Las termales son
masas globulares debidas a corrientes
convectivas. Se producen en zonas en las
que ha habido un rápido enfriamiento de
los alrededores y, al encontrarse
entonces la masa de aire a una
temperatura superior a la del medio que
la rodea, asciende hasta una altura en
la que se alcanza el punto de saturación
del vapor de agua en ella contenido, y
allí se estabilizan. Esta altura suele
ser de unos 600 metros.
Un dato curioso es
que la forma de estas burbujas térmicas
–invisibles – resulta muy propicia para
que los aficionados a la fotografía
infrarroja las confundan con OVNIS.
Nacen desde la superficie terrestre con
formas circulares y, siendo su altura
mucho menor que su diámetro, presentan
la apariencia de objetos discoidales.
En cuanto a las
dimensiones de las termales, oscilan
entre 100 y 400 metros de diámetro,
aunque pueden llegar a medir hasta
algunos kilómetros en sentido horizontal
y unos centenares de metros en sentido
vertical.
Como su propio nombre
lo indica, las burbujas térmicas se
encuentran a una temperatura superior a
la del medio ambiente y, en
consecuencia, despiden mayor cantidad de
radiación infrarroja que el aire de los
alrededores. Cualquier cámara cargada
con película infrarroja, que apuntase en
la dirección apropiada, captaría la
radiación procedente de estas nubes. Al
revelar el film veríamos un objeto
discoidal.
Cualquier zona del
entorno del fotógrafo que registre un
calor latente superior al de otras áreas
inmediatas, debido a escapes de aire
caliente de chimeneas, la cercanía de
alguna industria, la temperatura
residual de un día cálido, etcétera,
resultaría culpable de que la emulsión
de la película quedara alterada y
produjera efectos luminosos.
La forma de
identificar a las termales es la
siguiente: dado que cuanto más cerca de
la cámara se encuentra un objeto, mayor
es la impresión registrada en la placa,
en el caso de cuerpos materiales debería
encontrarse, pues, una relación directa
entre el diámetro aparente de la imagen
y la densidad del grano del film. En
cambio, con las termales ocurre lo
contrario. Su tamaño y altitud son tales
que su magnitud aparente es considerable
y en los negativos aparecen manchas de
dimensiones relativamente grandes.
Además, la altura de las termales varía
linealmente con la temperatura y, sin
embargo, la radiación emitida por la
nube es proporcional a la cuarta
potencia de su temperatura (ley de
Stefan-Boltzman).
En contrapartida, la
energía interceptada por el objetivo de
la cámara disminuye proporcionalmente
con el cuadrado de la distancia. De
acuerdo con el balance de estos tres
factores, el tamaño aparente y la
intensidad de las luces varía
inversamente con el cuadrado de la
temperatura absoluta y, por tanto, con
la energía que impresiona la placa que
se manifiesta en la densidad del grano.
Esto deberá apreciarse tanto más cuanto
más próximo al cenit se halle el
estímulo que ha producido la impresión
fotográfica, en donde la altura de las
“luces” y su distancia al objetivo de la
cámara debe ser la misma.
Durante el I Congreso
Nacional de Ufología, celebrado en
Barcelona en diciembre de 1977, se
presentaron al público dos
comunicaciones independientes que
estaban basadas en series de fotografías
realizadas con película infrarroja y que
mostraban extrañas imágenes de formas y
colores dispares. Sin embargo el
elemento común e insólito entre ambos
grupos de diapositivas era que los
clisés quedaron impresionados sin que
ningún estímulo luminoso fuese percibido
por parte de los fotógrafos en el
instante de hacer los disparos.
Aparecían puntos, esferas y otras formas
luminosas, bien aisladas o en grupos,
que inmediatamente se atribuyeron a los
OVNIS. Se trataba, ni más ni menos, que
de fotografías de termales.
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