La Hipótesis Psicosociológica (1)
revolucionó la forma de ver la ufología
a fines de los 70. Sin mayor repercusión
fuera de Europa, los seguidores de la
nouvelle vague lograron que al menos
parte de los investigadores se dieran
vuelta a mirar a los testigos y
considerara que las ciencias sociales
eran importantes para el estudio de este
"misterio".
Michel Monnerie no era un ufólogo
descollante. Más que un gran teórico, se
caracterizaba por ser un incesante
buscador de OVNIS en las noches
francesas. Y como muchos de los
investigadores, Monnerie creía. Pero su
afán depurador y la incesante búsqueda
de la prueba física (que, por cierto,
nunca llegó) lo llevaron a cuestionarse
algunos elementos de la ufología que le
parecieron, al menos, incomprensibles.
Como, por ejemplo, creer, algo que con
el tiempo le pareció “anticientífico”.
Tras
mucho analizar casos en terreno (para
que no salgan con la idiotez esa del
“investigador de gabinete”), Monnerie
descubrió que “el observador no entendía
la naturaleza de lo que veía (...) A
partir del momento en que el observador
acepta la hipótesis OVNI, ajusta su
visión conforme a lo que se conoce del
fenómeno” (2). Y se germinó una duda que
creció hasta dar forma a una nueva
postura, que fue un duro golpe para los
que, aún a finales de los 70, seguían
con la ilusión de capturar su plato
volador, su alienígena capitán de nave
intergaláctica. Nació la HPS.
Las
obras de este francés, como hemos visto
una suerte de creyente redimido, fueron
un verdadero golpe a la cátedra, que se
evidencia en el nombre mismo de sus
libros: “¿Y si los OVNIS no existieran?”
y “El naufragio de los extraterrestres”
(3). Las repercusiones de la mirada
monnerista no fueron las esperadas.
Prácticamente ignorada en este lado del
Atlántico, la “nueva ufología” rindió –y
rinde– sus mayores frutos en el viejo
continente.
La
idea central de esta hipótesis postula
que los testigos tienen directa
incidencia en lo que dicen haber visto,
pues como mediadores entre el supuesto
fenómeno y los investigadores, pueden
tergiversar información, confundirse con
sucesos extraños pero conocidos,
acomodar la visión según sus creencias o
conocimientos previos, proyectar temores
propios o, en su defecto, desvirtuar el
avistamiento original al mezclarlo con
memorias no relacionadas con el
acontecimiento ufológico. La HPS no
descarta la mentira y el fraude, y da
mayor trascendencia al contexto cultural
del perceptor y a la influencia del mito
platillista.
Éste
fue uno de los grandes aportes de la
HPS, pues desvió el eje de la ufología,
haciéndolo pasar de la nave
extraterrestre que es capaz de viajar
por el espacio al testigo. Es decir,
obvió las explicaciones más
estrambóticas para dar cabida a otras
más pedestres, aunque de modo alguno
menos interesantes.
También dio gran importancia al papel de
los medios de comunicación en la
creación del imaginario extraterrestre.
Así, todo se trataría de un mito
generado por erróneas informaciones,
malas interpretaciones e incluso mala
intención del algún periodista. Un mito,
en definitiva, surgido en gran medida
desde la prensa y aumentado por los
testigos que, a su vez, dan nuevas
noticias para esos medios que
tergiversan buena parte de los
testimonios y terminan cambiando incluso
los de los mismos denunciantes. Un
círculo vicioso que no tiene fin... o no
lo tenía hasta la aparición de Monnerie.
Un
buen ejemplo del origen social de los
OVNIS serían las oleadas, generadas por
la proliferación de noticias OVNI en los
medios de comunicación. Abundaremos en
este tema más adelante.
UN ATAQUE INTERNO
Una
de las cosas que más les dolió a los
seguidores de la HET fue que se
explicara el asunto OVNI prescindiendo
de los componentes mecanicistas que
tanto habían embolado la imaginación de
los creyentes.
También causaba cierto escozor este
aparente desprecio por el testimonio,
sagrado para muchos ufólogos
tradicionales incluso hasta hoy. Sólo
por dar un ejemplo que está a la mano,
Juan José Benítez le cree todo a sus
testigos, algo que cualquier periodista
decente sabe que es, cuando menos, poco
profesional.
La
crítica implícita a la historia completa
de la ufología resultaba tanto más
molesta que cualquier otra cosa, en
especial porque ésta venía desde dentro
del mundillo ufológico, y un ataque
interno es siempre más doloroso –y menos
rechazable– que uno venido desde la
lejanía de la exterioridad. Cuando el
ataque es interno, resulta más difícil
de contrarrestar, pues quien objeta sabe
de qué está hablando.
Monnerie fue cuestionado en más de una
ocasión por hablar de psicosociología
sin ser un conocedor de dichas ciencias
sociales (4). Ataques como éste, dignos
de sentimientos espurios más que de
razonadas críticas, no fueron los
únicos. De hecho, la HPS tuvo varios
detractores, como veremos luego.
De
todas formas, Monnerie no estaba solo.
Otros investigadores, como Thierry
Pinvidic, Jacques Scornaux, Paolo
Toselli, Bertrand Méheust, Pierre
Lagrange y varios más siguieron la senda
señalada por el francés.
EL ANTECEDENTE DE JUNG Y EL DESARROLLO
DE LA HPS
Pese
a que el hito se acordó en 1977, la HPS
tiene un antecedente directo en Carl G.
Jung. Incluso antes del psicólogo suizo,
en los años 40, se sugería que esas
extrañas visiones que hacían noticia por
su novedad, no eran más que delirios
paranoides de un período de post guerra.
Para
el investigador francés Claude Maugé,
las bases de la HPS se sustentan sobre
el libro del ya citado Jung “Sobre cosas
que se ven en el cielo” y el de Sigmund
Freud “La interpretación de los sueños”,
algo que, en su opinión, resultaba
insuficiente. Para Maugé, ésa es la
única crítica que puede hacerle al
modelo propuesto por Monnerie.
Obviando lo anterior, Maugé fue un digno
sucesor de la obra monnerista, e incluso
tuvo la “osadía” de contradecir algunos
resultados estadísticos obtenidos por
Claude Poher. Tras esto, concluyó que la
ufología funcionaba como un sistema de
creencias. Michel Piccin fue más duro
con Poher y el GEPAN, al señalar que la
asociación francesa encargada del
estudio de los OVNIS era “un sagrado
panel de estrellas del cual es preciso
salir para hacer alguna cosa útil” (5).
El monnerismo, y más ampliamente la HPS,
estaba poco a poco sentando sus bases.
Thierry Pinvidic hizo un sólido aporte
en este sentido, al demostrar la
influencia cultural en la generación del
mito de los OVNIS: Investigó y comparó
lugares del mundo donde no había
penetrado la psicosis ufológica con
otros donde sí lo había hecho. La
conclusión fue clara: en países donde
los OVNIS no forman parte de la cultura,
no existen casos. Más claro, echarle
agua.
Una
de las consecuencias más sonoras de la
postura monnerista fue el texto de los
también franceses Gerard Barthel y
Jacques Brucker, quienes en “La grande
peur martienne” (1979), tuvieron en el
punto de mira a la famosa oleada gala de
1954, realizando reencuestas de los
casos y explicando varios de los
clásicos. Tras el tiempo transcurrido,
muchos de los testigos reconocieron
haber fabulado, inventado o adornado
algunos relatos para hacerlos más
espectaculares. Con este trabajo se
demostró que el contexto que genera una
oleada, como lo sucedido en Francia en
1954, sin lugar a dudas influye en la
percepción que se tiene del mito de la
venida de los extraterrestres.
A
pesar de las comprensibles críticas que
mereció este trabajo, no podemos obviar
su importancia en lo que se refiere al
asentamiento de la HPS en la comunidad
ufológica.
Uno
de los más duros cuestionadores de la
HPS es el uruguayo Willy Smith. Para el
continuador de la labor de Joseph Allen
Hynek y encargado del proyecto UNICAT,
la metodología de los psicosociólogos
carece de fundamento científico. No
escatima ataques para los seguidores de
la HPS, catalogándolos de personas que
fracasaron en la obtención de títulos
universitarios y que terminan volcándose
al periodismo. Agrega que es posible
comparar a los psicosociólogos con los
embaucadores, entre otras perlas por el
estilo. Ataques a las personas por sobre
refutación de las ideas que merecieron
la inmediata réplica del español Luis
González M., en una disputa que de tan
sabrosa merecería mucho más espacio para
ser abordada (6). De todas formas, los
prejuicios de Smith sobrecogen, aunque
no llaman la atención proviniendo de la
ufología crédula.
Por
lo general, ésta suele embolinar la
perdiz asegurando que quienes no creen
en la hipótesis extraterrestre (o sea,
los que aseguran que ésta es
insostenible), aún no han demostrado la
razón de esta aserción. Como vemos,
andan claritos sobre quién tiene que
demostrar qué. ¿No era “a afirmaciones
extraordinarias, pruebas
extraordinarias”...? La carga de la
prueba recae sobre quién sostiene que
los marcianos nos invaden impunemente.
INNUMERABLES APORTES
Como
acertadamente señala Luis González en la
página de Internet de la Fundación
Anomalía, el ufólogo debiera saber que
no investiga OVNIS, sino testimonios de
personas que dicen haber visto OVNIS. Y
tal como citamos con anterioridad, la
HPS pone el acento en el testigo, como
fuente no fiable de datos. Recordemos
que la memoria no es impermeable a
estímulos externos, por lo que la
fiabilidad de nuestro narrador queda en
entredicho.
En
este sentido, Monnerie hablaba del
“sueño despierto”, que definía como un
instante en el que el testigo vive un
momento de relajación y es capaz de
creer real algo que sólo ocurre en un
estado cercano al sueño: “Sólo conozco
una situación en la que los objetos se
permiten tantas libertades con las leyes
de la física, para transformarse de una
cosa a otra, para multiplicarse y
complacerse en toda clase de fantasías:
el sueño”, escribió.
Nuestro héroe (me refiero a Monnerie)
es, en gran medida, un gran
desencantado: “los OVNIS no son más que
un sueño social encarnado en la era de
los viajes espaciales”, escribe
Agostinelli, como una forma de graficar
el pensamiento del investigador galo.
Monnerie agrega que “las personas que
están muy angustiadas tienden a
refugiarse en un estado de ensoñación,
en el que se sienten más confortables”
(2), dejando aún más clara la
predisposición de los testigos ante un
fenómeno extraño.
Otro
de los “descubrimientos” que realizan
los miembros de esta escuela
psicosociológica es que la nula
diferencia existente entre los casos
explicados y los no explicados, termina
por hacernos deducir que los OVNIS no
son sino OVIS que carecen de datos para
ser completamente reconocidos. Luego, el
residuo de casos inexplicados no implica
necesariamente la existencia de un
fenómeno original.
La
HPS no ha trascendido más allá de
Europa. Eso es cierto. Sin embargo, su
influencia es evidente a la hora de
sacar conclusiones y hacer historia. No
se puede obviar que el aporte de
Monnerie y de quienes lo siguieron va
más allá de la mera anécdota ufológica.
Y notemos que varios de los
“psico-socio”, como los llama Jean
Sider, son ufólogos tradicionales
convertidos al escepticismo
psicosociológico.
Y es
que después de tanto tiempo, se suele
descubrir que existen cosas más
importantes que los OVNIS. Ante ese
razonamiento es imposible no concordar
con Monnerie, aunque muchos, aún hoy, no
se den cuenta de tan elemental
sentencia.
- - -
NOTAS
(1)
En adelante HPS.
(2)
Agostinelli, Alejandro. “Michel
Monnerie: el ufólogo del gran naufragio
espacial”. Ver bibliografía.
(3)
“Et si les OVNI n’existaient
pas?”, Ed. Les Humanoides Associés,
París, 1977 ; y “Le naufrage des
extraterrestres”, Nouvelles Editions
Rationalistes, París, 1979.
Ambos sin traducción al
castellano.
(4) El
francés es un restaurador de obras de
arte.
Para
Agostinelli, quizás sea esa labor –que
busca la perfección– la que haya
incitado a Monnerie a intentar reparar
la ufología.
(5)
Piccin. Michel. Ver bibliografía.
(6)
El interesado podrá dar un vistazo a
este debate en los números 16/17 y 18 de
Cuadernos de Ufología, específicamente
en los artículos “Los Disidentes”, de
Smith (pps. 168-175, Nº 16/17); “Un
disidente se defiende”, de Luis González
(pps. 92-94) y “En respuesta a ‘un
disidente se defiende’”, de Smith (pps.
95-96), estos últimos del Nº 18 de CdU.
REFERENCIAS
-
Agostinelli, Alejandro. “La Hipótesis
Psico-Sociológica y la última cruzada de
los contradictores del mito”. En
“Cuadernos de Ufología”. Nº 6. Páginas
52-60. 1989.
-
Agostinelli, Alejandro. “La ufología
funciona como un sistema de creencias”.
En “Cuadernos de Ufología”. Nº 7.
Páginas 60 - 64. Enero de 1990.
-
Agostinelli, Alejandro. “Michel
Monnerie: El ufólogo del gran naufragio
espacial”. En “Contacto OVNI”. Nº 17.
Agosto de 1996. México; ver también “La
Nave de los Locos”. Nº 5. Noviembre de
2000. Santiago de Chile.
-
Piccin, Michel. “El papel central del
testigo”. En “Ufología Racional”. Nº 5.
Páginas 34-36. Rosario. Argentina. 1998.
Traducción de Rubén Morales. Ver también
“UFO Press”. Nº 20. Abril - junio de
1984. Buenos Aires. Argentina.
-
Sánchez, Sergio. “Pasaporte a
OVNIlandia”. Ediciones Emegé. Santiago
de Chile. 1999.
-
Smith, Willy. “Los disidentes”. En
“Cuadernos de Ufología”. Nº 16/17.
Páginas 168-175. España. 1994.
-
Varios. “Diccionario Temático de
Ufología”. Fundación Anomalía.
Santander. España. 1997.
Publicado originalmente en
La Nave de los Locos Nº 5, noviembre
de 2000 |