|
A mediados de 1971 un
profesor de educación física, Alfredo
García Garamendi, originario de
Manila, Filipinas, y por aquel entonces
residente en la ciudad de San Juan de
Puerto Rico, capturó debajo del agua un
extraño espécimen de pez que, afirmó,
podía salir fuera del agua, respirar y
ponerse de pie, y hasta subirse a los
árboles.
El curioso animal
tenía una asombrosa constitución
antropomórfica. Algunos de sus rasgos
eran diabólicos, razón por la cual (y en
honor a su apellido) Garamendi lo
bautizó con el nombre de “Garadiábolo”.
El
profesor decidió enviar su animal a la
Universidad de Puerto Rico, en Mayagüez,
a fin de que fuera analizado. Para tal
propósito le pidió a su amigo
Francisco Guell, hombre de toda su
confianza, que entregara el ejemplar y
una carta dirigida al doctor Cerame
Vivas, entonces Director del
Laboratorio de Ciencias Biológicas
Marinas, junto con varias fotografías
del ser y algunas copias de las
radiografías obtenidas a los pocos días
de su captura. Le pidió que no
mencionara por qué medios había llegado
a conocer la existencia de aquel extraño
ente. También se guardó de enviar al
espécimen, o por lo menos algún
fragmento del mismo para que fuera
estudiado en la universidad.
Obviamente con tan
poca información, el doctor Cerame se
declaró incompetente en el asunto y
pidió la opinión del doctor William H.
Eger, profesor asociado de Ictiología y
Curador de Peces del Departamento de
Ciencias Marinas de la Universidad de
Puerto Rico. Como era de esperar, el
profesor Eger tampoco podía llegar a
ninguna conclusión sin examinar el
cuerpo de la criatura, por lo que envió
una carta a Garamendi:
“Marzo 28, 1972.
“University of
Puerto Rico. Department of Marine
Sciences. Mayagüez, Puerto Rico.
“Estimado Sr.
García-Garamendi:
“Me ha sido
turnada su carta de enero 29 dirigida al
Dr. Cerame Vivas referente al
‘Garadiábolo’ que usted descubrió. Estoy
muy interesado en su animal y en las
excelentes fotografías y placas de rayos
X. Creo que es un tipo de pez quimera
que es bastante primitivo y está
emparentado con los tiburones y las
rayas pero pertenece a un grupo de peces
taxonómicamente diferentes. Sin embargo,
la inspección de sus fotografías revelan
algo más extraño, una característica
única que no esperaba encontrar en el
anteriormente mencionado grupo de peces
quimera (pez rata). Estos peces han sido
descritos en el pasado y estoy seguro de
que son nuevos en Puerto rico y
posiblemente en el Océano Atlántico.
“Enviaré a uno de
mis asistentes de investigación en el
Departamento de Ciencias Marinas, la
señorita Bonnie White, para que vea el
pez con su permiso. Mucho nos gustaría
tener el pez para examinarlo y así poder
determinar a qué grupo de peces y a qué
especie pertenece. El espécimen deberá
preservarse tan pronto como sea posible
en formalina. Si así lo desea podemos
registrar el pez en la literatura
científica y depositarlo en el Museo de
Peces de la Universidad de Puerto Rico y
tal vez posteriormente enviarlo al
Smithsonian Museum si se comprueba su
singularidad. En cualquiera de los casos
usted recibirá todo el crédito por el
descubrimiento y su nombre será
preservado permanentemente en los
registros.
“La señorita
Bonnie White se preparará para preservar
y transportar el espécimen a nuestro
laboratorio para su examen. Agradezco de
antemano su cooperación para esta
búsqueda científica.
“Sinceramente,
“Dr. William H.
Eger
“Profesor Asociado
de Ictiología y Curador de Peces”.
HOMBRES DE NEGRO
BAJO EL INCLEMENTE SOL DE PUERTO RICO
Tal vez Garamendi
nunca se esperó este tipo de reacción.
Él deseaba que con sólo las fotografías
y las placas de rayos X, la Universidad
de Puerto Rico diera un dictamen. El
análisis de su ejemplar de Garadiábolo
era algo con lo que no había contado. No
podía permitirlo porque seguramente un
experto en ictiología podría descubrir
el fraude. Efectivamente, como más
adelante veremos, todo se trató de un
burdo fraude montado con la intención de
obtener beneficios económicos, renombre
y popularidad. Esto último era más que
evidente desde el momento en que utilizó
su apellido para bautizar al animal:
“garamendiávolo”.
¿Pero cómo podía
evitar que su espécimen fuera analizado
sin despertar sospechas? La respuesta
llegó a través de sus conocimientos
ufológicos (Garamendi era un fanático de
los fenómenos paranormales, que leía “Il
Giornale dei Misteri” y que era
amigo de Salvador Freixedo).
Efectivamente, Garamendi recordó que en
ufología, cuando se desea evitar que una
“prueba” sea analizada por alguien
competente, se recurre al viejo truco de
afirmar que las pruebas fueron
confiscadas por los Hombres de Negro.
En este caso Alfredo
García Garamendi echó mano de ese viejo
truco y afirmó que dos hombres de negro
(atípicos, ya que en lugar de ser de
aspecto oriental, eran rubios y hablaban
inglés), habían llegado a su casa y se
habían llevado al Garadiábolo.
Desafortunadamente ni el doctor Eger ni
la señorita White podían analizar al
animal. Pero dejemos que sea Freixedo
quien relate esta parte de la historia:
“Para que el
lector vea lo cerca que las autoridades
norteamericanas siguen todo lo que se
refiere a ‘hombrecitos’, le contaré lo
que le sucedió a un amigo mío en la
ciudad de San Juan de Puerto Rico.
“(…)
La prensa empezó a hablar enseguida de
que habían capturado a un
‘extraterrestre’. Pues bien, a los pocos
días, y en horas avanzadas de la noche,
se presentaron en su casa dos individuos
altos y en mal español le exigieron que
les entregase el ejemplar o se atuviese
a las consecuencias. Mi amigo,
atemorizado por la energía y la decisión
con que le hablaban aquellos
desconocidos, no tuvo más remedio que
entregarlo sin que volviese a saber qué
fue del animal.
“(…) Pero por lo
que pudiese pasar, ya las autoridades
norteamericanas estaban dispuestas a
impedir que se supiese la verdad, aun
violando los derechos de los
ciudadanos”.
En el pie de foto de
la fotografía que acompaña a su relato,
Freixedo escribió:
“Este ‘pez’ –que
no es una raya cortada sino un rarísimo
animal de aproximadamente un metro de
altura, que sale del agua, camina en dos
patas y hasta se sube a los árboles– le
fue ‘requisado’ al que lo había
arponeado bajo el agua, por dos
individuos que se presentaron en su casa
por la noche, en San Juan de Puerto
Rico. Aparentemente eran miembros de la
CIA atraídos por las afirmaciones de un
periodista que decía que, probablemente,
se trataba de un ser de otro planeta”.
MAT HELM Y SU NAVE
EXTRATERRESTRE
Cuando
el doctor William Eger se enteró de que
Garamendi ya no contaba con su ejemplar
de Garadiábolo, intentó por todos los
medios conseguir otro. Dio entrevistas y
habló con diversos periodistas no sólo
en Puerto Rico, sino también en el
extranjero.
Por esos días un
ingeniero puertorriqueño, Héctor
Manuel Chaar, supuestamente tomó la
fotografía de un OVNI frente a las
costas de la ciudad de Arecibo. El OVNI,
que se encontraba a unos 15 metros sobre
el mar, parecía tener problemas y hacía
evidentes esfuerzos por elevarse, cosa
que no consiguió, cayendo finalmente al
agua. La fotografía fue publicada por el
periodista Juan Soto Ferrer del
diario “El Mundo”, de Puerto
Rico. La noticia y la fotografía serían
impresas en otros diarios de la isla,
como el “San Juan Star”, que se
edita en inglés. Soto Ferrer informó a
sus lectores que “las fotos fueron
analizadas por expertos en la materia,
cuyo veredicto fue que eran claras y
reales”.
La verdad es que se
trataba de otro fraude. La foto había
sido tomada a un fotograma de la
película de acción americana “Emboscada
a Mat Helm”, filmada en México, y se
intentaba hacerla pasar como una
auténtica nave extraterrestre. Ésta no
sería la primera ni la única vez que el
“OVNI de Mat Helm” se usaría para montar
un fraude ufológico. El fraude de Puerto
Rico fue el más risible porque ahí los
ufólogos “expertos en la materia” dieron
como auténticas las fotos de una maqueta
de cine.
Esta
noticia fue retomada por el periódico de
Santo Domingo “Listín Diario”,
cuyo reportero Danilo Rodríguez Díaz
además había hablado con el doctor Eger
sobre el extraño espécimen encontrado
por el señor Garamendi. Rodríguez
entremezcló las dos historias y publicó
varios artículos sobre el asunto. El
sensacional caso saltó hasta la América
continental y en Venezuela la revista
“Estampas” de “El Universal”
publicó una nota en la que decía que el
doctor William Eger, director del
Departamento de Ciencias Marinas de la
Universidad de Mayagüez, conservaba en
formol en su laboratorio de la Perguera,
un “extraño espécimen encontrado en
aguas de Fajardo. Su ayudante, el doctor
Pagan, dijo que el animal puede
pertenecer a una clase de ser marino que
tanto podía volar como nadar” (2).
Mientras
tanto Garamendi no se había quedado
cruzado de brazos. Comenzó a escribir un
libro sobre su hallazgo, pero cuando se
enteró de las diligencias del doctor
Eger, y viendo que su negocio, fama y
dinero se le estaban yendo de las manos,
atacó al ictiólogo tratando de sacarlo
de la jugada. Con este fin escribió la
siguiente carta:
“San Juan, P. R.
27 de junio de 1973.
“Dr. Eger
“Con la presente
estoy respondiendo a su carta y le
solicito me regrese todas las
fotografías y copias de los rayos X que
envié al Dr. Cerame Vivas a través de mi
amigo Francisco Guell el 29 de enero de
1972. He visto con disgusto diferentes
publicaciones hechas por usted en
diversos periódicos y revistas del
extranjero sobre mi descubrimiento y
captura del Garadiábolo, publicando
algunas de las fotografías que le envié,
sin mi consentimiento y omitiendo el
nombre que le di al espécimen, el cual
oficialmente usted reconoce en su carta
del 28 de marzo de 1972. Ignoro las
‘razones’ que ha tenido para tal
actitud, pero para mí eso no es
correcto.
“No intentaré
proceder contra tal ‘abuso de
confianza’, pero formalmente solicito me
regrese todo el material que envié.
También le pido que pare cualquier
publicación sobre mi descubrimiento,
porque estoy escribiendo un libro acerca
del asunto y no deseo ninguna
interferencia.
“Es
muy desagradable ver que la confianza
que deposité en el Departamento de
Ciencias Marinas de la Universidad de
Puerto Rico (Colegio de Artes y Ciencias
Mecánicas de Mayagüez) para facilitar el
examen y estudio científico de este raro
espécimen haya sido usado para otros
propósitos distintos al original.
“Por lo tanto
solicito su pronta atención a mi
solicitud.
“Sinceramente.
“Alfredo García
Garamendi”
EL LIBRO
Efectivamente,
poco después, en 1974, Garamendi
publicaría su libro “Los Garadiábolos”,
con prólogo de Salvador Freixedo. En él
hace algunas referencias a su vida en
Haití y su contacto con algunos zombies
y de cómo conoció a una psíquica de
nombre Madame Rosafé, quien le
predijo que pronto haría un gran
descubrimiento científico: una nueva
forma de vida en Puerto Rico. Si todo
esto no fuera suficiente para alertar al
lector de que nos enfrentamos a un tipo
desquiciado, los ataques viscerales en
contra del doctor Eger confirmarían lo
anterior.
Garamendi vuelve a
tomar el asunto de Eger en el libro. Sin
embargo, Alfredo G. Garamendi escribe en
tercera persona presentando al personaje
principal de su libro (él mismo) como
“el profesor Garay”. Esta curiosa
forma de actuar no tiene sentido, ya que
a lo largo del texto el lector se va
dando cuenta de que el profesor Garay es
el mismo Garamendi (3). Además, como
apéndice, se publica la correspondencia
intercambiada entre Eger y Garamendi, lo
cual no deja lugar a dudas sobre la
identidad del profesor Garay.
Algunos de los
fragmentos más esclarecedores del libro
son los siguientes:
“Un hecho muy
desagradable relacionado con el
descubrimiento del ‘Garadiábolo’, ha
sido la serie de falsas noticias que han
venido circulando en periódicos y
revistas de toda índole por todo el
Caribe y en Nueva York inclusive.
“Cierto
inescrupuloso ‘científico’, a quien las
autoridades del Colegio confiaron
confidencialmente el espécimen, para que
trabajara en su estudio y clasificación;
no tuvo el menor reparo en autorizar la
publicación de varios reportajes de tipo
sensacionalista en la prensa extranjera,
relativos al raro anfibio, omitiendo
deliberadamente el nombre que le fuera
dado por su descubridor, como, asimismo,
el de su legítimo dueño, pese a haber
manifestado por escrito en carta oficial
a la Universidad, fechada en Mayagüez el
28 de marzo de 1972 y dirigida al
‘profesor Garay’ su reconocimiento por
el logro obtenido en la captura,
aceptando, inclusive, el nombre con que
fuera bautizado el espécimen, y
asegurando que todos los méritos que por
tal motivo otorgase la Ciencia en el
futuro, le serían acreditados al
profesor en su totalidad.
“Al parecer la
censurable conducta de tal científico
fue motivada por la noticia aparecida en
el ‘Listín Diario’ de Santo Domingo el
31 de octubre de 1972, donde se
informaba de la caída de un OVNI en
Arecibo y la captura del cadáver de un
tripulante, lo que atrajo algunos
periodistas dominicanos hasta la ciudad
de ‘La Sultana del Oeste’.
“La ‘noticia’
aparecida en los periódicos de la vecina
república resultó totalmente falsa, pero
el científico en cuestión, no obstante
estar bien enterado de la procedencia
del ‘Garadiábolo’, no hizo alusión
alguna a su descubridor, limitándose a
exponer, cuando fue entrevistado por la
prensa, la frívola teoría de que el
espécimen era un animal prehistórico, ya
extinguido, sin mostrar los elementos de
juicio básicos para hacer tal
aseveración, ya que la Ciencia no ha
tenido noticias de la existencia de
fósiles de esta naturaleza, lo que
produjo una desorientación en los
lectores y, al omitir mencionarlo por
‘su’ nombre, dejaba entrever que el
descubrimiento fuese meramente suyo.
“Más tarde
apareció otro artículo publicado en la
revista de ‘El Universal’ de Caracas el
25 de marzo de 1973, donde el citado
científico, aunque sigue manteniendo su
primera teoría, no contradice la opinión
del reportero que deja entrever la
posibilidad de que el extraño ser
pudiera tener un origen extraterrestre
y, aunque vuelve a omitir el nombre de
su descubridor, no tiene objeción en
dejarse fotografiar junto al espécimen,
lo que dio lugar a que algunas personas
de buena fe, pensaran que él era el
descubridor y no el profesor”.
GARAMENDI SE SACA
LA LOTERÍA: CAPTURA OTROS DOS EJEMPLARES
Sin embargo el sólo
hecho de publicar su libro no serviría
de mucho. El verdadero gancho y centro
de atención era el propio Garadiábolo
pero, ¡ay!, desafortunadamente se lo
habían llevado los agentes de la CIA.
Pero Garamendi no era hombre de escasos
recursos. Si para llegar a su objetivo
era necesario un ejemplar de
Garadiábolo, él conseguiría dos. No
cansemos a nuestros lectores narrando la
forma tan ridícula en que fueron
capturados estos ejemplares que se
relata en el libro, y baste para ello la
versión de Freixedo.
“Más tarde se
capturaron otros dos ejemplares adultos,
de aproximadamente un metro de altura, y
uno de ellos fue estudiado detenidamente
por un ictiólogo de la Universidad de
Mayagüez, y se comprobó que era un tipo
extrañísimo de pez todavía sin
clasificar, pero que tenía unas
cualidades que rayaban en lo paranormal”
(4).
El haber encontrado
un ejemplar de Garadiábolo era ya de por
sí extraordinario; pero encontrar dos
más es algo imposible. Es como sacarse
la lotería sin comprar boleto.
Pero
Garamendi no era el único tipo con
suerte. Pronto varios otros
puertorriqueños contaban con su
“extraterrestre disecado”. Se trataba,
como lo habrá adivinado el lector, de
ejemplares de mantarrayas mutiladas que
se vendían a los turistas.
El “profesor Garay”
sabía de lo anterior y quiso curarse en
salud al escribir:
“El espécimen
capturado en Puerto Rico por el profesor
Garay no es el primero de esta especie
de que se tenga conocimientos en
nuestros días.
“En la exposición
internacional de Montreal (Canadá) en
1967, exhibían en la sección espacial,
dentro de una burbuja plástica, un
ejemplar que todavía no había alcanzado
su completo desarrollo, y que fuera
clasificado por los técnicos de la
citada exposición como “espécimen de
origen extraterrestre” capturado en las
costas de Yucatán (México). Sospechamos
que ese “título” le fue otorgado con
fines sensacionalistas publicitarios,
pues desconocemos los elementos de
juicio en que se basaron para hacer tal
aseveración.
“Un grupo de
aficionados a la pesca, animados por la
expectación y curiosidad que el raro
animal había despertado en el público
concibieron la genial idea de sacarle
partida al asunto preparando facsímiles
de éste a base de peces raya a los que
le hacían una serie de incisiones y
recortes que, en términos generales, los
hacía parecer muy semejantes al expuesto
en Montreal.
“Existen varias
publicaciones en donde aparecen
fotografías de estos ejemplares, en las
cuales se advierte al público del
fraude.
“Con todo y eso,
en los Estados Unidos y México, todos
los años, principalmente en la época de
verano, las tiendas de artículos de mar
venden millares de estos facsímiles al
público, que paga más de diez dólares
por cada uno, lo que representa pingües
ganancias, tanto para los pescadores
como para los comerciantes. Los
veraneantes del interior creen haber
adquirido un auténtico ‘diablo marino’,
y todos tan contentos.
“Hace más de dos
décadas, una noticia alarmó la costa
occidental de Italia, cuando los
buceadores submarinistas alegaron haber
sido atacados por un hombre pez, de
características similares al Garadiábolo
capturado por el profesor Garay. En la
revista de aquel país ‘Il Giornale dei
Misteri’ aparecida en el mes de mayo de
1972, y en la que rememoraban dicho
acontecimiento, y publicaba en su
portada a colores la foto de un ejemplar
disecado; pero, salta a la vista que se
trata de un facsímil, aunque en ningún
momento admiten que sea ése el
hombre-pez que atacó a los pescadores.
“Durante la
Exposición Internacional de Barcelona
(España) en 1929, el Museo de Historia
Natural tenía en exhibición, dentro de
una urna de cristal, un raro ejemplar
que, por la información que he podido
obtener de varias personas que lo
vieron, tenía todas las características
de un legítimo Garadiábolo, aún cuando
los técnicos de la ciudad condal lo
clasificaron, prudentemente, como
‘monstruo marino de origen
desconocido’”.
LA EXPLICACIÓN:
MANTARRAYAS
¿Cuál es la verdad en
el asunto de los Garadiábolos? Como ya
lo han dado a entender Freixedo y el
mismo Garamendi, se trata, simplemente,
de mantarrayas a las cuales les cortan
las aletas, seccionan su cola en tres
partes; dos de las mismas las convierten
en piernas y la central en cola. En
otras ocasiones se trata de peces
diablos, hábilmente reformados en
apariencia. Lo más común es que utilicen
alguna de las 116 especies de
rhinobatidae, más conocidos como peces
guitarra. En el apéndice de este texto
podemos ver algunas de estas especies
utilizadas para fabricar Garadiábolos.
El negocio es
considerable: aumento de turismo de
gente interesada en los fenómenos
paranormales que, a precio generosamente
razonable, pueden adquirir su
“extraterrestre” auténtico, que será
orgullosamente exhibido entre amistades
y creyentes de los platillos voladores.
En realidad se trata
de una especie de “artesanía”
originaria, muy probablemente, del
lejano oriente: Japón o China. En México
las primeras referencias al respecto
provienen de la época de la colonia. En
Acapulco se vendían estos “demonios
marinos” traídos del oriente por la “Nao
de China”.
En la actualidad se
venden en diversos mercados de la
capital (como el de Sonora) como un
artículo para prácticas brujeriles, algo
que también es común en Italia. Su
procedencia son los principales puertos
de la república en donde se siguen
vendiendo y comercializando. Pero esta
industria no es exclusiva de los
mexicanos. Hoy en este siglo XXI se les
puede encontrar prácticamente en todo el
mundo.
En los países
anglosajones se les conoce como Jenny
Haniver. Una de las versiones sobre
el nombre indica que es el de una
princesa de las sirenas, pero parece que
el nombre tiene que ver con la ciudad de
Antwero, Antwerp, Antuerpia o Anvers, en
Francia, en donde se dice que se
comenzaron a vender en los siglos XVI y
XVII. Ahí se les conocía como los hijos
de los dragones o como una forma de
basiliscos. También se les conocía como
pez obispo, pez diablo y cachorro de
dragón. El nombre original es Jeune
de Antwerp,
es decir “la joven de Antwerp”. También
se le conoce en los Estados Unidos como
la Sirena Fiji.
Ambroise Paré
se ocupó de ellos en su “Des
Monstres”, en donde decía que se
trataba de un pez volador o águila de
mar. Pero ya en 1558 el naturalista
Konrad Gesner, los describió como
falsificaciones en su “Historia
Animalium”.
UN MITO QUE SE
NIEGA A MORIR
A pesar de que desde
hace siglos se les conoce como
falsificaciones, es frecuente que
aparezcan noticias en una u otra parte
del mundo.
Recientemente en la
revista italiana “Meridianodieci”
se informaba del hallazgo en la comuna
de Castelcovati de “un extraño ser de
color rojo de unos 30 centímetros de
alto”. La revista continúa diciendo
que “el objeto fue usado en ritos
satánicos” y que es “un marciano
proveniente del planeta rojo” o
“un animal prehistórico”.
La noticia fue
seguida por el periodista Marco
Bonari, del “Giornale di Brescia”,
quien continuó diciendo que se trataba
de un ser de otro mundo, pero que
investigaría el caso. Dos días después
informó a sus lectores que se trataba de
un fraude hecho con un pez mutilado.
La explicación ya la
habían dado Luigi Garlaschelli y
Franco Ramaccini en el No. 1, año
4 (abril de 1992) de “Scienza &
Paranormale”, la revista de los
escépticos italianos del CICAP.
Los ufólogos son los
seres más irracionales del mundo. Los
ejemplos abundan. En el número 7 de la
revista española “Mundo Desconocido”
publicó otro de los trabajos de
Freixedo. Los editores lo presentaban de
esta manera:
“A raíz del
artículo sobre los hombres-peces
aparecido en el No. 3 de ‘Mundo
Desconocido’, el conocido científico
Salvador Freixedo, residente en Puerto
Rico, en donde aparecieron precisamente
estas extrañas criaturas, nos remite
nueva información de primera mano sobre
las mismas”.
¿¡Freixedo
científico!? ¿Qué burla es ésta? En su
artículo el ex sacerdote trataba de
explicar que aunque había algunos
fraudes hechos con mantarrayas, los
Garadiábolos existían y eran otra cosa.
“Hay
un pez, que parece ser también de la
familia de las mantarrayas, que sin
necesidad de ninguna incisión, tiene una
apariencia impresionante de diablo y
puede salir del agua, manteniéndose así
erecto apoyado en sus dos largas patas y
moviéndose con cierta agilidad a base de
saltos. Su tamaño es bastante mayor que
el de las rayas cortadas pudiendo llegar
a tener algo más de un metro de
envergadura. Para sus movimientos fuera
del agua, cuando se halla en posición
vertical, se apoya en su fuerte y largo
rabo cilíndrico, que también usa como
arma mortal para atrapar y estrangular a
sus presas (…) sin exceptuar las presas
humanas.
“Tiene fuertes
colmillos aunque un poco
desordenadamente colocados y una nariz
protuberante, cosa que se echa por
completo de menos en las rayas cortadas.
Las patas, y sobre todo los muslos, son
perfectamente redondos, sin notarse en
absoluto los cortes que son del todo
manifiestos en las rayas ‘preparadas’.
“Además, los
machos tienen unos órganos genitales
totalmente erectos –cosa que en los
peces suele suceder–, y con un no
pequeño parecido a los humanos. La piel
de la parte delantera es muy suave y
también parecida a la humana, mientras
que la de la parte posterior o de la
espalda es áspera y parecida a la de los
tiburones.
“Esta cría tenía
unos 40 cm. de longitud y estuvo en la
Universidad de Puerto Rico en poder del
ictiólogo Dr. William Eger por espacio
de ocho meses, siendo sometida a
diversos análisis para determinar su
identidad y clasificación”.
En ocasiones uno se
pregunta si tiene caso tratar de
desmitificar el fenómeno OVNI para
colocarlo en su justo nivel. Pero al
enfrentarse a “investigadores” del nivel
cultural de éste uno se da cuenta que
todo es tiempo perdido: se está
predicando en el desierto.
APÉNDICE
LISTA DE ESPECIES
DE RHINOBATIDAE
Aptychotrema bougainvillii
Aptychotrema rostrata
Aptychotrema vincentiana
Leiobatus panduratus
Platyrhina exasperata
Platyrhina limboonkengi
Platyrhina sinensis
Platyrhina triseriata
Platyrhinoidis triseriata
Raia halavi
Raja djiddensis
Raja percellens
Raja rhinobatos
Raja rostrata
Raja thouin
Raja thouiniana
Rhina ancylostomus
Rhina cyclostomus
Rhina sinensis
Rhinobates leucorhynchus
Rhinobatis producta
Rhinobatos
albomaculatus
Rhinobatos annandalei
Rhinobatos armatus
Rhinobatos batillum
Rhinobatos cemiculus
Rhinobatos cemiculus rasus
Rhinobatos congolensis
Rhinobatos formosensis
Rhinobatos glaucostigma
Rhinobatos granulatus
Rhinobatos halavi
Rhinobatos
horkelii
Rhinobatos irvinei
Rhinobatos lentiginosus
Rhinobatos lionotus
Rhinobatos microphthalmus
Rhinobatos obtusus
Rhinobatos percellens
Rhinobatos petiti
Rhinobatos planiceps
Rhinobatos productus
Rhinobatos punctifer
Rhinobatos rasus
Rhinobatos rhinobatos
Rhinobatos salalah
Rhinobatos
schlegelii
Rhinobatos spinosus
Rhinobatos thouin
Rhinobatos thouiniana
Rhinobatos typus
Rhinobatos variegatus
Rhinobatos zanzibarensis
Rhinobatus acutus
Rhinobatus annulatus
Rhinobatus banksii
Rhinobatus blochii
Rhinobatus bougainvillii
Rhinobatus brevirostris
Rhinobatus columnae
Rhinobatus duhameli
Rhinobatus dumerilii
Rhinobatus glaucostictos
Rhinobatus
granulatus
Rhinobatus holcorhynchus
Rhinobatus hynnicephalus
Rhinobatus laevis
Rhinobatus leucospilus
Rhinobatus maculata
Rhinobatus natalensis
Rhinobatus ocellatus
Rhinobatus prahli
Rhinobatus stellio
Rhinobatus tuberculatus
Rhinobatus undulatus
Rhinobatus vincentianus
Rhynchobatus atlanticus
Rhynchobatus australiae
Rhynchobatus djiddensis
Rhynchobatus djiddensis australiae
Rhynchobatus
luebberti
Squatinoraja colonna
Tarsistes philippii
Trigonorhina alveata
Trygonorhina fasciata
Trygonorhina fasciata guanerius
Trygonorhina guaneria
Trygonorrhina guanerius
Trygonorrhina melaleuca
Zanobatus atlantica
Zanobatus atlanticus
Zanobatus schoenleinii
Zapteryx brevirostris
Zapteryx exasperata
Zapteryx xyster
NOTAS
(1) Eso no hubiera
tenido nada de extraordinario si
Garamendi hubiera hablado de los peces
pulmonados, que presentan todas esas
características, exceptuando la de
ponerse de pie.
(2) Eger no tenía
otro ejemplar, sólo las fotos de
Garamendi.
(3) Esto también nos
recuerda algunas obras de Antonio
Salas, alias Benito Manuel
Carballal.
(4) Ésta puede ser
una de las mentiras de Freixedo, porque
dudo mucho que Garamendi hubiese enviado
de nuevo sus ejemplares a la Universidad
de Mayagüez. Aún enviándolos, los
ictiólogos de esa universidad eran
malos, y no sabían identificar peces
guitarra o mantarrayas, pero no llegaban
al extremo de hablar de fenómenos
paranormales.
REFERENCIAS
- Anónimo. “Misteriose (?)
creature sirenidi”. En Internet,
http://www.ufologia.net/warp/alieni2.asp
- Anónimo. “Mummia rossa in un pollaio.
Rossa come un marziano”. En
“Meridianodieci”.
-
Del Real, Hugo. “Los Garadiábolos”. En
“Insólito”, No. 6, México, diciembre de
1981, páginas 16-20.
-
Freixedo, Salvador. “Cuando ataca el
Garadiábolo”. En “Mundo Desconocido”,
No. 7. Barcelona, diciembre de 1976,
páginas 62-66.
- Freixedo, Salvador. “La amenaza
extraterrestre”. Editorial Posada.
México. 1991.
- García Garamendi, Alfredo. “Los
Garadiábolos”. Editorial Pirámide. San
Juan de Puerto Rico. 1975.
- Mori, Kentaro. “Os Garadiábolo”.
Artículo sin publicar.
- Morocutti, Marco. “Il mostro in
cascina”. En “Scienza & Paranormale”,
No. 16, Anno V. Inverno 1997. En
Internet,
http://www.cicap.org/articoli/at100842.htm
- Plataneo, Mónica y Wolczuk, Cristina.
“Dudas en la investigación de esqueletos
extraterrestres”. En “Cuarta Dimensión”,
No. 67, Buenos Aires, septiembre de
1979, páginas 58-61.
- Rodríguez Díaz, Danilo. “Aparece en
Puerto Rico ‘un cadáver espacial’”. En
“Listín Diario”. Santo Domingo. 31 de
octubre de 1972.
- Rodríguez Díaz, Danilo. “Expertos
hacen estudio de los restos del ‘ser’
que hallaron en PR”. En “Listín Diario”.
Santo Domingo. 2 de noviembre de 1972.
- Sepúlveda, Rosendo. “¿Ser
extraterrestre o animal desaparecido?”.
En “Estampas”, revista de “El
Universal”, No. 1017. Caracas. 25 de
marzo de 1973.
Nota: La forma
correcta de escribir la palabra
“garadiábolo” sería así, con “b”. Se
trata, pues, de una composición que usa
el término del latín “diabolus”.
|