Mucho antes de la
invención de la agricultura o la
domesticación de los animales, los
japoneses ya vivían en aldeas y
cocinaban sus alimentos en ollas. Diez
mil años antes de la era cristiana,
posiblemente antes, los habitantes del
archipiélago oriental habían
desarrollado el arte de la cerámica, que
sólo surgiría en la “horquilla de la
civilización”, al oeste de Asia, tres
mil años después. Motivo para decir
“¡banzai!”, que significa justamente
“diez mil años”. Tales cerámicas
antiquísimas marcan el Jomon Jidai,
una clasificación propia de la
arqueología nipona: Jomon (léase
“djoumón”), “estándar de cuerda”; y
jidai (“djidái”), período o era.
La palabra jidai
se haría más conocida en una corrupción
creada por el cineasta George Lucas,
en la serie “Star Wars”. Con sus
caballeros espaciales de rígidos códigos
de honor, Lucas se inspiró en los “jidai
geki”, romances de época japoneses
que hablaban de los samuráis. De ahí sus
caballeros jedi.
Nuestro interés aquí es
algo que une la prehistoria japonesa a
la fantasía espacial moderna. Más allá
de vasos, los artefactos de cerámica
Jomon Jidai incluyen algunas
estatuillas, llamadas dogu
(“estatuas de barro”). De apariencia
enigmática, altamente estilizadas,
algunas de ellas posteriormente fueron
entendidas por algunos como “escafandras
espaciales”, pruebas de contactos con
seres extraterrestres en la antigüedad.
Eran los adoradores de los dioses
astronautas.
  
ESCAFANDRAS
La idea de dioses
astronautas antecede en décadas a su más
conocido promotor, el hotelero suizo
Erich von Däniken. Podemos localizar
la asociación de las estatuillas dogu
japonesas con “escafandras espaciales”
en fechas más tempranas en un artículo
de Viatcheslaw Zaitsev publicado
en la revista soviética “Spoutnik”
en junio de 1967. Ese artículo es
también el origen del fraude de la
figura rupestre de “Fergana” y también
uno de los principales vehículos en la
génesis de la leyenda de los “dropas”.
Curiosamente, los trajes
espaciales reales nunca fueron muy
semejantes a las estatuillas dogu.
Construidos de partes flexibles, como
una ropa de muchas capas, no se parecen
a las formas aparentemente rígidas y
redondas que pueden ser vistas en las
estatuillas japonesas. Las ropas de
astronauta que conocemos tienen algo muy
común: dobleces y pliegues.
Todavía más curioso es
que los trajes espaciales futuros bien
pueden volverse más semejantes a las
figuras de barro con miles de años a
cuestas. Ese cambio no es solamente
estético. Los trajes del futuro pueden
tener revestimientos completamente
rígidos, de articulaciones sofisticadas,
garantizando una mayor protección para
los hombres y mujeres que pisarán Marte.
Son efectivamente armaduras. La
semejanza entre tales conceptos de
trajes y las figuras japonesas es
notable, considerando que el prototipo
AX-5 fue realizado en 1985, décadas
después del artículo de Zaitsev.
Trajes por trajes, y
hablando de escafandras, los trajes de
buzo rígidos para grandes profundidades
también son muy similares a las
estatuillas dogu. De la misma forma que
los trajes espaciales rígidos, las
formas redondas no son arbitrarias. Como
deben soportar grandes presiones, el uso
de formas esféricas capaces de
distribuir mejor la presión es una
solución de ingeniería. El diseño de las
juntas articuladas también explica la
apariencia peculiar de tales armaduras.
Antes de buscar
respuestas en el espacio o en el océano
profundo, sin embargo, será sensato
buscarlas con las personas que moldearon
tales estatuillas, los jomonjin.
CABELLO Y TATUAJES
No se sabe tanto como se
quisiera sobre los jomonjin, el pueblo
jomon. Aunque sabemos que usaban un
peinado parecido al de la princesa Léia
de “Star Wars” (¿o será lo
contrario?), no sabemos exactamente para
qué servían las estatuillas dogu, por
qué motivo eran fabricadas o lo que
representaban. Pero tenemos buenas
pistas.

Una ojeada a la variedad
de estatuillas dogu basta para que se
comprenda que no son naturales. Podemos
ver toda una continuidad de
representaciones, desde la figura más
fiel a la imagen humana, hasta la más
estilizada, de proporciones alteradas y
formas geométricas.
Podríamos terminar
nuestro texto aquí, pero entender que
son estilizaciones no significa que no
correspondan a algo real. ¡Podemos estar
razonablemente seguros de que
representaban figuras humanas! Y, aunque
están modificados, diversos otros
elementos también pueden ser
identificados con alguna seguridad.
La característica más
trivial de las estatuillas es que
representan claramente pezones, senos.
El lector puede dar un segundo vistazo a
las estatuillas, en caso de que no halla
percibido los senos desde el inicio:
están siempre ahí. Combinándolos con la
forma estilizada, aparentemente de
pelvis larga y formas redondas, la
interpretación común es que las
estatuillas tenían relación con un culto
de fertilidad. En otras palabras, no
serían extraterrestres, y sí grandes
matronas.
Las estatuillas
poseen también intrincados patrones que
cubren el cuerpo. Tal vez representan
los patrones usados en las ropas de la
época, pero tal interpretación parece
tener conflicto con los senos expuestos.
Nuevamente, aquí podemos recordar la
estilización, pero otra posibilidad es
que tales patrones también representen
nada menos que tatuajes. Principalmente
sobre el rostro de las figuras, los
patrones podrían indicar el estilo de
tatuajes usados por los jomonjin.
La sugerencia puede
sorprender, pero que sean
representaciones de tatuajes es tal vez
una de las más sólidas interpretaciones
al respecto de las estatuillas. La más
antigua referencia conocida del Japón,
un manuscrito chino del siglo III,
Gishiwaiinden, habla de los “hombres
de Wa”.
“Los hombres de Wa
tatúan sus caras y pintan sus cuerpos
con patrones. Ellos aprecian bucear en
busca de peces y conchas. Hace mucho que
decoran sus cuerpos para protegerse de
los peces grandes. Posteriormente tales
diseños se convirtieron en ornamentales.
La pintura corporal varía entre las
grandes tribus. La posición y tamaño de
los diseños es diferente de acuerdo con
el status de los individuos”.
La tierra de “Wa” es el
Japón. Se debe recordar aquí que los
“hombres de Wa” no son el mismo pueblo
que hoy conocemos como japonés, en donde
el tatuaje adquirió otros significados y
usos. Pero ese estilo de tatuaje tribal
continuaría en otros pueblos del
Pacífico, como los maoríes de Nueva
Zelanda. Las marcas faciales de las
estatuillas dogu que todavía son
practicadas por tales comunidades fueron
tema de un estudio realizado por Jun
Takayama en 1969, que concluyó que
las marcas dogu realmente deberían ser
tatuajes.
Y si todavía queda
alguna duda, tal vez la imagen
de una cara de barro del período
jomon ao lado la lance a los confines del
espacio.
¿LENTES DE SOL?
El aspecto más
intrigante de las estatuillas son sus
grandes ojos de apariencia peculiar. La
interpretación común para lo que tales
ojos representan es sensacional: serían
lentes de sol. De hecho, las estatuillas
dogu que abordamos en este texto son una
categoría especial de estatuillas
llamadas formalmente en la arqueología “shakkoki
dogu”, o “¡estatuillas de barro con
lentes de sol!”.
No son lentes o visores
como los que conocemos, ciertamente. La
interpretación se basa en los lentes de
sol primitivos, como los usados por los
esquimales inuit. Son visores opacos,
con una abertura en forma de una
estrecha línea horizontal.
Esos visores
funcionan bien al limitar la cantidad de
luz que llega a los ojos, como todos
hacemos instintivamente al cerrarlos
cuando somos cegados. Pueden no ser muy
sofisticados, pero tampoco nunca se
empañan. Para los esquimales, y se
sugiere que también para los jomonjin,
tales lentes de sol son necesarios en
los grandes paisajes cubiertos de nieve
blanca que refleja la luz solar. Sin tal
protección, una persona podría ser
afligida por ceguera temporal.
Los inuit poseen esos
visores, y es evidente que se parecen
mucho a los ojos de las estatuillas
dogu. La interpretación, sin embargo, no
es definitiva. ¿O qué pensar de las
estatuillas de arcilla de Santarem, en
la Amazonia?
Denominadas de “cerámica
inciso punteada”, pueden datar de hasta
dos mil años atrás. Sabemos todavía
menos del pueblo de Santarem, pero la
figura femenina, con las manos sobre el
vientre y la representación peculiar de
los ojos, ya debe ser familiar.
La primera idea que
puede venir a la mente sería una
vinculación directa entre las
estatuillas japonesas y las amazónicas.
Pero parece extraña cuando observamos
con más atención una de las piezas más
famosas de la arqueología del siglo XX,
la máscara de Agamenón, recuperada por
Schliemann, famoso descubridor de la
ciudad de Troya.
Nótese que los ojos,
aunque no tan grandes, poseen el mismo
estilo, parecido a una semilla de café.
Las otras máscaras de oro Micenas
encontradas por
Schliemann
tienen los
ojos representados de la misma forma.
En verdad, se puede
encontrar piezas de arte que poseen
representaciones de ojos en este estilo
peculiar por casi todo el mundo. Aunque
haya quien defienda la hipótesis de
“ultra difusión”, según la cual hace
miles de años ya había un intercambio
cultural intenso en escala planetaria,
la interpretación más común es que son
estilos que surgieron de forma
independiente. Cada uno de ellos puede
ser rastreado en su evolución, y
representar ojos cerrados de esa forma
tal vez no sea tan especial.
BOTONES DE CONTROL
Objetos de culto a la
fertilidad, tatuajes, ropas, lentes de
sol, ojos cerrados, pasando por Troya y
yendo hasta los extraños peinados de una
galaxia muy distante. Entre todas las
incertidumbres, la mayor conclusión que
se puede sacar es que los artistas jomon
que crearon las estatuillas dogu hace
miles de años son los verdaderos
merecedores de adoración.
Su arte instiga al
sofisticado hombre moderno a todo tipo
de especulación, llegando lo mismo a
seres extraterrestres, idea que en la
opinión de este autor, parece la menos
imaginativa de todas, aunque sea la más
divertida. Las palabras muy sobrias de
un defensor de la idea de los dioses
astronautas: “no son senos, son botones
de control”.
Banzai
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Bibliografía
-
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