De la oleada de avistamientos ocurrida
en Brasil en 1996, los fenómenos de
Campo Largo, al sureste del país,
resultaron ser los más representativos.
Opacadas por el asunto Varginha, las
grabaciones de Gerson Teodorosky
pudieron haberse convertido en otro
clásico de la ufología brasileña. En
estos videos se observan las evoluciones
de un OVNI con forma de puro, cuyo
cuerpo presenta una hilera de seis
luces. Al lado de la “nave nodriza”
también aparecen dos clásicos platillos
voladores de color oscuro, moviéndose a
grandes velocidades.
Pero eso no es todo. Teodorosky tuvo la
fortuna de grabar a uno de los
tripulantes de los platillos o de la
nave nodriza (aún no se confirma su
identidad).
Uno de los fotogramas muestra la cabeza
de un humanoide de enorme boca, sin
labios y con una hilera de pequeños
dientecitos puntiagudos. Los ojos
aparecen hundidos en una especie de
cavidad romboidal. Los párpados muestran
un perfecto maquillaje o sombra, de
color azul, que se desvanece hacia
abajo. Las cejas están bien delineadas
y, como si hubiese ido al salón de
belleza, son delgadas pero asimétricas:
la izquierda se encuentra más arriba que
la ceja derecha. Un coqueto mechón
sobresale del caso del humanoide. Todo
en él o en ella refleja mucho cuidado en
la apariencia personal. Salir por el
espacio no es cosa de descuidar la
figura.
El caso en particular resulta muy
ilustrativo. Es un casco que cubre, por
lo que se ve, la cabeza y llega hasta la
zona en donde se deberían encontrar las
orejas. En este sitio, se abulta para
unirse a una especie de carrillera, que
tal vez cumpla la función de
intercomunicador “manos libres”. Lo
interesante es que esta pieza está unida
al casco por medio de un simple tornillo
con tuerca. Esta tecnología
extraterrestre me impresiona cada vez
más. Extraño, muy extraño.
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