Extraños objetos
voladores invaden los Estados Unidos y
todo es encubierto por el gobierno. No
estamos hablando de discos voladores
sino de fugos, globos-bomba japoneses de
la Segunda Guerra Mundial. Estos,
fabricados en gran parte de papel,
increíblemente consiguieron alcanzar su
objetivo principal: lanzados desde
Japón, atravesaron sin escalas el océano
Pacífico y bombardearon los Estados
Unidos, llegando no sólo (y
principalmente) a regiones del medio
oeste americano, sino hasta los estados
de Michigan y Texas y aún a países
vecinos (México y Canadá).
Los fugos destruyeron
el mito americano de inexpugnabilidad y,
probablemente, también ayudaron a
alimentar los mitos conspiranoicos tan
presentes en la ufología. Tras el
trágico ataque del 11 de septiembre,
comentaristas y analistas se cansaron de
repetir que éste era el único ataque
sobre tierras americanas en la historia
reciente, apenas comparable con Pearl
Harbor. Se habían olvidado de los
ataques con fugos sobre buena parte de
los estados americanos en el período
comprendido entre noviembre de 1944 y
abril de 1945. Llamar a esto
conspiración sería demasiado dramático.
Pero los fugos sí fueron parte de una
operación real de encubrimiento y
desinformación, lo que explica un amplio
desconocimiento de estos hechos hasta el
día de hoy.
Pero vamos a comenzar
contando cómo eran esos globos-bomba. El
globo en sí estaba hecho de papel de
seda engomado colocado con pasta de
batata. No es broma. Parte de toda una
cultura japonesa con relación al papel,
muchos de ellos fueron construidos por
alumnos de las escuelas niponas. Cuando
se llenaban por completo de hidrógeno,
los globos tenían cerca de diez metros
de diámetro y un color blanco azulado.
Amarrados con cuerdas de lino a ellos,
estaban el absorbedor de choques, el
lastre y el armamento.
Entre los sistemas
que garantizaban la llegada y la
autodestrucción, estaban las cargas de
bombas incendiarias de cinco o doce
kilos. Tal vez no es nada muy
impresionante, pero es preciso recordar
que los fugos eran efectivamente bombas
intercontinentales. Además de esto, las
bombas tenían un objetivo diferente a la
simple destrucción inmediata: la idea
era iniciar múltiples incendios
forestales que consumirían parte del
esfuerzo de guerra americano, sin
olvidarse del efecto moral de provocar
miedo y pánico en el continente.
La forma en que los
fugos funcionaban y llegaban a su
objetivo es uno de sus más curiosos
aspectos. Consiguieron ir desde Japón
hasta los Estados Unidos en sólo tres
días, gracias a un fenómeno
meteorológico poco conocido en la época:
las corrientes en chorro, jet streams
o corrientes de aire a grandes
velocidades presentes en la alta
atmósfera. De día, el Sol calentaba el
hidrógeno y hacía que el globo se
elevara, hasta que una válvula liberaba
la presión excesiva. De noche, con el
enfriamiento del hidrógeno y la caída de
altitud, un sensor barométrico liberaba
parte del lastre. Después de tres ciclos
de subir, navegar en las veloces jet
streams y descender, los fugos
estarían sobre Estados Unidos y entonces
en lugar del lastre, estarían liberando
su carga explosiva para después activar
sus mecanismos de autodestrucción. Un
crimen perfecto.
Cuando se detectaron
los primeros fugos, los estadounidenses
pensaron que habían sido lanzados por
submarinos japoneses próximos a la costa
oeste. Sólo después de algún tiempo, con
un gran número de fugos y un análisis
perspicaz de la arena usada como lastre
–arena que se constató pertenecía a
áreas específicas de la costa japonesa,
las cuales posteriormente fueron
bombardeadas por la USAF– se llegó a la
conclusión de que los globos estaban
llegando directamente del Japón.
Exactamente después
de que una gran cantidad de incidentes
fueron registrados por el gobierno, el
pueblo americano permaneció sin saber
del ataque directo a que estaba siendo
sometido su país. Y aquí entra el
encubrimiento oficial en el período de
guerra, cuando el 4 de enero de 1945 la
Oficina de Censura hace su trabajo y
oculta el tópico de los globos-bomba. La
intención benigna era evitar que los
japoneses supiesen del éxito inusitado
de su proyecto fugo, quedando casi tan
ignorante como el pueblo americano.
En historias
verdaderas, que más parecen salidas
directamente de las anécdotas
paranoicas, el FBI y los militares
realmente recogieron partes y restos de
estos globos y pedían a los eventuales
testigos de las ciertamente bizarras
apariciones de fugos, que “olvidaran lo
que habían visto”. Los grandes medios
cooperaban con el encubrimiento,
evitando publicar cualquier nota sobre
los casos. Hipotéticamente, en caso de
que no existiese una guerra en pleno
desarrollo, los mitos de visitas
extraterrestres e incontables Roswell
podrían haber comenzado ya en 1945. Es
una hipótesis bastante viable, así que
buena parte del clima que llevó a la
manía americana por los discos voladores
a partir de 1947 fue estimulada por la
mal contada historia de encubrimiento de
los fugos.
Toda el ingenio
implicado en el proyecto fugo pudo no
tener resultados equivalentes. El
encubrimiento americano aparentemente
funcionó: sin tener certeza de que los
globos habían alcanzado su objetivo y
con recursos cada vez más escasos
(sumándose a eso los bombardeos, aunque
un poco a ciegas, hechos por la USAF a
las “fábricas” de fugos), los japoneses
cancelaron el proyecto en abril de 1945.
Como si no bastase su fracaso en
provocar el pánico, como los fugos
habían alcanzado Estados Unidos durante
el invierno, la intención de causar
incendios forestales no logró un éxito
completo. Lanzarlos en ese tiempo no fue
una necedad, sino algo que se puede
explicar debido a que el período de
invierno es justamente la época del año
en la cual las jet streams eran
más apropiadas para llevar los globos.
A pesar de los más de
300 incidentes con fugos registrados a
lo largo del continente americano, no
sólo en los Estados Unidos sino (como ya
dijimos) en México y Canadá, se estima
que fueron lanzados más de nueve mil
Fugos. La gran mayoría de ellos debe
haber caído en el Pacífico antes de
alcanzar su objetivo. De los más de 300
incidentes, sólo uno, conforme a los
registros, ocasionó muertes, y muertes
particularmente trágicas: en un día de
campo organizado por de iglesia en la
ciudad de Bly, en Oregon, cinco niños y
una mujer embarazada murieron al
producirse una explosión por una bomba
de Fugo no detonada. Ese incidente con
muertes, el 5 de mayo de 1945,
finalmente rompió parte de la censura
(un mes después de que fuera cancelado
el proyecto japonés) y de ahí en
adelante la desinformación pasaría a
operar, lo mismo minimizando que
ridiculizando la eficiencia del invento.
Después de la guerra, “The New York
Times” señaló: “El primer premio por
armas de guerra inútiles va para Japón,
por sus globos-bomba de ‘origen único’
pretendiendo esparcir fuego y terror”.
Lejos de ser
inútiles, los fugos permanecerían como
el único ataque al continente americano
con bajas durante toda la guerra, al
menos hasta el 11 de septiembre de 2001.
Documentos más relevantes sobre los
globos-bomba sólo serían liberados en
1980, pues mucha de la información
cosechada para el proyecto fugo sería
usada por los Estados Unidos en
iniciativas de globos experimentales en
plena Guerra Fría. ¿Inútiles, no? Ironía
de ironías, uno de estos proyectos
llamado Mogul habría sido uno de los
responsables de las historias de la
caída de un disco volador en Roswell en
1947.
Los fugos todavía
tienen algunas ironías desconcertantes.
Uno de ellos se enredó en las líneas de
transmisión eléctrica que servían a una
fábrica de enriquecimiento de uranio en
Hanford, Washington. El uranio que sería
usado en Nagasaki meses después, bajo la
forma arrasadora de una bomba atómica.
Como si no fuera suficiente, la forma en
como los cables del globo se enroscaron
en las líneas de transmisión, causaron
un corto circuito que vendría a ser
repetido en los años 90 por las
avanzadísimas bombas americanas en Irak
y en Kosovo, compuestas de tiras de
carbono destinadas a enredarse en los
cables de alta tensión. Otra: Los planes
de ataques bacteriológicos lanzados por
globos que fueron encontrados hace poco
en Pakistán. Éste era justamente el
mayor temor del uso de los globos-bomba
durante la Segunda Guerra, algo que
nunca ocurrió. Debemos notar que, como
el inusitado ataque de aviones suicidas
del 11 de septiembre (que recuerda los
ataques kamikazes), un ataque terrorista
utilizando “fugos” es el peligro real
más ampliamente desconocido.
Lejos de ser meras
curiosidades históricas, como hemos
visto los fugos tienen innumerables
implicaciones en el escenario actual.
Ellos también enseñan que la historia se
relaciona con las teorías ufológicas de
conspiración, sacando los detalles más
fantásticos, al mismo tiempo que la
ufología se relaciona con la historia,
que tiene sí sus conspiraciones y
encubrimientos gubernamentales. Que son
algo bien terrestre, humano y concreto.
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