El
Círculo de Viena trató de sistematizar
el fundamento del conocimiento. Su
principal arma fue el análisis lógico
del lenguaje; los integrantes del
Círculo descubrieron que los problemas
tradicionales de la filosofía carecen de
sentido. En este ensayo compararé el
sinsentido de la filosofía con el
sinsentido de los alegatos de supuestos
milagros y el sinsentido de las
proposiciones acerca de lo paranormal.
EL
IMPOSIBLE DESTIERRO DE LA METAFÍSICA
“Positivismo lógico” es como nombró el
filósofo Herbert Feigl a la
escuela de pensamiento a la que
perteneció. Los orígenes del llamado
Círculo de Viena se remontan a 1907. En
aquel año, el físico Philipp Frank
y el matemático Hans Hahn
comenzaron a reunirse para discutir
sobre filosofía de la ciencia. En 1922
se les unió el físico Moritz Schlick
y entonces las reuniones se hicieron de
manera más frecuente. El también físico
Rudolph Carnap se incorporó al
Círculo en 1926. Para 1928 el grupo toma
el nombre de Sociedad Ernst Mach. El
objetivo de la Sociedad Ernst Mach era
propagar la visión científica del mundo.
Este
objetivo queda de manifiesto en el
escrito que preparan para darle la
bienvenida a Schlick (durante un tiempo
estuvo en Estados Unidos) en 1929. Dicho
artículo lleva por título “La visión
científica del mundo: el Círculo de
Viena”. En su manifiesto mencionan a
Hume, Poincaré, Einstein, Mach, Leibniz,
Russell y Marx, entre otros, como sus
influencias.
Para
ese momento el Círculo de Viena estaba
integrado por los matemáticos Gustav
Bergmann, Karl Menger,
Marcel Natkin, Kurt Gödel,
Olga Hahn-Neurath y Hans Hahn; los
filósofos Friedrich Waismann,
Herbert Feigl y Theodor Radakovic;
los físicos Rudolf Carnal, Philipp Frank
y Moritz Schlick; el historiador
Viktor Kraft; y el sociólogo Otto
Neurath. Posteriormente se unieron
otros personajes. También aparece en
este manifiesto una lista de
simpatizantes. Albert Einstein,
Bertrand Russell y Ludwig
Wittgenstein son considerados los
principales representantes de este
movimiento intelectual.
Los
primeros escritos aparecieron cuando se
llamaban Sociedad Ernst Mach, los que
posteriormente aparecieron en la revista
“Erkenntnis” (Conocimiento), que
después pasaría a llamarse “Journal
of Unified Science”. La Sociedad
Ernst Mach o el Círculo de Viena se
desintegró a finales de la década de los
30 del siglo XX sin haber logrado su
objetivo: encontrar y sistematizar el
fundamento del conocimiento.
¿Por
qué no lo lograron? ¿Cuál fue el
problema que no pudieron resolver?
Debemos comenzar diciendo que el Círculo
se mostraba optimista en cuanto a la
labor que deseaban realizar.
Era
el momento preciso, pues se contaba con
las herramientas intelectuales que
habían faltado en el pasado. Después de
esto la filosofía se transformaría.
Estábamos a punto de ser testigos del
viraje de la filosofía. Existían ya los
medios para lograr fundamentar el
conocimiento, y estos medios no habían
aparecido de la nada y en un solo
momento.
Schlick menciona: “Leibniz vio
confusamente su principio. Gottlob
Frege y Bertrand Russell
abrieron tramos importantes en las
últimas décadas, pero el primero en
avanzar hasta el punto de viraje
decisivo fue Ludwig Wittgenstein...”.
¿Con
qué arma contaban los integrantes del
Círculo? Con el “Tractatus
Logico-Philosophicus”. Wittgenstein
resuelve los problemas de la filosofía y
así lo manifiesta en su Tractatus: “Soy,
pues, de la opinión de haber solucionado
definitivamente, en lo esencial, los
problemas”.
¿Cómo
lo hace? Se percata del absurdo que
envuelve a los problemas filosóficos:
“La mayor parte de las proposiciones e
interrogantes que se han escrito sobre
cuestiones filosóficas no son falsas
sino absurdas. De ahí que no podamos dar
respuesta en absoluto a interrogantes de
este tipo, sino sólo constatar su
condición de absurdos”. Es decir, se
percata de que los problemas filosóficos
carecen de sentido.
¿Qué
significa tener sentido? “Tener sentido
significa ser verdadera o falsa: el ser
efectivamente verdadera o falsa
constituye la relación de la proposición
con la realidad, que nosotros
significamos diciendo que tiene
sentido”. Una proposición que no puede
ser formulada de manera que en algún
momento sea posible decidir si es
verdadera o falsa, carece de sentido.
Al
comprender nuestra lógica lingüística,
Wittgenstein y los miembros del Círculo
de Viena llegan a la conclusión de que
todos los tradicionales problemas de la
filosofía son en realidad
pseudoproblemas. Esto lo veremos con
mayor detalle más adelante.
Wittgenstein distingue entre lo que
puede ser expresado mediante
proposiciones con sentido y lo que sólo
puede ser mostrado: “El punto
fundamental es la teoría de lo que puede
ser expresado mediante proposiciones
–esto es, mediante el lenguaje– (y, lo
que es lo mismo, lo que puede ser
pensado) y lo que no puede ser expresado
mediante proposiciones, sino sólo
mostrado; creo que esto es el problema
cardinal de la filosofía”.
Habíamos dicho que el objetivo de los
integrantes del Círculo era dar bases
firmes a la manera en que obtenemos
conocimiento, pues intentaban desterrar
a la metafísica del paisaje. A pesar de
todos sus esfuerzos, la metafísica
estuvo presente a lo largo del tiempo de
vida del Círculo y nunca pudo ser
borrada del mapa.
Durante el tiempo que intentaron
resolver el problema que les interesaba,
los integrantes del Círculo crearon
conceptos como proposiciones o
enunciados protocolares, proposiciones
básicas, enunciados de observación, etc.
Conforme sus análisis avanzaban se
presentaban cambios en sus
consideraciones... Poco a poco se
percatan de que el criterio de verdad es
esquivo. Dentro del Círculo existían
posiciones encontradas, por ello hay que
aclarar que dentro de éste había una
posición oficial, aunque cada miembro
mantenía su posición personal.
En un
cierto momento comenzaron a hablar del
placer de verificar y a usar metáforas
que ponían en evidencia que la
metafísica seguía tan viva y presente
como al principio. Sus esfuerzos no se
ven recompensados y se percatan de que
“la verdad” es tan metafísica como “la
nada” o “la cosa en sí”.
Todos
estos problemas fueron los que
enfrentaron los positivistas lógicos. El
objetivo que tenían era el de
sistematizar por completo los
fundamentos del conocimiento, pero al
tratar de poner bases firmes (la lógica
y la muerte de la metafísica) olvidaron
algo que no es posible atrapar: la
creatividad y la imaginación.
“Captar” la naturaleza es llegar a “ver”
de forma “correcta” un fenómeno. ¿De qué
manera un investigador encuentra la
respuesta que busca? ¿Qué sucede en su
mente mientras piensa en la posible
solución? En ninguna de estas cuestiones
es posible afirmar que intervenga la
lógica.
Una
imagen, una plática, un sueño o una
palabra pueden despertar la creatividad
y hacer que se llegue a una proposición
acerca de la naturaleza. La razón no
está en ese proceso, la razón vendrá
después...
Una
vez que el Círculo se disolvió, uno de
sus miembros, Alfred J. Ayer
escribió:
“La filosofía progresa, a su manera, y
pocas de las tesis principales del
Círculo de Viena sobreviven intactas.
Metafísica ya no es un término de
oprobio y se ha reconocido que al menos
algunos metafísicos llegaron a sus
increíbles conclusiones tratando de
resolver problemas conceptuales muy
difíciles”.
Después de esta “derrota”, Ayer apuntó:
“Finalmente, pienso que puede decirse
que el espíritu del positivismo vienés
sobrevive: en el reacomodo de la
filosofía con la ciencia, en sus
técnicas lógicas, en su insistencia en
la claridad, en su rechazo de lo que yo
puedo describir mejor como una
excrecencia repulsiva de la filosofía,
le dio una nueva dirección a la materia
que no parece posible que se pierda”.
EL
VIRAJE DE LA FILOSOFÍA
¿Hay
progreso en filosofía? Cada filósofo
comienza desde el principio, estudia,
analiza y reflexiona sobre los problemas
filosóficos desde una óptica diferente,
es decir “cada pensador busca su propio
fundamento y no quiere apoyarse en los
hombros de sus predecesores”. ¿Cuándo se
podrán resolver los problemas
filosóficos? Moritz Schlick creía que el
tiempo había llegado al fin: “estoy
convencido de que nos encontramos en un
punto de viraje definitivo de la
filosofía, y que estamos objetivamente
justificados para considerar como
concluido el estéril conflicto entre los
sistemas”.
¿Y
por qué es hasta ahora que la filosofía
podrá dar solución a sus problemas? ¿Por
qué los antiguos filósofos no lograron
abordar de forma adecuada su materia de
estudio? Porque no contaban con los
medios adecuados; ahora se cuenta con
esos medios y sólo hace falta
“aplicarlos resueltamente”. Pero ¿de qué
carecieron los antiguos filósofos? ¿Con
qué cuenta ahora la filosofía?
Wittgenstein –mediante su “Tractatus
Logico-Philosophicus”– había contribuido
de forma definitiva en la filosofía al
dejar claro que “es cognoscible todo lo
que puede ser expresado, y ésta es toda
la materia acerca de la cual pueden
hacerse preguntas con sentido”.
Esto
es, para Schlick, lo que habrá de
cambiar el rumbo del quehacer
filosófico: “El gran viraje no debe ser
atribuido a la lógica misma, sino a algo
totalmente distinto que en realidad ella
estimuló e hizo posible, pero que actúa
en un plano mucho más profundo: el
conocimiento de la naturaleza de lo
lógico mismo”.
Así,
argumenta Schlick, las que se han tomado
como interrogantes filosóficas no son
más que series de palabras sin sentido;
y aunque parecen preguntas, en realidad
son “sonidos vacíos, porque quebrantan
las profundas reglas internas de la
sintaxis lógica descubiertas por el
nuevo análisis”.
He
aquí el viraje de la filosofía; ésta no
desaparece una vez que se disuelven sus
problemas. La filosofía se convierte en
“un sistema de actos en lugar de un
sistema de conocimientos”. ¿Cuál será el
trabajo de los filósofos? Descubrir o
determinar el sentido de los enunciados.
De esta forma “por medio de la filosofía
se aclaran las proposiciones, por medio
de la ciencia se verifican. A esta
última le interesa la verdad de los
enunciados, a la primera lo que
realmente significan”.
El
sentido de los enunciados no se hará
mediante otros enunciados, ése fue el
error de la metafísica (intentar
expresar lo que no puede expresarse). Si
en una ciencia se reflexiona sobre sus
conceptos y se logra profundizar en su
significado, se tratará de una hazaña
filosófica. Para Schlick los progresos
decisivos de la ciencia se deben a esa
labor esclarecedora del sentido de las
proposiciones fundamentales.
Schlick también menciona que no se podrá
hablar de la probabilidad de la validez
de los enunciados, ya que “o bien
tenemos ese significado, y entonces
sabemos lo que significa el enunciado, o
bien no lo poseemos, y en este caso sólo
tenemos delante palabras vacías, y aún
no verdaderos enunciados. No hay una
tercera posibilidad intermedia, y no
puede hablarse de la probabilidad de la
validez del enunciado”.
Llegó
el momento de hablar con claridad y con
sentido.
LA
SUPERACIÓN DE LA METAFÍSICA MEDIANTE EL
ANÁLISIS LÓGICO DEL LENGUAJE
Rudolf Carnal manifiesta que han
existido múltiples criticas a la
metafísica y que la lógica moderna,
mediante el análisis del contenido
cognoscitivo de las proposiciones
científicas, ofrece nuevas
consideraciones para juzgar de manera
más adecuada la validez de la
metafísica.
Las
proposiciones metafísicas carecen de
sentido. Tal es la conclusión que se
desprende de las investigaciones de la
lógica aplicada.
Una
proposición puede ser estéril u
obviamente falsa, y sin embargo poseer
sentido. Carnap ofrece dos ejemplos: a)
¿Cuál es el peso medio de aquellos
habitantes de Viena cuyo número
telefónico termina en 3? b) En 1910
Viena tenía seis habitantes. El primer
ejemplo muestra una pregunta estéril,
mientras el segundo exhibe una
proposición falsa. Ambos tienen sentido;
en el primero es posible realizar una
investigación y ofrecer una respuesta
verdadera; en el segundo, podemos
calificar como falsa dicha proposición.
Recordemos que un enunciado carece de
sentido cuando no puede ser calificado
como verdadero o falso.
Carnap explica que una secuencia de
palabras carece de sentido cuando no
constituye una proposición, y “puede
suceder que a primera vista esta
secuencia de palabras parezca una
proposición; en este caso le llamaremos
pseudoproposición. Nuestra tesis es que
el análisis lógico ha revelado que las
pretendidas proposiciones de la
metafísica son en realidad
pseudoproposiciones”.
Sobre
el lenguaje, Carnap expresa que “un
lenguaje consta de un vocabulario y de
una sintaxis, es decir, de un conjunto
de palabras que poseen significado y de
reglas para la formulación de
proposiciones”.
De
acuerdo con esto, habría dos clases de
pseudoproposiciones: las que contienen
una palabra a la que se supuso un
significado o las que están conformadas
con palabras con significado pero que no
respetan la sintaxis. La metafísica está
constituida por ambos tipos de
pseudoproposiciones.
Una
palabra tiene significado cuando designa
un concepto, y cuando no existe esta
significación se trata de un
pseudoconcepto. La metafísica está
repleta de pseudoconceptos como “la
idea”, “la cosa en sí”, “el espíritu
absoluto”, etcétera. De igual forma está
llena de pseudoproposiciones como “la
angustia revela la nada”.
Carnap se pregunta la razón por la que
existen los pseudoconceptos. “Es seguro
que originalmente cada palabra
(exceptuando casos singulares que más
tarde mostraremos) poseyó un
significado. En el curso de la evolución
histórica, una palabra frecuentemente
cambia su significado. También sucede a
veces que una palabra pierda su antiguo
significado sin llegar a adquirir uno
nuevo. Así es como surge un
pseudoconcepto”.
¿Cuándo se considerará que una palabra
posee significado? La forma más simple
en que puede presentarse una palabra es
la “forma proposicional elemental”. Debe
ser posible responder a las siguientes
preguntas sobre la proposición elemental
P:
1)
¿De qué proposiciones es derivable P y
qué proposiciones pueden derivarse de P?
2)
¿Bajo qué condiciones P debe ser
verdadera y bajo qué condiciones falsa?
3)
¿Cómo puede ser verificada P?
4)
¿Cuál es el sentido de P?
En
resumen, una palabra tiene significado
cuando sus “notas empíricas” son
conocidas, se han establecido las
condiciones de verdad para la
proposición elemental en la que aparece
dicha palabra y se conoce el método de
verificación de la proposición
elemental. Carnap muestra que muchos de
los vocablos de la metafísica no cumplen
con lo anterior. Menciona varios
ejemplos: la idea, el absoluto, lo
incondicionado, el ego...
Carnap también examina las
pseudoproposiciones que contienen
palabras con significado preciso, pero
reunidas de forma que el conjunto carece
de sentido. En ocasiones las
pseudoproposiciones no violan las reglas
de la sintaxis gramatical, entonces se
recurre a la lógica. “Si la sintaxis
gramatical tuviera una exacta
correspondencia con la sintaxis lógica
no podrían formarse
pseudoproposiciones... en un lenguaje
construido de un modo lógicamente
correcto la metafísica no podría
expresarse”.
Al
examinar ejemplos de pseudoproposiciones
metafísicas nos muestra las respuestas
que comúnmente dan los metafísicos a las
objeciones que se les plantean, sobre lo
que dice que “un metafísico llega por sí
mismo a la conclusión de que sus
interrogantes y sus respuestas son
irreconciliables con la lógica y con las
formas del pensamiento de la ciencia”.
Carnap argumenta que los cuentos de
hadas y las supersticiones son
superiores a la metafísica. “Las
proposiciones metafísicas no resultan
aceptables ni aun consideradas como
‘hipótesis de trabajo’, ya que para una
hipótesis es esencial la relación de
derivabilidad con proposiciones
empíricas (verdaderas o falsas) y esto
es justamente lo que falta a las
pseudoproposiciones”. En la metafísica
ni siquiera se plantean problemas.
¿Puede haber metafísica una vez
eliminadas las pseudoproposiciones?
Carnap asegura que no. No se trata de
que la metafísica contenga algunas
pseudoproposiciones sino de que toda la
metafísica está integrada por
pseudoproposiciones, nada queda de ella
una vez que se han eliminado estas
pseudoproposiciones. Al darnos cuenta de
esta situación podemos superar los
pseudoproblemas, en otras palabras,
podemos superar la metafísica mediante
el análisis lógico del lenguaje.
Carnap escribe: “no puede haber
proposiciones metafísicas plenas de
sentido. Ello se sigue de la tarea que
la metafísica se plantea: el
descubrimiento y la formulación de un
género de conocimiento que no es
accesible a la ciencia empírica. Hemos
establecido con anterioridad que el
sentido de una proposición descansa en
el método de su verificación. Una
proposición afirma solamente todo lo que
resulta verificable con respecto a ella.
Por eso una proposición, cuando dice
algo, sólo puede enunciar un hecho
empírico. Algo que estuviera más allá de
lo experimentable no podría ser dicho,
ni pensado, ni planteado... El dictamen
por el que se pronuncia el análisis
lógico sostiene que todo supuesto
conocimiento que pretendiera hallarse
por encima o por detrás de la
experiencia carece de sentido”. Carnap
descalifica cualquier presunto
conocimiento obtenido mediante
“pensamiento puro” o mediante la
“intuición pura” o de cualquier cosa que
estuviera más allá de la experiencia.
Pero
si todas las proposiciones con sentido
pertenecen a la ciencia, ¿qué papel
queda para la filosofía? La filosofía
será un método: el análisis lógico. La
filosofía eliminará los pseudoconceptos
y las pseudoproposiciones; esclarecerá
los conceptos significativos y las
auténticas proposiciones; también
servirá para la fundamentación lógica de
la ciencia y la matemática.
¿Dónde se hacen proposiciones con
sentido? En la ciencia, por ello es que
en su momento los positivistas lógicos
identificaran en su totalidad a la
ciencia con el conocimiento (fuera de la
ciencia no hay conocimiento). ¿Dónde no
se hacen proposiciones con sentido? En
la metafísica. Así pues, los
positivistas lógicos se vuelven enemigos
de la metafísica. Uno de los pasos
necesarios para lograr el fundamento del
conocimiento es desaparecer a la
metafísica al abordar esta cuestión.
Que
los positivistas lógicos son enemigos de
la metafísica queda claro en sus
escritos. Decían que tan sólo se trataba
de sonidos guturales, y consideraban que
aunque muriera la metafísica “habrá
quien siga trabajando en los antiguos
pseudoproblemas”.
Schlick afirma: “Si alguien quiere
calificar como positivista a toda
opinión que niegue la posibilidad de la
metafísica, como una mera definición no
tiene nada de objetable y en ese sentido
yo me designaría a mí mismo un estricto
positivista...”. En su texto
“Positivismo y Realismo” Schlick trata
de definir lo que puede entenderse como
positivismo.
Algunos consideran que Carnap era el
principal enemigo o detractor de la
metafísica, sobre todo por su libro
“Seudoproblemas en filosofía: otras
mentes y la controversia del realismo”.
Sin embargo hay una diferencia entre
Wittgenstein y el Círculo de Viena: Para
el Círculo, la metafísica es inferior a
las supersticiones, en cambio
Wittgenstein consideraba que la
metafísica abordaba los problemas más
importantes de la vida.
Es
importante volver a recordar que ni
Wittgenstein ni los positivistas lógicos
afirman que la metafísica sea falsa sino
carente de sentido. Schlick señala que
“esta última distinción es de la mayor
importancia; estoy convencido de que la
principal objeción a nuestra
perspectiva, nace del hecho de que no se
tiene en cuenta la distinción entre
falsedad y falta de sentido de una
proposición. La proposición ‘las
afirmaciones relativas a un metafísico
mundo externo no tienen sentido’ no
dice ‘no existe un metafísico mundo
externo’, sino algo totalmente distinto;
el empirista no le dice al metafísico
‘lo que tú afirmas es falso’, sino ‘lo
que tú afirmas no dice nada en
absoluto’. No lo contradice, sino que le
dice ‘No te entiendo’”.
Y es
que el mundo de la metafísica está por
completo fuera de la experiencia, y los
positivistas lógicos consideraban
cognoscible todo aquello de lo que nos
podemos hacer preguntas con sentido.
Tal
vez por estas diferencias Wittgenstein
no gustaba de asistir a las reuniones
del Círculo. De hecho a Wittgenstein no
le agradó el manifiesto “La visión
científica del mundo”. Ludwig les
sugirió que dejaran que su trabajo
hablara por ellos. Otro personaje
también cercano al Círculo y que tampoco
asistía a las reuniones era Karl
Popper.
Después de la muerte de Wittgenstein se
publicó su libro “Investigaciones
filosóficas”, donde asegura que las
proposiciones lógicas nos resultan
lógicas por razones no lógicas. Las
proposiciones nos parecerían lógicas –o
carentes de ella– dependiendo de nuestra
cultura y educación. De esta forma, los
científicos no serían capaces de ver el
mundo tal cual es (aquí Wittgenstein se
critica a sí mismo, es decir, critica su
anterior opinión, la opinión expresada
en el “Tractatus”), pues toda
observación contaría con ciertos
prejuicios.
Al
final de su artículo, Carnap explica el
atractivo de la metafísica: “Las
pseudoproposiciones de la metafísica no
sirven para la descripción de relaciones
objetivas, ni existentes, ni
inexistentes; ellas sirven para la
expresión de una actitud emotiva ante la
vida... ciertos hombres tienen necesidad
de dar una forma especial a la expresión
de su actitud emotiva ante la vida,
forma en la que ésta sea perceptible de
un modo más concentrado y penetrante. Si
tales hombres están capacitados
artísticamente, hallarán en la creación
de una obra de arte la posibilidad de
expresarse”.
Otros
–sin talento artístico– hallan en la
metafísica la forma de expresar esta
actitud. “El metafísico cree moverse en
el terreno de lo verdadero y lo falso
cuando en realidad no ha afirmado nada,
sino solamente expresado algo, como un
artista”. La diferencia entre los poetas
–que también utilizan el lenguaje– y los
metafísicos consiste en que los
metafísicos discuten y polemizan con
otros metafísicos, tratan de refutarse
mutuamente; los poetas saben que su
terreno no es el de la teoría y por ello
no intentan invalidarse entre ellos. Los
metafísicos confunden los campos de la
ciencia y el arte.
POSITIVISMO Y REALISMO
¿Qué
es el positivismo? Schlick comenta que
la evolución de ciertas doctrinas
produce confusiones, las que pueden
surgir debido a la transformación de sus
principios fundamentales. Debido a esto
el autor trata de esclarecer lo que
considera que son los principios
fundamentales del positivismo.
El
positivismo es contrario a la metafísica
y Schlick se define como un
antimetafísico. ¿Qué es la metafísica?
“Es la teoría del ‘verdadero ser’, de la
‘realidad en sí misma’, del ‘ser
trascendente’, esta aseveración supone
que frente al verdadero y auténtico ser
se encuentra un ser inauténtico
menospreciado, sólo aparente, situación
que en verdad han sostenido todos los
metafísicos desde los tiempos de Platón
y de los eleatas. Este ser aparente es
el elemento constitutivo del reino de
las ‘apariencias’, y en tanto que la
auténtica realidad trascendente no puede
ser alcanzada sino con dificultades y
mediante los esfuerzos del metafísico,
las ciencias específicas solamente se
reservarán las apariencias que resultan
las únicas asequibles a su forma de
conocimiento. La oposición entre estas
formas para conocer dos ‘modos de ser’
se justifica mediante la afirmación de
que las apariencias están inmediatamente
presentes, nos son ‘dadas’, en tanto que
la realidad metafísica tiene que ser
inferida de ellas de alguna manera
indirecta”.
“Lo
dado” es un concepto fundamental del
positivismo. El filósofo y el científico
deben siempre permanecer en “lo dado”,
los intentos metafísicos de ir más allá
son carentes de sentido. “Lo dado” del
positivismo es lo que los metafísicos
llaman “las apariencias”. ¿Es el
positivismo metafísica que carece de lo
trascendente? Schlick considera que esta
opinión lleva al error.
Sólo
mencionaré los conceptos que usaremos
para revisar las afirmaciones de lo
paranormal.
Debemos darnos cuenta –dice– de que sólo
es posible establecer el significado de
un enunciado cuando podemos describir el
hecho que debería existir si el
enunciado fuese cierto. “El criterio de
verdad o de falsedad de la proposición
se hallará en el hecho de que en
circunstancias definidas (dadas en la
definición) ciertos datos estarán
presentes o no estarán presentes... pero
si soy incapaz, en principio, de
verificar una proposición, esto es, si
ignoro en absoluto cómo proceder o lo
que tengo que hacer para averiguar su
verdad o su falsedad, entonces
evidentemente ignoro lo que
efectivamente dice la proposición y seré
incapaz de interpretarla... La
enunciación de las circunstancias en que
una proposición resulta verdadera, es lo
mismo que la enunciación de su
significado...”.
Schlick escribe: “Una proposición posee
un significado enunciable sólo cuando
muestra una diferencia comprobable entre
la situación de que sea verdadera y la
de que sea falsa. Una proposición que
refiriera una situación del mundo y la
misma en los casos de ser la proposición
verdadera y falsa respectivamente, es
una proposición que no comunica nada
sobre el mundo, es una proposición
vacía, no es posible otorgarle
significado. Ahora bien, sólo tenemos
una diferencia verificable cuando ésta
se realiza en lo dado, ya que sin género
de dudas verificable no significa otra
cosa que ‘capaz de ser exhibido en lo
dado’. Obvio resulta que verificabilidad
se usa aquí en el sentido de
‘verificable en principio’ ya que el
significado de una proposición es,
naturalmente, independiente de las
circunstancias en que nos encontramos y
que en un determinado momento pudieran
permitir o impedir su verificación
efectiva”.
Esta
verificación debido a problemas
prácticos puede ser en algún momento
imposible de llevar a cabo, pero al
menos es lógicamente posible hacerlo.
Las proposiciones sin sentido no pueden
verificarse por razones lógicas.
“Sentido” y “sentido verificable” son lo
mismo.
Continúa Sclick: “Pero si alguien
informara que en el interior de cada
electrón existe un núcleo, el cual, aun
cuando está siempre presente, no tiene
nunca ni en modo alguno ningún efecto
externo, de suerte que su existencia no
se manifiesta nunca en la naturaleza,
ésa sería una afirmación sin sentido, ya
que tendríamos que preguntarle al autor
de la hipótesis: ¿Qué es lo que
verdaderamente quiere usted significar
al afirmar la presencia de ese ‘núcleo’?
Y él únicamente podría responder:
‘Quiero decir que existe algo en el
electrón’. Y nosotros insistiríamos en
interrogarle: ‘¿Qué significa eso? ¿Qué
ocurriría si no existiese?’. Y él
tendría que responder: ‘Todo seguiría
exactamente igual que antes’, ya que, de
acuerdo con su afirmación, el ‘algo’ del
electrón no tiene efectos y,
sencillamente, no habría ningún cambio
observable: el reino de lo dado no
estaría afectado de ningún modo.
Juzgaríamos que él no había sido capaz
de comunicar el significado de su
hipótesis y que, por tanto, ésta no
tenía significado. En este caso, la
imposibilidad de verificación no es
fáctica sino lógica, ya que en razón de
la total inefectividad de aquel núcleo,
en principio se halla excluida toda
posible decisión relativa a él, basada
en una diferencia en lo dado”.
¿Cómo
se distingue al mundo trascendente o
metafísico del empírico? “Todas las
hipótesis físicas sólo pueden referirse
a la realidad empírica, si por ésta
entendemos a lo cognoscible...
Únicamente cabe establecer hipótesis
para aquello para lo cual existen bases
en la experiencia”.
Antes
de analizar si las proposiciones
paranormales y los alegatos de supuestos
milagros tienen o no sentido, veamos
algunos conceptos que crearon los
positivistas lógicos para tratar de
fundamentar el conocimiento.
PROPOSICIONES PROTOCOLARES
Otto
Neurath analiza el lenguaje de la
ciencia. “Nuestro lenguaje trivial
histórico se nos da de inmediato con una
gran abundancia de términos imprecisos,
no analizados (‘conglomerados’).
Empezamos por limpiar ese lenguaje
trivial de partes componentes
metafísicas y llegamos así al lenguaje
fisicalista trivial... Junto al anterior
está el lenguaje fisicalista altamente
científico, que de antemano puede
considerarse como libre de elementos
metafísicos. Disponemos de este lenguaje
sólo para determinadas ciencias; en
algunos casos sólo partes de ellas”.
El
ideal era la física, por ello habla de
lenguaje fisicalista, los enunciados de
la física son los menos dudosos, por
ello es el lenguaje supremo.
El
lenguaje trivial y el fisicalista
altamente científico se entrecruzan
constantemente. Neurath esperaba que
cada palabra del lenguaje fisicalista
trivial pudiera sustituirse por términos
del lenguaje altamente científico, y al
mismo tiempo que el lenguaje altamente
científico pueda traducirse al lenguaje
trivial.
La
ciencia utiliza dos tipos de
proposiciones fácticas: las protocolares
y las no protocolares.
Las
ciencias se transforman debido al cambio
que sufren las proposiciones, aunque en
ocasiones se modifican las definiciones.
“Cada ley y cada proposición física de
la ciencia unitaria o de una de sus
ciencias fácticas pueden sufrir tal
transformación. Lo mismo vale para
cualquier proposición protocolar”.
En la
ciencia unitaria se trata de crear un
sistema no contradictorio de
proposiciones protocolares y
proposiciones no protocolares. Cuando
aparece una nueva proposición se compara
con el resto, si hay contradicción, la
nueva proposición se rechaza o califica
como falsa; otra posibilidad es
modificar el sistema de manera que no
exista contradicción entre éste y la
nueva proposición, la proposición se
considera verdadera.
“En el sistema de la ciencia unificada,
no podemos utilizar dos proposiciones
protocolares recíprocamente
contradictorias. Aun cuando no es
posible decidir aquí cuál de ellas debe
ser excluida o si deban serlo ambas, lo
que sí es posible establecer es la
seguridad de que no pueden verificarse
las dos, es decir, que el sistema no
tolera la incorporación de ambas”.
Carnap consideraba que sólo podrían
modificarse proposiciones no
protocolares y leyes, sin embargo
Neurath admite la posibilidad de
eliminar proposiciones protocolares: “la
definición de una proposición exige su
verificación y, por lo mismo, también es
susceptible de ser eliminada.”
La
diferencia se debe a que Carnap admitía
que existen ciertos elementos
(experiencias atómicas) a partir de los
cuales se construye la imagen del mundo,
estos elementos no necesitarían
verificarse pues serían vivencias
inmediatas.
Menciona Neurath que el Círculo de Viena
trabaja en crear un lenguaje que utilice
la ciencia unificada; afirma que ha
fracasado el intento de usar la
filosofía como método para hacer
aclaraciones, lo que se debe hacer es
armonizar proposiciones dentro de la
ciencia unificada, y para ello es
necesario una sintaxis lógica. Espera
que la conexión entre las ciencias se
logre rápidamente.
SOBRE
EL FUNDAMENTO DEL CONOCIMIENTO
El
fundamento último del conocimiento ha
motivado a los filósofos a través de la
historia y el análisis de los
“enunciados protocolares” es una manera
de abordar la cuestión.
¿Qué
es un enunciado protocolar? Según
Schlick, es “inicialmente, como el
nombre lo indica, por enunciados
protocolares se significó aquellas
proposiciones que expresan los hechos
con absoluta simplicidad, sin retoque,
sin modificación ni añadidura alguna, en
cuya elaboración consiste toda ciencia y
que anteceden a todo conocimiento, a
todo juicio referente al mundo... si
logramos expresar los hechos brutos en
enunciados protocolares, de una manera
absolutamente pura, parece que estos
constituirán el punto de partida
absolutamente fuera de duda de todo
conocimiento”.
Continúa: “Es evidente, y que yo sepa,
no discutido por nadie hasta ahora, que
en la vida cotidiana y en toda
investigación, el conocimiento de alguna
manera principia con la comprobación de
hechos, y que en el principio de la
ciencia se encuentran asimismo los
enunciados protocolares que traducen
dicha comprobación”.
Pero
el principio del que habla, ¿es un
principio temporal o un principio
lógico? “No necesitan figurar al
principio, sino que basta, si fuere
necesario, poder encontrarlos más tarde.
La necesidad de formularlos aparecerá
cuando uno quiera aclararse a sí propio
el significado del enunciado que
efectivamente escribió”.
A
Schlick no le interesa mayormente si las
proposiciones protocolares lo son en
virtud de un principio lógico o
temporal: “En realidad, las dos
concepciones acaso puedan ser
compatibles, ya que las proposiciones
que traducen los datos puros y simples
de observación, y que se encuentran
temporalmente en el principio pudieran
ser, al mismo tiempo, aquellos que por
virtud de su estructura tuvieran que
construir el punto lógico de partida de
la ciencia”.
Lo
que a Schlick realmente le interesa es
saber qué ayuda podrá prestar al avance
del fundamento del conocimiento el
concepto de proposiciones protocolares.
Y aunque proponer este concepto
constituyó un gran avance, realmente no
se llega a la solución de la cuestión.
El concepto de proposiciones
protocolares conduce a un “relativismo
particular”, ¿con qué certeza puede
afirmarse la verdad de dichas
proposiciones? Estas proposiciones o
enunciados “están expuestos a toda duda
posible”.
Una
proposición que dé cuenta de una
observación no puede considerarse segura
“porque las posibilidades de error son
innumerables”. Por ello es que incluso
los enunciados protocolares se deberán
considerar como hipótesis y podrán
servir para la construcción del sistema
de la ciencia mientras no sean
contradichos por otras hipótesis. De
aquí que los enunciados protocolares
estén siempre sujetos a corrección.
La
primera conclusión es que los enunciados
protocolares no proporcionan la base
firme del conocimiento. La segunda es
que la distinción entre enunciados
protocolares y enunciados no
protocolares es estéril y debe
abandonarse.
Una
vez que se acepta lo anterior surge la
pregunta fundamental: ¿cuál deberá ser
el criterio de verdad? “La verdad sólo
puede consistir en la concordancia mutua
de los enunciados”.
Ésta
es la llamada teoría de la coherencia de
la verdad. Otros pensadores consideraron
que debía haber concordancia entre los
enunciados y los hechos, pero esta
“teoría” afirma que deberá haber
concordancia entre los enunciados que
conforman el conocimiento. Esto quiere
decir que no deberá haber
contradicciones, una proposición no
deberá contradecir determinados
enunciados. ¿Cuáles? Los que expresan
los hechos de la observación inmediata.
Schlick critica este criterio de verdad
pues “entonces hay que considerar que
los cuentos de hadas, arbitrarios, son
tan verdaderos como un relato histórico,
o como los enunciados de un libro de
química, siempre que el cuento esté
construido de tal manera que no encierre
una contradicción”.
De
esta forma queda demostrado “que la
teoría de la coherencia resulta
lógicamente imposible; no sirve en
absoluto para proporcionar un criterio
unívoco de verdad, porque por medio de
ella puedo llegar a cualquier número de
sistemas congruentes de enunciados, que
sean incompatibles entre sí”. Por lo
anterior es necesario buscar otro
fundamento para el conocimiento, se debe
añadir algo a la teoría de la
coherencia.
Si
los enunciados protocolares resultaron
ineficaces, tal vez se tenga éxito con
los enunciados fundamentales. Estos
serían aquellos que no se modificarían,
todas las demás proposiciones deberían
estar en concordancia con estos
enunciados. Sin embargo no es posible
concebir ciertos enunciados como
definitivamente fundamentales, con el
tiempo podrían abandonarse y otros
ocupar su lugar.
En la
siguiente parte del artículo hace una
exposición acerca de cómo considera que
se trabaja en ciencia: comenzando por
hacer observaciones y elaborando
proposiciones de observación, de éstas
se deducen otros enunciados, después
confirmando predicciones, es decir,
verificando. A continuación mezcla
verificación y sentimientos, o mejor
dicho, habla acerca de los sentimientos
que produce en un investigador la
verificación.
Considera que el ser humano busca
enunciados universales debido a que
dependía de estos para sobrevivir,
aunque el día de hoy “ya no se le busca
por su utilidad; con la confirmación de
la predicción se ha alcanzado la meta
científica: el placer del conocimiento
es el placer de la verificación, el
sentimiento triunfal de haber
conjeturado correctamente. Y eso es lo
que nos proporcionan los enunciados de
observación. En ellos alcanza la ciencia
su meta, por así decirlo: es por ellos
por lo que existe. La cuestión recóndita
detrás del problema de los fundamentos
absolutamente seguros del conocimiento
es, por decirlo de algún modo, la de la
legitimidad de esa satisfacción de que
la verificación nos llena”.
Afirma que si se considera a la ciencia
como un sistema de enunciados en que el
interés se limite a la coherencia lógica
de las proposiciones, su fundamento
entonces será resuelto de forma
arbitraria, ya que todos los enunciados
son hipótesis. En cambio “si se enfoca
la atención a la relación de la ciencia
con la realidad, se contempla lo que
efectivamente es un sistema de sus
enunciados, a saber, un medio de
encontrar una ruta entre los hechos, de
llegar al goce de la confirmación, al
sentimiento de la finalidad. El problema
del fundamento se convierte entonces
automáticamente en el inconmovible punto
de contacto entre el conocimiento y la
realidad”. ¿Cuáles son estos puntos de
contacto? Las constataciones. Éstas no
son hipótesis ni se encuentran en la
base de la ciencia. Pero no especifica
más sino que mencionan algunas
metáforas.
VERIFICACIÓN Y EXPERIENCIA
¿Qué
es lo que determina la verdad o la
falsedad de las proposiciones empíricas?
Con esta pregunta comienza su artículo
A. J. Ayer, quien distingue entre las
proposiciones cuya veracidad o falsedad
se determina averiguando la veracidad o
falsedad de otras proposiciones, y las
proposiciones cuya veracidad o falsedad
se determina directamente por
observación.
Otro
punto importante es que Ayer menciona
que nunca quedará verificada
concluyentemente una proposición
universal; sin embargo, la falsedad de
una proposición singular puede demostrar
la falsedad de la proposición universal.
Existe una asimetría entre verificar y
refutar. Parece ser que la refutación es
contundente. De ahí que algunos
filósofos hablen no de verificación sino
de refutación (“la ciencia no verifica,
refuta”).
Ayer
propone llamar proposiciones básicas a
aquellas proposiciones que no se
infieren de otras y que pueden
confrontarse con los hechos, y menciona
que algunos pensadores afirman que no es
posible hablar de confrontar
proposiciones con hechos, sino que sólo
es posible confrontar unas proposiciones
con otras. También analiza la teoría de
la coherencia de la verdad y cita a
aquellos que sólo se fijan en el sistema
de proposiciones y su coherencia
interna, sin mencionar la comparación
con los hechos.
Afirma que los partidarios de la teoría
de la coherencia reconocen la
posibilidad de poder construir sistemas
de proposiciones ficticias que sean
internamente coherentes, por lo que
pregunta “¿cómo se proponen distinguir
los sistemas verdaderos de los falsos?”.
La respuesta que dan es que hay que
considerar otras proposiciones: las
protocolares fundamentales. Éstas deben
ser coherentes con las demás, y son
aquellas que formulan los investigadores
acreditados. Esta respuesta, por
supuesto, le resulta insatisfactoria.
“El intento de formular un criterio para
determinar la verdad de las
proposiciones empíricas que no
contuvieran referencia alguna a los
‘hechos’, ni a la ‘realidad’, ni a la
‘experiencia’, no ha tenido éxito”.
Para
Ayer ni la forma ni la validez de las
proposiciones básicas dependen meramente
de convenciones. ¿Qué clase de
correspondencia existe entre las
proposiciones básicas y las experiencias
que las verifican? Ayer compara esta
correspondencia con la que hay entre una
fotografía y lo fotografiado, aunque no
le satisface. Tampoco le satisface la
comparación con mapas: “la mera forma de
la proposición no nos dirá si el
territorio que dice representar es
imaginario o real. Entonces, ¿podemos
evitar decir que comprobamos la verdad
de tal mapa viendo si está de acuerdo
con la realidad?”.
Al
final de su artículo habla que las
proposiciones básicas no pueden
corregirse o cambiarse y especula acerca
del significado de esto: “El profesor
Moore me ha sugerido que lo que
probablemente piensan algunos de los que
dicen que las proposiciones básicas son
incorregibles es que no nos podemos
equivocar acerca de ellas de la manera
como nos podemos equivocar respecto de
otras proposiciones empíricas... Si
Moore tiene razón, no tiene sentido
decir ‘dudo si esto es rojo’ o ‘creo que
tengo un dolor, pero puedo estar
equivocado’, a menos que quiera decir,
tan sólo, que dudo si ‘dolor’ y ‘rojo’
son las palabras correctas que debiera
emplear en uno y otro caso. Actualmente
creo que Moore tiene razón en este
punto. Pero declaro no conocer si éste
es un hecho del que se deriven algunas
conclusiones importantes”.
PACHITA
El
paradero de Jacobo Grinberg se
desconoce. Lo que es posible decir con
exactitud es que estaba interesado en el
mundo de lo paranormal.
Grinberg obtuvo el título de psicólogo
en la Universidad Nacional Autónoma de
México. Por su interés en los fenómenos
paranormales es que en la cámara del
sueño de la Facultad de Psicología se
llevaron a cabo algunos experimentos con
niños que aseguraban poder ver con la
piel de las palmas de las manos (visión
extraocular). No fueron pocos los
problemas que Grinberg enfrentó debido a
su curiosidad y, según dejó escrito,
casi le cuesta su puesto de profesor en
la universidad porque ninguno de sus
colegas ha podido aceptar la existencia
de ese “nivel de realidad”. ¿A que nivel
de realidad se refería?
Grinberg convivió con una curandera
llamada Bárbara Guerrero, mejor
conocida como Pachita. Según Grinberg
“durante las operaciones que realizaba
ella era capaz de materializar y
desmaterializar objetos, órganos y
tejidos. El manejo de las estructuras
orgánicas le permitían realizar
trasplantes de órganos a voluntad,
curaciones de todo tipo y diagnósticos a
distancia con un poder y exactitud
colosales”.
Grinberg presenció una gran cantidad de
operaciones, operaciones que resultan
inverosímiles; veamos un ejemplo:
“El caso más extraordinario y el que me
enseñó que realmente no existen límites,
fue el de una niña, quien en una
operación convencional había sido
sobreanestesiada, dejándole su cerebro
muerto por la falta de oxígeno. Los
padres, desesperados después de ver una
docena de neurólogos, dieron con
Pachita y le pidieron ayuda. Pachita
aceptó y la segunda operación que vi
aquella primera noche, fue un trasplante
de corteza cerebral en la niña
sobreanestesiada.
“Durante más de diez
años me he dedicado a investigar algunos
aspectos de la fisiología cerebral y
aunque me considero bastante
revolucionario entre mis colegas, jamás
me imaginé, ni podría haber aceptado,
que una parte del cerebro pudiera
trasplantarse de un ser humano a otro.
Jamás lo hubiera aceptado de no haberlo
visto, pero el caso es que lo vi y eso
me trastornó tan profundamente que a
partir de ese momento, todas mis
concepciones psicofisiológicas
cambiaron. La niña era un ‘vegetal’ que
no se movía ni hablaba ni controlaba sus
esfínteres. En esa operación, y en
cuatro subsecuentes, Pachita cortó el
cuero cabelludo con el cuchillo de monte
y después abrió el hueso del cráneo
usando un pedazo de sierra de plomero.
“Yo veía eso y parte de
mí pensaba que no era cierto y otra que
era maravillosamente real.
“Después Pachita hizo
aparecer una sección de corteza humana,
tomó un pedazo en sus manos, le lanzó su
aliento y le ordenó que viviera:
‘¡vive!, ¡vive!’, le gritaba.
“Después con la ayuda
del cuchillo, introdujo el pedazo de
corteza al cráneo de la niña y con una
serie de movimientos extraños, lo dejó
depositado allí. Por fin, la herida se
cerró después de que yo fui invitado a
colocar mis manos encima de la misma. A
eso se le llamaba saturar. La niña fue
vendada y devuelta a sus padres.
“La operación se realizó
sin anestesia, sin asepsia y
considerando su magnitud y seriedad, lo
que se podía haber esperado como mínima
reacción era una meningitis fulminante.
En lugar de ello, la niña se presentó a
los 15 días para una nueva operación,
sin infecciones, sin haberse muerto de
shock postoperatorio y con algún síntoma
de mejoría. De hecho, después de cuatro
operaciones similares a la descrita, yo
vi a esa niña empezar a tener
movimientos voluntarios, balbucear
vocablos, quejarse del dolor y molestias
y sonreír, ¡sí! ¡sonreír!
“Cuando yo vi sonreír a
esa niña y alcancé a comprender los
motivos de su alegría, entendí que lo
más fundamental es lo de mayor alcance
espiritual, lo que cualquiera comprende,
lo que se encuentra presente en todos
los niveles, lo clásico, lo que se
siente como certeza y mismidad”.
Para
Pachita –según se lee– era cosa
corriente abrir cuerpos, aparecer
órganos (aportes), realizar trasplantes,
etcétera.
Grinberg no sólo fue testigo de una
enorme cantidad de operaciones, sino que
tuvo en ellas un papel activo, pues los
cortes o heridas se cerraban cuando él
ponía sus manos sobre ellas: “Supe que
debía colocar el algodón sobre la herida
y colocar mis manos sobre él. Lo hice y
la herida cerró instantáneamente. Me
dieron una venda y cubrí el vientre con
ella”. Existen varias fotografías que
muestran a Pachita realizando estos
milagros, sin embargo, después de leer
las descripciones del psicólogo,
resultan decepcionantes, ya que ninguna
es sorprendente y son imágenes iguales a
las que muestran los “cirujanos
psíquicos” de Filipinas.
Pachita decía que no era ella quien
operaba, en realidad lo hacía el Hermano
Cuauhtémoc: “Pachita decía que el
espíritu del último emperador azteca
trabajaba a través de su cuerpo
realizando su trabajo. Ella se
introducía a un trance transformando su
personalidad y efectuando las
operaciones...”.
Todas
las historias que sobre ella se contaban
motivaron a diversos “investigadores” a
acercársele, en palabras de Pachita: “A
mí me lleva la chingada con esa gente
que viene a curiosear como si esto fuera
un circo. Un día vinieron esos, ¿cómo se
llaman?, ¡ah sí!, esos de control mental
a investigarme. Me llevaron a una casa
en la que había rayas de todos colores.
Rojas, azules, verdes y negras. Un señor
Silva me dijo que yo estaba en la negra.
Hágame el favor, ese cabrón me quería
nada más para meterme en lo negro. Luego
me dijeron que buscara un enfermo con mi
mente. Yo qué iba a buscar ni qué
carajos. ¿Para qué? Luego otros me
llevaron a la zona del silencio en
Torreón para que les dijera lo que había
allá. Puro pinche desierto y yo allí en
medio. Encontré una tortuga y me la
traje... Dicen que se paran los relojes
y que no se oye el radio pero, ¿para qué
sirve eso?, nada más buscan por buscar
sin saber y por más que encuentran no se
quedan satisfechos. ¡Si yo les contara
todo lo que me han llevado a hacer! Un
día me dijo un amigo que le ayudara a
buscar no sé qué madres, en un terreno.
Fui allí y me lo encontré lleno de
excavaciones, me dijeron que les
reportara lo que sentía y yo me quedé
tal cual. Aquí sí que se trabaja, pero
yo de eso sé menos que nadie. Yo nada
más me voy y viene el hermano y ni me
entero... Y luego vienen a invitarme a
dar conferencias y yo ¿qué les voy a
decir? ¡Se imaginan a esta pendeja
hablando en una conferencia! A mí me
gustan las buenas obras, las que de
veras ayudan...”.
Pachita distinguía entre enfermedad
buena y enfermedad mala. La enfermedad
buena es aquella que tiene causas
naturales y que puede curarse con
medicinas convencionales, mientras que
la mala es aquella que provocan los
“daños”. “Alguien tiene una envidia y la
persona envidiada recibe una carga
energética que lo enferma... Los daños
son las introyecciones de los malos
pensamientos de los otros, son las malas
intenciones detectadas a niveles
corporales... Los celos enredan el
espíritu; la envidia provoca daños.
Luego es necesario hallarlos y echarlos
fuera”. Pachita abría el cuerpo del
paciente y extraía el daño; los daños se
materializaban en forma de entidades
oscuras a las que había que tratar de
forma especial (se les envolvía en papel
negro). Estas entidades también eran
llamadas seres del bajo astral.
De
igual forma, Pachita era capaz de
corregir un diagnóstico médico: “Ya sé,
dicen que tienes cáncer pero eso no es
cierto. Vas a curarte y vienes otro día
para ver cómo sigues y para cambiarte
tus riñones. No le hagas caso a los
médicos, te han debilitado con sus
lavadas y técnicas de... ¿cómo se llama?
Quimioterapia...”.
Grinberg trató de explicar todos estos
fenómenos recurriendo a la mecánica
cuántica, la neurología y a otros
conceptos de su invención. Dejó claro
que los portentos de los que fue testigo
eran auténticos: “Muchas personas me han
preguntado si lo que describo sucedió
tal y como está relatado. La respuesta
es absolutamente afirmativa; no existe
aquí invención o falsedad; todo sucedió
exactamente tal y como se presenta”.
LO
PARANORMAL Y LOS MILAGROS
¿Qué
es lo paranormal? ¿Los milagros son
fenómenos paranormales? ¿Son sinónimos
sobrenatural y paranormal? ¿Los
fenómenos paranormales violan las leyes
de la naturaleza? Si lo paranormal o
sobrenatural es aquello que existe fuera
de la naturaleza, ¿cómo podríamos saber
si existe? Lo que está fuera de la
naturaleza necesariamente debería entrar
en contacto con “lo dado” para poder
conocerlo. ¿Cómo es posible que “lo que
está fuera de la naturaleza” se
manifieste en la naturaleza? ¿Por qué
sucede? ¿Cuándo sucede? ¿De qué manera
sucede? ¿Cómo podríamos verificarlo?
Definir lo paranormal no es tan
sencillo, incluso algunos autores
señalan que los llamados “fenómenos
paranormales” en realidad deben contar
con una explicación natural hasta ahora
desconocida, así, la telepatía no
estaría violando ninguna ley de la
naturaleza sino esperando una
explicación satisfactoria.
Lo
anterior querría decir que lo paranormal
carece de existencia, y estos fenómenos
deberían más bien catalogarse como
“fenómenos que aún no cuentan con una
explicación”. Sin embargo los defensores
de la telepatía no han ofrecido un
modelo que pudiera explicar el fenómeno.
Más adelante volveremos sobre este
asunto.
De
cualquier forma no todos los creyentes
aceptan esta visión naturalista. Pero si
dicha visión no es aceptada, y se habla
de la revelación de un “mundo o universo
no-físico”, ¿cómo verificar la
existencia de ese mundo y de su
manifestación en nuestro mundo: los
fenómenos paranormales? ¿Por qué el
“mundo paranormal” se podría manifestar
en el mundo natural? ¿Podría estar al
alcance del conocimiento algo así?
¿Resultan estos fenómenos cognoscibles?
¿Tienen sentido –tal y como los
positivistas lógicos lo entendían– los
fenómenos paranormales o las
manifestaciones del “mundo
sobrenatural”? Tal vez.
Jorge Balej
reflexiona: “¿Qué significa que algo
sea cognoscible? Significa que es
factible investigarlo desde un punto de
vista científico porque en definitiva es
un fenómeno físico medible y
cuantificable, lo que no implica que sea
sencillo de explicar sino que la
explicación existe. Algo incognoscible,
en cambio, es algo que por definición no
es producido por una interacción física
y por lo tanto no es analizable desde un
punto de vista experimental... Voy a
hacer otra suposición: todo fenómeno que
provoque alteraciones o interactúe con
el entorno físico debe ser cognoscible.
Ésta es sólo una hipótesis de trabajo,
por supuesto, pero es lo menos que se
puede pedir para que tenga algún sentido
investigar estas cosas. Bajo esta
hipótesis muchos fenómenos
parapsicológicos (de existir) deberían
ser cognoscibles pues producen
alteraciones en la materia (movimiento
en el caso de la telequinesis,
alteraciones cerebrales en telepatía,
etcétera)”.
Difiero en algunos puntos. Supongamos
que los fenómenos paranormales existen y
que son una manifestación extranatural.
Por ese sólo hecho podríamos suponer que
son incognoscibles; pero por el hecho de
manifestarse en nuestro mundo, lo
alteran, y esa alteración puede ser
descubierta, observada, cuantificada,
etc. Entonces, los fenómenos
paranormales no serían incognoscibles
por ser una manifestación de algo que
existe fuera de la naturaleza. Dice
Balej que “todo fenómeno que provoque
alteraciones o interactúe con el entorno
físico debe ser cognoscible”. Pero desde
mi punto de vista, de existir estos
fenómenos, resultarían incognoscibles,
no por no provocar alteraciones en “lo
dado”, sino por la forma en que lo
alteran.
Pensamos en alguien que no hemos visto
hace años y segundos después nos llama
por teléfono. Los creyentes hablan de
inmediato de telepatía o precognición,
los escépticos dirían que es una
coincidencia. Supongamos que
–efectivamente– se trató de telepatía,
pues no existe forma de verificarlo,
estaría fuera del alcance de nuestro
conocimiento. De igual forma, cuando la
telequinesis se lleva a laboratorio, los
sujetos no mueven objetos con la mente,
al menos no de forma que pueda verse
directamente, o se concentran en un
determinado número y lanzan un dado, y
se lleva a cabo un análisis estadístico
para calificar los resultados. Hasta
ahora las posibilidades son: a) Los
fenómenos paranormales no existen. b)
Los fenómenos paranormales existen, pero
no resulta posible verificarlos debido a
lo débil de sus efectos.
Este
último punto es lo que mantiene vivo el
debate entre los académicos que se
interesan en estas cosas, Mario
Méndez Acosta escribe que “lo que
estudia la parapsicología es un conjunto
de fenómenos elusivos, fugaces y de
extrema rareza. Lo son tanto que esta
dificultad en detectarlos se hace más
bien evidencia de que no existen, lo
cual resulta una hipótesis más
parsimoniosa”. ¿Existe evidencia
estadística de lo paranormal? Más
adelante volveré sobre esto.
Definir lo paranormal es difícil, tarea
más sencilla es mencionar qué supuestos
fenómenos pertenecerían a esta
categoría: telequinesis, telepatía,
percepción extrasensorial, vida después
de la muerte, fantasmas, etc.
Ahora, ¿qué es un milagro? Podríamos
comenzar diciendo que se trata de una
suspensión temporal de las leyes
naturales. Pero hay algo más. La gente
desea salud, la capacidad de realizar
trabajos sin necesidad de gastar
energía, etc. Cuando la naturaleza
interrumpe su forma normal de funcionar,
y lo hace para complacer los deseos del
ser humano, entonces podemos hablar de
un milagro. ¿Es satisfactoria esta
definición? Podemos dejarla así.
De
vez en cuando escuchamos historias de
pretendidos milagros en los que
intervienen supuestos “seres
espirituales” o ángeles; la historia
típica menciona que un niño salvó su
vida gracias a la intervención de uno de
estos seres. Así, los creyentes señalan
que todos los niños tienen un ángel de
la guarda. Los no creyentes podemos
hablar de los cientos (o miles) de
accidentes sufridos por niños. ¿Qué
hacían los ángeles de la guarda cuando
sucedió el accidente? ¿Por qué no
hicieron su trabajo?
Siendo estrictos, nuestra objeción no
demostraría la falsedad de la
afirmación, en todo caso mostraría que
no todos los niños tienen un ángel de la
guarda (o que la mayor parte de los
ángeles son poco aptos para llevar a
cabo su trabajo). De igual forma podemos
ofrecer explicaciones alternativas a la
supuesta manifestación de los ángeles.
Pero ¿hay alguna manera de verificar la
existencia de estos seres? La
proposición “existen los ángeles de la
guarda”, ¿bajo qué condiciones puede
considerarse verdadera y bajo qué
condiciones falsa? ¿Cómo puede ser
verificada? No hay forma alguna de
hacerlo.
Lo
anterior me recuerda el ejercicio que
propone Carl Sagan en “El mundo y
sus demonios”: alguien nos dice que
tiene un dragón en su garaje, y ante
nuestra incredulidad decide llevarnos a
verlo, llegamos y no notamos su
presencia; el dueño del dragón nos dice
que “ahí está pero es invisible”,
entonces le sugerimos experimentos para
constatar que efectivamente existe:
rociar pintura sobre el cuerpo del
dragón, llenar de polvo el piso para que
se marquen sus huellas, etc. Pero a cada
experimento nos dice por qué no
funcionaría. Bueno, no hay manera de
verificar la existencia del dragón
invisible. Carece de sentido.
Esto
se puede extender a todos los milagros.
Pensemos ahora en la realidad literal de
las historias de los Evangelios. Cito la
opinión de Thomas Paine: “Si en
la actualidad alguna chica embarazada
jurara que concibió al niño por medio de
un espíritu y que un ángel se lo dijo,
¿le creeríamos? Por supuesto que no.
¿Por qué entonces vamos a creerle a otra
chica que nunca vimos, algo contado
quién sabe por quién, cuándo o dónde?
Resulta extraño e inconsistente que la
misma circunstancia que podría reducir
la credibilidad incluso de una historia
probable, sea un motivo para creer ésta,
que tiene todos los visos de ser
absolutamente imposible y falsa”.
Un
creyente puede estar completamente
convencido de que Jesucristo no tiene
padre humano. Es más, aceptemos que
realmente sucedió el milagro. ¿Hay forma
de verificarlo? ¿Cómo verificar lo que
sucedió en la intimidad de una familia
hace dos mil años? No es posible hacer
más: aceptamos o rechazamos la historia.
Para los escépticos es claro: Ningún
testimonio es suficiente para establecer
un milagro, a menos que el testimonio
sea de una naturaleza tal, que su
falsedad resultara aún más milagrosa que
el hecho que pretende establecer. Si un
milagro es un capricho de Dios,
evidentemente jamás podremos
contrastarlo; los milagros estarían
fuera del alcance de nuestro
conocimiento. Los milagros carecen de
sentido.
¿Hay
diferencias entre los fenómenos
paranormales y los milagros?
La
diferencia entre lo paranormal y los
milagros no es muy clara. Me parece que
una diferencia es que detrás de los
milagros habría una “voluntad
extranatural” (Dios, los ángeles, los
santos, los espíritus...). Por lo
general, solamente se puede creer o no
creer en un milagro, es decir, los
milagros son asuntos de fe; sin embargo,
en ocasiones es posible someter a
verificación un pretendido milagro
(entonces el milagro se convertiría en
un fenómeno paranormal).
El
filósofo Paul Kurtz llama
“paranatural” a aquellas manifestaciones
que son –al mismo tiempo– paranormales y
milagrosas: “He propuesto que usemos el
término paranatural para referirnos a
afirmaciones religiosas que son capaces
de alguna resolución empírica y que no
son trascendentales o supernaturales. En
este caso son similares a las
afirmaciones paranormales comprobables”.
Primero veamos lo que sucede con el
estudio de lo paranormal.
Es
tarea diaria de los científicos
enfrentarse al misterio. Comprender la
forma en que trabaja la naturaleza es su
objetivo, y para llevarlo a cabo se las
tienen que ver con fenómenos nuevos o
poco comprendidos hasta el momento.
¿Cuál es el problema con lo paranormal?
La existencia de los fenómenos
paranormales no está demostrada, pero
hasta hace unos años los científicos aún
discutían si los hoyos negros existían o
no. ¿Dónde está el problema con lo
pretendidamente paranormal? Veamos.
1. El
Proyecto Alpha de James Randi
puso en evidencia lo difícil que puede
resultar para los científicos planear
experimentos en los que se pueda
descartar por completo que el sujeto o
“psíquico” haga trampa.
2. Lo
que nos dicen los convencidos es que
debemos aceptar estos fenómenos porque
sus análisis estadísticos muestran que
los resultados obtenidos están un poco
por encima de lo que se esperaría por
azar. Pero después de revisar la
literatura parapsicológica los críticos
señalan que los experimentos estuvieron
mal diseñados, o que el sujeto podría
haber hecho trampa, o que el análisis es
deficiente. Por ejemplo, el físico
Robert L. Park dice: “Todas
las mediciones científicas deben lidiar
con cierto nivel del ruido de fondo o de
fluctuación estadística. Pero si la
relación señal/ruido no puede ser
mejorada, y se mantiene siempre
constante, muy probablemente el efecto
es falso y el trabajo no es ciencia”.
A todo esto los
convencidos han respondido. La polémica
continúa.
Supongamos que alguien muestra la
capacidad para mover objetos con el
pensamiento, que lo hace en un
experimento bien diseñado, bajo
condiciones adecuadas de observación y
que es imposible que el sujeto haga
trampa. Imaginemos también que al día
siguiente el sujeto pierde su capacidad,
que le resulta imposible repetir el
prodigio. ¿Qué pasaría? ¿Aceptaríamos la
telequinesis como un hecho confirmado?
Pues éste es el sinsentido de los
fenómenos paranormales.
No
sólo se trata de que su existencia no
haya sido hasta ahora demostrada; si lo
paranormal existe, estamos
enfrentándonos a fenómenos que aparecen
y desaparecen cuando quieren, que no
permiten su observación directa, o al
menos una observación en condiciones
controladas, que no se pueden llevar a
laboratorio y por tanto que no pueden
ser examinados. Los efectos que producen
son pasajeros y de poca intensidad, de
ahí que siempre puedan darse
explicaciones alternativas mucho más
sencillas y creíbles. Además de que las
estadísticas en las que algunos basan su
convencimiento son dudosas o polémicas.
En la
naturaleza existen fenómenos u objetos
cuya existencia se ponía en duda. Un
ejemplo: sólo después de mucho tiempo y
muchas discusiones se aceptó que los
hoyos negros existen. ¿Pasará lo mismo
con lo paranormal? No. Los agujeros
negros no juguetean con los científicos,
los físicos realizaron el trabajo
teórico y después realizaron las
observaciones necesarias. Es decir, los
defensores de la existencia de los
agujeros negros contestaron a la
pregunta ¿qué observaríamos si los hoyos
negros realmente existieran? Contestaron
las preguntas –siguiendo a los del
Círculo de Viena–: ¿Bajo qué condiciones
la proposición “los agujeros negros
existen” debe ser verdadera y bajo qué
condiciones falsa? ¿Cómo puede ser
verificada dicha proposición? La
propuesta de la existencia de los hoyos
negros tenía sentido. Esto no sucede con
lo paranormal.
Escribe Michael Shermer: “Datos y
teoría, evidencias y mecanismos: tales
son los pilares gemelos sobre los que se
puede erigir una ciencia confiable. Sin
datos y evidencias, una teoría o un
mecanismo no tienen nada que explicar.
Sin una teoría o un mecanismo, los datos
y evidencias andan a la deriva en un
vasto mar”.
Explica que la deriva continental,
propuesta en 1915, no se aceptó sino
hasta que se encontró cuál podría ser el
mecanismo por el que se desplazaran los
continentes. Otro ejemplo que pone es el
de la evolución, la que no se aceptó
hasta que Charles Darwin y
Alfred Rusell Wallace propusieron un
mecanismo: la selección natural.
Concluye Shermer que “hasta que
encuentre a su Darwin, la parasicología
seguirá a la deriva y al margen de la
ciencia”. El mismo Méndez Acosta dice:
“No hay modelos teóricos del
funcionamiento de la telepatía o de los
principios de la telepatía o de los
principios fundamentales de la
telequinesis, por poner un ejemplo. No
existe un modelo matemático que
represente analíticamente fenómenos como
el transporte instantáneo de información
compleja a distancia que implica la
telepatía, o la creación de energía de
la nada que implica la telequinesis o el
rompimiento de la relación causa-efecto
que acarrea la precognición”. Todo esto
significa que el primer objetivo de la
parapsicología es dar sentido a los
llamados fenómenos paranormales.
John
Beloff
realizó una propuesta para darle sentido
a la parapsicología: el “Objeto
Paranormal Permanente”.
Los
del Círculo de Viena mencionaban: “El
criterio de verdad o de falsedad de la
proposición se hallará en el hecho de
que en circunstancias definidas (dadas
en la definición) ciertos datos estarán
presentes o no estarán presentes... pero
si soy incapaz, en principio, de
verificar una proposición, esto es, si
ignoro en absoluto cómo proceder o lo
que tengo que hacer para averiguar su
verdad o su falsedad, entonces
evidentemente ignoro lo que
efectivamente dice la proposición y seré
incapaz de interpretarla...”.
Lo
que realmente se desea con el OPP es
terminar con las discusiones estériles,
de nada sirven los testimonios o las
fotografías, el material anecdótico no
sirve más que para contar historias de
sobremesa, vender revistas o hacer
conferencias. Lo verdaderamente
importante es saber si lo
paranormal existe o no.
¿En
dónde radica la importancia del OPP?
Primero se tendría que dejar en claro lo
que se entiende por “cualidades
paranormales”. Una vez que todos están
de acuerdo en que ciertas
características serían algo paranormal,
se procedería a analizar el mencionado
objeto, se realizarían las observaciones
y las mediciones necesarias, y,
finalmente se podría determinar si éste
tiene o no las cualidades paranormales.
El objeto es “permanente” en el sentido
de que, siempre que se requiera, lo
podrán examinar científicos de cualquier
parte del planeta. Así, las cualidades
paranormales del objeto en cuestión
serán claras para todo aquel científico
que lo examine.
Al
buscar el OPP, la investigación de lo
paranormal dejaría fuera la telepatía,
la precognición, etc. ¿Hay candidatos a
ser el OPP? Uno de ellos es el Sudario
de Turín. Los mexicanos contamos con
otro candidato: la Guadalupana. Aunque
en cualquiera de estos casos se trataría
del Objeto Paranatural Permanente.
En el
caso de la imagen de la Virgen de
Guadalupe, los creyentes mencionan una
serie de hechos supuestamente
inexplicables. Desgraciadamente cada uno
de los misterios ha sido resuelto:
José Sol Rosales, quien fuera
director del Centro Nacional de Registro
y Conservación para Obra Mueble del
Instituto Nacional de Bellas Artes
(INBA), encontró que el ayate es de lino
y cáñamo –y no de henequén–, de igual
forma ha descrito el tipo de pintura
utilizada; Sol Rosales analizó el ayate
a petición de Guillermo Schulemburg,
ex abad de la basílica de Guadalupe. El
investigador Leoncio Garza-Valdés
asegura que hay tres imágenes pintadas
(una sobre la otra): Marcos Cipac
y Juan de Arrue son quienes
habrían pintado la imagen de la
morenita, y José Antonio Flores Gómez,
restaurador de obras de arte, en dos
ocasiones (1947 y 1973) le dio una
“manita de gato” a la guadalupana.
Las
operaciones de Pachita serían –al mismo
tiempo– fenómenos paranormales y
milagros. No serían sólo milagros porque
el mismo Grinberg intentó explicarlos
usando conceptos de la física y
neurología. Tendríamos –siguiendo a
Kurtz– un fenómeno paranatural. Al tener
“resolución empírica”, estas operaciones
tienen sentido, ¿o no? ¿Con qué
elementos contamos para calificar lo que
supuestamente era capaz de realizar
Pachita? ¿Con Pachita podríamos hablar
de un “Sujeto Paranormal Permanente”?
Lo
que tenemos para analizar los supuestos
milagros llevados a cabo por Bárbara
Guerrero son las fotografías, los
testimonios de quienes fueron operados
(o de sus familiares) y el testimonio de
Jacobo Grinberg. ¿Es suficiente? ¿Hasta
dónde podemos llegar con estos
elementos? Pachita ya no está (lo de
“permanente” queda descartado), no es
posible pedirle que realice sus
operaciones bajo buenas condiciones de
observación (frente a científicos) y
registrar lo que pudiera suceder. En
pocas palabras: no es posible ni planear
ni llevar a cabo una investigación
científica al respecto.
Pero
supongamos que –tal y como lo escribió
Grinberg– Pachita realmente fuera capaz
de operar, aparecer órganos y realizar
trasplantes. ¿Cómo podríamos
verificarlo? Simplemente no podemos. Ni
las fotografías ni los testimonios son
evidencia suficiente. Lo único que
podría hacerse es aceptar o rechazar lo
narrado por Grinberg. Independientemente
de nuestras convicciones personales (un
creyente puede argumentar a favor de
estos fenómenos, y los escépticos podrán
decir con toda razón que las pruebas son
insuficientes), Pachita y sus milagros
no pueden formar parte del conocimiento
científico, ya que “una proposición,
cuando dice algo, sólo puede enunciar un
hecho empírico. Algo que estuviera más
allá de lo experimentable no podría ser
dicho, ni pensado, ni planteado...”.
Aquí
hay una cuestión interesante. Paul Kurtz
escribe: “si se encuentra una
explicación científica para un supuesto
hecho paranormal, éste se convierte
inmediatamente en un suceso
no-paranormal y pasa a formar parte del
universo natural”. Dar sentido a los
fenómenos sobrenaturales significaría
convertirlos en fenómenos naturales, no
se puede dar sentido a lo sobrenatural
sin destruir este término.
En la
ciencia también se han reportado
milagros, aunque tal vez sea mejor
hablar de “anomalías”. ¿Cómo se manejan
estas anomalías o milagros en el mundo
científico?
Los
defensores de lo paranormal podrían
decir que no se contará con modelos o
leyes en la parapsicología porque sus
fenómenos no son naturales. Esto querría
decir que estos fenómenos no siguen una
regularidad. Según la visión de la
mecánica clásica, el universo es
semejante a una maquinaria de relojería.
Así, es posible predecir todo lo que
sucederá en él si se conocen la
posición, la velocidad y aceleración de
cada átomo.
La
ciencia trata de encontrar las causas de
los fenómenos que estudia, encontrar
leyes y hacer predicciones. Sin embargo
en el mundo de los átomos se ha
descubierto que “Dios no sólo juega a
los dados sino que además los arroja
donde nadie pueda verlos”, es decir, hay
fenómenos que ocurren “porque sí”. ¿No
es esto paranormal? Ningún científico lo
considera así. Esto pone en evidencia
que lo paranormal no cuenta con una
definición precisa. La mecánica
cuántica, a diferencia de la mecánica
clásica, es indeterminista, o sea que se
basa en probabilidades. A nivel
macroscópico también hay fenómenos –como
el clima– que no pueden predecirse. El
caos determinista es la razón. Tampoco
se invoca lo paranormal en estos casos.
La
fusión fría nos muestra lo que sucede en
el mundo de la ciencia cuando alguien
reporta algo anómalo. Los físicos
Fleischmann y Pons decían haber
conseguido la fusión fría, pero los
pormenores del experimento se
mantuvieron en secreto. Cuando toda la
información salió a la luz y sus colegas
reprodujeron la experiencia, no lograron
los resultados reportados por Fleischman
y Pons. La polémica se mantuvo por largo
tiempo. A fin de cuentas la conclusión
es que o se trató de un fraude o de un
error.
Si
Fleischman y Pons hubiesen dicho que no
había fraude, que tampoco había error, y
que sí habían logrado la fusión fría
pero que por alguna extraña razón no es
posible volver a obtenerla, ¿se hablaría
de un milagro en el mundo de la física?
Pensemos que efectivamente se hubiera
tratado de un milagro, que la naturaleza
hubiese llevado a cabo la fusión fría
frente a las narices de Fleischmann y
Pons. Pues a) no habría manera de
saberlo, probarlo o corroborarlo, y b)
las posibilidades de engaño o error son
más creíbles.
Así,
los milagros en general y los milagros
científicos en particular solamente
podrían creerse o rechazarse pero nunca
podrían verificarse. Por sus
características no están al alcance del
conocimiento. Carecen de sentido. No
digo “no existen los milagros o no
existe lo paranormal”, sino algo
totalmente distinto; a los defensores de
lo paranormal no les digo “lo que
ustedes afirman es falso”, sino “lo que
ustedes afirman no dice nada en
absoluto”.
Decía
más arriba que dar sentido a lo
paranormal es destruir el término. ¿Pasa
lo mismo con lo paranatural? Me parece
que sería distinto. De verificarse los
elementos anómalos del Sudario de Turín
o de la imagen de la Guadalupana se
comprobaría su esencia extranatural o
divina, se estaría demostrando que los
dioses se manifiestan en nuestro mundo.
Una
última reflexión. Los métodos
científicos se han inventado,
desarrollado y perfeccionado para
estudiar “lo dado”, lo natural. ¿Sería
posible estudiar con los mismos métodos
lo supuestamente sobrenatural? ¿Es
válido tratar de comprobar la existencia
de los fenómenos paranormales como si se
tratara de comprobar la existencia de
algún fenómeno de la naturaleza?
Las
metodologías científicas se han
desarrollado para investigar la
naturaleza, ¿por qué deberían servir
para estudiar lo no-natural? Usar
ciencia en el estudio de lo paranormal o
lo paranatural es una empresa destinada
a fracasar. ¿Por qué usar los medios y
métodos con que se investiga la
naturaleza para investigar lo que
supuestamente está fuera de ella? Aunque
dichos fenómenos existieran, el sólo
hecho de pertenecer a un pretendido
mundo extranatural los pone fuera del
alcance del conocimiento. Carecen de
sentido.
Y así
como Carnap explicaba el atractivo de la
metafísica diciendo que las
pseudoproposiciones no servían para
describir relaciones objetivas
(existentes o inexistentes) sino para la
expresión de una actitud emotiva ante la
vida, Mario Bunge afirma que la
parapsicología trata de suministrar un
sustituto de las religiones
establecidas: “Este último fue objetivo
explícito de la Society for Psychical
Research, fundada en momentos en que
la revolución darwiniana había minado al
cristianismo”.
- - -
REFERENCIAS
-
Ayer, J. A. “El
positivismo lógico”. Siglo XXI.
- Grinberg-Zylberbaum, Jacobo. “Pachita”. Colofón. México. 1994.
- Park, Robert.
“Ciencia o vudú”. Grijalbo. Barcelona.
2001.
- Bunge, Mario. “Seudociencia e
ideología”. Alianza Universidad. México.
1986.
En internet:
-Balej, Jorge. “Ciencia. pseudociencias
(y ciencia ficción)”. En
“Quintadimensión”.
http://www.quintadimension.com/article148.html
- Kurtz, Paul. “El CSICOP después de
diez años: reflexiones acerca de la
‘tentación sobrenatural’”. En “La
Alternativa Racional”. No. 4. Septiembre
de 1986.
http://www.arp-sapc.org/publicaciones/lar4.html
- Vera, Rodrigo. “Un restaurador de la
Guadalupana expone detalles técnicos que
desmitifican a la imagen. en Proceso”.
http://www.sectas.org/Secciones_Especiales/
canonizacion/vera_proceso.htm
- Vera, Rodrigo. “La Guadalupana: tres
imágenes en una”. En “Proceso”.
http://www.sectas.org/Secciones_Especiales/
canonizacion/guadalupana.htm |