Si hubo una historia que marcó a la
ufología fue la experiencia
protagonizada por el matrimonio
formado por Betty (41) y Barney Hill
(39), la que generó el despegue
publicitario de las hoy llamadas
“abducciones”. Tal fue la
trascendencia del caso que se llegó
a filmar una película y a escribir
un libro dedicado monográficamente a
él.
El relato, además de los detalles
que lo convirtieron en un “clásico”,
tenía el aderezo que significa el
que la pareja fuera racialmente
mixta, algo que significaba una gran
presión social en su tiempo: Betty
era blanca y Barney, negro (1), lo
que –como veremos– tendrá incidencia
dentro de la narración. Ella era una
trabajadora social y él un empleado
de correos, y como suele suceder en
la ufología ambos eran muy
respetados y apreciados en su
comunidad, lo que supuestamente
debiera asegurar la veracidad de lo
narrado.
Todo fue más o menos así. La noche
del 19 al 20 de septiembre de 1961
ambos –en compañía de su perrita
Delsey– volvían en su Chevrolet Bel
Air de pasar unas breves vacaciones
en Canadá, cuya frontera con EE.UU.
cruzaron pasadas las nueve de
la noche. El paseo fue programado
debido a las tensiones que sufría en
ese momento Barney Hill, propenso a
las úlceras nerviosas.
Tras tomar la autopista US3 en White
Mountains, Betty avistó una luz bajo
la Luna (una estrella, en primera
instancia) que aparentemente tenía
movimiento y que, según ella, no
había avistado antes cuando miró en
la misma dirección. Barney sugirió
que podría ser un satélite, pero
desde un comienzo Betty trató de
convencer a su esposo de que estaban
viendo un plato volador.
Con Barney al volante y Betty
observando con los binoculares los
movimientos del objeto, siguieron su
trayecto. Pero la mujer creyó ver
una hilera de ventanas y su
contagiosa ansiedad ya había
exasperado a Barney, quien tras oír
un angustioso “te digo que pares,
para el coche y míralo, es
asombroso” (2), optó por indagar.
Detuvo el vehículo al medio de la
carretera, se bajó y fue
directamente hacia el objeto, que
ahora se hallaba a la altura de la
copa de los árboles. Con los
prismáticos, dijo haber divisado –a
través de las ventanillas que
supuestamente rodeaban al objeto–
media docena de seres uniformados
que estaban muy ocupados con los
mandos del aparato.
Uno de estos entes se quedó
observándolo detenidamente, con unos
ojos que impactaron al testigo,
quien comparó al tipo con un “nazi”.
La situación lo atemorizó y volvió
al auto corriendo y gritando que
estaban a punto de ser capturados.
Betty no había visto nada, pues
estaba ocupada de vigilar que no
viniera ningún auto que los pudiera
embestir y de llamar a Barney con
frases cariñosas al estilo de
“¡idiota, vuelve aquí!”. Ya de
vuelta en el auto, se vieron
sorprendidos por un extraño zumbido
(3). Curiosamente, Betty no vio el
objeto pese a que lo buscó
infructuosamente. Así llegaron a
casa a eso de las cinco de la
madrugada del 20 de septiembre.
Pese a que habían acordado no contar
nada para no quedar de locos, Betty
no pudo soportar mucho tiempo y ese
mismo día llamó a su hermana Janet
Miller –quien ya había visto OVNIS–
para contarle su excitante
experiencia. Janet le confirmó a
Betty su temor de que el OVNI podría
haberla irradiado y le dijo que,
después de hablar con un médico
vecino, era posible medir la
radiación con una brújula.
Aunque esto no es efectivo, como
bien explica Philip Klass en su
análisis de este caso, Betty hizo lo
propuesto por su hermana y dijo que
la aguja de la brújula se había
comportado de forma extraña, aunque
Barney no observó nada inusual. De
cualquier modo, su esposa quedó
convencida de que habían sido
alcanzados por radiación nuclear.
Janet también le aconsejó a su
hermana llamar a la base aérea de
Portsmouth, donde no consideraron
mucho la historia hasta que
mencionaron que el presunto OVNI
tenía unas aletas laterales
provistas de luces rojas. Entonces
pidieron hablar con Barney, quien
había estado más cerca del
“aparato”.
Un par de días después, Betty fue a
la biblioteca y leyó el libro “Flying
saucer conspiracy”, de Donald
Keyhoe, lleno de historias “tales
como hombres del espacio con rayas
de cebra, una entidad con cara de
elefante, seres de seis brazos y
cuatro metros de altura, cuentos de
monstruos del espacio y fraudes de
contactados”, según Martin
Kottmeyer.
Betty se convirtió en una devoradora
de libros ufológicos, que podrían
haber influido en sus pesadillas
posteriores y en la totalidad de su
relato.
La lectura la incitó a escribir a
las oficinas de Washington del NICAP
para contar su avistamiento.
El NICAP mandó a
Walter Webb, profesor de Astronomía
e investigador local, quien
entrevistó a los Hill por casi ocho
horas el 21 de octubre de 1961,
llegando
a la conclusión de que “el incidente
ocurrió tal como lo informaron,
excepto algunos detalles técnicos”.
Al mes siguiente, los investigadores
C.D. Jackson y Robert Hohman
estuvieron casi doce horas con la
familia. Fueron ellos quienes,
además de hablarles de la
posibilidad de que existiese vida en
Alfa Centauro o Tau Ceti, notaron
que el matrimonio había tardado dos
horas más de lo
previsto en llegar a su casa,
sugiriendo un presunto “tiempo
perdido”.
Para
Philip Klass esas dos
horas se pueden atribuir al hecho de
que se fueron por rutas secundarias.
“Considerando las variaciones en el
trayecto y el tiempo que perdieron
tratando de encontrar el camino de
vuelta a la carretera principal, no
es sorprendente que hayan llegado a
Portsmouth dos horas más tarde”.
Además,
detuvieron el vehículo en reiteradas
ocasiones y manejaron a bajísimas
velocidades durante varios minutos.
En la
carta enviada a Keyhoe
no se mencionaba
ningún tipo de abducción, porque no
fue sino hasta diez días después del
incidente que Betty tuvo sus
primeras pesadillas. En ellas, la
mujer “veía” que los alienígenas
habían parado el auto para sacar a
la pareja y llevarla a bordo de la
nave espacial, donde eran sometidos
a un examen médico.
Esas pesadillas se sucedieron por
cinco días, y tras contarla a quien
quisiera y no quisiera oírla,
comenzaron a surgir diversas
interpretaciones. Por allí la
supervisora de Betty le sugirió que
estos sueños podrían estar basados
en la realidad, y la dupla
Hohman-Jackson le hizo ver que tal
vez reflejaban una abducción que
explicaría las dos horas de retraso
en su arribo a casa.
Obsesionados por la experiencia y
por los diversos malestares físicos
que aquejaban a Barney, entre ellos
una agudización de una úlcera
estomacal, decidieron acudir a un
médico especialista. Por ello
visitaron al doctor Patrick Quirke,
cuyo trabajo no generó mejorías.
Entonces llegó a manos del
psiquiatra Duncan Stephens, quien
supuso que los problemas de Barney
se debían a que había abandonado a
su primera esposa (negra) por Betty
(blanca), lo que habría generado una
fuerte carga emocional en el hombre.
Él lo derivó en 1963 a la consulta
del psiquiatra Benjamin Simon, pues
consideraba que el problema de
Barney –y también el de Betty y sus
pesadillas– sólo tenía una solución
de orden psicoanalítico.
La primera consulta se realizó el 14
de diciembre de 1963, y el sábado 4
de enero de 1964 comenzaron las
sesiones de hipnosis, a las cuales
también acudió Betty. Con ella fue
posible recuperar lo que habría
ocurrido: después de oír esos
zumbidos extraños, el motor del
automóvil dejó de funcionar en un
camino secundario. Allí aparecieron
unos hombrecitos que los llevaron
hacia el plato volante que estaba
descansando en las cercanías.
DENTRO DE LA NAVE
Volvamos al momento previo al
“rapto”, que es cuando Barney se
baja del vehículo para ver el
objeto. Según el relato realizado
bajo hipnosis, nuestro protagonista
sacó una llave inglesa para
defenderse, pues ve en el OVNI a un
nazi y a un irlandés pelirrojo (que
“suelen mostrarse hostiles a los
negros”, según él) que lo miraba
“por encima del hombro”. Los ojos
del que parecía ser el jefe dejaron
a Barney congelado.
Tras ser “capturados”, Betty y
Barney son llevados a bordo de la
nave. Dentro de ella ven a “el
líder” y “el examinador”, ambos
citados por Betty, que los describe
como mongoloides, con ojos grandes y
oblicuos y anchos rostros con una
nariz prominente, aunque para su
marido ésta estaba formada por
simples orificios.
La pareja fue llevada a habitaciones
distintas, donde fueron sometidos a
la hoy clásica revisión médica, que
incluyó cortes de pelo y uñas,
revisión de genitales, introducción
de rústicas y dolorosas agujas en el
ombligo, extracción de cerumen, etc.
(4). Lo de la aguja en el ombligo
era un test de embarazo, según le
explicaron a la víctima, cuyo
inmenso dolor fue subsanado por el
jefe a través de una imposición de
manos.
Betty conversó con el líder… ¡en
inglés!, aunque luego matizaría
diciendo que era un inglés con un
acento que no fue capaz de
identificar, mientras esperaba que
Barney volviese de su examen. En eso
estaban cuando Betty decide pedirle
una prueba de esta experiencia al
jefe, quien amablemente le dio a
escoger. Ella optó por un libro.
Fue entonces cuando, ya en
confianza, Eunice (el verdadero
nombre de Betty) le preguntó de
dónde procedían. El jefe
contrapreguntó si ella sabía algo
del universo. A pesar de la
respuesta negativa, el ET sacó un
mapa de la pared y le cuestionó si
sabía cuál era el lugar de ella en
el mapa. La mujer dijo que no, así
que el jefe contestó que “si no sabe
en qué lugar del mapa está, de poco
le serviría que yo le dijese en cuál
estoy yo”. Y se acabó el problema.
En la consulta del doctor Simon,
Betty dibujó el mapa que, dicho sea
de paso, también había visto en sus
sueños. El dibujo fue realizado por
sugestión post-hipnótica, es decir,
inmediatamente después de
“despertar”. Ésta sería la única
“prueba” que quedaba a disposición
de los estudiosos, quienes ahora
sólo tenían que ubicar las
estrellas.
En eso estaban cuando ocurrió algo
curioso: uno de los tripulantes
entró con la dentadura postiza de
Barney, llamando la atención del
“jefe”. También trataron de sacarle
los dientes a Betty, quien con una
tranquilidad pasmosa les explicó que
su esposo había perdido los dientes
en un accidente y que por eso tenía
unos postizos. Agregó que, cuando
uno envejece, puede llegar a perder
la dentadura. La explicación
perturbó aún más a nuestro amable
“líder”, quien no podía comprender
eso de “envejecer”. Betty intentó
vanamente aclarar el concepto.
Cuando ya se estaban despidiendo,
Betty sufrió la pérdida del preciado
libro, que podría haber sido la
única prueba de que un ser humano ha
estado dentro de una nave
alienígena. Y todo porque el jefe se
arrepintió de la donación, porque
sus amigos extraterrestres no
querían que ella se lo llevara. Un
libro como prueba irrefutable,
superseres que desconocen una
dentadura postiza… Con marcianos
así, no vale mucho la pena esperar
el tan ansiado contacto.
LAS APRENSIONES DE
SIMON
Tras mucho trabajar con la pareja,
Benjamin Simon concluyó que todo le
parecía “demasiado improbable, pues
gran parte del material era de la
misma naturaleza que los sueños (de
Betty)”. Pronto el psiquiatra se dio
cuenta de que, cuando revivían la
experiencia de la carretera –el OVNI
siguiéndolos– ambos traían a
colación detalles muy similares.
Pero cuando recordaban la
“abducción”, la cosa cambiaba.
Mientras Betty conocía todos los
detalles, Barney parecía no aportar
mucho.
Simon le dijo a Philip Klass que lo
anterior sugería que el incidente de
abducción no fue algo real, sino que
Barney había adquirido su
“conocimiento” sobre la experiencia
tras oír repetidas veces a Betty
contar sus pesadillas. Agregó que
muchas de las cosas que Betty decía
que habían sucedido a bordo del
plato volante eran características
de los sueños con simbolismos.
Y es
que Eunice era una mujer muy
posesiva e influyente para Barney,
quien parecía someterse a sus
designios sin chistar. En las cintas
grabadas durante las sesiones, es
posible notar el terror que genera
la situación del avistamiento en el
hombre. Pero Betty, cuando es
llevada a bordo de la nave, se
muestra muy tranquila, “como si
estuviera describiendo un paseíto
por el supermercado”, apunta
irónicamente Klass. Simon también
descubrió que las pesadillas de
Betty eran idénticas a la historia
que ella le contó posteriormente
bajo hipnosis, lo que dejaría
bastante claro que hay una evidente
influencia de una en la otra. Pero,
¿cómo saber que las pesadillas no
son el fiel reflejo de un
acontecimiento real? Simon da a
Klass algunas indicaciones bastante
notables:
Primero, los extraterrestres hablan
un inglés con acento, pero Barney
dice que no tienen boca. Otra: los
aliens no sabían lo que era el
tiempo, pero cuando la pareja ya
está abandonando el disco volante,
el “líder” les dice que “esperen un
momento”. Algunos de esos
detallitos resultan cruciales para
comprender este caso. Por ejemplo,
no podemos obviar que Betty Hill
creía fervientemente en los OVNIS
desde antes del avistamiento
devenido en rapto, e incluso siguió
muy interesada en este tema hasta
sus últimos días.
LA
PUBLICACIÓN DE LA HISTORIA
El relato del matrimonio Hill
adquirió relevancia nacional gracias
a que el periódico de Boston “Herald
Traveller” publicó la historia,
tomando los datos de una de las
conferencias dadas por los Hill, lo
que hizo que estos decidieran editar
su versión de los hechos y “evitar
inexactitudes”. Así surge la idea
del libro de Fuller, extractos del
cual serían publicados en la revista
estadounidense “Look” en sus
números del 4 y 11 de octubre de
1966.
Los artículos fueron
acompañados de una amplia campaña
publicitaria, que significó que la
revista vendiera más copias que
nunca antes en su historia.
A pesar de ser parte interesada en
el asunto, resulta destacable la
honestidad del psiquiatra Simon
quien, pese a compartir derechos de
autor con Fuller, no agregó tintes
parafernálicos a la historia y
siempre fue escéptico del relato,
como lo deja explícito en su
introducción al libro “El viaje
interrumpido”. Al respecto, le dijo
a Klass que Fuller “razonaba y
especulaba en base a la evaluación
de mi información”. El médico
apoyaba la tesis de que todo fue una
fantasía que los Hill creyeron y
volvieron a contar
bajo
hipnosis.
Y ya
que había libro, tendría que venir
una secuela fílmica. El 20 de
octubre de 1975 la NBC transmitió “The
UFO Incident”, una dramatización
del caso en horario de máxima
audiencia. Desde entonces, las
denuncias de abducciones se
dispararon. Pese a esto, ufólogos de
los clásicos, como Donald Keyhoe,
aceptaban la historia del OVNI que
seguía al auto, pero no el “rapto”.
Incluso todavía en 1973 Keyhoe
compartía la explicación de Simon.
CON LA ACTUACIÓN
ESTELAR DEL MAPA ESTELAR
Tras la sugestión post-hipnótica que
el doctor Simon realizó para que
Betty dibujara el mapa que decía
haber en la nave, el tema quedó en
el aire a la espera de que alguien
fuera capaz de interpretarlo.
Marjorie Fish, una profesora básica
de 34 años (en 1966) aficionada a la
astronomía, fue la encargada de
sacar adelante esta empresa. Por
supuesto, los ufólogos creyentes
destacan la inteligencia y vivacidad
de Fish, como una forma de ensalzar
su “descubrimiento”, que significó
un trabajo de unos seis años de
hacer maquetas y leer muchos libros
de astronomía en busca de la
ubicación perfecta.
Marjorie Fish visitó a Betty en 1969
para saber más del mapa. La abducida
le dijo que éste era una
representación en tres dimensiones
que ella había visto a una distancia
aproximada de un metro). Fish usó
una gran habitación para colgar las
bolas que hacían de estrellas.
Finalmente pudo dar con la ubicación
que le pareció adecuada, asignando a
las esferas más grandes la posición
que tienen en el espacio Zeta
Retículi 1 y 2, de donde habrían
procedido los extraterrestres. En su
mapa pudo catalogar 15 estrellas,
aunque suele pasarse por alto que la
profesora fue incapaz de encontrar
una ubicación para las otras once
estrellas.
Pero, y sin afán de aguar la fiesta,
lo cierto es que existen millones de
ubicaciones posibles, dependiendo
desde dónde se mire el mapa. Según
nuestros patrones de búsqueda,
podremos hallar diversas
correlaciones, dada la amplitud de
movimientos que nos permite la
vaguedad del asunto. Por ejemplo, el
ufólogo francés Michel Carrouges
notó que los trazos del mapa se
correspondían con las grandes
autopistas que existen en el noreste
de Estados Unidos. Si así fuera, los
extraterrestres vendrían de... Nueva
York.
Siempre dudando de que Betty
recordara la posición exacta de las
26 estrellas dos años después del
hecho, Philip Klass propuso al
físico y adicto a los OVNIS Stanton
Friedman un experimento: Éste debía
recordar un mapa similar al de Betty
creado por Klass tras verlo durante
unos segundos. Pese a conocer el
mapa e ir preparado para recordarlo,
Friedman respondió que sólo lo haría
si el doctor Simon lo hipnotizaba.
Claro, él sabía que el psiquiatra
había muerto un mes antes. Ésas son
algunas de las triquiñuelas usadas
por los crédulos para resarcirse de
los desafíos escépticos.
LAS INFALTABLES DUDAS
Lo primero que hay que remarcar es
que los problemas psicológicos de
Barney son anteriores al rapto y no
posteriores a él, como la gran
mayoría de los ufólogos ha
pretendido. Asimismo, debemos
indicar que muchos psicólogos
sostienen que la hipnosis no permite
separar la realidad de las
fantasías, sobre todo si los
hipnotizados se muestran convencidos
de que los sueños reflejaban hechos
ciertos. La hipnosis no es “la”
verdad, sino “su” verdad (la del
hipnotizado).
Tampoco sería bueno olvidar que,
tras haber enviudado, Betty se metió
de lleno en el mundillo ufológico y
paranormal. Comenzó a dar charlas,
escribir libros y, de paso, vivió
algunos fenómenos que ella atribuía
a poltergeists. También se
dijo que estaba dotada de
capacidades psíquicas superiores y
que era vigilada por la CIA o el
FBI, que generalmente no tienen nada
mejor que hacer que perseguir a una
“abducida”.
Pero Betty tuvo otras experiencias:
seis semanas después del “rapto”
aparecieron en la cocina de su casa
unos pendientes de oro que, según
ella, perdió a bordo de la nave.
Para Betty “obviamente los
humanoides los encontraron y quién
sabe cómo me los devolvieron”. En
otra ocasión dijo que una nave
alienígena había sobrevolado la
tumba de Barney. También le puso
nombre a algunos OVNIS, recibió
mensajes telepáticos de sus
secuestradores y aseguró que los
tripulantes bajan de sus naves a
hacer ejercicios para desarrollar la
musculatura.
LA REFUTACIÓN DE
SHEAFFER
Robert Sheaffer, uno de los
escépticos más renombrados de la
escena estadounidense, se ocupó del
caso Hill en un capítulo completo de
su libro “Veredicto OVNI”. Allí
expresa sus variadas observaciones
sobre el testimonio y algunas
situaciones objetivas de la
narración realizada por los Hill.
Veamos.
Uno
de los aspectos fundamentales de la
refutación de Shaeffer se refiere al
tema del OVNI en sí. Según la
descripción original, el cielo
estaba despejado y la Luna se
ubicaba hacia el sudoeste, en cuarto
creciente. Betty dijo haber visto
una estrella o planeta debajo de la
Luna, y al rato vio otro objeto, que
parecía una estrella más grande y
que estaba ubicada encima del primer
objeto. A éste lo creyó un OVNI.
Sheaffer descubrió que,
efectivamente, había dos objetos
además de la Luna, pues estaba
Saturno, con un brillo de primera
magnitud; Júpiter, doce veces más
brillante que Saturno y ubicado
encima de éste, y la Luna, sobre
ambos. Si realmente hubiera existido
un OVNI, éste tendría que haber sido
un tercer objeto bajo la Luna. Y
Betty describió sólo dos. Todo fue
una confusión con un planeta.
La
idea propuesta por Sheaffer no es
descabellada. Betty Hill habló de
“estrella” para definir la forma del
OVNI; Barney dijo que cuando ellos
se detenían, también lo hacía el
OVNI, que es precisamente lo que
sucedería con un objeto (estrella,
planeta) estático en el firmamento.
Lo único verificable de lo que
dijeron los Hill resultó erróneo.
Ellos señalaron que ese día estaba
despejado, cuando en realidad había
nubes altas que cubrían cerca de la
mitad del cielo, según lo
investigado en los archivos
meteorológicos por Robert Sheaffer.
La presencia de nubes podría haber
causado la idea de movimiento en las
luces del cielo.
LA CIENCIA FICCIÓN
METE SUS MANOS
No son las anteriores las únicas
objeciones. Una buena demostración
de que gran parte de los caracteres
presentes en la narración tenían
antecedentes en la cultura popular
la da el investigador estadounidense
Martin Kottmeyer, quien en diversos
estudios comprobó, por ejemplo, que
muchos motivos del relato de Betty
se hallan en la película “Invasores
de Marte”, de 1953.
Kottmeyer también descubrió el nexo
que había entre una serie televisiva
y la descripción entregada a los
investigadores por Barney Hill. El
ufólogo señala que “fue durante el
episodio 'The bellero shield'
(de la serie ‘Outer Limits’)
que sentí una misteriosa sensación
de deja vu. Los ojos del
extraterrestre eran inusualmente
largos, siguiendo el contorno
lateral de la cara. Rápidamente
capté que estos ojos eran los mismos
que fueron dibujados en ‘El viaje
interrumpido’” (5).
Las similitudes iban aún más allá:
tanto en la serie como en la
descripción de Barney los seres no
tenían orejas, cabello ni nariz, y
su cráneo era como una bala
inclinada en 45 grados. Barney
incluso dijo que los ojos de los ET
le hablaban (metafóricamente,
claro), algo que también se decía en
el argumento de “The bellero
shield”. Era demasiada
coincidencia. Por esto, Kottmeyer se
puso a trabajar, hasta que pudo
descubrir que la primera emisión de
ese capítulo fue el 10 de febrero de
1964, sólo 12 días antes de la
sesión hipnótica donde Barney
describía a los seres tal y como
habían aparecido en la TV.
REDONDEANDO
Para entender cabalmente este caso,
es necesario aclarar que tuvo dos
partes claramente diferenciadas
entre sí: la primera dice relación
con el avistamiento de un fenómeno
inexplicado para ellos (el que, ya
sabemos, era Júpiter); la segunda se
relaciona con el supuesto rapto,
aparentemente ligado con los sueños
de Betty Hill, además de las
influencias que descubrieron
Kottmeyer y otros.
Sin ninguna duda, el relato de Betty
y Barney Hill sirvió como génesis
social del tema de las abducciones,
influyendo en todas ellas y
generando el arquetipo que se
repetiría por décadas. El modelo fue
mutando gracias a los nuevos
añadidos que se dieron con el paso
de los años y reinventándose
permanentemente, sin perder sus
rasgos generales más acusados.
Esto ha llevado a los ufólogos a
suponer que las abducciones, por
tener ciertos aspectos similares
entre ellas, debieran tener un
origen real de características
alienígenas. El escéptico español y
miembro de ARP, Luis Alfonso Gámez,
se hace cargo de tales supuestos,
señalando que “las fabulaciones de
una mujer ansiosa por ver marcianos
sirven para legitimar los relatos
increíbles posteriores porque, por
supuesto, no hay ninguna prueba
objetiva de la presencia de
delincuentes cósmicos en nuestro
planeta”.
Curiosamente, hasta antes de su
muerte Betty Hill se manifestó
escéptica de las abducciones y llegó
a declarar en contra de los
“abductólogos”, a quienes calificó
de ser “personas muy, muy
destructivas. No les importa a quién
puedan perjudicar con tal de vender
sus libros, de hacer dinero” (6).
El caso Hill formó a toda una
generación de abducidos, golpeando a
la ufología en su totalidad. Los ET,
que en los contactos se mostraban
bonachones, se convirtieron en tipos
relativamente malévolos. Al
respecto, el mismo Gámez señala: “La
mayoría de los misioneros galácticos
de los años 50 debió de dar por
imposible la salvación de la
humanidad. Entonces, entraron en
escena crueles alienígenas que
experimentaban con los hombres y
mujeres que se cruzaban en su
camino”.
John Fuller se excitó demasiado con
este caso, y llegó a escribir que
“si cabe pensar (…) que el incidente
es real, resulta evidente que sus
consecuencias pueden afectar a la
Historia del mundo”. Dadas las
consecuencias que este caso ha
tenido para la historia del mundo,
todo parece indicar que el incidente
no tuvo lugar en lo que entendemos
como “realidad”. Más o menos así
está la cosa.
- - -
NOTAS:
(1) Barney murió en febrero de 1969
como consecuencia de un derrame
cerebral que, para los suspicaces,
no tienen ninguna relación con su
presunta experiencia con los
extraterrestres. Betty, en cambio,
falleció en octubre de 2004 de un
cáncer.
(2) Fuller, John. “El viaje
interrumpido”. Plaza y Janés.
España. 1977. Pág. 200.
(3) El ufólogo escéptico Robert
Sheaffer sugiere que las
vibraciones, que según Barney se
mantuvieron por unos 50 kilómetros,
podrían haberse generado por alguna
ondulación del pavimento.
(4) No deja de ser curiosa la
precariedad de los instrumentos
utilizados por los alienígenas.
(5) Kottmeyer, Martin. “Esos ojos
que hablan”. Perspectivas
Ufológicas.
Nº 7.
Febrero de 1996. Páginas 32-34.
(6) Brookesmith, Peter. “La abuela
de todos los abducidos”. “Fortean
Times”. Nº 110. Londres. Inglaterra.
Mayo de 1998. En castellano, “La
Nave de los Locos”. Nº 13. Enero de
2002. Santiago. Chile. Páginas
14-18.
Publicado originalmente en enero de
2002 en
La Nave de los Locos Nº 13.