Los suicidios
colectivos que han intentado o consumado
varias sectas religiosas, integradas por
creyentes en el origen extraterrestre de
los llamados OVNIS, revelan hasta qué
grado este tipo de superstición
seudocientífica se está convirtiendo en
una religión hecha y derecha. Uno de los
precursores de esta tendencia es sin
duda el jesuita español Salvador
Freixedo, quien fue de los primeros
en dar una visión redentorista y
apocalíptica a la supuesta llegada de
cientos de especies extraterrestres a
nuestro planeta.
En cada vez mayor
escala, los grupos de creyentes en todo
el mundo abandonan toda pretensión de
estar llevando a cabo una labor
científica y se adhieren al esquema
sectario que les garantiza, desde luego,
la posibilidad de obtener más dinero por
parte de una feligresía sujeta a
diversas formas de control mental, como
el que ejercía Marshall Applewhite
entre los miembros de la secta
denominada Puerta del Cielo, o el que
manejaban los jerarcas de la Orden del
Sol, cuya sede se hallaba en Suiza.
Influye también en
dicha tendencia el poco o nulo éxito que
han logrado los proponentes del origen
cósmico de los OVNIS para convencer a
científicos serios de que su visión
merece, al menos, un examen somero de
parte del establecimiento científico.
Esta falla en lograr la respetabilidad
que los ha eludido desde hace más de
cincuenta años desespera a muchos de
ellos, quienes prefieren refugiarse en
una visión más emotiva e irracional.
Los postulados de los
ovnílatras modernos se alejan cada vez
más de cualquier visión científica y
autocrítica. Confrontados ante el hecho
de que en la Tierra no se reciben
señales de radio, que sin duda
abundarían en el cosmos si en él
existieran las cientos de civilizaciones
avanzadas que según ellos nos visitan
con gran frecuencia, no vacilan en
asegurar que el sistema de comunicación
de todos los E.T. se basa en la
telepatía, aún cuando ésta no se haya
podido documentar y menos aún
comprobarse por medios experimentales.
Miles de astrónomos
profesionales y aficionados se dedican a
vigilar la bóveda celeste en busca de
cuerpos extraños que se aproximen a la
Tierra o al Sistema Solar, con la idea
de identificar antes que nadie algún
cometa o asteroide que, si es visto por
primera vez, llevará el nombre del
descubridor. La vigilancia es tan
estrecha y refinada que pueden
detectarse objetos del tamaño de un auto
mediano a la distancia de la Luna.
No obstante, nunca se
ha detectado algo de origen claramente
artificial, y estos hechos tienden a
demostrar que todo lo observado por los
cazadores de OVNIS son objetos o
fenómenos originarios de la Tierra, y no
pasa de ser un ejercicio interesante de
identificación el determinar de qué se
trata. Pero los creyentes sinceros
señalan que los OVNIS no necesitan
llegar de lejos por el espacio cósmico
en su viaje hacia la Tierra, sino que se
materializan ya en nuestra atmósfera o
en sus cercanías. Al no usar ondas de
radio para comunicarse o para navegar, o
bien al aparecer de pronto en nuestra
atmósfera, se hace imposible refutar o
demostrar su existencia, con lo cual se
colocan de plano al margen de toda
investigación científica, y todo se
vuelve un asunto de fe.
La religión que
sostiene la existencia de los OVNIS
muestra diferentes facetas en todo el
mundo. Así, la secta de Freixedo, quien
por cierto publicó en la revista
española “Enigmas” un artículo
terriblemente agresivo contra el
fallecido Carl Sagan, motivado
por las críticas de éste en contra de
las sectas ovnílatras en su libro “El
Mundo y sus demonios”, afirma que hay
más de doscientas especies de
extraterrestres ya establecidas en la
Tierra, quienes colaboran con los
ejércitos de algunos gobiernos como el
de los Estados Unidos. Según este grupo,
en enormes subterráneos ubicados bajo
las bases del Ejército estadounidense,
dichos extraterrestres trabajan con los
científicos de ese país en la
realización de interminables
experimentos genéticos, y asegura
también que colocan implantes
electrónicos miniaturizados en el
cerebro de las personas; sin embargo, no
ha podido presentar ninguno de estos
objetos.
En México ha
funcionado durante muchos años un grupo
llamado Comando Ashtar, que desde hace
más de un decenio espera la llegada de
los extraterrestres para desalojar el
planeta, y publica pequeños anuncios en
los diarios capitalinos, con mensajes
misteriosos, lo que ha ocasionado que
algunos despistados lo consideren como
parte de la conspiración para matar a
Luis Donaldo Colosio.
El grupo Los
Vigilantes busca los OVNIS descritos por
el locutor Jaime Maussán, quien
se ha asociado a una secta ovnilátrica,
llegada de Italia y llamada Fratellanza
Cósmica, cuyos miembros se identifican
con el lema Nonsiamo soli (no
estamos solos), y su santón es un
individuo que se hace llamar
Bongiovani, un supuesto contacto
estigmatizado. Esta secta tiene relación
con la denominada Nuevo Milenio, que
dirige el ovnílogo James Hurtak,
uno de los promotores del mito del
rostro rocoso en Marte, quien intentó
echar por tierra los datos obtenidos por
la sonda Surveyor.
La mitología OVNI en
los Estados Unidos se centra en los
supuestos secuestros o “abducciones” que
los extraterrestres cometen con los
ciudadanos de ese país. Según John
Mack, un psiquiatra promotor de esta
creencia, los alienígenas han raptado ya
a más de dos millones de
estadounidenses, pero se ha enfrentado
al hecho de que, por ejemplo, en otros
países como México, ese fenómeno
prácticamente es inexistente pues, por
el contrario, aquí nuestros OVNIS se
preocupan más por supervisar la
actividad volcánica del Popocatépetl,
una diferencia en los intereses de los
extraterrestres, indicadora de que la
creencia tiene más bien orígenes
culturales, sin referencia a fenómeno
real alguno. Sin embargo, Mack no vacila
en su fe y señala que los visitantes
tienen, sin duda, planes distintos para
cada país.
Se calcula que unos
tres mil individuos en todo México son
miembros militantes de alguna de estas
sectas ovnilátricas, lo cual es
preocupante, ya que aparte de la
explotación económica inmisericorde de
la que son objeto, cada uno de ellos
deja de funcionar como un ciudadano
razonable, preocupado por lo que
realmente sucede en el país, y queda de
hecho inutilizado, sobre todo si es
joven, para seguir alguna carrera
científica seria.
Este artículo fue publicado en la
revista “Ciencia y desarrollo” No. 144,
enero-febrero de 1999, páginas 88-89,
sección “La ciencia y sus rivales”. |