“Vapor compacto y
suave, que condensa en la noche, y
transforma su frío encendiéndose en una
flama agitada, la cual frecuentemente,
dicen, los espíritus malignos atienden,
cubriendo y abrazando con su luz.
Engañando y maravillando en su camino,
llevando al viajero hacia pantanos y
lodazales, y a través de pozos y
piscinas. Ahí suben, se pierden, y a lo
lejos sucumben…”.
“Paraíso
Perdido”,
de John Milton
La mejor descripción
del fenómeno alucinante que ahora nos
ocupa que he encontrado en la literatura
la proporciona Bram Stoker en tu
libro “Drácula (Primera parte del
diario de Jonathan Harper)”. No
podía ser menos. Las luces fantasmas
están íntimamente relacionadas a la
literatura gótica, a nuestros miedos,
terrores y leyendas. Stoker parecía
conocer bien este fenómeno y nos
presenta la aparición del mismo en el
camino al castillo del conde. El
escenario es inmejorable. Imagine el
lector que está viajando por una oscura
carretera en un bosque de los Cárpatos,
dirigiéndose al castillo de Drácula, y
repentinamente, a la vera del camino, se
le aparecen unas misteriosas luces.
“De pronto, en la
distancia, a la derecha, pude ver una
vacilante llama azul. El cochero también
debió verla, porque detuvo la calesa,
bajó del pescante, revisó los caballos y
se perdió en la oscuridad. No sabía qué
podía hacer, sobre todo oyendo que el
aullido de los lobos estaba cada vez más
cerca. Mientras seguía pensando, el
cochero regresó súbitamente y sin mediar
palabra subió a su asiento y
reemprendimos la marcha.
“Creo que debí
quedarme dormido y que el incidente
influyó en mi sueño, en el que, una y
otra vez, se repitió la misma escena y,
ahora, pensando en ello, me parece que
fue una espantosa pesadilla. Hubo un
momento en que la llama azul surgió tan
cerca del camino que, pese a la profunda
oscuridad, pude observar los movimientos
del cochero. La llama era tan débil que
apenas iluminaba el suelo a su
alrededor. El cochero se dirigió
rápidamente hacia el lugar en donde
salía, recogió unas piedras y las apiló
de una forma muy rara. Se produjo
entonces un increíble efecto óptico: a
pesar de que su cuerpo interceptaba la
llama, yo seguía viendo su luz vacilante
y misteriosa. Quedé estupefacto, pero me
dije que de tanto querer penetrar en la
oscuridad, mis ojos me habían engañado.
A continuación seguimos viajando sin
volver a ver llamas azules, aunque los
lobos seguían aullando cada vez más
próximos, como si nos siguieran en un
movimiento circular (…)
“Según hablábamos y
yo me hacía más atrevido en mis
planteamientos, le pregunté por algunas
de las cosas que habían sucedido la
noche anterior, como, por ejemplo, por
qué el cochero me había llevado a los
lugares en los que se veían las llamas
azules. ¿Era cierto que esas llamas
aparecían en los sitios en los que había
oro escondido? Me explicó entonces que
había una creencia popular que en una
determinada noche del año –como la
pasada noche, cuando se dice que los
espíritus del mal se hacen dueños de la
tierra– aparece una llama azul encima de
todos los sitios en que hay un tesoro
escondido.
“-Ese tesoro
–prosiguió– fue escondido en la región
por la que usted vino anoche, no puede
haber duda, porque es el lugar en el que
durante siglos lucharon los valacos, los
sajones y los turcos. Difícilmente se
encontraría un palmo de terreno en esa
región que no haya sido regado con la
sangre de aquellos hombres, patriotas o
invasores. Fue una época extraordinaria.
Las hordas austríacas y húngaras nos
amenazaban, y nuestros antepasados iban
valerosamente a su encuentro –hombres y
mujeres, ancianos y niños– y esperaban
su llegada en las rocas, por encima de
las gargantas, y provocaban aludes que
caían sobre los invasores. Y cuando esos
invasores lograban, pese a todo, la
victoria, no encontraban nada, todo
había sido enterrado.
“-Sin embargo –dije–,
¿cómo puede quedar algo sin descubrir
cuando se sabe que fue enterrado? ¿Es
que nadie se ha tomado el trabajo de
buscarlo?
“El Conde sonrió y al
apoyar los labios sobre las encías, sus
dientes afilados, largos, asomaron
extrañamente.
“-Porque –contestó–
los aldeanos son unos cobardes y unos
necios. Esas llamas sólo aparecen una
noche. Y en esa noche, ni uno solo, si
lo puede evitar, dejará de estar en su
casa con las puertas bien cerradas.
Pero, incluso, si se decidieran no
sabrían qué hacer. Aunque marcaran el
lugar exacto, no sabrían encontrarlo a
la luz del día. Podría jurar que ni
usted mismo sería capaz de localizarlo
después.
“-Creo que está usted
en lo cierto –dije–. Tan cierto como que
tampoco sería capaz de encontrar un
muerto si lo buscara.
“Después de este
comentario, cambiamos el tema de nuestra
conversación”.
WILL-O’-THE-WISP
En Inglaterra son
llamadas “Will-o’-the-Wisp”, o
“spooklights”.
Son las luces
fantasmas, que pueden chisporrotear, ser
estacionarias o estar en movimiento,
volar en el cielo o arrastrarse por el
suelo. Estas luces extrañas cubren el
cielo, saltan sobre las rocas, danzan
sobre los valles boscosos, juegan entre
sí y dejan a los caminantes admirados.
El escritor inglés
Gene D. Matlock ha ofrecido la
siguiente etimología: “Will”,
conciencia; “Wisp”, fragmento, es
decir, Will-o’-the-Wisp sería
“fragmento de conciencia”. Wisp, por
otra parte, significa un objeto nebuloso
pequeño. A las nubes Cirrus se les
llama, ocasionalmente, wisps of
clouds. Otros autores creen que
Will es el apócope de William, de
tal suerte que significaría “el
fragmento de Guillermo” o “el
pequeño y nebuloso Guillermo”. Esto
podría ser cierto ya que varios de estos
fenómenos están asociados a nombres
propios, como “Meg with the lantern”,
“Peggy of the lantern” o
“Jack-o’-lantern”, además de que en
West Yorkshire se le conoce como
“Billy-wi’-t’-Wisp”.
Existen varios casos
de personas que han logrado tocar la
llama y han recibido quemaduras
intensas, pero otras no han sentido
ningún calor. Lo anterior hace suponer
que son múltiples los orígenes del
fenómeno. Los “Memitos nebulosos”
fríos podrían tener un origen en
reacciones químicas del tipo
bioluminiscentes como el de las
luciérnagas, mientras que los calientes
pueden deberse a un tipo de combustión
o, incluso, a un fenómeno eléctrico.
Estos fenómenos se
dan en los pantanos, fangos, bosques
profundos, riscos, ciénagas y marismas.
Aparentemente se pueden mover, lo que no
sería posible si fueran producidos por
una fuente de gas estática. El hecho de
que tiendan a desaparecer al acercarse
el testigo, indica que requieren cierta
estabilidad atmosférica, que no sea
disturbada por ningún tipo de corriente
de aire.
“Vi un objeto del
tamaño de una moneda, a una distancia de
unos diez metros, estacionario o con un
ligero movimiento, que emitía cierto
sonido como el de agua escapando a gran
presión. La luz desapareció cuando me
acerqué, reapareciendo en su posición
original cuando me alejé. Su luz, azul,
me parecía a la de un diodo de los
antiguos equipos electrónicos”.
En Inglaterra se les
ha dado multitud de nombres. Entre los
más antiguos están: “Mayntzhausen”
o “fuego de los Druidas” o
“fuego de melena”,
“Friars-lathron”, “walking fire”,
“Hebridian teine sith”, “Gyl
Burnt-tayl” y “Canwll corfe”.
En Cornwall,
la “Joan-(in)-the-Wad” o
“Jacky lantern”. En East
Anglia, el “Lantern-man”, en
Lancashire, el “Peg-a-lantern” y
en Norfolk se le conoce como el
“Will-o’-the-Wykes”.
En otras ciudades tiene distintas
nominaciones : En Northamptonshire y
Oxfordshire, la “Jenny-burnt-tail”;
en Northumberland y
Yorkshire, la “Jenny-wi’-t’-lantern”;
en Somerset, el “Hinky-punk”; en
Warwickshire y Gloucestershire, la
“Hobbledy’s-lantern”; en Worcester,
Hertfordshire, Hampshire y Wiltshire, la
“Hobby-lantern”; y en
Worcestershire, el “Pinket”.
El “Utburd”
inglés es el espíritu de un niño que no
fue bautizado y que busca venganza.
Normalmente es invisible y su llanto se
puede escuchar en donde fue enterrado.
Luego aparece en forma de búho, o de un
perro lanudo, o incluso en forma de
niño, y se hincha hasta el tamaño de un
cobertizo y luego se reduce al de una
voluta de humo. Este espíritu ataca a
los viajantes que pasan cerca de su
tumba. Se aconseja que cuando alguien
escucha pasos detrás de él no debe
voltear, porque si lo hacen verá al
Utburd y se paralizará, quedando a su
merced. Sólo el agua o el acero puede
ser efectivo para defenderse de la
aparición y escapar de la muerte. El
perseguido se debe lanzar al río (no al
pantano) o blandir una espada o cuchillo
para que el fantasma desaparezca.
En las leyendas el
Will-o’-the-Wisp se interpreta como
un hada traviesa o un espíritu maligno
que confunde a los viajeros y los desvía
de las trayectorias seguras hacia sitios
traicioneros. En Dartmoor, los testigos
de este fenómeno dicen que han sido
“beenpixie-led” (algo así como
“embrujados”). Turner, en 1901,
describe una región de marismas cerca de
Longnor, en la parte superior del río
Dove, donde al anochecer “aparece una
luz parpadeante que se mueve siguiendo
nuestros movimientos… esta luz ha
generado muchos cuentos de viajeros
nocturnos que han sido guiados por la
luz y llevados al pantano, donde
permanecen sus cuerpos, y de donde sus
‘boggarts’ se elevan en la noche para
trotar y bailar por todo el bosque, para
el terror de sus habitantes”.
La explicación
tradicional es que las luces son
espíritus, hadas, genios o elementales
que viven en el cielo. En otros lugares
se afirma que son presagios de muerte o
desastres (Irlanda, Escocia y Gales).
Liz Linahan registra una historia de
este género de Whitwell en Derbyshire,
en donde una de estas luces guió a un
hombre, a través de una ventisca, hacia
la casa de su madre en donde ésta estaba
a punto de morir.
Se cuentan muchas de
estas historias entre los mineros del
distrito de Peak, vecino a los campos de
carbón coke de South Yorkshire y North
Nottinghamshire. Las luces se ven en los
túneles para avisar e impedir desastres.
Aquí las luces se transforman en
lámparas que aparecen en los cascos de
los mineros ya muertos. En Bleaklow son
antorchas ardientes portadas por
soldados romanos que atraviesan el campo
cada año, la primera Luna llena de la
primavera.
David Clarke
menciona la “luz de Staffordshire”,
en una colina cerca de Rushton, en donde
se dice que es el fantasma de una mujer
asesinada tiempo atrás. El “fiery
drake” lleva a los mineros a las
minas más ricas. Wayne Anthony Boylan
menciona luces vistas alrededor de
Outcrops en Lunter Rocks, sobre Winster,
en el White Peak, y en Harborough Rocks
cerca de Brassington, y Liz Linahan
habla de un “árbol de hadas” en Whitwell
Moor, en donde se ha visto que se reúnen
las luces.
También se han
reportado luces en Stanton Moor,
alrededor de los megalitos neolíticos de
Bridestones, y en una cámara mortuoria
en Congleton. Curiosamente estos son
sitios de alta incidencia de OVNIS.
También se les ha visto en lugares
encantados, como Cauldon Low, en
Staffordshire Moorlands; Monsal Dale,
Weaver Hills.
Por este motivo,
David Clarke cree que estas luces ya
eran vistas en la antigüedad y los
hombres que vivieron en esos tiempos
construyeron sus lugares sagrados en los
sitios en donde se aparecían. Wayne
Anthony menciona el avistamiento de una
luz azul que emergió de los bosques y
voló sobre los Nine Stones Close de
Harthill Moor.
La tradición dice que
los “Devil’s Bonfires” vuelan
alrededor de un montículo, conocido como
Torside Castle, cerca de la cima del
Bleaklow. Los arqueólogos creen que el
montículo data de la edad de Bronce,
otros creen que es una formación
natural. Muchas de las leyendas
mencionan el Devil’s Elbow, una curva
peligrosa en el camino de Glossop a
Woodhead. Las viejas consejas dicen que
el sitio es un puente entre el mundo de
los vivos y el de “Dark Lad” o
“T’Owd Lad”, el nombre local para el
demonio.
En bretón se conoce
como “Sand Yan-y-Tad” (St. John
and Father), es decir, un doble fuego
fatuo; un hada que tiene cinco dedos que
terminan en luces y que gira como una
rueda. En Gales se le llama
“Ellylldan”. Dan significa fuego,
atraer: un fuego fatuo que atrae.
Una descripción
poética del Ellylldan aparece en el
“The Vale of Glamorgan”, publicado
en Londres en 1839:
“Una noche, cuando la
Luna se había ocultado, estaba sentado
en lo alto de la colina, y apareció un
Ellylldan. Lo seguí hasta el valle.
Crucé charcos de agua en donde las
burbujas explotaban en la superficie, y
los lagartos descansaban silenciosos
mirándonos estáticos. Las ranas croaban
y se hinchaban, pero se callaron y
aumentaron su melancolía al ver el
Ellylldan. Las aves salvajes, que
ocultaban su cabeza bajo las alas,
piaron un poco cuando pasamos. Una
amargura se despertó y se elevó con un
grito en el aire. Sentí las huellas de
las anguilas y las sanguijuelas que nos
observaban, mientras vadeaba el pantano.
Sobre una piedra delgada un sapo sentado
chupaba el veneno de la noche.
“El
Ellylldan brillaba y emitía vapores. Se
elevó sobre los arbustos y cayó en el
resumidero. Cuando me paraba, me
esperaba, pero gradualmente disminuía
hasta hacerse poco perceptible. Pero tan
pronto como me ponía de nuevo en camino,
comenzaba a brillar tan intensamente
como antes. Un murciélago comenzó a
volar dando vueltas sobre nosotros
moviendo sus alas pesadamente. Los búhos
que ululaban se quedaron callados y nos
miraban con sus enormes ojos. Los
caracoles y las lombrices se arrastraban
alejándose. El fino hilo de la telaraña
brillaba a la luz del Ellylldan.
Repentinamente se alejó de mí, y a la
distancia se unió a un corro de sus
amigos, que comenzaron a bailar dando
vueltas en una danza fantasmal, lo que
me hizo despertar”.
Otros nombres para el
Ellylldan son “Pwca”, “Pooka”
o “Puck”. Este último fue el
término que utilizó Shakespeare en su
“Sueño de una noche de verano”. Algunos
biógrafos del bardo creen que éste
visitó el “Valley of Fairy Puck”,
en Gales, y de ahí extrajo la idea para
su obra. Lo que sí es cierto es que
William Shakespeare conocía muy bien
las tradiciones galesas e incluso el
fenómeno de los ignis fatuus. La
descripción que hace en el Acto III,
Escena 3, así lo atestigua. En palabras
de Puck, dice:
“Te seguiré. Te
llevaré a dar una vuelta, a través del
pantano y a través de los arbustos.
Algunas veces seré un caballo, otras un
perro. Un cerdo, un oso sin cabeza, y
algunas veces un fuego. Relincharé,
ladraré, gruñiré, bramaré y me
encenderé. Como un caballo, como un
perro, igual que un cerdo, un oso y el
fuego”.
La escritora
americana Annie Campbell Heustis,
escribió un poema llamado “Will-o’-the-Wisp”:
The Will-o'-the-Wisp is out on the
marsh,
And all alone he goes;
There's not a sight of his glimmering
light
From break of day to close;
But all night long, from dusk till dawn,
He drifts where the night wind blows.
The Will-o'-the-Wisp, he has no roof,
Yet he seeks not hut nor hall;
He will not wait for a friendly foot,
But starts if a shadow fall;
And never a voice can make him turn,
But the far off winds that call.
The twilight covers the dreaming hills,
The evening dews begin;
There's none to care that he wanders
there,
There's none to call him in;
And all the night, with his lonely
light,
He goes where the mists have been.
From fire lit window and open doors,
The roads have golden bars;
And round and round the world is bound
By a girdle of radiant stars;
But I watch to-night for a fleeting
light
That a moment makes or mars.
Flit, flit, with the hurrying hours,
In shadow and mist and dew
Will-o'-the-Wisp, O Will-o'-the-Wisp,
I would I could follow you,
With your elfin light for a lantern
bright
The bogs and the marshes through !
O Will-o'-the-Wisp, in silver dusk
Who'd wish for golden dawn?
In purple night, with stars a-light,
Who'd dream of noontide gone?
Who would not stray by the glimmering
way
Your wandering feet are drawn?
The dawn comes over the silent hills,
And calls to the winds of morn;
The stars grow pale, and the sun cries,
'Hail!'
To the shadowy fields forlorn;
And good-bye, good-bye, to the
Will-o'-the-Wisp,
Who dies when the day is born!
LA MISTERIOSA LUZ
DE BLEAKLOW
En el siglo pasado, a
mediados de los sesenta, las autoridades
del Peak District National Park
construyeron el primer refugio en
Crowden, no lejos de Woodhead. El
refugio estaba dedicado a los
excursionistas que hacían el viaje al
Pennine Way, que cruza Longdendale en su
ruta al norte a West Yorkshire.
No pasó mucho tiempo
hasta que los visitantes comenzaran a
ver haces de luz y bolas de luz de
colores pulsantes sobre la cara oeste
del Bleaklow, a lo largo del Bramah Edge
y Shining Clough. Ocasionalmente la
policía y los rescatistas persiguieron
estas luces sin ningún resultado.
Finalmente una noche de julio de 1970,
la maestra Barbara Drabble, quien
en ese entonces estaba casada con el
guardabosque Ken Drabble, viajaba
a su casa en Crowden cuando
repentinamente pasó a través una cortina
invisible que la llevó a la dimensión
desconocida.
“Era una brillante
luz azul que iluminaba toda la mitad
inferior de la montaña, toda la vía
férrea, los estanques y cerca de tres
kilómetros del camino”.
Las luces duraron
varios minutos y no parecían las de un
día normal. Eran brillantes y claras y
Barbara se introdujo con su coche en la
luz. Sintió un frío intenso y una
sensación eléctrica que le hizo erizar
los cabellos de la nuca.
“Era como si el valle
entero estuviera iluminado, con perfecta
claridad. Era tan brillante que se podía
manejar sin luces. Debí estar manejando
por cinco minutos y luego me detuve,
precipitadamente abandoné el coche y
corrí hacia casa. El auto tenía una capa
de hielo y se sentía muy frío”.
Barbara se sintió tan
intrigada que preguntó a los vecinos
granjeros qué sabían al respecto: “No me
dijeron nada, pero su actitud me hizo
sentir que ellos habían visto algo”.
Pero un año después
más de una docena de testigos que
estaban en el Crowden Youth Hostel,
incluyendo la guardabosques Joyce
Buckley, vieron una luz similar que
refulgía a través de las ventanas.
“Al principio
pensamos que eran luces de un coche,
pero reaparecieron en la cima del
Bleaklow y ningún carro puede llegar
ahí. Duró tres minutos y 25 segundos y
fue muy poderosa”, dijo Buckley.
La guardabosques
estaba tan preocupada por la luz que
llamó al Equipo de Rescate de Montaña,
dirigido por el esposo de la Sra.
Drabble. Ken y los miembros del equipo
de rescate buscaron en vano: “Cuando
llegamos a la cumbre no había nada, ni
gente, ni luz ni fuego”.
En su búsqueda, los
rescatistas usaron poderosas lámparas
que se veían como pequeñas velas desde
el Refugio.
El relato de Barbara
apareció en el “Peak Park News”
del verano de 1972, y constituye uno de
los más curiosos e impresionantes que se
hayan dado en Inglaterra.
El ufólogo inglés
Phil Reeder apunta que este tipo de
fenómenos comenzó a ser popular a
finales del siglo XIX, pero decreció
mientras aumentaban los reportes de
OVNIS.
En su libro “British
Goblins”, de 1880, el escritor
inglés Wirt Sikes dedicó un
capítulo completo a las luces errantes (corpse
candles). En 1897 el folklorista
escocés R. C. Mac Iagan hizo la
primera reseña sistemática de las
tradiciones británicas sobre las luces
fantasmas. En 1956 el escritor escocés
Alasdir Alpin MacGregor dedicó un
capítulo de su libro “The Ghost Book”
a las luces fantasmas, pero ya se
comenzaba a mencionar la hipótesis de
los OVNIS.
INGLATERRA
1904-1905
En el invierno de
1904-1905 se vivió una oleada
extraordinaria de fenómenos curiosos en
Inglaterra. Reportes de apariciones,
poltergeist, casas encantadas y fuegos
extraños eran pan de todos los días.
En Gales hubo un gran
movimiento religioso evangélico. Y sobre
el canto y los gritos de la muchedumbre
daban las apariciones luminosas. Nubes
luminosas cubrían el cielo y luego
bajaban hasta casi tocar a la gente,
posteriormente se elevaban y flotaban
hasta descender sobre otras asambleas.
Cosas o criaturas que brillaban
aparecían como luces blancas o bolas de
fuego rojo. Éstas eran especialmente
evidentes en las reuniones que conducía
Mary Jones, la guía espiritual
más importante del momento. Se decía que
una luz seguía persistentemente el
carruaje de la señora Jones.
Los reporteros
londinenses que fueron enviados a Gales,
escribieron historias chuscas. Luego
ellos también vieron las luces y las
nubes. Los corresponsales del “Daily
Mail” y el “Daily Mirror”
dijeron haber visto luces brillantes
sobre las capillas mientras había
ceremonia.
B. G. Evans,
en su reporte en el “Londres Daily
News” del 9 de febrero de 1905, dijo
que presenció las luces cuando estaba
con la señora Jones en su reunión en
Egryn.
“La primera luz
parecía una estrella brillante emitiendo
chispas. Todos la vimos. Las dos
siguientes fueron claramente subjetivas,
y sólo las vimos la señora Jones y yo.
Tres barras de clara luz blanca cruzaron
el camino frente a nosotros, de
izquierda a derecha, trepando sobre la
pared de una roca a la derecha. Una luz
rojo sangre, a unos 30 centímetros del
suelo a mitad del camino fue la
siguiente manifestación”.
Extendiéndose sobre
Escocia e Inglaterra el movimiento
evangélico degeneró en histeria de
masas. Las chicas de las tiendas
ignoraban a los clientes y comenzaban a
cantar y aplaudir. Otras entraban en las
iglesias y gritaban haciendo mucho
ruido. Los ladrones regresaban las cosas
que habían robado. Otros confesaban sus
pecados. Hubo muchos suicidios.
Grupos de mujeres en
Leeds decían tener visiones y paraban el
tráfico de las calles para organizar sus
rezos. En Liverpool varios católicos
fueron acosados y sus casas apedreadas.
Un hombre, tomando la Biblia
literalmente, se cortó la mano derecha;
otro hacía una procesión todas las
noches llevando su ataúd a cuestas.
Para cerrar con
broche de oro se dieron casos de
combustión humana espontánea. La señora
Thomas Cochrane, de Rosehal,
Falkirk, se encontró “quemada a tal
grado que era irreconocible”. Estaba en
su recámara, sentada en una silla
rodeada de almohadas y cojines que no se
quemaron.
La señora Cochran
murió el 16 de diciembre de 1904. Una
semana después, se dio otro caso. La
señora Elizabeth Clark, una
viejita que habitaba Trinity Almshouse
en Hull, fue encontrada con el cuerpo
lleno de ampollas, pero todavía viva. No
pudo explicar sus quemaduras y al poco
murió. Su ropa de cama no estaba
quemada.
A principios de
febrero de 1905, otra mujer, en Londres,
fue encontrada muerta, quemada. Estaba
sentada en una silla frente a la
chimenea. Las quemaduras las tenía en la
espalda. El mismo día un hombre,
Ashton Clodd, de 75 años, murió en
el Hospital Louth por quemaduras
diversas. Nadie supo explicar el origen
del fuego.
Barbara Bell,
de 77 años, también murió por causas
similares. Era el 27 de febrero. Su
cuerpo fue encontrado en un sofá, y
estaba completamente carbonizado, “como
si hubiese estado varias horas bajo
flamas intensas”.
LUCES FANTASMA EN
LOS ESTADOS UNIDOS
El país en donde se
estima que hay una mayor cantidad de
poblaciones en donde se ven las
misteriosas luces fantasma es Estados
Unidos.
Kenneth Arnold,
investigó las observaciones de luces
misteriosas vistas a nivel de superficie
en Nevada en 1922, 1927 y 1930 y
escribió un artículo (“Phantom Lights
in Nevada”) para “Fate”. En
el “Evening Observer”, de La
Grande, Oregon, del 29 de enero de 1955,
se menciona que Arnold también estuvo
investigando las luces de Blue
Mountains, Oregon.
En el sur de los
Estados Unidos se llama
“Jack-muh-lantern” a una extraña
criatura de metro y medio de altura con
grandes ojos y boca enorme. Su cuerpo
está cubierto de pelo largo y que va por
los campos como un saltamontes gigante.
Es más fuerte que cualquier hombre y más
rápido que cualquier caballo, e induce a
sus víctimas a seguirlo hasta el
pantano, en donde los deja morir.
Cerca de Summerville,
Carolina del Sur, en el Sheep Island
Road, construido sobre una región
pantanosa, se ve otra luz. Ésta cambia
de color y forma, y sube y baja como si
fuera un pájaro luminoso. Un testigo
dijo que la luz se paró sobre el techo
de su auto. Otro cerró las puertas,
dejando a su esposa afuera, cuando la
luz se acercó. Sin salir de Carolina del
Sur, se encuentra la “Bingham's
Light” de Dillon, en donde se han
detectado algunos efectos sobre los
motores de los automóviles (efectos
electromagnéticos).
En el estado de
Washington, la “Phantom Light of
Ringold” aparece de vez en cuando en
la vecindad de Pasco, sobre la
carretera. Parece la luz de un auto,
pero sólo una, y sólo se le ve en los
días con lluvia o niebla.
En el Jackson Road,
al sur de Suffolk, Virginia, la luz
aparece de frente al testigo, para
desaparecer antes de llegar a la colina
y luego reaparecer detrás del testigo.
El sheriff Hickley
Waguespack, de East Ascension
Parish, recibió muchos reportes en la
década de los cincuenta, de luces que
aparecían a lo largo del camino entre
Gonzalez y Galvez, Louisiana.
Otro fenómeno que
podría tener un origen parecido son las
“Luces de Silver Cliff”, un
pueblo fantasma de Colorado, Estados
Unidos. En el cementerio de la
localidad, se han observado puntos
luminosos de un azul pálido, cuya
procedencia se ignora. Se les reportó
por vez primera en 1956. De acuerdo con
Ray DeWall, periodista del “West
Mountain Tribune”, de Westcliffe (a
una milla de Silver Cliff), se ven luces
del tamaño de pelotas de básquetbol.
Parecen ir pulsando en su lento
movimiento sobre las tumbas. Cuando
alguien se les aproxima tienden a
desaparecer.
En 1970, otro
periodista, Edward J. Linehan,
realizó una investigación y concluyó que
las luces no parecían originarse en
ningún lado. Un antropólogo, Dale
Ferguson, recuerda que los indios
norteamericanos tienen leyendas sobre
espíritus danzantes azules, mientras
algunos físicos suponen la presencia de
depósitos de material radiactivo. Sin
embargo, todo se debe al hidrógeno
fosforado, producto de los restos óseos,
que se inflama al contacto con el aire.
Ya Ivan T.
Sanderson hablaba de las luces de
Lake Wanaque, New Jersey, en 1966-67, y
decía que se les había visto desde 1920.
Actualmente Bryan Williams, alias
Sargel 18 (Sargel, según Williams,
significa “Sargento de la luz”), un
contactado que vive en Wanaque y dice
estar guiado por los endorians,
seres que viven en el plano astral y que
vienen a pelear contra los
extraterrestres negativos llamados
dragons. Ambos son reptiles. Los
endorians le nombraron el “Guardián
de Endor”, un supuesto vórtex o
puerta interdimensional localizada en
Wanaque, New Jersey. En ese sitio se han
visto otras luces misteriosas. Williams
comenzó a abrir la “puerta” a otra
dimensión en el año 2001, misma que fue
abierta por completo en el 2003.
Todas las noches, en
las cercanías de los pantanos de
Kenosha, Wisconsin, se ven aparecer
misteriosas luces azuladas. Richard
Crow, cazador de fantasmas
norteamericano, afirma que las luces son
los espíritus de los gángsteres que
fueron muertos en ese lugar, y sus
cadáveres arrojados a los pantanos. El
sitio fue un escondite de pandilleros
durante la época de la prohibición en
los Estados Unidos. Crow afirma que él
mismo vio las luces:
“Llegué al lugar
después de haber recibido varios
informes sobre las luces que aparecían
en el escondite de los gángsteres. En la
noche vi las luces. Eran unos destellos
azulados, algunas semejaban siluetas
humanas. Estoy seguro de que son los
espíritus de los gángsteres muertos ahí
durante un enfrentamiento con una
pandilla rival. Los cadáveres de los
mafiosos fueron arrojados a unos
pantanos cercanos, por lo que la policía
nunca los encontró. Algunas veces
parecen emitir extraños sonidos como
susurros. Creo que podrían ser las voces
de los delincuentes muertos”.
Aunque Crow es
demasiado fantasioso en sus
conclusiones, lo cierto es que se ven
“extrañas” luces en ese lugar. Estas
luces, indudablemente, son producto de
la descomposición de sustancias
orgánicas que caen dentro del pantano.
Frecuentemente se ven
luces en la cima de una colina cerca de
Racine, en el mismo Wisconsin, pero los
escépticos han demostrado que se trata
de luces de aviones.
En la península de
Alaska, en las montañas del Lago
Iliamna, aparecen las luces de Iliamna.
El personal del aeropuerto de la zona
las ha visto ocasionalmente, y han
estimado que se encuentran a unos 65
kilómetros de distancia. La señora
Phillip Holdsworth, antigua
comisionada de minas, afirma que las
luces no son producidas por la presencia
de uranio.
Las luces de Waimea
flotan a 1.5 ó 2 metros sobre el suelo,
al norte de la isla de Hawaii, cerca del
viejo Rancho Parker. Aparecen en Luna
Nueva, dos o tres noches seguidas,
volando sobre el terreno hasta ir a
desaparecer a los pies del Mauna Kea.
Poseen una textura como de una niebla
espesa. Pulsan rítmicamente, y algunos
testigos dicen haber escuchado una débil
música que emana del interior. Esta
referencia a música o sonidos que salen
del interior de estas luces nos remite a
la tradición de la “música de las
esferas”.
Recientemente en la
literatura ufológica se comenzó a hablar
de los orbs, supuestos espíritus de los
indios americanos, en unos casos, u
OVNIS, en otros. Setecientos años atrás
los Cherokee invadieron las tierras de
los Catawbas. Se dice que las luces son
el espíritu de una mujer que busca los
restos de su esposo, hijos y hermanos.
Muchos aficionados a
los OVNIS han fotografiado estas luces,
pero en realidad son causadas por el mal
manejo de las cámaras y videocámaras.
Incluso el ufólogo Bruce Maccabee
dice que son efecto del flash sobre
objetos muy cercanos a la cámara.
Además de estos
sitios, en los Estados Unidos hay por lo
menos tres que son clásicos y se han
convertido en atracciones turísticas.
LUCES DE MARFA
Marfa es un pueblito
al oeste de Texas de unos dos mil
habitantes, localizado cerca del Big
Bend National Park, al suroeste de
Texas, en las Chianti Mountains. Cerca
están los ranchos Nopal, Antelope
Springs y Escondido.
Marfa es mundialmente
conocido por dos razones. Fue ahí en
donde se rodó la película “Gigante”, con
Rock Hudson, Elizabeth Taylor,
Dennis Hopper y James Dean;
y es el hogar de las famosas “Luces de
Marfa”.
Las luces, que la
mayoría de la gente describe como
esféricas, aparecen cada tarde al sur de
Marfa. Las primeras luces se ven poco
antes de la puesta del sol, justo al
oeste de la torre de radio. Se les puede
observar fácilmente si el clima está
claro. Se mueven alrededor, desaparecen
y reaparecen en otra parte. Por lo
regular no aparecen en días de mal
tiempo. Es posible apreciarlas sobre una
colina de 800 metros (Chianti
Mountains), y semejan globos de juguete,
de color rosa, naranja o rojo. Duran
unos 15 minutos antes de desaparecer en
la oscuridad. En ocasiones se puede ver
hasta tres de estas luces
simultáneamente. También se les puede
ver desde Blowing Rock, a 37 kilómetros
al noreste.
Las luces se han
transformado en la mayor atracción
turística del pueblo, y se ha erigido un
sitio de observación oficial a unos 15
kilómetros de Marfa, sobre la Autopista
90. Las luces de Marfa son tan conocidas
que el Departamento de Carreteras del
Estado de Texas colocó una señal en el
sitio oficial de observación sobre la
carretera 67/90, al este de Marfa (la
carretera tiene 56 kilómetros y va de
Alpine a Marfa). El texto de la guía de
carreteras del Estado de Texas, dice:
“Las Luces de Marfa,
luces misteriosas e inexplicables que
han sido reportadas en el área por más
de cien años, han sido el sujeto de
muchas teorías. El primer avistamiento
registrado de estas luces fue el del
ranchero Robert Ellison en 1883.
Varios las describen como fogatas,
minerales fosforescentes, gas de los
pantanos, electricidad estática, Fuegos
de San Elmo y ‘luces de fantasmas’. Se
ha reportado que las luces cambian de
color, se mueven y cambian su
intensidad. Los estudiosos han reportado
75 leyendas locales relacionadas con
este fenómeno. 1988”.
John Harden,
el cronista de los enigmas de la región
de Tar Heelia, dice que las luces
aparecieron por vez primera en 1850. Sin
embargo no existe ningún registro
escrito de 1883, mucho menos de 1850.
Todo son tradiciones o relatos de
segunda mano que remiten a esos años. La
verdad es que los primeros registros se
dan bien entrado el siglo XX.
Se han propuesto
varias teorías para explicar el
fenómeno. Se habló del gas de los
pantanos, pero éste no tiene movimiento;
de yacimientos de uranio, pero no se
conoce ninguno en la región. Se creía
que la causa de estos fenómenos eran los
minerales fosforescentes. Estos
minerales absorben la luz ultravioleta
del Sol y en la noche emiten luz. Sin
embargo, los geólogos que han examinado
el área de Marfa declaran que no hay
depósitos fosforescentes en la vecindad.
En 1957 el escritor
Paul Moran propuso por primera
vez, en la “Coronet Magazine” de
julio, que el fenómeno se debía a las
luces de los automóviles que cruzan la
autopista 67, de Marfa a Presidio, sobre
la cresta de las Chianti Mountains. En
efecto, con unos binoculares se puede
ver que esas luces que tanto maravillan
a los que se apostan para observarlas en
el sitio oficial, son nada más ni nada
menos que luces de los autos (delanteras
y traseras) que cruzan la autopista.
Incluso algunos miembros de MENSA (el
club de personas con más alto IQ)
estudiaron las luces de Marfa y llegaron
a la misma conclusión.
Un reporte típico de
la observación de estas luces es el
siguiente:
“Una luz blanca
brillante y no roja, como la de la
torre, apareció en la base de las
montañas, cerca de la torre. Se le pudo
ver fácilmente moverse en sentido de las
manecillas del reloj alrededor de la
montaña. Después de diez segundos, y
cuando ya había cubierto la tercera
parte del camino sobre la montaña, la
luz desapareció. En menos de un minuto,
apareció otra luz y repitió el
movimiento de la primera. Durante toda
la noche se repitió el mismo movimiento
con varias luces”.
Estas luces parecen
repetir sus movimientos porque son los
autos que viajan en la misma dirección.
Las luces desaparecen cuando los focos
de los autos alcanzan la cima de la
montaña y el camino da un giro y
desciende.
El fenómeno se ve
acrecentado cuando existe inversión
térmica, ya que aumenta la refracción de
las luces de los automóviles.
Recientemente se descubrió otro fenómeno
que influye todavía más en la aparición
de estas luces. La compañía Alto
Technology Resources hizo
investigaciones en Texas y Nuevo México
entre julio y septiembre del 2000, y
descubrió que en esa región existe un
terreno blanco altamente reflexivo.
Estos terrenos, algunos de superficie
cóncava a los lados de las montañas
Chianti, actúan como superficies
reflejantes de los faros de los
automóviles y conducen esa luz hacia el
sitio oficial de observación.
BROWN MOUNTAINS
Las “Brown
Mountain lights” aparecen a trece
kilómetros al noroeste de Morganton,
North Carolina, cerca de Blue Ridge
Parkway. Son bolas luminosas rojas,
azules, verdes y blancas. Se ven por lo
regular en las noches parcialmente
nubladas, cuando la luz está muy baja,
sobre el condado de Burke. También se
les puede observar desde el Wiseman’s
View, o la Linville-Grandfather
Mountain.
El primero en
reportar las luces fue el ingeniero
alemán William Gerard de Brahm en
1771. De Brahm también fue el primero en
ofrecer una explicación. Escribió que
“Las montañas emiten vapores nitrosos
que se inflaman por el viento, y cuando
chocan dos de estos vientos, las flamas
se sulfuran y desaparecen”.
Una de las
referencias más antiguas en los
periódicos sobre las Brown Mountain
Lights se encuentra en “The Observer”,
Charlotte, North Carolina, del 23 de
septiembre de 1913.
Ese mismo año, el
U.S. Geological Survey realizó una
investigación y concluyó que las luces
eran producidas por los focos de las
locomotoras y de los automóviles.
Probablemente las luces que se vieron
durante esta investigación sí eran
debidas a focos de autos y
ferrocarriles, pero las que vio De Brahm
no, porque en ese entonces no había
línea férrea, y mucho menos automóviles.
Sin embargo el fenómeno puede atribuirse
a reflexiones y refracciones de las
luces de Hickory, Lenoir, uno de los
pueblos cercanos.
El contactado
Ralph I. Lael afirma que las
“Brown Mountain Lights” son aparatos
extraterrestres.
El astrónomo Daniel B. Caton
escribió para “The Observer” sus
experiencias con las “Brown Mountain
Light” (“Close Encounters of the
Skeptical Kind”). Encontró que eran
simples reflexiones en la atmósfera.
OZARK
La “Ozark Spook Light”, también
conocida como “Hornet Light”, es
una atracción turística en el medio
oeste. Por más de 50 años, especialmente
desde que se inició la era de los
automóviles, los turistas que llegan a
las montañas Ozarks (Shepherd of the
Hills o Central Missouri) han visto la
“Luz Fantasma”
Fue tanto el éxito de las
luces que
Leslie
W. Robertson
incluso construyó el Spoksville
Museum, en el pueblo de Hornet,
cerca de Joplin, Missouri. La mejor zona
de avistamiento es un viejo y
polvoriento camino, a 400 metros al
oeste del museo. Las luces aparecen
cerca de ahí a distancias que van de 70
a mil 500 metros. Su tamaño va desde una
manzana hasta una pelota de básquetbol.
Se expanden y contraen, y se mueven de
izquierda a derecha, de adelante hacia
atrás o viceversa. Su color va de
dorado, ámbar, amarillo a rojo. Sus
movimientos parecen ser aleatorios,
nunca se separan del camino y aparecen y
desaparecen repentinamente.
Con frecuencia se observan dos luces,
que aparecen cuando la atmósfera es
clara. Pero nadie sabe cuál es la mejor
época para verlas y no existen dos
descripciones que coincidan en su
totalidad. Lo más común es que aparezcan
como una luz brillante en lontananza,
que aumenta y disminuye de tamaño, se
mueve acercándose o alejándose o
moviéndose por sobre las montañas con
gran destello de luz.
Actualmente el
propietario del museo es
Garland “Spooky” Middleton,
y hay una fotografía muy famosa de él
afuera del museo, que fue publicada por
la revista “OK
Magazine”
del 28 de octubre de 1979.
John P. Bessor
estudió las luces para la revista “Fate”
en 1951. Entrevistó a varios de los
residentes y encontró un operador de una
estación de gasolina que tuvo un
encuentro con las luces en la montaña.
Cuando él y sus compañeros
dejaban el trabajo, una fuerte luz tan
larga como el brazo extendido de un
hombre, se formó repentinamente a pocos
metros sobre sus cabezas.
“Emitía un zumbido y
se quedó sobre nosotros por algún
tiempo. Entonces se agrandó y se encogió
varias veces. Una de las chicas que
estaba con nosotros se desmayó”,
dijeron.
El Dr. George W.
Ward, del Bureau of Standards,
Washington D.C., y socio del Midwest
Research Institute, hizo una
investigación en 1945. Escribió que vio
la luz sobre las colinas. Tenían
la forma de esferas de color amarillo
verdoso de un metro y medio de diámetro.
La luz se dirigió a su auto y él
rápidamente cerró la puerta.
Se han tejido diversas leyendas en torno
a esta luz. La Neosho, Cámara de
Comercio de Missouri, publicó un librito
en el que se menciona que los antiguos
indios de la región ya hablaban de la
luz antes de la construcción de la
carretera. Otros dicen que se trata de
un Viejo minero que lleva su linterna y
que cruza los campos y desaparece.
También se menciona que el primer
reporte que se conoce fue de 1886, pero
hasta el momento no he encontrado tal
reporte, ni a qué se refiere el mismo.
Durante la Segunda Guerra Mundial el
Cuerpo de Ingenieros de las Fuerzas
Armadas estuvieron en el área durante
semanas con equipos sofisticados. Se
examinaron cuevas, depósitos minerales,
autopistas y carreteras y se intentaron
varias explicaciones sobre el origen de
estas luces. Posteriormente varios
científicos han visitado el área con el
mismo propósito. Sus resultados han
probado que la refracción de la luz de
los autos que viajan por la ruta 66,
ocho kilómetros al oeste, son las
causantes de las luces.
Qedaría la duda de casos como los del
empleado de la gasolinera o el de George
Ward. Si bien el primero fue dado a
conocer en una revista sensacionalista
(además que no se menciona su nombre),
en el segundo se trata de un físico.
Pero las nuevas investigaciones, como la
siguiente, nos hacen suponer que tal vez
Ward sufrió alguna confusión.
Incluso Joseph Allen Hynek, el
padre de la ufología, escribió sobre las
Tri-State Spook Lights (como también
se les conoce, porque se pueden ver
desde tres estados: Missouri, Oklahoma y
Kansas), en la revista “New Horizons”.
Según
Leslie
Kennon,
de la Division of Resources and
Development del Estado de Missouri,
la historia oficial de las Luces
Fantasmas Hornet no es del todo cierta.
En primer lugar, apunta, “existen varias
fotografías de las luces y yo mismo he
tomado algunas”.
“Mirando hacia el oeste, por el camino
de la luz fantasma, con unos
binoculares, se puede ver la autopista.
Si se examina el mapa topográfico de
Joplin, se puede observar parte de la
Ruta 66 que corre del este de Commerce a
Ouapaw, en Oklahoma, después gira al
norte. Desde mi
locación sobre el Camino de la Luz
Fantasma estaba a
poco más de nueve millas al este de la
parte oriental de la autopista. Los
binoculares revelan claramente la parte
estrecha de la Ruta 66 y los ocasionales
flashes de luz reflejante sobre los
carros de la autopista causados por la
puesta del Sol en el oeste.
“Cuando abrió el museo, a las 6:00 PM,
me quedé unos 40 minutos hablando con el
Viejo Garland ‘Spooky’ Middleton (de 70
años), sobre las luces y leyendo los
recortes de periódico sobre las luces
fantasma que él ha pegado sobre las
paredes del museo.
“Después de la puesta de Sol a las 6:40
regresé a mi punto de observación y pude
ver una de esas famosas luces
directamente del oeste sobre el camino.
Mis binoculares me probaron que esas
luces no eran otra cosa que las luces de
los autos que viajaban sobre la Ruta 66
a unas diez millas de distancia.
Ocasionalmente son visibles varias luces
a través de binoculares, pero a ojo
desnudo sólo se ve un punto luminoso. La
presencia de uno o más autos puede
explicar el aumento y disminución del
brillo. Mis mejores fotos las tomé al
ocaso con un rollo Kodachrome 64, a 1/15
de segundo con una Minolta de 50 mm a
una abertura de lente de F 1.4.
“Las luces que se reportaron antes de la
era del automóvil se pudieron deber a
luces de campamentos en las vecindades
de lo que, en el futuro, serían los
pueblos de Commerce y Ouapaw. Todas las
fotografías de estas luces están en el
mismo sitio, justo en el centro en forma
de V de los árboles en el camino,
exactamente en donde se verían al ser
producidas por las luces de los
automóviles sobre la autopista”.
Actualmente en el sitio en donde aparece
la luz hay un contenedor en el que se ha
pintado de naranja la leyenda No
Tresspassing. Phil Campagna
tomó ahí sus fotos el 15 de abril de
2000.
MACO
La “Luz de Maco” aparecía a lo
largo de una antigua vía férrea, de
donde se han removido los rieles. Esta
parte del camino es muy recto y se eleva
lentamente entre una valla de madera y
arbustos. La luz aparecía como un
destello que se hacía cada vez más
brillante. Se veía estática en el lado
derecho del camino y luego se movía
hacia el centro. Se tenía la impresión
que subía por la colina en una
trayectoria curva. Luego de pocos
segundos la luz desaparecía. La
distancia hacia la luz era difícil de
determinar, pero fue estimada en unos
500 metros. Algunas veces, después de
esta luz aparecía una de color rojo que
se movía erráticamente de derecha a
izquierda.
Maco se encuentra en el condado de
Brunswick, Carolina del Norte, a 20
kilómetros al noroeste de Wilmington,
sobre la carretera 74/76, entre los
pueblos de Saratoga y Bragg.
Se le veía sobre el Bragg Road, en
Saratoga, Texas, durante las noches de
verano se puede ver otra luz misteriosa,
sobre los pantanos. En 1960 el sheriff
Whit Whitaker inició una campaña
impidiendo el uso de armas de fuego en
el área, ya que varios testigos habían
disparado a la luz, sin ningún
resultado.
A la luz de Maco también se le ha
embellecido con una leyenda. Los
creyentes de lo oculto dicen que en 1867
la Atlantic Coast Line Railroad
tenía una ruta que pasaba por la pequeña
estación de Farmer’s Turnout (ahora
llamada Maco). Joe Baldwin era
uno de los conductores de la línea. Una
noche en que el tren estaba parado,
inexplicablemente el último vagón se
soltó y comenzó a caminar colina abajo.
Baldwin saltó al vagón para tratar de
detenerlo, pues atrás venía otro convoy.
Al no poder detenerlo, sacó su linterna
e hizo señales al otro tren, pero no
pudo evitar la colisión. Joe murió
decapitado. Desde entonces los
residentes comenzaron a ver las luces
cerca de Hood’s Creek. Se les veía sobre
los rieles del Atlantic Coast Line. A
veces eran dos luces, una encima de la
otra. “Es el viejo Joe buscando su
cabeza”, decían los lugareños.
Pero la verdad es que la Atlantic
Coast Line Railroad nunca tuvo una
ruta que llegara a Maco en 1867,
simplemente porque en ese año no
existía. La que sí tenía una ruta era la
Wilmington, Manchester and Augusta
Railroad, pero se desconoce si en
ese entonces trabajaba para esa línea
alguien llamado Joe Baldwin.
Tal vez porque no se ha logrado
demostrar la existencia del tal Joe,
otros dicen que la luz es el espíritu de
un guerrero indio muerto en batalla,
mientras otros afirman que es el
fantasma de una bruja negra.
Pero el hecho es que la gente veía
luces, y existen muchos testimonios al
respecto. Uno de los que le dieron mayor
nombre fue el del presidente Grover
Cleveland.
No sé si el relato sea verídico, pero se
afirma que en octubre de 1894 el
presidente Cleveland vio las luces desde
su Pullman. Maravillado, llamó al
conductor del ferrocarril y le preguntó
sobre la misteriosa luz. El conductor
sonrió y dijo: “Lo que usted acaba de
ver, señor, es la Maco Station Light”.
Se ha estimado que las luces de Maco
tienen una intensidad de un foco de 25
watts. Por eso es incomprensible la
reacción de algunos conductores del
ferrocarril que, según los defensores de
las luces de Maco, han incluso detenido
el tren creyendo que iban a chocar con
otro viniendo de frente. Esto los ha
llevado a adoptar dos linternas, una
blanca y la otra verde.
A las luces también se les conoce como
“Big thicket ghost light” y duran
de pocos segundos (30, lo más común) a
varios minutos. En una ocasión se trajo
una ametralladora desde el Fuerte Bragg
y se disparó hacia la luz. Pero ésta
siguió apareciendo.
Parte de los rieles fueron desmantelados
en 1934. En 1977 se quitaron por
completo las vías, y desde entonces se
dejaron de ver las luces.
ESPAÑA
Otro país en donde también abundan las
tradiciones de luces fantasmas es
España, donde se las conoce también como
“Luz Mala” o las“Luces Populares”.
En el siglo XII un grupo de soldados vio
cómo una “estrella” caminaba sobre los
cuernos de un toro que se encontraba en
una colina en la que luego se fundaría
la ciudad de Teruel. En el escudo de la
ciudad aparece la imagen del toro y la
luz, recordando su origen.
Es probable que estos fenómenos estén de
alguna manera relacionados con la
electricidad ambiental, del mismo modo
como los Fuegos de San Telmo.
En Manresa, Barcelona, se celebra la
fiesta de la “Misteriosa Llum”. Se trata
de una misteriosa luz que se dice
apareció el 21 de febrero de 1345, en
las cercanías de la Iglesia del Carmen,
para luego atravesar las paredes del
templo y “bailar” ante los testigos.
En los bosques catalanes de Queralbs,
Tregurá o Freixenet, se han visto luces
desde antaño, vulgarmente conocidas como
“follets delfoe”, añadiendo la
leyenda que en el lugar donde éstas
nacen se esconde un tesoro oculto. Para
el folclore, estas luces representaban a
seres sobrenaturales que bien podían
corresponder a fantasmas, almas en pena
de antepasados, dragones, duendes,
hadas... y que solían adoptar esta
especial forma ígnea para manifestarse.
También Cataluña, en el monte Turó de
I'Home, tiene sus luces. Pero las más
interesantes desde el punto de vista
ufológico son las luces que aparecen en
la montaña de Montserrat, y que le han
dado gran fama al contactado Luis
Grifol, quien ha desarrollado un
método para descubrirlas.
En los países vascos se habla de Mari,
una especie de hada que se transforma en
bola de luz. En Galicia aparecen sobre
el Pico Sacro, mientras que en Vizcaya,
sobre el monte Amboto. Cádiz tiene su
tradición de los “diablos luminosos”.
Las islas Canarias tienen muchos lugares
con luces fantasmas. En Jandía, por
ejemplo, cuenta una leyenda que un par
de esclavos, que tenían reputación de
blasfemos y ateos, escaparon y huyeron
con rumbo a la montaña Cuesta de Pedrea.
Ahí encontraron un carnero que mataron y
arrastraron para poder comerlo. En la
montaña no había leña con qué cocinarlo,
pero encontraron una cruz de madera que
señalaba el cementerio que se encontraba
en la cúspide. Tomaron la cruz y con
ella hicieron la hoguera. Esta
profanación, según cuentan, les fue
fatal ya que a poco se cayeron
despeñados por un barranco. Como castigo
final Dios los condenó a vagar en la
montaña en forma de bolas de luz.
Estas luces o llamas son de color y
brillo metálico, en colores azules o
rojas. A veces es diminuta, como la luz
de un cigarro encendido, y otras más
grandes, como una hoguera. Su rapidez de
movimiento es muy grande. Cuentan que da
saltos hasta de kilómetros en fracciones
de minuto, hasta el punto de dar la
sensación de estar a la vez en ambos
extremos del salto. Cuentan también que
tienen el don de la palabra, aunque hay
quienes dudan de su autenticidad.
Cerca de ahí, en los llanos de la
Concepción y la charca de Los Molinos,
se habla de la “Luz de Leme”; y en la
Gran Canaria se encuentra el Puerto de
la Luz, cuyo nombre tuvo su origen en
una de estas luces. En Güimar, Tenerife,
se aparece una luz en las partes altas
de la localidad.
Un fenómeno similar se desarrolla en la
Isla de Fuenteventura, Canarias, en un
lugar conocido como Mafasca. Las gentes
lo conocen como “Las luces de Mafasca”.
El fenómeno, que se desarrolla en el
pueblo de Betancuria, está rodeado de
una leyenda.
En el actualmente deshabitado pueblo de
Mafasca, en las islas Afortunadas,
aparece una luz de color azul que
termina tornándose rojo. El tamaño es el
de una bola de billar. Por lo regular se
acerca a las personas y los guía en su
camino.
En otra de las islas Canarias, en
Tenerife, existe “La misteriosa luz de
Martela”, como la conocen en el pueblo
de Granadilla de Abona, al sur de la
isla.
Según los habitantes de ese pueblo, esta
luz sale de un lugar descampado en la
carretera que va de Granadilla a
Vilaflor. Sale en días y horas
determinadas de la noche (a las 11), y
dos a tres veces a la semana.
Esta luz, cuentan las
gentes que se han topado con la misma,
es clara, silenciosa, muy potente, e
incluso, al paso de los coches y
camiones, la han visto echarse fuera de
la carretera y desplazarse por sobre un
barranco volviendo de nuevo a la misma.
En ocasiones llega hasta las primeras
casas del pueblo de Granadilla, y allí
da vuelta regresando por el mismo
itinerario hasta el lugar de donde salió
y allí de nuevo desaparece.
ITALIA
El aventurero
Giacomo Gerolamo Casanova de Seingalt,
en el capítulo primero del tomo VIII de
su “Storia della mia vita”,
publicado en Italia en la segunda mitad
del siglo XVIII, relata cómo una flama
piramidal lo siguió en un área rural,
cuando viajaba de Castel Nuovo a Roma la
noche del 31 de agosto de 1743.
“Una hora después de
Castel Nuovo, con el viento en calma y
el cielo sereno, advertí a la derecha y
a diez pasos una llama piramidal de un
codo de altura y a cuatro o cinco pies
por encima del nivel del terreno. Esta
aparición llamó mi atención porque
parecía acompañarme. Intenté aproximarme
a ella con ánimo de estudiarla; pero
cuanto más me acercaba, más se alejaba
la llama de mí. Se detenía en cuanto yo
me paraba, y, cuando la parte del camino
por la que la luz pasaba estaba rodeada
de árboles, dejaba de verla; pero la
volvía a encontrar en cuanto el borde
del camino quedaba libre. También
intenté volver sobre mis pasos, pero
entonces siempre desaparecía, y no
volvía a mostrarse más que cuando de
nuevo me dirigía hacia Roma. Tan
singular fenómeno no me abandonó hasta
que la luz del día disipó las tinieblas.
“¡Qué maravilloso
campo para la superstición ignorante,
si, contando con testigos del suceso,
hubiera hecho carrera en Roma! La
historia está llena de bagatelas de esta
importancia; y el mundo está repleto de
gentes que todavía les presta atención,
a pesar de la pretendida ilustración que
las ciencias proporcionan al espíritu
humano. He de confesar que, a pesar de
mis conocimientos de física, la visión
de aquel pequeño meteoro no ha dejado de
darme singulares ideas. Pero tuve la
prudencia de no decir nada a nadie”.
El físico
Alessandro Giuseppe Antonio Anastasio
Volta vio gas de los pantanos en el
Lago Maggiore, al norte de Italia, en
1776.
Varios científicos
boloñeses se interesaron en estas luces.
En 1728 Francesco Orioli y
Giacomo Becarri recogieron muchos
testimonios. Lo mismo hizo Quirico
Barilli Filopanti en 1841. Muchos de
estos testimonios e investigaciones se
publicaron entre 1835 y 1873 en la
revista alemana “Annalen der Physik
und Chemie” y en la revista
científico literaria inglesa “Notes
and Queries”, que en su número de
abril de 1875 publicó las primeras
explicaciones científicas al respecto.
Antonio Vallisneri
escribió algunas cartas a sus amigos en
las que menciona casos de combustión
humana espontánea relacionados con
fuegos fatuos. También relata el caso de
un “scarafaggio lucente”
(escarabajo luminoso, una luciérnaga) o
“insecto feroz” que, de acuerdo con el
autor, fue falsamente relacionado con
una serie de fuegos ocurridos en la
región italiana de Veneto.
En esa misma área
pantanosa de Veneto, se habla de “la
cabeza de caballo ardiente”, que en
Verona es conocida como “le lumere”,
y se creía que era un íncubo, un demonio
macho.
Los “Cules”
eran las luces de las provincias de
Tronio, Cuneo y Novara. Una “luce
vagante” era el guardián de un
tesoro en el Bosco dell’Oro, en
Livinallongo, Belluno; mientras que en
Milán se le llamaba “cagnolitt”.
En Morra, Perugia, se cuentan casos de
luces que han recorrido cerca de un
kilómetro de distancia. En cementerio
Trentino di Banano, Modena, se dice que
de noche se ve una luz que se atribuye a
un espíritu burlón que arrastra un
bastón que termina en bombilla.
En Liguria se cuenta
la historia del “Chiaro dei fichi
mori”, una especie de globo luminoso
de color azul lechoso que se observa en
el cementerio. En el cementerio de
Tidone, Oltrepo Pavese, se observa un
fuego fatuo tan grande como una pelota.
En Emilia Romagna (Ferrara, Rabean,
Forlí, Rimini) existe una gran tradición
de la “lumazze”, “lumere”,
“Piligreina”, “Pulo’una”.
Y en Lucca se
habla de la “lumetti”,
“luminotti”, “folletti dal
lumicino”, “Cecco linterna”…
Pero no sólo en
tierra se veían las luces. Lenguas de
luz fueron vistas salir del Mar
Adriático. Una luz amarilla se veía
todas las noches, durante la Primera
Guerra Mundial, en la provincia de
Cuneo, cerca de un pequeño riachuelo. En
Val d’Aosta, en la provincial de Reggio
Emilia, al norte de Italia, en la década
de los sesenta se habló mucho de
“lumini”, “processioni dei morti”
e ignes fatui.
RESTO DE EUROPA
En la Europa
medieval, los daneses y los germanos las
llamaban “luces del tesoro”, pues
afirmaban que señalaban el lugar exacto
donde había riquezas enterradas.
Johann Wolfgang
von Goethe
menciona en sus obras un caso de
Ignes Fatui observado en 1768.
En Alemania la única
área en donde se ven luces misteriosas
es en el bosque de Briselanger, cerca de
Berlín. Se les conoce como la
“Irrlichter” o “Irrlicht” o
“luz loca”, dos minúsculas bolas corren
como antorchas. El periodista Jürgen
Krumnow encontró que estas luces,
que fueron reportadas desde finales de
los setenta, son simplemente luces de
los automóviles que circulan por una
carretera cercana.
Al norte de Holanda,
en 1866, una epidemia de peste bobina
fue adjudicada a la aparición de luces
inexplicables vistas en los campos. En
Francia el siniestro “Moines des
Narais” guiaba con una linterna a
los viajantes. También En Francia
encontramos “Ronda-dos-Lutinos”.
En la península
Escandinava se llaman “Lyktgubhe”.
Los suecos creen que se trata de un niño
sin bautizar que trata de llevar a los
hombres al agua esperando ser
sacramentado. En Finlandia se le llama
“Omlatt” o “Liekkio” (“el
flamígero”), y es un niño enterrado en
el bosque y que aparece sobre las
raíces, plantas y árboles.
SUDAMÉRICA
En todas partes del
mundo se encuentran tradiciones acerca
de estas “misteriosas luces” o sobre
fenómenos similares, y Sudamérica no es
la excepción.
A diez kilómetros de
Peralta, Argentina, se encuentra el
cerro llamado de las Ánimas. En él hay
un cementerio particular y se ve una luz
sobre uno de los panteones; por eso le
pusieron el nombre de Cerro de las
Ánimas. También están las luces del
Cerro Uritorco y las de Victoria.
En Brasil, en el
Amazonas, el “Cherrube” toma el
nombre de “Mae do fogo”, y son
luces que ya fueron observadas por el
explorador italiano Ermanno Stradelli.
El ufólogo italiano Giuseppe Stilo
tomó varias fotografías de las “Mae
de Ouro”, en Iporanga, Estado de Sao
Paulo.
Sobre los caminos, en
los Andes peruanos, aparece “la luz del
dinero”. Sobre la cordillera brillan con
tonos verdosos o blancos. Los nativos
creen que indican los lugares en donde
Francisco Pizarro y sus soldados
enterraron el oro de Atahualpa.
Al parecer también están relacionadas
con los fuegos fatuos.
En algunas regiones
de Colombia se habla del “automóvil
fantasma”, que aparece en las carreteras
poco transitadas. Este mismo fenómeno es
conocido en Ocaña con el nombre de
“Carro Fantasma de Carlos Bombita”, que
se le ve sobre el camino que lleva a
Pueblo Nuevo.
En esa misma región
de Colombia se habla de “La Luz
Corredora”, una especie de “Llorona” que
dio muerte a su único hijo. Se dice que
las luces (por lo regular dos) son los
ojos de la mujer encapuchada, y los
sonidos que emiten se interpretan como
los lamentos y alaridos que suele
pregonar por la muerte de su hijo.
Muchos habitantes de Ocaña y de Cesar
afirman haber escuchado esos lamentos
que provienen del interior de las luces.
En Antioquia y Casanare, la luz
corredora se transforma en “Candileja o
Luz viajera”.
En otros sitios se
habla de una columna de luz que cerraba
el camino a los viajeros. Si estos iban
a caballo, los animales se encabritaban
y se negaban avanzar.
En Venezuela se
pueden ver luces sobre la Montaña de
Sorte, pero las más famosas son las de
Catatumbo.
CATATUMBO
El explorador
Alexander von Humboldt fue uno de
los primeros en mencionar las luces del
río Catatumbo, Venezuela. Luego, se dijo
que en 1886 nueve personas fueron
quemadas por este fenómeno, también
conocido como “La Luz de Maracaibo”.
El tema del
“Relámpago de Catatumbo” se encuentra en
el escudo y el himno del Zulia. La letra
es de Udón Pérez y la música de
José Antonio Chávez. Fue
decretado oficialmente como himno del
Zulia en 1909. La primera estrofa dice:
“La luz con que el
relámpago
tenaz del Catatumbo,
del nauto fija el rumbo,
cual límpido farol;
el alba de los trópicos
la hoguera que deslumbra
cuando al cenit se encumbra
la cuadriga del sol....
No emulen de tus glorias
el fúlgido arrebol!”
Se le observa al sur
del lago de Maracaibo, Venezuela, por lo
que también se le conoce como “Faro de
Maracaibo”. En realidad no se trata de
un relámpago, o por lo menos de uno
convencional, ya que nunca se escucha el
trueno, a pesar de su enorme fulgor y
luminosidad.
Según Andrés
Zavrostky, de la Universidad de Los
Andes, el relámpago es producido por una
tormenta permanente, de índole
esencialmente eléctrica, entre nubes y
tierra, en la Gran Ciénaga al oeste del
Lago de Maracaibo. La región de
ocurrencia es una zona inhóspita, de 226
mil hectáreas de pantanos, casi
permanentemente inundada con abundante
nubosidad y pluviosidad durante todo el
año, que conforma el Parque Nacional
Ciénagas de Juan Manuel, ubicada al
sur-oeste del lago de Maracaibo.
Varios especialistas
de las universidades de Carabobo y del
Zulia (Nelson Falcon, Williams
Peter, Ángel Muñoz y Dia
Nader), intentaron poner a prueba la
hipótesis de Zavrostky. Encontraron dos
zonas en las que aparece con más
frecuencia el fenómeno. Las regiones se
encuentran entre las lagunas La Estrella
y La Belleza, colindantes con el río
Bravo, al oeste del río Catatumbo.
El fenómeno es un
constante destello nocturno (16 a 40
descargas por minuto) nube-nube. No hay
contacto nube-tierra o tierra-nube.
En sus expediciones,
los físicos venezolanos pudieron
comprobar la ausencia de anomalías
magnéticas, fuentes geotermales
(fumarolas, géiseres) o fuentes
radiactivas en el sustrato superficial.
Según Martínez J.
Marcías, la explicación a la falta
de ruido y el intenso resplandor se debe
a la presencia de metano (CH4),
producido en los pantanos:
“Como la molécula de
metano (CH4) es indisoluble
en agua, al generarse en las ciénagas y
lagunas se eleva rápidamente por ser más
liviana que el aire, incluso por encima
de las nubes de vapor de agua. Este
fenómeno se incrementa en las horas
siguientes al ocaso, cuando la ausencia
de irradiancia solar evita su
fotodisociación; lo que podría explicar
por qué el relámpago sólo es visible en
forma nocturna y nunca en horas diurnas.
“La generación de
metano por descomposición de detritus
y humus de los pantanos se
incrementa durante el verano porque las
aguas son menos profundas y la
temperatura media aumenta, facilitando
la descomposición del material orgánico.
Ello parece explicar las razones por las
cuales el ‘relámpago del Catatumbo’ es
más visible en épocas de sequía que en
invierno.
“La fluorescencia
observada, luego de la generación de
rayos en el interior de las nubes altas,
puede deberse a la existencia de estados
metaestables de la molécula de metano y
del radical metilo, cuyos enlaces s-p
admiten este tipo de excitación.
“Debe notarse que los
tiempos de vida de los estados
metaestables son comparables a la
duración de la descarga difusa
(relámpago); en el rango de los
nanosegundos a los milisegundos.
“Los cristales que se
forman, a partir de la mezcla del metano
y el agua, se polarizan espontáneamente
debido a la simetría tetraédrica,
ocasionando un gradiente de potencial
eléctrico en las células de las capas
altas de la nube. Cuando el potencial
eléctrico de la célula de la nube supera
el potencial de ruptura dieléctrica del
aire, se genera la descarga, visible en
forma de rayos en el interior de la
misma
“Así, la presencia de
metano en las nubes bajas de la región,
favorecida por la circulación cerrada de
vientos y por enormes extensiones de
pantanos (cerca de 300 mil hectáreas)
permite explicar la microfísica de las
descargas gaseosas (relámpago o
fluorescencia y rayos o descargas de
arco nube-nube) y el mecanismo de
autopolarización eléctrica de la nube”.
Para Martínez la
explicación se encuentra en los
cristales de hidratos de carbono, que se
forman al elevarse el metano y
combinarse con pequeñas cantidades de
agua a bajas presiones y temperaturas.
Estos microcristales tienen un peso
molecular menor al del agua y del aire,
por lo cual se mantienen suspendidos y
reflejan los rayos, dando la intensidad
que es característica al fenómeno.
Nos parece que el
planteamiento de Martínez está muy
cercano a la verdad, sin embargo no
creemos que los microcristales funcionen
como espejos para reflejar la luz de los
rayos. Recordemos que estos
microcristales están constituidos por
hidrocarburos, principalmente metano.
Estos productos seguramente se incendian
al entrar en contacto con las descargas
eléctricas, como día a día lo
comprobamos en nuestras estufas.
Suponemos que los pequeños rayos que se
forman entre las nubes incendian los
microcristales y forman la espectacular
luz. Por eso no se escucha ruido alguno
y por eso mismo no hay descargas
nube-tierra.
LAS LUCES MIN MIN
Las “luces Min Min”
aparecen cerca de la Estación
Alexandria, Australia, el rancho más
grande del mundo con 11 mil millas
cuadradas. Son de color blanco y de unos
15 ó 20 centímetros de diámetro.
Se desconoce a qué
dialecto pertenece el término “Min Min”,
y mucho menos se sabe qué significa,
pero a estas luces se les ha visto desde
hace muchos años. Incluso se dice que
son anteriores al hombre blanco en
Australia. Sin embargo, como en otros
muchos casos de luces misteriosas, no
hay una referencia escrita de estas
afirmaciones. Se sabe sí de algunos
casos ocurridos a mediados del siglo XX.
En los cincuenta, por
ejemplo, todos los inviernos apareció un
fenómeno en la granja de Della
Lanahan, en Queensland, Australia.
Era una luz que vagaba a pocos pies
sobre el terreno, llegando a tener unos
cinco metros de diámetro. En cierta
ocasión Lanahan le disparó y la luz se
contrajo al tamaño de una bola de golf,
para luego volver a expandirse y brillar
con más intensidad. Luego de una hora,
la luz se volvió a encoger hasta
desaparecer, para reaparecer a la
distancia.
Todos los relatos son
muy similares. Como el del granjero que
arriaba sus ovejas cuando de repente
apareció una de esas luces y se posó a
pocos centímetros de su hombro. Por más
que daba manotazos no pudo alejarla.
Luego comenzó a perseguirla a caballo,
pero la luz no se dejaba alcanzar.
Cansado, decidió regresar, pero entonces
la luz, como si se burlara de él, se
volvió a posar sobre su hombro.
Otra noche un
ranchero, cabalgando en su caballo,
encontró una de estas luces. Decidió
espiar la extraña luminosidad y, luego,
la persiguió. En su excitación fustigó
su caballo hacia una valla y cayó
violentamente al suelo. Días después
murió por las heridas.
El relato de primera
mano de un testigo, recogido por Fred
Silcock (al que se le deben las
historias ya mencionadas, entre las casi
500 que logró colectar en 1993) dice que
“la luz apareció cuando estábamos
cazando canguros. Nos asustamos y le
disparamos. No tuvo efecto alguno, por
lo que subimos al auto y partimos. La
luz nos siguió por veinte minutos,
estábamos gritando y llorando”.
Al parecer, los
granjeros australianos son muy dados a
disparar a todo lo desconocido que se
mueva. El primer y único libro que se ha
escrito sobre el asunto es el de
Maureen Kozicka (“The Mystery of the
Min Min Light”, 1994). Kozicka utilizó
mucho del material de Silcock.
Pero las luces de Min
Min no son las únicas que se ven en
Australia. Otra luz fantasma australiana
se ve frecuentemente sobre la Stork
Rute, cerca de Bourke, al noroeste de
New South Wales. Se observa durante los
meses de verano y los rancheros, que ya
la conocen, no acampan en esa área
porque la luz invariablemente asusta a
sus caballos y ganado, con desastrosos
resultados. Aparentemente estas
misteriosas luces infunden terror en los
corazones de los animales.
La región solitaria
del río Murrumbidgee, en New South
Wales, es famosa por su “Quinn’s
Light”. Ésta es una luz de forma
singular, como un brillante destello de
un águila inmensa con las alas
completamente extendidas. Algunos
describen la luz como “el destello más
poderoso jamás visto”. Fue observada por
vez primera flotando a un metro de la
superficie sobre los troncos de los
árboles de goma, en los pastos de la
propiedad de un granjero llamado John
Quinn.
Algunos les han
disparado sin efecto alguno. Otros han
tratado de aproximarse, pero siempre los
elude. Una noche un recién llegado al
distrito se maravilló al ver la forma de
un águila brillante volando sobre su
recién adquirida granja. Declaró a la
policía local que estuvo en medio del
aire por más de diez minutos emitiendo
una luz tan brillante que “todo el lugar
parecía estar iluminado como de día”. Se
asustó tanto por esta experiencia que
recogió sus cosas y volvió a vender la
granja.
El Sr. Glenville
Pike, de Mareeba, North Queensland,
Australia, escribió que él vio una luz
similar a las de Min Min, una noche, a
cerca de 65 kilómetros de St. Lawrence,
en la costa central de Queensland. Lo
primero que pensó era que alguien movía
una linterna. Entonces la vio elevarse
en el aire y danzando durante unos
minutos, hasta que finalmente se acercó
a unos 50 metros por sobre su cabeza. Él
tranquilamente se adentró en la
oscuridad hacia la luz y llegó a estar a
sólo 20 metros. Le pareció “algo como
una enorme bola luminosa, a unos dos o
dos y medio metros sobre el terreno”.
Repentinamente se
elevó a un lado y comenzó a retirarse,
haciendo un movimiento de baile sobre el
terreno pantanoso. Se dio cuenta que la
luz lo estaba guiando hacia dentro del
peligroso pantano, por lo que se paró.
La luz también se paró, vacilando
mientras brillaba un poco más cerca de
él como si intentara que la siguiera. El
Sr. Pike había platicado previamente con
un compañero sobre el profundo abismo
que estaba justo del otro lado del
pantano, por lo que decidió no seguir.
Cuando se dio vuelta y regresó a su
campamento, la luz su fue hacia el
abismo y se perdió de su vista.
Cuando regresó a su
campamento sus compañeros le dijeron que
se trataba, de acuerdo con la leyenda
local, de un hombre que había asesinado
a muchas personas antes de que fuera
arrojado al abismo, por lo que su
espíritu trata, persistentemente, de
llevar a los que se acercan hacia un
destino fatal.
También se han dado
varias explicaciones para estas luces
australianas. Se dijo que era una
colonia de insectos luminosos
provenientes de Asia; un pájaro luminoso
de Vietnam (en el caso de la Quinn’s
Light); centellas; trozos de basura
ardiendo; etcétera. Como más adelante
veremos, la explicación del pájaro
luminoso no está del todo alejada de la
verdad, pero lo más interesante es que a
finales del siglo pasado, el físico
australiano Jack Pettigrew
demostró que varios de estos eventos se
debían a un efecto de inversión térmica
que hacía que las luces de los
automóviles parecieran estar más cerca
de lo que estaban. Se trata, pues, de
refracción de la luz sobre el horizonte.
ASIA
La luz fantasma más
famosa de Asia es la que se aparece en
el río Mekong, cerca de Nongkhai,
Tailandia. Ésta sale del fondo del río y
flota sobre su superficie, a unos diez
metros, para luego salir disparada hacia
el cielo. Los residentes dicen que se
trata de los huevos que deja una
serpiente.
La luz también se
puede ver en Laos. El nombre con el que
se conoce en ambos países es el de
“Luces Nekha”. Nekha es un pez
grande que vive en ese río. El fenómeno
es común en cierta época del año,
durante la luna llena, en octubre, y
sólo dura unos 30 minutos. Mucha gente
de los alrededores viaja al lugar para
tratar de verlo. Incluso se le ha
filmado. La televisión Thai emitió unas
imágenes en 1996. Se cree que se trata
de fuegos de artificio lanzados por
bromistas.
También se les conoce
como las “Nong Khai lights” o los
“Nagas”, porque el pueblo más
cercano es el de Nong Khai, sobre el río
Mekong. En Tailandia son famosos los
Nagas, unos seres míticos en forma de
llamas que se ven en octubre volando
sobre la superficie a gran velocidad.
En 1907 el explorador
Sir William George Maxwell, en su
“In Malay Forests'”, describe su
experiencia con dos bolas de luz en la
costa oeste de la península Malaya, en
1895. Se trataba de pequeñas esferas de
luz que se movían a velocidades
variables en el bosque y que los
habitantes del lugar llamaban
“Penanggal”, el fantasma de una
mujer muerta durante su trabajo de
parto. Mencionaba también casos
similares en Siberia, Alemania,
Finlandia, Noruega, Escocia y América
del Sur.
En la India, aparecen
los “Chota-admis”, de Darjeelin.
Se piensa que las luces son pequeños
hombrecitos o se les considera las
linternas que usan esos pequeños seres
que habitan en el interior de la tierra.
Nerendra Nayak,
uno de los escépticos de la India,
explicó las “luces de Padubidri”,
cerca de Mangalore, India, que se ven
desde 1982.
Al oeste del río
Éufrates, en Irak, el antropólogo
Henry Field, del Chicago Field’s
Museum (actualmente el Chicago
Museum of Natural History) se
enfrentó con una de estas luces una fría
tarde de enero de 1926. Se encontraba
sobre las dunas del desierto de
Mesopotamia, en un camión del Ejército
Británico, en una expedición científica
autorizada por el Vicealmirante del Aire
Sir John Higgins. Era una tarde
lluviosa y granizaba. Field miraba al
cielo, hacia el noroeste, cuando vio una
impresionante luz verde. Pensó que se
trataba de una de las luces de bengala
que usaban los miembros de la Royal Air
Force.
Field les comunicó lo
observado a los miembros de la patrulla.
El sargento ordenó parar. Mientras
platicaba con Field, la luz apareció de
nuevo, muy arriba en el cielo.
Indudablemente era verde, y voló por
unos segundos antes de desaparecer.
“Algunos de nuestros
muchachos podrían estar en problemas o
son algunos nativos jugando con equipo
robado”, dijo el sargento.
“Investigaremos”.
Cuando la patrulla
alcanzó el área en donde había
desaparecido la luz, no encontraron nada
a pesar de rastrear cada detalle. Al
regresar al Fuerte Rutba, cuartel de la
RAF en Bagdad, se dio instrucciones para
que partieran algunos aviones e hicieran
una búsqueda desde el aire en la región
al oeste de Ramadi. Nuevamente no se
tuvo éxito.
Veinte años después,
en 1946, Field estaba con un grupo en
una caravana que se dirigía hacia
Damasco. Los camelleros le contaron
diversos relatos de las misteriosas
luces que se ven en Ramadi. Algunos de
los beduinos las habían visto tres o
cuatro veces. “No tenemos idea de lo que
son. Hay muchos misterios en el
desierto. La luz es uno de ellos”,
dijeron.
ÁFRICA
Pocos relatos han
llegados hasta México de las luces
fantasmas que se pueden ver en África.
Supongo que son tan frecuentes como en
cualquier otra parte del mundo, pero
sólo conozco las “Blue Sparks of
Khartum”, en Sudán, y un fenómeno
similar de Kano, al norte de Nigeria.
Ambos son causados
por cargas de electricidad estática que
es generado por la fricción de las
partículas de arena cuando son movidas
por el viento. Ésta también es la
explicación de las “Dancing Ghost
Lights” que se ven regularmente
sobre las Oriflamme Mountains, sobre la
vieja carretera de Butterfield Stage, al
sur del desierto de California, cerca
del pueblo Julian.
MÉXICO
Llegamos a México.
Las tradiciones son muchas y merecen un
artículo aparte. Por el momento sólo
veremos un panorama general de las luces
fantasmas en este país.
Al igual que en el
Perú, en México también se mencionan las
“luces del dinero” o “luces del tesoro”.
Muchas de ellas están asociadas a
relatos de la Revolución. Se dice, por
ejemplo, que en cuatro ciénagas en donde
se ahogó el General Fierro
(lugarteniente de Francisco Villa)
se aparece en la noche una luz que
señala el lugar en donde está el oro que
llevaba en las alforjas y que finalmente
lo hundió junto con su caballo.
En otras regiones se
habla de “las brujas”, luces que se ven
sobre los cerros y montañas en días de
gran turbulencia. En Tula, Hidalgo, se
pueden ver estas luces en el cerro del
Xicuco. En ese mismo Estado, en el
parque nacional del Chico, también son
frecuentes.
En el Estado de
México, sobre la carretera
México-Querétaro, encontramos una
pequeña cima llamada Jorobas, en la que
ocasionalmente se ven luces,
revoloteando las cruces que se
encuentran en el sitio. Curiosamente en
ese lugar se dio un fraude muy sonado de
un supuesto extraterrestre que luego
resultó estar hecho de plastilina.
Sobre la misma
autopista nos podemos dirigir a la Peña
Colorada, muy concurrida por los
cultores del New Age y las medicinas
alternativas. Ahí también se han visto
luces que saltan sobre la cima.
Un lugar sagrado en
el que se veían muchas luces del tipo de
fuego de San Elmo es la cañada de
Chalma. Según unos autores, a raíz de
que se instalaron las cruces sobre la
parte superior de la cañada, se dejaron
de ver las “brujas”. Si esto es cierto
la probable explicación es que dichas
luces actúan como una especie de
pararrayos que canaliza la energía hacia
tierra. Confieso que no soy buen
bailarín por lo que nunca he visitado el
santuario.
En el famoso Valle de
Santiago, Guanajuato, las siete
luminarias, en realidad más de treinta
volcanes, se han visto infinitud de
objetos luminosos que los contactados
locales confunden con OVNIS. Vecino al
lugar, el cerro de Colima, en el Estado
de Michoacán, es fuente de luces que, se
dice, salen de su interior.
No lejos de ahí está
la mesa Ibarrilla, en donde se dice hubo
un OVNIcrash, y frecuentemente se ven
extrañas luces que corren por el lugar.
Otro valle famoso
dentro de la literatura ufológica es el
de Cevallos, Durango. La zona del
silencio en la que se ven luces en el
día y en la noche.
Al norte de la ciudad
de México, sobre el cerro del Tenayo, en
Tlalnepantla, en donde se encuentran las
torres de transmisión, se han reportado
esferas de luz.
Durante la oleada de
avistamientos sobre el Tetliyolotl, en
Puebla, Oscar García y quien esto
escribe pasamos varias noches en vela en
el lugar. Mientras que la mayoría de la
gente gritaba y mencionaba, señalando a
lo lejos, la presencia de un supuesto
OVNI, García y yo sólo podíamos ver unas
luces que bien podían asimilarse a las
de un avión saliendo o llegando al
aeropuerto que se encuentra detrás del
cerro mencionado.
Ciertas noches con el
ambiente húmedo del cerro de Santa
Polonia, en el pueblo de San Cristóbal,
en Pachuca, México, se ven
fosforescencias en pleno cerro. Se debe
a gases que se oxidan al contacto con el
aire, cuando escapan a través de grietas
en el suelo. En las minas de carbón se
les conoce como grisú, y es mortal para
quien los respira. La “Bella Rosita”,
mina de Coahuila, México, explotó hace
ya muchos años a causa de este gas.
PROYECTOS DE
INVESTIGACIÓN
En 1985 dos
estudiosos ingleses de “luces fantasma”,
David Clarke y Granville Oldroyd
publicaron “Spooklights. A British
Survey”, una pequeña monografía en
la que se documenta de manera rigurosa
el fenómeno en Inglaterra, a través de
una investigación de los archivos y
hemerotecas.
Este fenómeno existía
aún antes de la era de los “discos
voladores”. Muchos avistamientos del
siglo XIX y otros de inicios del XX se
dieron en South Warwickshire, que se
encuentra sobre una falla geológica.
Posteriormente en 1987 publicaron “British
Spooklights”, donde sostienen que
esas luces han acompañado a la humanidad
por toda la historia, y que después de
1947 se les asimiló al fenómeno OVNI.
Con Paul Devereux afirman que incluso
algunos asentamientos y edificaciones
prehistóricas se construyeron sobre
lugares en donde se manifestaban esas
luces.
Estos autores
pusieron una atención particular en la
llamada “Pennine connection” que
mostraba una relación recurrente entre
estos fenómenos y la región inglesa de
los montes Pennini, al norte de
Yorkshire y Derbyshire. Esta compleja
serie de eventos daría lugar al
Project Pennine. Siguiendo la
denominación de la ufóloga británica
Jenny Randles, se trata de UAP
(Unidentified Atmospheric Phenomena).
Clarke y Oldroyd
encontraron que los tamaños iban de
pocos centímetros a cinco metros,
amorfos, de composición gaseosa, a veces
similares a gigantescos ojos humanos o a
las luces de los automóviles, pero de
naturaleza pulsante. Otros estaban
compuestos de múltiples y pequeñas luces
que se separaban y se reunían. Según
Hilary Evans es difícil no sugerir
que se trata de seres vivientes
luminosos dotados de cierta forma de
conciencia. En contra de la explicación
del geoquímico inglés Alan Mills
de que son fuegos fatuos, Clark
argumenta que los ensayos
cromatográficos en el laboratorio no han
mostrado la presencia de gas de los
pantanos ni la menor traza de fósforo.
Evans fundaría poco
después el Project Bolide, que es
el acrónimo de Ball of Light
International Data Exchange, un
pequeño grupo informal de investigadores
que recaba información sobre luces
insólitas.
Casi una década antes
un estudio similar fue llevado a cabo
bajo el nombre de Project
Identification en Piedmont, Missouri
iniciado por el profesor de física
Harley Rutledge, de la Southeast
Missouri State University debido a una
oleada de avistamientos en Piedmont a
comienzos de 1973. El resultado fue un
estudio de siete años y en el que
participó un total de 40 científicos,
ingenieros, estudiantes y personas
ajenas a la universidad.
El Project
Identification registró 157
avistamientos que involucraron a 178
OVNIS. Rutledge afirmó haber presenciado
160 objetos sin identificación. Pero
algo particular surgió de este estudio,
que no logró aportar definiciones sobre
la real naturaleza del fenómeno y además
agregó más extrañeza al enigma. Tal como
en Hessdalen los participantes tuvieron
la impresión que no solo estaban
observando a los OVNIS, sino que,
incluso, interactuaban con ellos. Se
informó sobre objetos que parecían
reaccionar al hecho de ser observados o
a que se los iluminara. Los misteriosos
cuerpos hacían destellar las luces a
modo de respuestas, y hasta se dijo que
los supuestos OVNIS parecían conocer el
horario de guardia de los observadores.
Sugestiva fue la
afirmación de Rutledge al comentar que
“hubo algo más que la medición de las
propiedades físicas de los OVNIS por
parte de observadores desapasionados.
Una relación, un conocimiento se
desarrolló entre nosotros y la
inteligencia del OVNI. Se jugó un
juego".
En México también se
han llevado a cabo estudios de esta
naturaleza. Durante la oleada de OVNIS
en el Popocatépetl, en 1996 Devereux y
Strand y el físico David Fryberger,
del Centro del Acelerador Lineal de
Stanford, en California, iniciaron
varias investigaciones en lugares de
presuntas apariciones de OVNIS, como las
faldas del volcán Popocatépetl. El
ufólogo de la televisión mencionó que lo
que habían registrado los aparatos era
de tal magnitud que nunca antes ni
después se había encontrado el mismo
resultado. Sin embargo, según el propio
Devereux los resultados fueron menos
relevantes que los encontrados por ellos
mismos en Australia, durante su
investigación de las luces de Min Min.
LUMINISCENCIA
In ilo tempore
se conocían sustancias y animales que
resplandecían en la oscuridad. Este
fenómeno generó muchas supersticiones,
pero al mismo tiempo despertaba
curiosidad.
Como en tantas muchas
otras cosas, fueron los chinos quienes
mencionaron por primera vez la
existencia de las luciérnagas y de
algunos gusanos luminosos. En el “Shih
Ching” (Libro de las Odas), de 1500
a 1000 a.C. se hace una descripción de
estos animales:
“Algunas cosas no
arden por su naturaleza, ni tienen fuego
de ningún tipo, aún así parecen producir
luz”, escribió Aristóteles en su
“De Coloribus”, refiriéndose a la luz
que emitían ciertos peces en estado de
descomposición.
Cristóbal Colón
en su primer viaje vio luces extrañas:
“Y era como una candelita de cera que se
alzaba y levantaba, lo cual a pocos le
parecía ser indicio de tierra, pero el
Almirante tuvo por cierto estar junto a
tierra”.
El primero en
describir, en 1565, una solución acuosa
extraída de la madera, que poseía un
extraordinario color azul intenso fue el
alquimista español Nicolás Monarde.
Le dio el nombre de “lignum
nephrilicum”. Casi un siglo
después (1655), Athanasius Kircher
la estudió en Alemania, y luego
Francisco Grimaldi en Italia y
Robert Boyle e Isaac Newton
en Inglaterra. Los dos últimos
encontraron que, cuando la solución se
iluminaba con luz blanca, se transmitía
una luz amarilla, al mismo tiempo que se
reflejaba la luz azul que todos podían
ver. En 1852, otro inglés, George
Stokes, demostró que la solución
absorbía cierta longitud de onda de la
luz blanca, mientras que emitía una luz
de mayor longitud de onda. Esta emisión
desaparecía de forma instantánea cuando
se apagaba la luz. El mismo fenómeno fue
observado en los espatos minerales
(fluorspar), por lo que Stokes acuñó el
término de fluorescencia.
Años antes, en 1603,
ya se había observado cierto tipo de
luminiscencia en sustancias como el
sulfato de bario (barita natural).
Vicenzo Cascariolo, de Bolonia, al
calentar esta sal con carbono, logró
producir una sustancia que emitía luz en
la noche. Aparentemente se cargaba
durante el día con la luz solar y luego,
durante la noche, brillaba con cierta
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