En la serie de TV
“Los expedientes secretos X”, el “óleo
negro” es una sustancia alienígena capaz
de infectar y poseer a las personas, y
es visible tras echar un vistazo a los
ojos de la víctima. Eso es sólo ficción.
Pero hace más de 100 años la ciencia
anunciaba el descubrimiento de su propio
“óleo negro”, una sustancia proveniente
del mar abisal de enormes implicancias
para la vida terrestre: era su propio
origen.
La primera
aparición del “óleo negro” se da en la
tercera temporada de “Los expedientes
secretos”. A grandes profundidades, con
un traje especial, un buzo francés que
investiga los restos de un avión de la
Segunda Guerra Mundial descubre que el
piloto aún está en su cabina después de
décadas bajo el agua. Y, para su
espanto, el hombre aún está vivo. En sus
ojos el buzo ve una sustancia, el “óleo
negro”. El testigo luego también es
contaminado por el líquido viscoso, que
asume el control de su cuerpo.
Increíblemente, en la vida real el
descubrimiento del bathybius
haeckelii, una especie de “óleo
negro”, no fue tan diferente, aunque sí
un tanto menos dramática.
En 1857 el navío
HMS Cyclops, bajo el mando del capitán
Dayman, sondeó el océano Atlántico para
la creación de una conexión telegráfica
transoceánica desde Inglaterra a Estados
Unidos, y recogió muestras de lodo del
fondo del mar. Conservadas en alcohol,
las muestras fueron examinadas por el
biólogo inglés Thomas Henry Huxley. Lo
que Huxley vio al microscopio debería
ser uno de los descubrimientos
científicos más importantes de la
historia: “protoplasma indiferenciado”,
aparentemente algo a medio camino entre
la materia viva y la muerta. Era vida
surgiendo a partir del lodo.
En un trabajo
publicado en 1868, Huxley sugirió que la
sustancia visible en el lodo “debería
ser considerada como una nueva forma de
seres animados simples descritos tan
bien recientemente por Haeckel”. En una
carta al profesor alemán Ernst Haeckel,
Huxley contaba que ya había bautizado el
descubrimiento como bathybius
haeckelii en su honor. Para entender
mejor lo que esto significaba –y
significaba mucho– es mejor contar dónde
el bathybius haeckelii se encaja
en la historia de la ciencia.
Dos años después de
la toma de las muestras del bathybius
del fondo del mar, era publicado en 1859
el libro “El origen de las especies” de
Charles Darwin. Una implicación última
de la teoría de la evolución era que la
vida debería, en algún punto, haberse
originado desde la materia inanimada. En
tanto, pasados dos años, en 1861, el
francés Louis Pasteur realizaría uno de
sus más famosos experimentos,
demostrando que en el interior de un
frasco debidamente cerrado y
esterilizado la vida no surgía de forma
espontánea.
Como se ve, eran
años bien movidos para la biología, y
Pasteur probaba la biogénesis: la vida
sólo se originaba de la vida. Por lo
menos actualmente, y en condiciones
normales. Biólogos como Ernst Haeckel
sugerían que el origen de la vida en la
Tierra a partir de la materia inerte
podría haberse dado hace mucho tiempo,
en condiciones diferentes a las
actuales, y que tal vez en algunos
confines del mundo eso aún estaba
ocurriendo. Confines extremos como las
grandes profundidades del mar.
La teoría incluso
hoy se usa como una curiosa idea de que
la vida podría originarse de forma
sencilla en el fondo del mar, y crecería
en complejidad a medida que se llegaba a
la superficie. El descubrimiento del
bathybius haeckelii, una especie de
“óleo negro” de la biología, con el
pequeño detalle de que era blanco, se
encajaba bien en las suposiciones de los
científicos evolucionistas de la segunda
mitad del siglo XIX, y como su propio
nombre lo indica, era un organismo que
ya había sido previsto y descrito de
forma especulativa por los biólogos.
Con todo esto,
había problemas con el bathybius.
Él no crecía y no podía ser visto en el
lodo recién sacado del fondo del mar. El
HMS Challenger resolvería el asunto en
una expedición que generó a la
oceanografía.
Comenzó el 21 de
diciembre de 1872 y se extendió hasta
1876, y a bordo del Challenger John
Murray comentaba también que no podía
ver el bathybius en el lodo
sacado del fondo del mar, pero los
recipientes enviados para su análisis a
Inglaterra estaban repletos de él cuando
llegaban allá. Era como si el
bathybius surgiese dentro de los
recipientes, y no en el fondo del mar.
Un accidente
mostraría que era eso justamente lo que
estaba ocurriendo: uno de los asistentes
de Murray derramó una gran cantidad de
vino dentro de uno de los frascos, y
notó que el bathybius estaba
surgiendo. El supuesto “óleo negro”,
bathybius haeckelii, vida generada
espontáneamente del lodo, era nada más
que un precipitado de sulfato de calcio
gelatinoso, resultado de la reacción
química entre el alcohol adicionado para
la conservación y una sustancia del
fondo del mar.
Los detractores de
la evolución se regocijaron con esto,
como el Duque de Argyll, quien escribió
algunos años después: “Una gran lección
sobre apresuramiento”. Pero el propio
Thomas Huxley reconocería con elegancia
su error: “Dijeron que (el bathybius)
no era nada más que precipitado
gelatinoso de lodo... Pero me siento muy
feliz con este asunto. Hay una cosa
sobre nosotros los científicos, y es que
nadie puede decir que nos dedicamos a
esconder nuestros errores. Así, estoy
plenamente confiado de que si (el
bathybius) se revelara como un
engaño mío, tarde o temprano será
cuidadosamente expuesto por alguien”. El
engaño fue cuidadosamente expuesto, un
poco más de diez años después de
descubierto.
La historia de este
“archivo X” científico, hoy poco
conocida, podría acabar aquí. Pero cabe
mencionar que hasta ahora el origen de
la vida sigue siendo, en gran medida, un
misterio. Cien años después del dragado
de lo que sería el bathybius,
Stanley Miller y Harold Urey finalmente
mostrarían que en condiciones especiales
componentes básicos de la vida –los
aminoácidos– podrían formarse de
sustancias inorgánicas simples.
Y algunas décadas
después de eso, hace no mucho tiempo
realmente, serían descubiertas formas de
vida subacuáticas simples subsistiendo a
grandes profundidades en condiciones
extremas, a partir de sustancias
químicas expulsadas por volcanes
submarinos. El bathybius no
sobrevivió, pero las especulaciones y
teorías tan criticadas por haber sido
presentadas de forma precipitada irían a
mostrarse más acertadas de lo que se
imaginaba. En algún lugar –sea en el
tiempo y en el espacio distantes– puede
haber algún tipo de “óleo negro”, vida
surgiendo a partir de la no vida. Sea
del color que sea.
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Quisiera agradecer
a Jorge Petretski por sus valiosas
sugerencias
Traducción: Diego Zúñiga |