Durante la gran
oleada de 1973 en los Estados Unidos, un
policía norteamericano logró tomar
cuatro fotografías de un insólito ser
cubierto con un traje plateado.
Era justo después de
las diez de la noche del 17 de octubre
de 1973, cuando el policía Jeffrey
Greenshaw, de Falkville, Alabama,
estaba descansando en su casa. De pronto
sonó el timbre del teléfono. Se trataba
de una llamada de emergencia. Al otro
lado una vecina a la que el policía
conocía muy bien, informó que acababa de
ver aterrizar un platillo volador con
luces destellantes en una pradera al
oeste de la ciudad. Greenshaw, de 26
años, estaba fuera de servicio en ese
momento, pero decidió ir a investigar.
Saltó de su asiento y salió corriendo
hacia su vehículo, el coche radio
patrulla oficial. En pocos minutos se
presentó en el lugar donde la señora
dijo haber visto posarse el OVNI, y
realizó una inspección ocular: el
terreno era despejado (una pradera) y
ahí no había absolutamente nada.
Subió de nuevo al
coche y siguió un poco por la carretera,
hasta llegar a otra ruta, a la
izquierda, de menor importancia, pues
era de gravilla y estrecha. Se introdujo
por ahí, bien atento a lo que pudiera
haber a ambos lados del camino,
iluminados por los faros del vehículo.
Había recorrido sólo
unos cientos de metros por aquella
carretera cuando vio caminando por ella
a un hombre, o al menos eso fue lo que
el policía pensó. Era aproximadamente
del tamaño de un ser humano adulto.
Detuvo el coche a unos pocos metros de
él y descendió para preguntarle quién
era y si le podía ayudar en algo.
“Cuando le vi, estaba
parado en medio de la carretera. Paré
enseguida el auto y le pregunté si era
extranjero, pero no salió ningún sonido
de su boca”.
La figura de aquel
ser quedaba iluminada tenuemente por las
luces cortas del automóvil que, además,
no lo enfocaba directamente, ya que el
camino trazaba ahí un recodo
pronunciado. Aquella figura estaba a
unos 25 metros del policía. Jeffrey lo
llamó dándole voces; pero el hombre no
respondió. Se acercaba lentamente,
andando con torpeza. Entonces el policía
observó que la figura iba vestida con un
traje de aspecto metálico, enterizo, una
suerte de “mono”, y cubría su cabeza con
un casco, de manera que ésta sólo era
visible por su parte frontal. Una antena
parecía brotar de la parte superior del
casco. Fue entonces cuando Greenshaw
relacionó aquel ser con el “platillo
volante” que había mencionado su vecina.
Tomó su cámara Polaroid y enfocó hacia
aquella extraña silueta, que se
encontraba ya a 15 metros de él. Obtuvo
una primera fotografía. El enigmático
ser no se inmutó: prosiguió lentamente
su avance, tomando el policía una
segunda fotografía cuando se hallaba a
seis metros, y una más, cuando estaba a
tres metros, que fue la menor distancia
a la que estuvo el personaje.
Encendió la luz
giratoria de su coche; entonces el
extraño ser se detuvo un instante, como
desconcertado. Luego la figura dio media
vuelta y echó a correr “más rápido que
cualquier ser humano que haya visto
alguna vez”.
Jeffrey enfocó y pudo
divisarlo corriendo en dirección a
Lacon, que dista de Falkville unos cinco
kilómetros. El testigo no lo dudó, subió
a su coche con la intención de perseguir
al ser y darle alcance. Pero tanto
aceleró al arrancar, que el automóvil
derrapó, deslizándose a la cuneta.
Greenshaw maniobró durante unos
instantes hasta recuperar el control del
coche y enfilar de nuevo la carretera.
Cuando finalmente lo logró, condujo bien
atento mirando en todas direcciones.
En todo el trayecto
hasta Lacon no halló ni rastro del
mismo. Parecía haberse esfumado. “Éste
es el final inconcluso de lo que parece
ser una historia forzada”, escribió
Charles Bowen, editor de la “Flying
Saucer Review”.
El mismo Bowen
aclaró:
“Las cuatro fotos
muestran a una criatura que parece
vestida con papel de aluminio, volteando
gentilmente su cara hacia la cámara”.
Por su parte
Antonio Ribera escribió:
“Si realmente las
fotos de Greenshaw fuesen auténticas
(posibilidad que no debemos descartar),
entonces el documento tendría un valor
extraordinario. Sería, ni más ni menos,
la única fotografía que poseeríamos de
un ser del espacio, de un
extraterrestre”.
Ésta es, a grandes
rasgos, la historia del robot de
Falkville. Una historia polémica que
sería acompañada de acaloradas
discusiones en el seno mismo de la
comunidad ufológica. Algunos autores
como Colman von Keviczky la
aceptan como auténtica; otros, como
Marion Webb, Walter Andrus,
Ralph Blum, William Spaulding,
James Oberg y John L. Acuff,
la consideran un fraude.
Para seguir el hilo
de los acontecimientos veamos la
polémica principal entre von Keviczky y
Spaulding. A continuación presentaremos
la traducción de un trabajo de este
último, publicado en “The
MUFON UFO Journal”, seguida de
la réplica de von Keviczky y de algunos
comentarios finales de un servidor.
EL
ANÁLISIS DE LAS FOTOGRAFÍAS DE FALKVILLE
Por
William Spaulding
Desde
que iniciamos análisis con nuestros
modernos medios de investigación (1974)
nos han enviado fotografías de supuestos
fenómenos no identificados, para ser
evaluadas en nuestro centro. Es muy raro
tener oportunidad de evaluar fotografías
de presuntos ocupantes. Durante la
oleada de 1973 (en los Estados Unidos)
hubo docenas de noticias sobre
“criaturas” directamente asociadas a la
observación del fenómeno OVNI.
Una
imagen de éstas, obtenida en la oleada
de 1973, fue enviada para su análisis
por Walt Andrus, director del MUFON.
Hemos utilizado nuestras técnicas de
evaluación por computadora en más de 600
fotografías de OVNIS. Si podemos
analizar un “objeto”, evidentemente
también lo podremos hacer con la imagen
de una criatura de aspecto humano. Las
fotografías del humanoide de Falkville,
Alabama, han sido sometidas, con la
ayuda de una computadora, a las
evaluaciones siguientes: realce de los
contornos, separación de los colores,
análisis de distorsión de los píxeles y
digitalización.
Realce
de contornos.
Toda la serie de imágenes
ha sido sometida al análisis del relieve
de los contornos, para poder ver los
detalles de la criatura y conocer el
estado de la superficie (fotográfica).
Al realzar los contornos se consigue
suavizar algunos de los reflejos de la
luz, que estallan desbordando
ampliamente el traje de color aluminio y
ocultan los detalles.
Al
suprimir los reflejos y las facetas de
la luz, este contorneado detalla también
la superficie del traje. Esto permitió a
los técnicos observar los detalles de su
superficie, e identificar algunos
fragmentos de hojas de aluminio pegados
sobre el traje.
Todos
los diferentes modos de evaluación y de
examen utilizados en estas fotografías
se detallan en la “Nota Explicativa” del
análisis.
Separación de colores:
Todas las imágenes fueron sometidas a la
técnica colorimétrica, a fin de
comprobar en cada una de ellas su
verdadero valor de gris (densidad), que
se combina continuamente en densidad
(nivel) y en espacio (zona). Esta
técnica proporciona al fotógrafo
analista datos sólidos sobre la fuente
luminosa, su dirección con relación al
tema fotografiado y la densidad real de
la imagen. Se utilizó este método de
comprobación para evaluar los datos del
último plano. El resultado fue que se
encontraron densidades anormales,
difícilmente perceptibles por el ojo
humano.
Se
examinó toda la serie de fotografías
mediante escaneo, utilizando un
densitómetro digital. Se registraron las
zonas interesantes para una ulterior
comparación entre las imágenes.
Análisis de distorsión de los píxeles:
El análisis de los píxeles
(celda-imagen) se utilizó para evaluar
la distancia aproximada de la imagen a
la cámara o al testigo. Un programa
especial subraya los contornos de la
fotografía; luego, esos mismos contornos
(zonas) se aumentan y se miden los
distintos cuadrados de los píxeles para
verificar su rectilinealidad o la falta
de ésta. Debemos remitirnos a la imagen
No. 4 que da la información píxel de
distancia.
Una
regla general en materia de distancias
medidas a partir de datos de los píxeles
es que si los píxeles son rectilíneos,
la imagen está cerca; si son ondulados,
el objeto fotografiado está a la
distancia.
Digitalización:
Se efectuó una digitalización de las
imágenes para realzar los detalles
ocultos. Los diversos modos de
digitalización añaden claridad y
resolución a la imagen con relación al
original, y por lo mismo, aclaran las
zonas oscuras, ponen de relieve las
sombras, las partes bien definidas sobre
la película y acentúan el contraste
general de la película.
Esta
técnica pone de relieve los detalles de
cada imagen, a fin de permitir medidas
precisas sobre el tamaño, altura,
anchura, posición, etcétera. La
digitalización se realizó sobre
video-micrómetro, que mide las
dimensiones con un margen de error de
una milésima de pulgada.
Conclusiones:
El consenso de los analistas es que las
fotografías en cuestión no deben
considerarse como una prueba sólida de
una entidad extraterrestre. Los
siguientes son los datos que determinan
esa conclusión:
a) La
vestimenta de la criatura es un traje de
bombero, fabricado con materiales
ignífugos, como el amianto y otras
fibras no conductoras e ignífugas, y
después recubierto con una capa de
aluminio.
b) En
las fotografías se utilizó un flash que
sobreexpuso la superficie y se reflejó
en ella de forma brillante, enmascarando
así detalles de fabricación evidentes.
c) La
densitometría digital reveló ciertas
zonas de baja reflectancia, no
atribuible a sombras. Un análisis
posterior reveló que esas
inconsistencias (anomalías) eran
atribuibles a pedazos de hojas de
aluminio, fijadas aquí y allá sobre el
traje. Estos pedazos fueron colocados,
probablemente, para ocultar los detalles
de fabricación, tales como botones,
cremalleras, insignias, etc.
d) Los
detalles anatómicos que figuran sobre
las imágenes se consideran como normales
(de aspecto humano) y comprenden: la
longitud de los brazos, la posición de
los miembros y sus tamaños
correspondientes. El efecto de hinchazón
de las piernas y los pies se debe al
tipo de traje y no al cuerpo en el
interior del mismo.
e) La
descomposición de la imagen, calculada
teniendo en cuenta los puntos de
referencia (sin considerar las
declaraciones del testigo) ha revelado
que la criatura tenía una estatura de
cinco pies y seis pulgadas a seis pies
(1.67 a 1.83 metros).
f) En
ausencia de datos seguros referentes a
la cámara, parece ser que la fotografía
se tomó a una distancia relativamente
cercana. Se calcula que fue inferior a
doce pies (3.66 metros).
En el
mejor de los casos, estas fotografías no
representarían sino una tentativa de una
alegre serpiente de verano con la
intención de asemejar una criatura
espacial; el GSW opina que ésta habría
sido suscitada por la influencia de los
medios de comunicación en los Estados
del Sur en el curso de la oleada de
1973.
FALKVILLE. UNA
RETROSPECTIVA
Tratemos de analizar
los datos que tenemos disponibles hasta
el momento para dar un juicio en este
caso. En realidad hay muchos puntos
oscuros que nos remiten a un probable
fraude, independientemente de los
análisis computarizados que dieron
resultados negativos, pero que von
Keviczky no acepta.
En primer lugar está
el hecho de que Jeffrey Greenshaw no
estaba en servicio aquella noche del 17
de octubre de 1973. La llamada fue
recibida en su casa (¿?) por una vecina
a la que no quiere identificar (para
evitarle molestias con los curiosos).
Sin embargo, sí da el nombre del dueño
del prado en donde, supuestamente,
aterrizó el OVNI: Bobby Summerford.
Esta actitud incongruente tendría fácil
explicación si pensamos que en realidad
no existió ninguna llamada telefónica, y
por lo tanto tampoco existió ninguna
vecina. Además, lo lógico es que la
señora se hubiera comunicado a la
oficina de la policía (en donde había un
guardia) y no a la casa de Greenshaw.
Otro punto sospechoso
es la curiosa coincidencia de que el
policía llevara una cámara Polaroid.
Según von Keviczky, la utilizaba para
fotografiar las infracciones cometidas
en el sitio. Pero el mismo Jeffrey dice
que “como había oído hablar de los
OVNIS, llevaba conmigo un aparato
Polaroid”, es decir, iba con todas las
intenciones de fotografiar una nave o un
extraterrestre. ¿Por qué estaba seguro
de que lo iba a lograr?
La actitud de
Greenshaw al ver el humanoide es otra
curiosidad. Normalmente los patrulleros
se acercan al sospechoso, pero este
policía se paró a más de 15 metros de
distancia y desde ahí interrogó al ser.
¿Por qué le preguntó si era extranjero?
Lo más lógico hubiera sido que
preguntara quién era, su nombre, la
razón de que se encontrara en ese sitio
a esa hora, etcétera, pero no si era
extranjero.
Greenshaw habla de un
minuto, tiempo que utilizó para retirar
los negativos. Si consideramos que ése
fue el mismo tiempo que utilizó el
humanoide para trasladarse de 15 a tres
metros de distancia, eso nos da doce
metros por minuto (0.72 km/h): una
velocidad sumamente lenta. Lo anterior
contrasta con su declaración de que el
ser “corría de una forma bizarra…
parecía tener muelles en los pies para
propulsarse, podía cubrir cerca de tres
metros en cada paso… iba más de prisa
que cualquier otro humano que haya visto
correr”.
Hay que hacer notar
que esta última declaración la hizo
exactamente seis meses después de su
avistamiento (17 de abril de 1974), en
una carta dirigida a von Keviczky.
Originalmente no mencionó esa velocidad
de vértigo. ¿Qué fue lo que provocó que
hiciera esta declaración? Algunos
investigadores se preguntaron por qué
había dejado escapar a un ser que se
desplazaba tan lentamente. Él tenía una
patrulla y fácilmente le hubiera dado
alcance.
Para pasar por alto
esta crítica, Greenshaw primero
descalifica su patrulla: “En mi
excitación debo haber pisado brutalmente
el acelerador… y fui a parar a un hoyo”.
Pero esto no es suficiente, ya que a esa
distancia, aún habiendo perdido algunos
segundos en esa maniobra, podía alcanzar
fácilmente a la criatura; por eso es
necesario que diga que el humanoide
corría a una velocidad increíble. Por
otra parte, el mismo análisis del ICUFON
indica que la anatomía del ente “sugiere
un equilibrio del cuerpo muy inestable”,
es decir, que un movimiento a tal
velocidad sería prácticamente imposible.
En sus primeras
declaraciones, el policía dijo que creyó
que el ser estaba relacionado con el
“platillo volador” en el momento en que
se dio cuenta de la extraña forma en que
estaba vestido, justo antes de tomar su
cámara. Fue precisamente ésa la razón
que lo indujo a tomar las fotografías.
En su reporte a ICUFON (seis meses
después) dice que comprendió que el
sujeto podía ser miembro de la
tripulación del OVNI cuando lo vio huir.
Ambas declaraciones son inconsistentes
entre sí.
Existe un detalle
curioso en la serie de fotografías,
señalado en el análisis de von Keviczky:
en todas ellas el ser mantiene la misma
postura, la posición de sus miembros no
presenta movimiento y las piernas
aparecen constantemente separadas. Tal
pareciera que el ser no está en
movimiento o caminando. Hasta se podría
suponer que fue el fotógrafo quien se
movió mientras que el humanoide
permanecía estático, como maniquí o como
modelo para ser fotografiado. A esa
misma conclusión llegó Charles Bowen
cuando escribió que el ser volteaba
“gentilmente su cara hacia la cámara”.
ERRORES Y MÁS
ERRORES
En todo este asunto
se han cometido diversos errores en
ambos bandos. El primero que habría que
señalar es el de Antonio Ribera, quien
dijo que se trataba de “la única
fotografía (...) de un ser del espacio”.
Como vemos en este sitio, ésta no es una
fotografía de “un ser del espacio” y
mucho menos es “la única” en su tipo.
Von Keviczky menciona
que Falkville es una población de 200,
pero luego dice que es de mil 200
habitantes. ¿Cuál es el dato correcto?
También dice que la criatura se paró a
dos pies del policía (“Análisis
psicológico”, inciso C). Afirma que
Falkville “es una pequeña comunidad en
donde toda la gente se conoce” (en un
lugar con 200 habitantes sería posible,
pero en uno con mil 200 es un poco más
difícil) y que por lo tanto no se
mantiene una simulación perpetrada por
Greenshaw.
En realidad ese
argumento no tiene ningún sustento.
Greenshaw, o cualquier otro, podría
haber hecho la simulación en un lugar en
donde todo mundo se conoce o en otro en
donde todos son desconocidos. Por otra
parte, en cuanto al segundo argumento de
von Keviczky (“Si fuera una simulación
perpetrada por un tercero tampoco se
sostiene, pues implicaría muchas más
personas incluidas en el golpe”) tampoco
es válido, porque en nada afectaría al
caso que estuvieran más personas
involucradas.
En cuanto a la
negativa de ICUFON de que Marion Webb
analizara de nueva cuenta las fotos
originales sólo indican el miedo de sus
miembros de que se demostrara que esas
fotos son falsas. Cuando von Keviczky
pide que se demuestre que las cartas del
Arsenal son falsas, está utilizando la
vieja táctica de los ufólogos de desviar
la carga de la prueba y con ello la
atención. En ese punto nadie está
dudando de la veracidad de esas cartas;
eso no es lo que está en discusión. Y el
pedir que Webb presente un acta notarial
del cómplice de Greenshaw implicaría, de
poder hacerlo, que ya no sería necesario
analizar las fotos.
Un ejemplo más de esa
misma táctica lo vemos en el punto seis
de la réplica de von Keviczky a los
análisis del GSW. Según von Keviczky,
Spaulding da esos datos (altura del ser
entre cinco pies y seis pulgadas y seis
pies, a unos doce metros de la cámara)
“para echar abajo la estimación de
Greenshaw”. Sin embargo la estimación
del propio von Keviczky fue muy similar
a la de GSW. Entonces, ¿en dónde está la
contradicción?
En el inciso “a” del
punto seis se sugiere que “las fotos 1 y
2 fueron recortadas de una imagen
negativa mayor”. Si esto es cierto,
entonces el sujeto estaría más allá de
donde lo ubicó originalmente Greenshaw,
y ahí sí habría una contradicción, pero
ésta sería en contra del relato del
policía y no contra el análisis del GSW.
Cuando el director
del ICUFON señala en el inciso “b” la
vieja ecuación para determinar el tamaño
real de los objetos que aparecen en una
fotografía, tratando de enmendarle la
plana a Spaulding, también está
cometiendo un error. Si el director del
GSW hubiera analizado por métodos
convencionales (sin ayuda de la
computadora) las fotografías de
Greenshaw, la llamada de atención del
multicitado von Keviczky tendrían razón
de ser (y habría que tomar en cuenta
todo lo de las lentes astigmáticas). Sin
embargo, el análisis se hace
digitalmente, por lo que la “distorsión”
de los bordes de los píxeles (y no de la
imagen, como escribe mañosamente el
ICUFON) no proviene del astigmatismo del
objetivo, sino del propio píxel.
No obstante no todo
son errores de parte del ICUFON, también
hay aciertos y encontramos errores de la
otra parte. Durante mucho tiempo
Spaulding dijo que sus análisis eran
válidos si se hacían con el negativo
original o con copias de primera, o
cuando mucho de segunda generación. Pues
bien, los análisis se hicieron sobre
copias de una revista. Éste es un punto
a favor de von Keviczky.
EL FINAL
Llegados a este punto
éstas serían nuestras reflexiones
finales.
En primer lugar, el
origen de la oleada del 73 de los
Estados Unidos fue la serie de pruebas
atmosféricas a gran altitud que realizó
la Fuerza Aérea de la Base Aérea de
Elgin. Los primeros reportes, simples
luces y fenómenos aéreos, se deben a
estas pruebas. Posteriormente se generó
una psicosis avivada por la prensa, que
llevaría a la generación de reportes más
sofisticados, como la presencia de
humanoides. Los comentarios del ICUFON
en cuanto a que esas pruebas no explican
la persecución de taxis, camiones
agrícolas, la aparición de vacas muertas
o la de seres humanoides, nuevamente
caen dentro de las tácticas de
desviación ufológicas.
El cabo Greenshaw no
era el ciudadano ejemplar que nos
quisieron presentar los ufólogos.
Posteriormente se sabría que tenía una
personalidad desequilibrada: era un
mentiroso redomado, con problemas
pendientes con la justicia. Ésa fue la
razón, y no otra (mucho menos la
relacionada con los OVNIS), de que fuera
despedido de su puesto. Ni siquiera su
propio jefe, el sheriff del condado de
Morgan, John C. MacBride, dio la
cara por él, puesto que ya sabía de qué
tipo de persona se trataba.
Por otra parte
resulta pueril afirmar que su divorcio
fue a causa de unas llamadas
telefónicas. Ninguna esposa se comporta
de esa manera. En doce días (del 17 de
octubre, día del avistamiento, al 29 de
octubre) no puede decidir un divorcio
debido a un OVNI, por más presionada que
se encuentre. Al contrario, eso haría
que se unieran más, para presentar un
frente común. La realidad es que los
problemas del matrimonio venían de
antes. Greenshaw trató de solucionarlos
con el dinero que obtendría de las
fotos, pero sus planes fracasaron.
Otra fuente dice que,
después que Greenshaw reveló las fotos y
se las enseñó a su mujer, ésta,
“espantada, tuvo una reacción bastante
insólita: se fue inmediatamente de casa
y el día siguiente acudió donde un
abogado pidiendo el divorcio”. Todo son
simples leyendas que contribuyen a
engrosar más la literatura OVNI.
Si verdaderamente
existieron esas llamadas anónimas, lo
más seguro es que fueran hechas por los
clásicos bromistas que en todas partes
abundan. Nadie puede demostrar que la
NASA, la CIA, la Fuerza Aérea, el Opus
Dei, los escépticos, etcétera, tuvieran
nada que ver con el asunto. Pensar de
otra manera sólo sería paranoia.
Tampoco existe
ninguna prueba de la explosión del motor
del automóvil de Greenshaw, y el
incendio de su casa rodante en nada
contribuiría a cancelar la difusión de
sus fotografías, ya que habían sido
impresas en infinidad de medios. Por
otra parte, sí podría ayudar a la
mermada economía del policía (al cobrar
el seguro y vender la historia).
Ahora bien, resulta
altamente significativo que diversas
fuentes independientes. Como “El Arsenal
de Redstone”, el “Centro de Vuelos
Espaciales George C. Marshall”, el NICAP
y el GSW llegaran a la misma conclusión
de que se trataba de un hombre vistiendo
un traje ignífugo de bombero. También es
sorprendente que varias de esas fuentes,
incluyendo el propio ICUFON, encontraran
la presencia de “fragmentos de hojas de
aluminio pegados sobre el traje”. El
ICUFON las describe en el capítulo III
“Análisis. La criatura” con estas
palabras: “(…) hojas metálicas
brillantes, con largas manchas”. Esos
pedazos de papel aluminio, como dice el
GSW, servían para ocultar algunas marcas
que pudieran ser reconocidas en las
fotografías.
Queda un detalle por
contestar: ¿Por qué se escogió la figura
de un bombero para representar al
humanoide? Si recordamos, uno de los
casos más sonados de aquella oleada
ocurrió el 11 de octubre, pocos días
antes del avistamiento de Greenshaw, y
no muy lejos de Falkville, en
Pascagoula, Mississipi. Ese día y en ese
lugar fueron abducidos dos pescadores (Charles
Hickson y Calvin Parker). Su
relato, la descripción de los humanoides
y los dibujos y pinturas que de ellos se
hicieron, aparecieron en infinidad de
periódicos y revistas. Si vemos esos
dibujos, no nos será difícil comprender
cuál es el origen del “robot de
Falkville”.
REFERENCIAS
-
Anónimo. “Un policía norteamericano
logró fotografiar un extraterrestre”. En
“Lo Insólito”. Año I. No. 5. Lima. 1 de
septiembre de 1977. Páginas 4-5.
- Blundell, Nigel y Boar, Roger.
“Misterios de los grandes encuentros”.
Edivisión Compañía Editorial S.A.
México. 1987. Páginas 130-131.
- Bowen, Charles. “OVNIs: Libro de
casos”. Electra Editores. Bogotá. 1994.
Pág. 100.
- Ribera,
Antonio. “Galería de condenados”.
Planeta. Barcelona. 1984. Páginas 56-57.
- Rickard, Robert y Kelly, Richard.
“Photographs of the unknown”. New
English Library. Londres. 1980. Página
97.
- Spaulding, William. “The Falkville’s
creature photographs. Analisis”. “The
MUFON UFO Journal”. No. 108. Noviembre
de 1976. Páginas
3-5.
- Téllez, Fernando.
“Tripulantes OVNI”. Equipo Sirius
Mexicana. México. 1994. Páginas 82-83.
- Von Keviczky, Colman. “Fotografías de
un humanoide obtenidas por un cabo de
policía, en el perímetro exterior del
Arsenal Redstone,
Alabama, USA”.
En
Durrant, Henry. “Premieres enquetes sur
les humanoides extraterrestres”.
Robert Laffont.
París.
1977. Páginas 294-315.
- Von Keviczky, Colman. “The Falkville
Store”. En “Mundo Desconocido”. No. 30.
Barcelona. Diciembre de 1978. Páginas
54-59. |