El jueves 1 de octubre de 1998,
Leandro da Silva, un espeleólogo
brasileño, y dos acompañantes,
exploraban una caverna en la Serra do
Espinhaço, al este de la ciudad de
Baldim, en el estado de Minas Gerais, al
sur de Brasil.
A las 7:00 a.m. los tres muchachos,
todos vecinos de Sete Lagoas, habían
penetrado unos 150 metros cuando uno de
los jóvenes, Marcelo Uchoa, “vio
un animal muy extraño y feo, del tamaño
de un hombre” (1). Marcelo gritó del
susto. Luego Leandro vio la figura y
también gritó.
Los gritos, a su vez, asustaron a la
criatura, que huyó al interior de la
caverna y desapareció en una fisura de
las paredes. En ese momento Leandro
alcanzó a sacar dos fotografías con su
cámara digital, marca Kodak, sin flash.
La única fuente de luz era la
proveniente de las linternas.
Según la ufóloga Lydia Ribeiro,
“la criatura es muy similar al
chupacabras” reportado el año anterior
en el estado de Sao Paulo.
El martes 13, el ufólogo Vittorio
Paccacini, miembro del club OVNI
CICOANI y quien investigó el caso
Varginha (2), durante más de hora y
media entrevistó a los testigos y luego
se dirigió a Baldim para hacer una
investigación de campo.
“No parece que los muchachos hubieran
inventado la historia”, dijo Paccacini,
“por lo que decidí investigar. Iré a
Baldim mañana por la mañana. Quiero
estar en la cueva a las 7:00 a.m. Quiero
estar dentro de la cueva con los
testigos y otros dos colegas. Tendremos
que bajar aproximadamente unos 150
metros dentro de esos caminos oscuros y
difíciles, para llegar justo al sitio en
donde todo ocurrió, aunque la caverna es
mucho más profunda que eso”.
Baldim está en el Rio das Velhas,
aproximadamente a 110 kilómetros al
norte de Belo Horizonte, la capital del
estado.
Inicialmente no se comentó, pero Leandro
da Silva también es ufólogo. Puso la
foto del animal en su página web, el 10
de octubre.
El miércoles Paccacini se reunió con los
testigos y bajaron a la cueva. Para
llegar al sitio hay que pasar por tres
galerías. La primera está a unos nueve
metros de profundidad, una segunda a 60
metros y, finalmente, la tercera a 30
metros. Al llegar a esta última,
Paccacini informó que “no habíamos oído
nada hasta ese entonces, pero en esa
galería comenzamos a escuchar extraños
sonidos. No podíamos identificarlos.
Algo se movía bajo nosotros. Algo largo
se arrastraba allá abajo (…) El sonido
continuaba, algunas veces cerca, otras
lejos, y debido a las cavidades, parecía
provenir de todas partes”.
De pronto Leandro gritó “¡cuidado
Paccacini! ¡Algo viene hacia
nosotros!”.
Continúa Paccacini: “Leandro soltó su
lámpara, que cayó por el túnel. Oímos el
golpe en la cuarta galería. Yo dije,
está bien, amigos, es suficiente. Vamos
a dejar este sitio ahora mismo. Salgamos
de aquí inmediatamente. ¡OK, muévanse,
muévanse!”.
Paccacini sacó su pistola de 9 mm,
cargada con municiones Hydra-Shok, y
cubrió la retirada mientras los demás
subían. Llegaron a la superficie unos 40
minutos después. Finalmente todos
estaban a salvo.
Paccacini prometió regresar a la cueva
el día 17. Ese día, en compañía de otros
diez investigadores, llegaron a la
entrada para darse cuenta de que no
estaban preparados para bajar.
“No teníamos el equipo adecuado (cascos,
lámparas). La mayoría de la gente no se
sentía bien con la idea de llegar a las
galerías de la cueva”. Y se canceló la
expedición.
COMENTARIOS
Ésta es una historia increíble que hace
agua por todas partes. Su origen es un
grupo de jóvenes ufólogos residentes de
Sete Lagoas. Este dato se ocultó
inicialmente.
Los investigadores han sido otros
ufólogos que ya han demostrado su
credulidad en los casos de Varginha
(Paccacini) y el chupacabras (Ribeiro).
Se nos informa que al momento de tomar
las fotografías, la criatura estaba
desapareciendo por entre las fracturas
de las rocas. En la foto dada a conocer
se observa que la supuesta criatura mira
hacia la cámara y no parece tener
intenciones de huir.
También se nos dijo que los
ufólogos-espeleólogos, y en particular
Marcelo Uchoa, que aparece en la foto,
se habían llevado el susto de su vida.
Marcelo tiene una actitud calma en la
foto. Está muy cerca de la criatura, y
no muestra signos de espanto. Casi
podríamos asegurar que está posando para
la foto.
La foto fue tomada con una cámara
digital Kodak. No se informa el modelo,
lo que nos indica el nivel de
investigación alcanzado en este caso. Se
nos dice que la cámara no tenía flash y
que la única fuente de luz era la de las
lámparas. En la foto vemos una
iluminación casi cenital, que alcanza la
espalda y la nuca de Marcelo.
Probablemente viene del exterior de la
cueva. Pero hay un problema en este
punto. De acuerdo con los datos
aportados, los ufólogos habrían
alcanzado la galería número tres a las
7:00 a.m. A esa hora, y a esa
profundidad (150 a 170 metros) sería
difícil tener este tipo de iluminación.
O la foto fue tomada a otra hora del
día, cuando el Sol puede iluminar más
claramente esa zona de la cueva, o la
foto fue sacada en una parte más cercana
a la entrada.
Por otra parte, la criatura presenta
otro tipo de iluminación, no sólo la
cenital, sino otra proveniente de la
parte frontal. ¿Se debe a la lámpara de
Uchoa? ¿Es producto del flash de la
cámara digital? No conocemos el modelo
de la cámara, pero casi todas las
cámaras digitales tienen integrado un
flash. Dudo mucho que esta Kodak no lo
tuviera. ¿Paccacini investigó la cámara
para verificar si tenía o no flash?
También lo dudo.
En cierta parte del relato parece que
estamos viendo una mala película de
aventuras. Ruidos subterráneos en una
caverna oscura. El nerviosismo de los
personajes hace que pierdan las
linternas, dejándolos inermes ante los
monstruos de la cueva. Un héroe que
arriesga su vida para proteger las de
sus compañeros: ¡Suban ustedes, yo los
protejo!
¿Que esto es ridículo? ¡Sí! Y todavía
hay más. Nuestros personajes se
repliegan y planean el asalto final para
dos días después. Esta vez llegarán
hasta el final, cueste lo que cueste.
¡Por fin descubrirán la verdad en el
caso de la “bestia negra (rojiza) de la
cueva pantanosa de Baldim”!
Pero al llegar el día esperado se dan
cuenta de que:
Uno olvidó el permiso de su mamá, por lo
que debe regresar a su casa antes de las
8 de la noche. Otro olvidó su sándwich.
El tercero no tiene cuerdas para
escalar. El siguiente trajo una cachucha
de beisbolista (se le había dicho que
era necesario un casco). A éste se le
agotaron las pilas de su linterna y…
Ahora me explico por qué los ufólogos no
han encontrado las pruebas de la
existencia de los OVNIs después de casi
sesenta años de ufología.
La criatura que aparece en la fotografía
puede ser cualquier cosa, incluso el
chupacabras (si éste existiera), pero se
parece más a un grillo de enormes
antenas. La coloración rojiza nos
permite llegar a identificarlo sin lugar
a dudas. Se trata del “Chapulín
colorado”, el famoso antihéroe mexicano.
- - -
NOTAS
(1) El ufólogo Vittorio Paccacini
informó no estar seguro, pero la bestia
era “más grande que un perro”.
(2) Paccacini Vitorio, Incidente em
Varginha,
REFERENCIAS
- Pacaccini, Vitorio. “Weird animal
report from Brazil”. UFO ROUNDUP.
Volumen 3, No. 42. 19 de octubre de
1998. En internet,
http://www.ufoinfo.com/roundup/v03/rnd03_42a.shtml
- Trainor, Joseph. “Baldim cave search
ends in fiasco”. UFO ROUNDUP.
Volumen 3, No. 45. 9 de noviembre de
1998. En internet,
http://www.ufoinfo.com/roundup/v03/rnd03_45.shtml
- Trainor, Joseph. “Chupacabra
photograph taken in southern Brazil”.
UFO ROUNDUP.
Volumen 3, No. 42. 19 de octubre de
1998. En internet,
http://www.ufoinfo.com/roundup/v03/rnd03_42.shtml
y
http://ufoinfo.com/roundup/v03/rnd03_42a.shtml
- Trainor, Joseph. “Pacaccini, witnesses
hunt for Baldim cave creature”.
UFO ROUNDUP. Volumen 3, No. 43. 26 de
octubre de 1998. En internet,
http://www.ufoinfo.com/roundup/v03/rnd03_43.shtml
Ver también
http://ufopi.freehomepage.com/world_brazil.htm |