de la Península de Baja
California se pueden observar en las
aguas cercanas a Bahía Magdalena. En el
Golfo de California existen numerosos
registros de esta especie: es la ballena
más común del Golfo. Es frecuente
especialmente durante el verano y el
otoño en la región de las Grandes Islas,
especialmente en Canal de Ballenas, en
las aguas cercanas a Loreto y en La
Bahía de La Paz, aunque se tienen
registros al norte, en el Golfo de Santa
Clara, y al sur, en Los Cabos y Bahía de
Banderas”.
En dos ocasiones se
encontraron brudas varadas en costas del
Pacífico mexicano: una en Isla Ángel de
La Guarda y la otra en la Bahía de La
Paz.
Esta es la especie
más común en el Golfo de México. Se han
reportado seis registros, tres
varamientos y tres avistamientos, todos
ellos en la costa nororiental.
Podría ser un
ejemplar de este tipo de ballena, de
tamaño grande (más de los 14 metros
promedio).
Megaptera
novaeangliae
Nombres comunes:
Rorcual jorobado, ballena jorobada
(humpback whale).
Obviamente el nombre
proviene de su joroba. Poseen grandes
aletas pectorales. Nacen midiendo unos
cuatro metros y los machos alcanzan 15,
mientras que las hembras superan poco
más de los 16. Llegan a México, a
finales del invierno o principios de la
primavera, con fines de reproducción. Se
concentran en el Archipiélago de
Revillagigedo; la costa continental,
desde Mazatlán, Sinaloa, hasta el Golfo
de Panamá, y las aguas adyacentes al
extremo sur de la Península de Baja
California.
En el Atlántico se
distribuyen en el Mar Caribe.
Anteriormente lo hacían en el Golfo de
México, pero su caza las obligó a
alejarse. No se conocen registros
recientes de estas ballenas. Tal vez no
sea nuestro objetivo.
CACHALOTES
Las diversas especies
de cachalotes se pueden ver en esta
lista.
|
Clasificación |
Nombre común |
Pacífico
Norte |
Mar de Cortés |
Pacífico
Tropical |
Golfo de
México |
Mar Caribe |
|
Physeter
macrocephalus
|
Cachalote
|
X |
X |
X |
X |
X |
|
Familia
Kogiidae
|
Cachalotes
enanos |
X |
X |
X |
X |
X |
|
Kogia
breviceps
|
Cachalote
pigmeo |
X |
X |
|
X |
|
|
Kogia simus
|
Cachalote
enano |
X |
X |
X |
X |
X |
Descartamos las tres
especies de cachalotes enanos y pigmeos,
justamente por el tamaño. Nos queda la
ballena de esperma.
Physeter
macrocephalus
Nombre común:
Cachalote (sperm whale).
La descripción
taxonómica del Cachalote es la
siguiente: Suborden: Odontoceti;
Familia: Physeteridae (Gray,
1821); Subfamilia: Physeterinae
(Flower, 1867).
Physeter
macrocephalus
(Linnaeus, 1758);
Physeter catodon (Linnaeus, 1758).
Linneo lo clasificó
en 1758, denominándolo physeter
macrocephalus (Physeter =
soplador; macrocephalus = cabeza
grande).
Este enorme animal
fue confundido durante siglos con las
ballenas (misticetos o cetáceos con
barbas), posiblemente por su gran
tamaño. Sin embargo, pertenece al
suborden de los odontocetos o cetáceos
con dientes.
Su cuerpo es grande y
robusto, aunque compacto o comprimido
lateralmente. Recuerda a un gran tronco
de árbol, con su piel arrugada como la
corteza. Este animal muestra un marcado
dimorfismo sexual: los machos adultos
llegan a medir 18 metros de longitud,
aunque el promedio es de 15, y las
hembras, 12 metros. Los primeros pesan
alrededor de 45 toneladas, aunque se han
registraron animales de hasta 60, y las
segundas, 20 toneladas. Ambos sexos
nacen con 3.5 a 4.5 metros de largo y
una tonelada de peso.
Presentan la piel
irregularmente arrugada por toda su
superficie, de coloración generalmente
oscura, variando desde el marrón hasta
el gris pizarra o gris amarronado, de
tonos más claros en los individuos
jóvenes. De color claro, la región
anterior de la cabeza y zona ventral,
área alrededor de la boca blanca.
Ocasionalmente se pueden encontrar
ejemplares albinos. La piel por detrás
de la región cefálica tiene la
apariencia de estar corrugada.
Su cabeza es
cuadrangular y muy voluminosa. Ocupa
casi la tercera parte de la longitud
total del animal, con la región dorsal
aplanada. En su interior se encuentra
una depósito enorme que alberga el
órgano de espermaceti, que a su vez
contiene una cera o aceite especial cuya
función es la de tanque de flotación. El
cachalote puede calentar o enfriar a
voluntad esta cera, con lo que disminuye
o aumenta su densidad, lo que facilita
la inmersión o emersión del animal. La
cavidad también cumple funciones de caja
de resonancia para producir sonidos de
ecolocalización.
En la antigüedad el
aceite de ballena, el llamado “aceite de
espermaceti”, era utilizado en la
fabricación de velas y lubricantes para
maquinaria de precisión. La grasa bajo
su piel o “bluber” también se convertía
en aceite. Su hígado se procesaba para
extraer vitamina A. El “ámbar gris”,
sustancia que se forma en el intestino
del cachalote para protegerlo de los
picos de calamares y sepias, se usaba
como fijador de perfumes. También se
utilizaba como espasmolítico. Su precio
alcanzaba altas cotas. Ése fue el motivo
de que en los siglos XVIII y XIX fueran
cazadas de manera devastadora. La
matanza se detuvo casi al terminar la
década de los 70, en el siglo XX.
Es la cabeza lo más
impactante del animal. Su tamaño oculta
en gran parte la mandíbula inferior,
bastante angosta y no alcanza el extremo
de la mandíbula superior, por lo que es
poco visible. El hocico es redondeado, y
se extiende hasta 1.5 m del extremo
anterior de la mandíbula inferior. Sólo
la mandíbula inferior es dentada,
presentando de 36 a 50 dientes de marfil
gruesos y cónicos que alcanzan hasta los
20 cm de altura, y de hasta un kilogramo
de peso cada uno; al cerrarse la boca
estos encajan con unos alvéolos
presentes en el maxilar superior que no
tiene dientes visibles, pero sí
vestigiales, embebidos en las encías.
Los dientes del
maxilar inferior aparecen con la madurez
sexual de animal. Dado que no mastican
la comida y que en las hembras aparecen
en menor número, algunos científicos
creen que los dientes son útiles en las
peleas entre machos, dejando notorias
cicatrices en las cabezas. Esto se
observa en los machos de mayor tamaño.
Pero seguro que los dientes también les
sirven en sus actividades predatorias.
El cachalote abre el hocico en un ángulo
recto con la cabeza, y de esa manera,
consigue atrapar mejor a sus presas,
principalmente calamares y pulpos.
Varios relatos hablan de encuentros con
el calamar gigante del género
architeutis. Marinos de un ballenero
ruso dicen haber presenciado, en 1965,
una batalla entre un enorme calamar y un
cachalote de 40 toneladas.
Los marinos extraían
los dientes y hacían artesanías con el
marfil, grabándolo con la técnica
scrimshaw.
El cachalote presenta
un orificio respiratorio, el espiráculo,
normalmente en la región anterior, y
ubicado del lado izquierdo, sobre una
pequeña elevación. El espiráculo adopta
una forma de S cuando está cerrado. De
él surge un soplo hacia la izquierda y
delante, en un ángulo de 45º, de
alrededor de cinco metros de alto. El
cachalote es fácil de identificar por su
soplido, ya que la situación del
espiráculo hace que el soplido sea
característico, bajo y dirigido hacia
delante y hacia la izquierda.
Tienen una pequeña
aleta dorsal (giba), de forma triangular
o redondeada, poco definida, situada en
el tercio posterior del cuerpo. Detrás
de esta aleta se pueden ver una serie de
cuatro o cinco pequeñas jorobas que
terminan en el pedúnculo caudal. En la
parte inferior de este pedúnculo a
menudo aparece una quilla gruesa. El 85%
de las hembras poseen callos en la
región de la giba, los machos no.
La aleta o pedúnculo
caudal es ancha y triangular, muy
flexible, y tiene una muesca central
bien definida, que separa dos lóbulos
muy anchos y de forma triangular. Esta
aleta mide cinco metros de un extremo al
otro. La forma de la caudal, así como
las distintas marcas y muescas presentes
en la misma, son distintivas de cada
individuo, por lo que se suele utilizar
este rasgo para su identificación.
Las aletas pectorales
son cortas, pequeñas y redondeadas con
forma de paleta. Los flancos presentan
pliegues u ondas longitudinales
característicos. Posee el mayor cerebro
del planeta, de nueve kg. de peso.
COMPORTAMIENTO DEL
CACHALOTE
La especie es
poligínica: un macho se aparea con
varias hembras. El invierno es la época
de reproducción. Los machos compiten
entre sí por las hembras. El
apareamiento se produce en aguas
tropicales. La gestación dura de 14 a 16
meses. Sólo tienen una cría cada cuatro
o cinco años. El nacimiento se produce
en los meses de verano. La lactancia
dura dos años, aunque se cuenta con un
caso, bien documentado, de lactancia de
15 años.
La madurez sexual se
alcanza a los 18-19 años en los machos,
y a los 7-12 en las hembras. Pero no
empiezan a reproducirse hasta los 20-21.
Viven en promedio unos 70 años.
Estos animales se
asocian en distintos grupos:
-
Una manada, que conforma la
guardería en la que agrupan las hembras,
las crías y los machos inmaduros. Los
grupos suelen ser de hasta 50
individuos. Viven en aguas tropicales
(de 45° S a 45° N).
-
Los machos jóvenes, que fueron
expulsados de la guardería, y que viven
en latitudes más altas y con mayor
alimento.
-
Los machos maduros, que sólo se
acercan a la manada guardería en el
invierno, para aparearse.
-
Los machos más viejos son
solitarios y viajan más hacia las aguas
frías (70° S y/o 70° N).
Debido a sus hábitos
alimentarios, prefieren las aguas
profundas de los océanos o las fosas. Es
el mejor buceador de los mamíferos
marinos: es capaz de realizar
inmersiones superiores a una hora (el
récord es de dos horas con 18 minutos,
de un macho adulto), a profundidades de
mil 200 metros. Allí vive su presa
principal: el calamar gigante de más de
diez metros de longitud. Existe
evidencia indirecta de que el cachalote
puede llegar a sumergirse hasta los tres
mil 200 metros.
Lo normal es que las
inmersiones sean de 35 a 45 minutos
hasta profundidades de 600 a 700 metros.
Luego de una inmersión profunda,
permanecen en la superficie resoplando
hasta unas 50 ó 60 veces, durante diez a
15 minutos. Los antiguos balleneros
solían decir que por cada 30 cm de
longitud respiran una vez en superficie
y pasa un minuto bajo el agua en la
siguiente inmersión. En esas
inmersiones, generalmente eleva la alta
caudal fuera del agua.
Se alimenta de varias
especies de pulpos y calamares,
tiburones de profundidad, rayas y gran
variedad de peces, como peces linternas,
peces demersales y otros. Ocasionalmente
ingieren microalgas, y su alimentación
se produce a lo largo de todo el año,
tanto de día como de noche.
Los cachalotes usan
señales de sonar para localizar el
alimento, y se cree que quizás utilicen
su sistema de ecolocalización para
aturdir a sus presas. Han desarrollado
un marcado repertorio de señales
sonoras. Emiten “clicks” de baja
frecuencia, que actúan como señales de
ecolocalización.
Pueden nadar muy
despacio, y navegan a unos diez nudos de
velocidad, pero pese a su corpulencia
pueden alcanzar los 20 nudos si se ven
amenazados.
A no dudar, como
siempre, el hombre es la mayor amenaza
de los cachalotes. A las matanzas
realizadas en siglos pasados, se le
puede sumar la contaminación. De una
población original de tres millones de
individuos, quedarían al menos 500 mil
cachalotes en todo el mundo, con
estimaciones optimistas de casi dos
millones.
Las cosas van
cambiando poco a poco. La especie fue
protegida internacionalmente en 1984. La
única caza es la “fotográfica”. El
ecoturismo y los viajes de observación,
whalewatching, han sustituido a
los grandes pesqueros y los arpones.
Existen registros de
más de 180 avistamientos en aguas
mexicanas del Pacífico. La mayor parte
ellos en el Golfo de California. En el
Golfo de México se cuentan por miles los
avistamientos, durante todo el año.
VARAMIENTOS DE
CACHALOTES
Es una de las
especies de las que más varamientos
masivos vivos se han registrado, en
particular en los golfos de California y
México.
Recientemente se dio
un caso de varamiento en Chile. Un
cachalote de unos 12 metros de longitud
y cuatro toneladas de peso encalló en
Valparaíso, en el sector de Caleta
Portales, la madrugada del lunes 20 de
julio de 1998.
El animal murió
debido a las heridas provocadas por las
aspas de una embarcación de gran calado.
Presentaba múltiples heridas en su aleta
dorsal.
Los efectivos de la
Capitanía de Puerto intentaron remolcar
mar adentro al animal, pero al llegar a
Punta Ángeles, el fuerte oleaje lo
arrastró nuevamente hacia la playa
(Carvallo, Playa Ancha).
Con mucho trabajo,
hasta el 23 de julio, usando la lancha
Aconcagua, se le pudo arrastrar hacia el
mar, a 15 millas de la costa. Creo que
las fotos del cachalote de Chile se
parecen mucho a la de Tecolutla. Pero
aún hay más.
Podemos ver un cráneo
completo de cachalote en la Sala
Antártica del MACN. El ejemplar fue
capturado por el capitán de navío J.
Schwarz y A. Carcelles en
1926, a bordo del buque ballenero
factoría noruego Lancing. Si
comparamos este cráneo con el que se
exhibe en el Museo de Tecolutla, el
parecido es impresionante.
Indudablemente los dos cráneos
(Tecolutla y el del MACN) pertenecen a
individuos de la misma especie.
Todavía algo más.
Investigando los
varamientos en México, encontré que se
han registrado dos de un solo individuo
cada uno en la Península de Baja
California (Pacífico). En el Golfo de
México (Atlántico) se conocen registros
de 23 varamientos, dos de ellos en
costas mexicanas: uno en Quintana Roo y
el otro … en Tecolutla, Veracruz.
Finalmente, el monstruo de Tecolutla
había sido identificado, plenamente, por
investigadores de la UNAM. Sin lugar a
dudas se trataba de un cachalote.
Luego, si recordamos
la supuesta serpiente de mar con pelos,
cadborosaurus willisi, de
Heuvelmans, que se encontró dentro de la
panza de una ballena de esperma,
podríamos suponer que, en realidad, era
un feto de cachalote, que se encontraba
en la matriz y no en la panza, de la
ballena. La imaginación de los marinos,
o del propio criptozoólogo, hizo lo
demás. Pero tendríamos que preguntar a
un biólogo si los “pelos” son una
característica de estas ballenas o si
existe algo que pueda dar esa apariencia
y confundir a los testigos.
Del supuesto cuerno o
colmillo de una tonelada, sólo podemos
decir que seguramente se trataba de la
mandíbula inferior del cachalote, la que
posee los dientes de marfil, los que
seguramente fueron arrancados para
venderlos. El cráneo que se encuentra en
exhibición en el museo difícilmente
alcanza una tonelada de peso, por lo que
dudo mucho que la mandíbula pesara lo
que se dice. Ésa es otra parte de la
leyenda.
Al final, nuestro
monstruo resultó ser un pariente cercano
de uno de los monstruos marinos más
famosos.
MOBY DICK
“¡Ahí sopla! ¡Ahí
sopla! ¡Un lomo como una montaña de
nieve! ¡Es
Moby Dick!”.
Aunque en la novela
de Herman Melville, publicada en
1851, no se menciona el tipo de ballena,
se cree que la descripción de “la
ballena blanca” que vieron los marinos
del Pequod, dirigido por el capitán
Ahab, de haber existido, se ajusta más a
la de un cachalote albino. La novela da
una idea totalmente equivocada sobre la
voracidad de las ballenas.
Al igual que la
novela de Melville, la investigación del
caso del monstruo de Tecolutla me llevó
a explorar zonas desconocidas, a hacer
viajes maravillosos y experimentar
grandes aventuras. Prometo que lo
volvería hacer.
- - -
NOTAS
(1)
Heuvelmans, Bernard. “Le
Grand serpent de mer”.
Plon. París. 1965.
(2) La
primera inauguración se dio poco después
de la aparición del “monstruo de
Tecolutla”, en 1969. El museo se hizo ex
profeso para guardar los restos del ser.
Poco después, por falta de recursos, el
museo tuvo que cerrar sus puertas. El 12
de noviembre de 1988 se reinauguró, pero
se volvió a cerrar al poco tiempo.
(5) El
5 de octubre de 1999 la zona sufrió la
más terrible tragedia de que tenga
registro. Una enorme inundación cubrió
el pueblo con más de dos metros de agua.
Cientos murieron, casi la mitad perdió
por completo sus casas. Todos perdieron
la mayor parte de su patrimonio (coches,
aparatos eléctricos, archivos y papeles
importantes).
(6) La
noticia llegó a Tecolutla a las 11 a.m.
(7) A
partir de 1975, nos dice don Alejandro,
ha disminuido el número de tiburones en
la zona.
(8)
Estos camiones se utilizan para las
diversas actividades de PEMEX. En ese
día en particular, son usados como
carros alegóricos para transportar a los
participantes del desfile, reinas del
festival incluidas. Este dato me hace
suponer que el día correcto fue el 18 de
marzo. Ese día se celebra la
“Expropiación Petrolera”, y siendo Poza
Rica la zona petrolera más antigua del
país, los festejos son en grande en la
ciudad. Probablemente don Alejandro se
dirigía a la ciudad para ver el desfile
de carros alegóricos.
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