Gabriel Green
(1924-2001), fundador del Amalgamated
Flying Saucer Clubs of America
(AFSCA), fue el primer ufólogo que
–aconsejado por los venusinos con
los que decía estar en contacto– creó un
movimiento que procuraba “la
emancipación física, espiritual y
económica del hombre”. Primero se
postuló como candidato
independiente para la presidencia de los
Estados Unidos, pero luego
renunció para apoyar a John F. Kennedy
(1917-1963). En 1962, Green lanzó
una campaña contra las pruebas nucleares
que le permitió reunir 171 mil votos en
las primarias del Partido Demócrata.
Con los años, cierta
ufología política optó por ejecutar
acciones radicales. En 1996 cual remedo
platillista del Unabomber–, John
Ford, miembro de la Long Island UFO
Network, acabó en la cárcel acusado
de urdir un complot para asesinar a tres
legisladores republicanos. El ufólogo
había denunciado que las autoridades lo
perseguían por sus denuncias sobre el
encubrimiento de la supuesta caída de
una nave alienígena. La fiscalía del
condado de Suffolk lo acusó de pretender
contaminar con una sustancia radioactiva
la pasta dental que usaban los
políticos. Recluido en un Hospital
Psiquiátrico desde 1997, aún insiste en
que su caso fue armado por la CIA y el
Mossad para desacreditarlo.
Timothy McVeigh
(1968-2001), condenado a muerte y
ejecutado por la voladura del edificio
federal en Oklahoma, no sólo deseaba
vengar a la Rama Davidiana: en su
chifladura coexistían manías
persecutorias con los OVNIS y el control
mental, convencido de que el Ejército le
había implantado un microchip en la
nalga para monitorear sus movimientos.
En los 90, la teoría de los ET
socialistas esgrimida por los posadistas
argentinos (ver nota central) se exportó
a Europa, donde dos grupos juveniles
reivindican un “enfoque materialista
dialéctico” del platillo: la Asociación
Astronautas Autónomos (AAA), con sede en
Londres, y Men in Red (MIR, juego
de palabras con Men In Black), con sede
en Bologna, Italia.
La AAA mezcla la
retórica apocalíptica de la Biblia con
el discurso anarquista de los hackers.
Hijos del sueño de la conquista espacial
y de la cibercultura, los integrantes de
la AAA aspiran a construir la nave que
“salvará al proletariado de la debacle
capitalista”. El MIR, o Colectivo
Ufología Radical, plantea que los
“amigos del espacio vienen a salvar al
hombre de la barbarie capitalista”. En
Perú surgió un grupo milenarista que
combinó la tradición utópica del
marxismo con las innovaciones ufológicas
de su profeta, el chileno Luis Antonio
Soto Romero (1931-1978). Los místicos
antiimperialistas de Alfa y Omega, o
Corderos de Dios, esperan el Retorno de
Cristo –el propio Soto–, cuya nave
espacial descenderá en la India para
eliminar las diferencias sociales
instaurando un “comunismo celestial con
filosofía de niño”. Soto Romero
vaticinaba el apocalipsis para el 2001.
“La fecha –dicen– es cierta, lo falso es
el Calendario Gregoriano y con él, todo
lo que existe en este mundo”. Hoy
apuestan al 2013.
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