“Y
miré, y he aquí cuatro ruedas junto a
los querubines, junto a cada querubín
una rueda; y el aspecto de las ruedas
era como de crisolito. En cuanto a su
apariencia, las cuatro eran de una misma
forma, como si estuvieran una en medio
de otra. Cuando andaban, hacia los
cuatro frentes andaban; no se volvían
cuando andaban, sino que al lugar adonde
se volvía la primera, en pos de ella
iban; ni se volvían cuando andaban. Y
todo su cuerpo, sus espaldas, sus manos,
sus alas y las ruedas estaban llenos de
ojos alrededor de sus cuatro ruedas… Y
cada uno tenía cuatro caras. La primera
era rostro de querubín; la segunda, de
hombre; la tercera, cara de león; la
cuarta, cara de águila… Cuando se
paraban ellos, se paraban ellas, y
cuando ellos se alzaban, se alzaban con
ellos; porque el espíritu de los seres
vivientes estaba con ellas”.
Ezequiel (10.9-12,
10.14 y 10.17)
Ya William
Shakespeare, en 1596 en King John,
pone estas palabras en labios de Hubert:
“Mi señor, dicen que fueron vistas cinco
lunas anoche; cuatro estaban fijas y la
quinta giró alrededor de las otras
cuatro en un movimiento maravilloso”.
Un fenómeno similar
al descrito por Shakespeare fue visto al
norte de Siberia en 1976: “Cuatro soles
brillaron al mismo tiempo el 25 de
octubre en el cielo de una ciudad del
norte de Siberia, reveló ayer aquí el
diario ‘Industria Socialista’.
“Según el periódico,
este fenómeno indica un próximo aumento
de la temperatura, y fue observado por
los habitantes de la ciudad de Dudinka,
cerca del círculo polar.
“El diario explicó
este fenómeno por la refracción de los
rayos solares interceptados por
cristales de hielo a gran altitud”.
El 20 de febrero de
1661, Johannes Hevelius
(1611–1687), astrónomo danés, observó un
maravilloso espectáculo en el cielo de
Gdansk (Danzing) en el Mar Báltico.
Hevelius dibujó su observación y le puso
como título “Siete soles”, que en el
dibujo se pueden identificar como
pequeños círculos.
En el dibujo de
Hevelius, el círculo mayor representa el
horizonte. El Sol aparece a 26° sobre el
horizonte. En el dibujo se pueden
apreciar los halos de 22° y 46°, el
Parhelia de 22°, un Arco Tangente
Superior del Halo de 22°, el Arco
Circumcenital y un Círculo Parhélico.
Además se encuentran dos arcos que
algunas veces forman parte del Halo de
90°. Este halo se conoce también con el
nombre de Halo de Hevelius o Halo de
Hevel.
El 18 de junio de
1790, Johann Tobias Lowitz
(1757–1804) describió un meteoro que
comenzó a las 7.30 de la mañana,
teniendo su máximo desarrollo a las
10.00 y desapareciendo a las 12.30 PM.
El suceso ocurrió en San Petersburgo. A
las 10.00 de la mañana la elevación del
Sol era de aproximadamente 50°.
El
8 de marzo de 1920, Frank Bavendick,
de Ellendale, Dakota del Norte, vio otro
suceso similar.
J. R. Blake
reportó otra observación durante la
expedición australiana a la Antártica,
de 1958 a 1959. Cuatro de los arcos
vistos por Blake fueron identificados
por Tricker.
La
alta capa de nubes productora de halos
precede con frecuencia al mal tiempo
invernal. Son muchos los trabajos
científicos sobre la posibilidad de
considerar los halos como precursores de
precipitaciones. Un estudio hecho a
principios del siglo XX comprobó que
solían producirse precipitaciones de 12
a 18 horas después de un halo de 22° y
de 24 a 36 horas después de uno de 46°.
Otro conjunto de observaciones,
efectuadas durante un período de diez
años, demostró que, en invierno, el 70%
de los halos solares iban seguidos de
precipitaciones en un plazo de 31 horas.
Un
halo indica la presencia de cristales de
hielo. Pero no todas las nubes de hielo
producen halos. Además de la forma y el
tamaño de los cristales se requiere la
ausencia de turbulencia atmosférica, ya
que los halos exigen una orientación
definida de los cristales, además de la
transparencia de la nube. Una alta
concentración local frecuentemente
suprime una parte del halo.
Desde el suelo, los
halos se observan casi exclusivamente en
los Cirrostratus o en Cirrus análogos a
ellos. Hace mucho tiempo se creía que
estos y los Cirrocúmulos eran las únicas
nubes de hielo; conclusión imprudente
bajo muchos aspectos. En efecto, los
aviadores observaban frecuentemente
halos en los Altostratus, que son quizá
más favorables que los Cirrustratus para
su formación. También se observan en las
partes superiores de los Nimbostratus y
aún en ciertas nubes que, vistas desde
el suelo, parecen Fractocúmulos.
Los halos solares son
muy comunes en primavera en el
Hemisferio Norte, siendo marzo el mes
más prolífico. En el Hemisferio Sur
abundan a finales de otoño. Los halos
lunares aparecen con mayor frecuencia en
el Hemisferio Norte en enero, y en julio
en el Hemisferio Sur. Algunos halos
solares llegan a permanecer en el cielo
hasta diez horas, pero en general, tanto
los solares como los lunares no suelen
durar más de dos.
Los halos son, en
ocasiones, erróneamente llamados arco
iris. Su color es bastante diferente al
del arco iris: su parte interna adopta
una coloración roja, y la externa puede
ser azul o violeta con una iridiscencia
nacarada. El arco iris primario tiene
una coloración azul en su parte interna
y es rojo en el exterior. Forma un arco
de círculo de 42° de radio. El centro
del círculo se encuentra exactamente al
lado contrario del Sol. Debido a que el
Sol debe encontrarse por debajo de los
42°, vemos el arco iris sólo en las
mañanas o en las tardes. El arco iris
secundario es menos brillante y sus
colores aparecen en el orden inverso del
primario: 51° para el rojo y 54° para el
azul.
FÍSICA DE LOS
HALOS
Los halos son
vistosos fenómenos de un amplio rango de
luces atmosféricas que resultan cuando
la Luna o el Sol alumbran a través de
nubes compuestas de cristales de hielo.
Son arcos y anillos que aparecen
alrededor del Sol o de la Luna rodeados
de un campo blanquecino o amarillento.
Se pueden ver durante unos cincuenta
días al año, normalmente en verano.
Aparecen cuando los cirros, finas
nubecillas de hielo, flotan entre seis
mil y diez mil metros de altura,
formando anillos con los colores del
arco iris. Estos fenómenos se deben a la
refracción de la luz que pasa a través
de estas nubes compuestas de cristales
de hielo, a la reflexión de la luz en
las caras del cristal o a una
combinación de ambos efectos. Debido a
esta particularidad este artículo está
íntimamente ligado con el de “Fenómenos
de Reflexión”.
El
efecto de refracción da lugar a la
separación de la luz en sus colores
componentes. El fenómeno de reflexión da
un color blanco, ya que la luz incidente
no se descompone.
El fenómeno de los
halos se puede dividir en dos grandes
grupos de acuerdo con su coloración:
a)
Halos
débilmente coloridos con los tintes del
arco iris, en los cuales el rojo siempre
es el más cercano al Sol. Ejemplos de
estos son los halos de 22° y 46° de
radio, los soles ficticios (Sundogs,
Parhelios) del halo de 22° y otros.
b)
Halos sin color (blancos), que se
deben a la reflexión de los rayos
solares en las caras de los cristales de
hielo. Ejemplos de estos son los
Círculos Horizontales, los pilares,
etcétera.
Según
los centros meteorológicos cada año y en
el mismo lugar aparecen entre 40 y 80
halos. Su formación ocurre con una
intensidad cuadruplicada en comparación
con el arco iris.
Ciertos halos no
hacen más que cortas apariciones. Hay
especies que no han sido vistas más que
una o dos veces, de modo que un
observador, por más atento que esté, no
podrá ver en toda su vida todas las
especies conocidas. “En estos últimos
años –escribía Louis Besson en
1909–, se han visto muchas clases de
halos que nunca habían sido señaladas
después de tres siglos de observación
científica. Es probable, pues, que de
las numerosas y variadas formas que
pueden tomar, muchas nos serán durante
largo tiempo desconocidas y, por lo
tanto, la teoría permanecerá
incompleta”.
La teoría es simple
en su principio: los halos resultan de
refracciones o reflexiones en los planos
de los cristales de hielo. Esta
hipótesis fue enunciada inicialmente por
Edme Mariotte (1620–1684) en
1684; las primeras explicaciones se
deben a Young, y el conjunto
completo a Bravais (1847).
Aunque no siempre
visibles, en los cielos con halos hay
nubes de gran altura formadas por
pequeños cristales de hielo, que pueden
ser cirros (colas de caballo),
cirroestratos o cirrocúmulos.
Los cristales de
hielo pueden adoptar varias formas, de
las cuales la más común es la de prisma.
La luz que entra a estos cristales se
refleja varias veces dentro de sus
caras, por lo que se producen diversos
patrones de halos. Los tipos de
cristales que originan los halos son
ciertamente los de formas regulares que
poseen superficies planas bastante
grandes y una constitución homogénea
cuando actúan por refracción. Las agujas
están, por consiguiente, excluidas; las
laminillas y las estrellas de hojas
largas pueden convenir para explicar
algunos fenómenos. Los cristales de
hielo son sistemas hexagonales que
pueden tener muchas formas. Sin embargo,
los halos aparecen sólo cuando están
presentes ciertas formas cristalinas.
Las principales son:
a)
Cristales en los que su eje
principal está muy desarrollado en
comparación con sus ejes secundarios,
por ejemplo los prismas hexagonales,
parecidos en su forma a los lápices.
Algunas veces estos prismas poseen
pirámides hexagonales (principalmente
las truncadas) adicionadas a una o ambas
bases.
b)
Cristales con su eje principal
poco desarrollado, es decir, platos o
placas hexagonales.
Cuando caen en la
atmósfera, los cristales tienden a
orientarse de modo que encuentren una
máxima resistencia al aire.
Si los ejes
principales tienen una orientación ya
sea vertical u horizontal, tendremos
halos rigurosamente orientados, cuya
forma cambia la elevación solar. Si los
ejes tienen una distribución al azar,
los halos adoptan la forma de círculos
con el Sol en su centro.
De
cálculos teóricos (a decir verdad
bastante incompletos), iniciados por
Rayleigh, y de experiencias bastante
insuficientes, realizadas principalmente
por Besson en 1909, se deduce que los
cristales toscamente simétricos con
respecto a su centro de gravedad que
caen en el aire en calma, tienden a
tomar una posición horizontal si son muy
planos o muy alargados; si el cuerpo es
excéntrico, el efecto de la
excentricidad se combina con el de las
fuerzas hidrodinámicas, de tal manera
que los cristales se orienten de modo
que encuentren una máxima resistencia al
aire.
Antes de pasar a
interpretar físicamente los halos
debemos decir que el ángulo de
refracción de los cristales de hielo
suspendidos en el aire determina el
radio de los halos que aparecen en torno
al Sol o a la Luna.
Halo de 22°
El
halo más común es el llamado Halo Menor,
Halo ordinario o Halo de 22°. Consiste
en una serie de arcos coloridos o en
algunos casos círculos completos de un
radio angular de aproximadamente 22°
(21° 6” para el color rojo y 22° 4’ para
el violeta) con el Sol o la Luna en el
centro. Su diámetro angular es de
aproximadamente medio grado. El anillo
interno es de un rojo vivo, que pasa a
blanco azulado en los bordes, es decir,
los colores opuestos a la Corona de la
que hablamos en otro artículo. Alrededor
del halo el cielo aparece muy oscuro,
mientras que en las cercanías del Sol es
de un celeste brillante. A veces, a
ambos lados del anillo se distinguen dos
estelas de diversos colores.
El Halo de 22° se
produce por la refracción de la luz que
pasa a través de las caras laterales de
los prismas hexagonales con sus ejes
largos arreglados aleatoriamente en un
plano perpendicular a los rayos del Sol
o de la Luna. Los prismas pueden estar
ligeramente degradados con tal que
conserven intactas las caras laterales;
dos caras no adyacentes y no paralelas
que forman un ángulo de 60°. Estas caras
refractan los rayos de luz de la misma
manera como si hubiesen pasado por las
caras de un prisma triangular. En un
prisma de 60° el ángulo mínimo de
desviación D es de 22° (diferentes
ángulos de entrada producen sólo ligeras
variaciones del ángulo de salida -22°-).
Debido a que los ejes de los cristales
no se encuentran perfectamente
orientados en un plano, existe un ligero
traslapamiento de colores, que produce
una coloración pobre en los anillos
externos, por lo que el azul, en
ocasiones, no es discernible.
Si predomina la
tendencia a caer horizontalmente, la
parte superior o la parte inferior del
halo son más marcadas. Esto ocurre
principalmente con los prismas
alargados, en particular con prismas
“maclados”, que son más largos y más
simétricos que los prismas puntiagudos.
La luz del Sol que
pasa a través de una capa de cristales
se desvía 22° alrededor de él, formando
un círculo. La parte interna de este
círculo es de color rojo y la externa de
color azul.
Parhelia de 22°
Para
obtener un halo completo es necesario
que los cristales de hielo se encuentren
distribuidos en todas las orientaciones
posibles. Sin embargo, no siempre ocurre
esto. Cuando la atmósfera está
extremadamente tranquila, los cristales
planos tienden a caer sobre sus bases
horizontales. Cuando el Sol se encuentra
a baja altitud, estos cristales están en
la posición adecuada para refractar la
luz solar a los lados del astro rey,
produciendo fuentes de luz a ambos lados
del Sol.
La porción del halo
interno cuya altura es igual a la del
Sol aumenta su luminosidad, llegando a
ser tan brillante como el Sol mismo. El
Sol aparece en medio de dos falsos soles
que lo siguen como si fueran sus perros.
Este fenómeno es conocido popularmente
con los nombres de Faux Soleils,
Falsche Sonnen, False Suns,
Falsos Soles, Mock Suns,
Sundogs o Perros de Sol (Falsas
Lunas o Perros de Luna si se deben a
este astro). Los científicos los llaman
Parhelia y Paraselene, respectivamente.
Son parte del halo de 22° y cada
“mancha” está en la dirección de máxima
luz o mínima refracción.
Estos Parhelia están
coloreados como los halos: rojos hacia
el Sol y azules en las partes opuestas a
él. Algunos de ellos poseen una estela
luminosa que se extienden del lado
contrario del Sol, cuya longitud puede
alcanzar un vigésimo de grado: es la
cola del Parhelio. Esta estela es el
resultado de la refracción de rayos de
luz a ángulos mayores a 22° debida a la
orientación de los cristales de hielo.
Cuando el Sol está a
menos de 10° respecto al horizonte, el
halo de 22° y el Parhelio de 22°
prácticamente se superponen. A grandes
alturas estos empiezan a separarse. A
una altura de 60° sobre el horizonte,
existe una separación de casi 28°.
Los
falsos soles más brillantes se producen
dentro del halo de 22° o en sus
inmediaciones, y su distancia al halo
aumenta a medida que el Sol se remonta.
Aunque
tan magníficos espectáculos se dan a
veces en las puestas o salidas de Sol
invernales, son más frecuentes en los
amaneceres fríos. En el Ártico y en el
Antártico resultan, por supuesto,
habituales. A medida que el Sol va
elevándose, sus canes sales de los halos
y toman el aspecto de cometas. Hacia el
mediodía, la visión suele haber
desaparecido, dejando que el verdadero
Sol termine solo su curso celeste.
El brillo y nitidez
de los parhelios depende de la cantidad
y disposición de cristales de hielo. Los
parhelios pueden ser de un color rojizo
en la parte que mira al Sol, y tener
forma alargada cuando cortan el Círculo
Parhélico. En contados casos un parhelia
del halo de 22° puede tener a la vez su
propio halo, parte del cual pasa por la
falsa imagen o muy cerca de ella.
Arcos Tangentes
Superiores del Halo de 22°
Los cristales de
hielo en forma de prismas hexagonales
tienden a caer con su eje mayor en
posición horizontal. Esto se puede
comprobar fácilmente lanzando al aire
trozos alargados de pasto. Esta
orientación produce una concentración de
luz en la parte superior del Halo de
22°. Esta luz forma los Arcos Tangentes
Superiores del Halo de 22°. Estos arcos
horizontales son más comunes que los
verticales (Arcos de Lowitz).
Cuando la altura del
Sol alcanza los 40°, los arcos pueden
soldarse, formando una curva cerrada que
recibe el nombre de Halo Circunscrito.
Los primeros estudios
científicos sobre este fenómeno fueron
hechos por los alemanes J. M. Pernter
y F. M. Exner a principios del
siglo XX.
Recapitulando. Los
cristales distribuidos en todas las
orientaciones posibles producen halos de
22°; los cristales planos producen los
falsos soles; y los primas hexagonales
en posición horizontal forman los arcos
tangentes.
Arcos de Parry
Durante su viaje en
busca de una ruta por el Norte
(1919-1920), el naturalista y explorador
inglés Sir William Edward Parry
realizó estudios de la flora, fauna,
geología, hidrología, meteorología y de
la gente de esas regiones. También hizo
varios dibujos de los halos que pudo
observar. En uno de ellos describe un
arco sobre el Sol (c en su dibujo)
exactamente arriba de un arco tangente.
Este fenómeno recibe el nombre de Arco
de Parry en su honor.
Robert
G. Greenler
sugiere que estos arcos se dan tanto
arriba como abajo del Sol, y se deben a
los rayos del Sol que pasan a través de
dos caras adyacentes de un prisma
hexagonal que tiene no sólo su eje mayor
orientado horizontalmente, sino también
dos de dos caras están orientadas
horizontalmente.
R. A. R. Tricker
sugiere la existencia de cristales de la
forma que se presenta en el dibujo, pero
no se tienen datos acerca de la
existencia de ellos.
E. C. W. Goldie
y P. Putnins sugirieron
diferentes métodos de nomenclatura para
estudiar los Arcos de Parry.
De acuerdo con
William Jackson Humphreys (1862–
1949) los cristales columnares o prismas
hexagonales que tengan dos de sus caras
horizontales producen, a diferentes
alturas, una gran variedad de halos,
entre ellos los Arcos de Parry. De
acuerdo con él, los rayos 1 y 2 de la
figura pueden producir Arcos de Parry
bajos y altos, respectivamente.
Si volteamos esa
figura haciéndola rotar un ángulo de
180° obtendremos otra forma estable de
los prismas hexagonales y sólo los rayos
3 y 4 producirán halos interesantes.
Se han tomado
diversas fotografías de este tipo de
arcos. K. O. L. F. Jayaweera y
G. Wendler presentan una tomada a
una elevación del Sol de 25°. Greenler
tomó otra a una elevación de 1.7°.
Arcos de Lowitz
También conocidos
como Arcos Verticales del Parhelio de
22°. Fueron reportados por primera vez
por Tobías Lowitz, quien los vio en
junio de 1790, en San Petersburgo,
Rusia. Son un par de arcos que se
extienden a partir del Halo de 22° bajo
el Círculo Parhélico y por arriba del
parhelia. Son cóncavos hacia el Sol y
con sus bordes internos rojos.
Los
Arcos de Lowitz se producen cuando los
ejes principales del cristal oscilan
sobre la vertical. Ésta es una
conformación rara en tales cristales,
además de que en esta forma refractan
menos la luz que llega a ellos.
La figura representa
un halo de 22°; HH es el horizonte, S el
Sol y S’S’ los Arcos de Lowitz,
punteados bajo el horizonte.
La mejor explicación
de este fenómeno la dio Tricker. Se
deben a cristales planos que giran sobre
su eje al caer (ver figura). Su eje
permanece horizontal.
Halos de 46°
Además
del anillo colorido del Halo de 22°,
existe una banda difusa de luz blanca
que corresponde a todas las refracciones
diferentes a la mínima, pero es tan
débil y uniformemente distribuida que,
en ocasiones, es difícil apreciar. Éste
es el halo llamado Extraordinario, Mayor
o Halo de 46°, que es menos frecuente
que el Halo de 22° y que consta de
anillos rojos internos y azules
externos, débilmente coloridos y de
radio angular de 46°.
Este halo es producto
de la refracción que sufren los rayos de
luz al pasar a través de las caras de un
prisma hexagonal, que forman un ángulo
de 90°. Los rayos se refractan con un
ángulo mínimo de desviación de 46°.
El halo de 22° es un
gran halo con un diámetro angular de 44°
y que ocupa gran parte del cielo. El
Halo de 46° es un halo extremadamente
grande, con un diámetro angular de 90°,
aunque es más débil que el Halo de 22°.
Arco Circumcenital
Cuando un rayo entra
por la parte superior de un cristal
plano –que gira sobre su eje vertical– y
sale por una de sus caras laterales, se
forma un Arco Circumcenital. Éste es un
gran arco de 90° que tiene su centro en
el cenit (de ahí su nombre), es decir,
el punto colocado exactamente arriba del
observador.
Este halo se ve a 46°
o un poco más sobre el Sol. Dura sólo
unos pocos minutos –cinco, en promedio–,
pero durante ese tiempo es tan
brillantemente colorido, especialmente
en la región cercana al Sol, que puede
confundirse con un arco iris
excepcionalmente brillante.
Ocurre
más frecuentemente cuando la altura del
Sol es de 20° y, a veces, cuando el
Parhelia de 22° es conspicuo.
La explicación de
este halo y de muchos otros fue dada por
primera vez en 1845 por Bravais.
Arco
Circumhorizontal
A veces se ve
paralelo al horizonte y cerca de 46°
bajo el Sol un arco colorido, rojo en su
parte superior y de 90° de extensión.
Este arco se debe a que los rayos entran
por una de las caras laterales y sale
por la parte interior del cristal. Este
cristal, que se encuentra girando,
formará el Arco Circumhorizontal.
Este arco sólo se
puede ver cuando el Sol se encuentra a
alturas mayores a los 58° sobre el
horizonte. Por lo tanto, se ven más
comúnmente en latitudes bajas, aunque se
han visto al norte de los Estados Unidos
y el sur del Japón y Europa.
Este arco, al igual
que el Circumcenital, posee una vívida
coloración.
Arcos
Supralaterales e Infralaterales
Al igual que los
cristales planos, orientados con sus
lados verticalmente, producen el Arco
Circumcenital cuando la altura del Sol
es de 0° a 32° 12’, los cristales
planos, orientados con sus lados
horizontalmente y colocados a una
distancia solar de 90° a 57° 48’ o de 0°
a 32° 12’, producen un arco colorido
–rojo cerca del Sol– sobre un punto
directriz como centro. Como existen dos
de tales puntos, correspondientes a cada
distancia solar, uno a la derecha y el
otro a la izquierda de la vertical
solar, entonces los arcos formados de
esta manera se sitúan simétricamente con
respecto a su vertical. Además, cuando
la distancia solar de los puntos
directrices es de 67° 52’ o 22° 8’, el
arco resultante es tangente al Halo de
46°.
A los arcos
superiores se les conoce comúnmente como
Arcos Supralaterales y a los inferiores
como Arcos Infralaterales. El Arco
Supralateral desaparece a elevaciones
del Sol mayores a 32° 12’.
Halo de 90°
Ocasionalmente se ve
un débil halo blanco que posee un radio
angular de cerca de 90° y su origen
involucra una combinación de reflexiones
y refracciones en prismas hexagonales.
Éste es el llamado halo de 90°, también
conocido como Halo de Hevelius, quien
fue el primero que lo reportó en 1662.
Para explicarlo se ha
sugerido la presencia de cristales
bipiramidales hexagonales dirigidos,
cuyos lados piramidales tienen una
inclinación de 24° 51’ respecto al eje
longitudinal.
Se ha demostrado por
análisis de rayos X, que los átomos de
oxígeno de un cristal de hielo están
arreglados en patrones hexagonales y
espaciados de tal forma que la razón
axial (longitudinal a lateral) es
siempre de 1.62. Se puede demostrar –por
leyes de cristalografía– que la razón de
la altura del extremo piramidal de un
cristal de hielo al radio interno de su
base (un eje lateral) debe ser también
de 1.62. De acuerdo con Humpreys, si
multiplicamos esta razón por 4/3
obtendremos una pirámide cuyos lados
tienen una inclinación de 24° 51’
respecto al eje longitudinal.
Parhelios
de 46°
Debido a que los
extremos planos de los prismas
hexagonales y las caras de los cristales
planos forman ángulos rectos con sus
lados, ocurre una refracción para un
ángulo de 90° similar a la que ocurre
para ángulos de 60° que ya explicamos.
Halo Antisolar de
46°
La
luz que ha sufrido refracción mínima,
reflexión interna y que ha pasado por
dos ángulos de 90°, produce los Halos
Antisolares de 46°.
Halo Antisolar de
38°
La luz que ha sufrido
una refracción mínima, una reflexión
interna y que ha pasado por dos ángulos
de 60°, formará un círculo de 38° 10’ de
radio, sobre el Punto Antisolar.
Arcos de Kern
Es un arco que se ve
al lado opuesto del Arco Circumcenital y
simultáneamente con él. Fue Kern quien
lo reportó por vez primera en 1895.
Junto a estos dos arcos algunas veces se
forma un círculo completo colorido.
Halos de radio
inusual
Se han reportado
varios halos de radio poco común. Se ha
medido el radio de seis de estos halos y
se ha encontrado que es de
aproximadamente 8° (con teodolito); 17°
(método de mesa plana y teodolito); 19°
(método de mesa plana); 24° 37’
(teodolito).
Los radios reportados
son: 8°, 9°, 17°, 18°, 19°, 24° 37’,
23°, 30°, 32°, 35°, 120° y 180°. De
acuerdo con Humpreys, estos halos se
deben a los cristales piramidales
orientados al azar.
E. C. W. Goldie,
G. F. Meaden y R. White
analizaron una serie de reportes de
halos concéntricos vistos el 14 de abril
de 1974. En esa ocasión se vieron seis
de tales halos en Easter Sunday,
Inglaterra. Tricker proporciona una
fotografía de ese fenómeno.
No es posible
explicar estos halos con la presencia de
cristales hexagonales comunes y
corrientes. Por lo tanto se supone la
existencia de cristales hexagonales con
extremos piramidales. Dependiendo del
ángulo de entrada se pueden explicar
cualesquiera tamaños de halos.
Halos secundarios
Cada mancha brillante
de los halos primarios, especialmente
los puntos superiores e inferiores del
Halo de 22°, son fuente de Halos
Secundarios. Estos son difíciles de ver.
Halos Singulares
Son diferentes a
todos los descritos y se deben a
cristales de hielo poco convencionales.
Halos Horizontales
Superficiales
Una distribución
moderadamente densa de cristales de
hielo sobre una superficie puede
producir halos sobre ella en aquellas
direcciones en las cuales aparecerían en
el cielo si los cristales se encontraran
en la atmósfera.
Halos Complejos
En condiciones
atmosféricas inusitadas, los halos
pueden ser de una complejidad asombrosa.
Además de los dos halos principales (22°
y 46°) pueden aparecer varios anillos
concéntricos, junto con arcos luminosos,
tangentes a los halos como trazados con
compás.
OVNIS Y FENÓMENOS
DE REFRACCIÓN
Resulta
claro que existe una gran ignorancia en
torno a estos fenómenos. Pocas personas
los saben reconocer, y muchos ni
siquiera han oído hablar de ellos.
Debido a esto varios autores han
cometido errores imperdonables, como por
ejemplo el ufólogo francés Jimmy
Guieu quien escribió:
“El parahelio se
produce por un fenómeno de reflexión
de los rayos solares en los fragmentos
cristalizados en la atmósfera, se forma
a veces por una y otra parte del Sol,
una mancha luminosa coloreada”.
La presencia de
colores, como hemos dicho, indica que el
mecanismo de formación es el de la
refracción y no el de reflexión.
Por su parte
Lawrence J. Tacker dice lo
siguiente:
“Los
halos ocurren cuando la luz solar o
lunar pasa a través de delgadas capas de
nubes de hielo, provocando varios
círculos o arcos de luz. El halo más
común es el de 22°, cuyo diámetro
angular es de aproximadamente medio
grado. Los halos son por lo regular
blancos, pero pueden también existir los
rojos en el centro con amarillo en la
periferia”.
El doctor Donald
Menzel encontró que entre los
pilotos comerciales y militares, sólo
uno de cada cinco conocía lo que era un
Parhelia y dos de tres generales de la
Fuerza Aérea Americana estaban
familiarizados con el fenómeno.
Los
Parhelia parecen discos metálicos. Desde
tierra aparentan inmovilidad, pero
vistos desde un avión en movimiento
parecen desplazarse rápidamente,
siguiendo al avión si éste se aleja o
alejándose de él si éste trata de darles
alcance. Parece que se mueven bajo
control inteligente. Este efecto se
puede ver también en tierra, aunque
menos marcado. Al parecer eso es lo que
trata de indicarnos Ezequiel cuando
escribe:
“Cuando
andaban, hacia los cuatro frentes
andaban; no se volvían cuando andaban,
sino que al lugar adonde se volvía la
primera, en pos de ella iban…Cuando se
paraban ellos, se paraban ellas, y
cuando ellos se alzaban, se alzaban con
ellos...”.
Varios autores han
encontrado una probable relación entre
los halos y algunos fenómenos reportados
como OVNIS. Allan Hendry indica
que al menos un reporte de los que
llegaron a sus manos era una confusión
con un parhelia o falso sol. No es
difícil que existan estas confusiones ya
que la capa de cristales que los produce
suele ser invisible para el observador.
Además, si éste sólo avista los arcos o
fragmentos de los anillos, le parecerá
que tienen forma de platillos.
El problema se
complica debido a que en la atmósfera no
sólo se dan fenómenos de refracción,
sino también de reflexión, dispersión y
difracción, pero esto es tema de otro
artículo.
REFERENCIAS
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abnormal Radii”. “Journal of the optical
Society of America”. Vol. 51. 1923. Pág.
254.
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Verlagsgesellschaft”. Leipzig. 1957.
-Greenler, Robert. “Rainbows, Halos, and
Glories”. Cambridge University Press.
Cambridge. 1980.
-Hastings, C. “A General Theory of
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-Humphreys, William. “Physics of the
Air”. Dover. Nueva York. 1964.
-Knight, C. & Knight, N. “Snow
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-LaChapelle, Edward. “Field Guide to
Snow Crystal”. University of Washington
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-Minnaert, Marcel. “The Nature of Light
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Nueva York. 1954.
-Tricker, R. “Introduction to
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-Wegener, Alfred. “Theorie der
Haupthalos”. “Archiv der Deutschen
Seewarte”. Vol. 43. No. 2. 1926. |