“Vosotros duendecillos, que a la
luz de la luna hacéis cercos de hierba
amarga que la oveja no quiere comer;
y vosotros, que por diversión criáis
hongos nocturnos...”.
William Shakespeare
en “La Tempestad”
Una gran cantidad de informes de
presuntas huellas de OVNIS pueden
entrar, luego de un riguroso examen y
análisis de muestras, dentro de un rango
bastante convencional, pero no por ello
menos interesante: la explicación
proporcionada por un curioso fenómeno
natural conocido como Anillos de
Hadas.
Los biólogos conocen con este nombre a
aquellas bandas de crecimiento
diferencial de vegetación, las que se
pueden encontrar no sólo en los prados,
sino también, en los campos de cereales
(2), montes recién talados y, más
comúnmente, en terrenos calcáreos.
Estos anillos son visibles aunque no
hayan crecido ahí los carpóforos, más
conocidas como setas, que son los
cuerpos fructíferos de los hongos, y que
pueden llegar a producir billones o
trillones de esporas. Los anillos forman
un círculo casi perfecto que, al final
del verano, se cubre de setas.
En otras épocas, la presencia de estas
bandas se atribuía a diversos agentes,
tales como los relámpagos, las hormigas,
los caracoles, las pacas de heno que se
apilaban en los campos, etcétera. Para
la mentalidad supersticiosa de la Edad
Media esto era obra del diablo o “cosas
de brujas”. Se decía que eran generados
por bocanadas de vapores subterráneos,
provenientes del infierno, o que el
diablo mismo había caminado, durante la
noche, dejando su huella mientras batía
su mantequilla (3).
La teoría de que los anillos eran
producto de los relámpagos fue muy
socorrida en el siglo XVIII. El padre
Marranzino cita un pareado de
Erasmus Darwin (1731-1802), abuelo
del naturalista inglés, que en 1789
escribía:
“De oscuros nubarrones salta veloz el
rayo
hendiendo el fuerte roble o haciendo el
corro mágico”.
El mismo Erasmus Darwin escribió:
“Existe un fenómeno, al parecer de
naturaleza eléctrica, al que aún no se
ha conseguido explicar: me refiero a lo
que en lenguaje popular se llaman los
corros de hadas que, con tanta
frecuencia aparecen en los prados.
“A veces, los segmentos mayores o más
predominantes de nubes que van
descendiendo gradualmente a medida que
se desplazan, descargan el agua que
transportan en las zonas más húmedas de
las llanuras herbosas. Ahora bien, este
mamelón o extremo de la nube, adquiere,
al ser atraído hacia la tierra, una
forma casi cilíndrica, de manera
parecida a lo que ocurre con la lana
suelta de la rueca al hilarla, y despide
al suelo un chorro de electricidad de
dos a diez yardas de diámetro, pero sólo
la parte exterior del cilindro quema la
hierba”.
Ahora sabemos que Darwin estaba
equivocado, pero durante mucho tiempo
estas teorías fueron aceptadas como
buenas.
A estas curiosidades (los anillos de
hadas) se les conoce con diversos
nombres: salones de baile de las hadas,
terrenos de las hadas, cohortes de
hadas, corros de brujas o anillos de
brujas. Estas formaciones están
relacionadas con las brujas, hadas,
duendes y demás seres mitológicos en
casi todas las culturas y lenguas.
En Alemania se creía que tales anillos
se formaban cuando las brujas salían en
la noche de Walpurgis (4) para danzar en
los campos. En Holanda se creía que eran
producto del diablo, por lo que se
suponía que, si alguna vaca los pisaba,
su leche daría pésima mantequilla. En
Francia se afirmaba que albergaban sapos
gigantescos de ojos saltones. Los
italianos lo conocen por el nombre de
Cerchi delle Streghe (círculos de
las brujas), porque creían que ahí
hacían sus reuniones nocturnas. Los
catalanes les llaman Candeles de
bruch (luces de las brujas). En
nuestra época tecnológica lo más común
es que las mentes simples los atribuyan
al aterrizaje de un OVNI.
Las tradiciones europeas que consideran
a las hadas como responsables de tales
círculos fueron recopiladas por el
investigador americano Walter Yveling
Evans Wentz (5). Según estas
leyendas:
“Las hadas existen y es en los anillos
donde, a veces, se las suele ver bailar.
La hierba jamás crece alta en los bordes
del anillo, pues es de la especie más
corta y fina. En el centro crecen, en
círculo, las setas de las hadas en las
que éstas toman asiento. Las hadas son
muy menuditas y gustan de cantar y
bailar. Llevan libreas verdes y, a
veces, bonetes y casacas rojas”.
Adrien Leroux,
de Lincy, en sus “Livres des
légendes” refiere que las hadas en
Noruega eran seres de gruesa y enorme
cabeza, piernas diminutas y brazos
desmesurados. Estos seres reciben
diversos nombres según la región de
Europa donde nos encontremos: hadas.
elfos, gnomos…
“Se les atribuye la creación de los
círculos verde brillantes, llamados
elfdans, que a veces se ven en los
prados. Incluso hoy en día, cuando un
campesino danés descubre uno de estos
círculos al alba, dice que allí han ido
los elfos a bailar durante la noche”.
TEORÍAS ACTUALES
Hoy se sabe que la formación de estos
anillos se debe a la maraña de hilillos
microscópicos fungosos, el mycellium,
enterrado bajo el círculo mágico.
Para comprender el mecanismo de
crecimiento de los anillos es necesario
tener en cuenta lo que es realmente un
hongo. Los pequeños sombrerillos
llamados carpóforos o setas no son sino
la parte reproductora. La parte más
grande del hongo, como un iceberg (6),
está oculta bajo la tierra. Es el
micelio, cuyas ramificaciones,
constituidas de pequeñísimos filamentos,
llamados hifas, pueden extenderse a más
de un metro de profundidad. É0ste es el
verdadero cuerpo o tallo del hongo.
Estas ramificaciones microscópicas se
les conoce vulgarmente con el nombre de
“blanco de hongo”.
La función del micelio es la de
conseguir el alimento. Ésa es la razón
por la cual se extienden por el terreno
en busca de nuevos nutrientes. Los
micellia pueden alimentarse casi de
cualquier cosa y crecer prácticamente en
cualquier lugar, desde el suelo a la
madera, hasta el vidrio o el cuero.
Algunos crecen sobre materia orgánica,
mientras que otros viven de los
organismos vivos, ya como parásitos, ya
como parte de un grupo simbiótico.
En el caso de los hongos que producen
anillos de hadas, los subproductos de
descomposición que aquellos producen,
alimenta la hierba que crece encima del
micelio subterráneo que siempre sale a
flor de tierra. En consecuencia, la
hierba sobresale del anillo.
La manera en que se forman los anillos
de hadas es muy interesante. Supongamos
que han nacido hongos en un punto
determinado del suelo. Si las
condiciones son favorables,
particularmente si la humedad es
elevada, van a proliferar alrededor de
su punto de origen. Debajo de la tierra,
por lo regular, los micelios crecen por
igual en todas direcciones, de una forma
radial. Al agotar las sustancias que los
nutren, algunos de ellos van muriendo,
pero otros, los que han avanzado más
allá del círculo en donde se han agotado
los nutrientes, tendrán oportunidad de
fructificar y formar setas.
Estas setas dejarán caer sus esporas,
que se desarrollarán en la parte
exterior de este nuevo círculo, lo que
provoca que la parte viva del hongo sea
un anillo que se va extendiendo de forma
radial. Este fenómeno se seguirá
repitiendo de modo indefinido, pues las
distintas generaciones de hongos
agotarán las sustancias alimenticias del
lugar en el cual vivieron. Así se irá
formando un anillo que, a medida que el
tiempo pase, tendrá mayores dimensiones,
puesto que las nuevas setas irán
creciendo y esparciéndose por la parte
exterior en busca de su alimento.
Los corros de brujas se pueden apreciar
incluso cuando el hongo todavía no ha
producido las setas, ya que la
acumulación de nitritos por parte del
hongo hace que la hierba crezca con más
vigor sobre éste, formando un corro de
hierba más alta.
La formación de estos anillos refleja el
modo en que crece el hongo si no tiene
obstrucciones de tipo físico o
biológico. En el laboratorio, los hongos
pueden crecer hasta formar un círculo
perfecto. Generalmente, en la naturaleza
esto no ocurre, debido a diversos
factores. Los hongos tienden a crecer
siguiendo los sustratos favorables y
manteniéndose alejados de las
condiciones desfavorables (7). El ancho
de estas zonas circulares es constante,
no sobrepasando, generalmente, los 20 ó
30 centímetros.
El anillo aumenta de diámetro
anualmente, como consecuencia del
crecimiento subterráneo de su aparato
vegetativo. Los anillos de hadas son
colonias gigantes formadas después de
muchos años de una dura lucha contra las
condiciones ambientales. Se conocen
casos de anillos de más de 70 metros de
diámetro, a los que se les ha calculado
una edad aproximada a los 400 años. Pero
los más típicos se escalonan entre uno y
cuatro metros.
La velocidad de crecimiento hacia el
exterior depende de numerosos
parámetros: naturaleza del suelo, de las
plantas que ahí crecen y del propio
hongo. El crecimiento puede oscilar
entre 7.5 y 60 centímetros por año. En
algunos casos, los hongos florecen
durante dos o tres años hasta dejar
exhausto el terreno, sin nutrientes, por
lo que el mismo hongo llega a morir.
La zona de crecimiento acelerado de
hierba se desplaza también con los
hongos; y ello se debe a los abonos
nitrogenados producidos por el ciclo
ecológico del parásito; éste, por
descomposición de las proteínas de la
materia orgánica proveniente del suelo,
libera amoniaco, que las bacterias
transforman en nitritos, y después en
nitratos. Pero este crecimiento, que
presenta ciertas cualidades estéticas,
lleva a un estado final de
debilitamiento de la vegetación sobre
una franja del anillo situada entre dos
zonas estimuladas como consecuencia del
efecto de los cambios fisicoquímicos del
suelo, debidos al micelio.
Bajo condiciones tan desfavorables, toda
la superficie del círculo resulta, al
fin de cuentas, dañada y el anillo de
hadas así formado puede, erróneamente,
hacer pensar que se trata de una
quemadura, no bien la hierba desecada
tome un color rojizo o amarillento. Pero
también cabe acotar que hay casos en los
que se observan anillos rodeados de
hongos sin menores efectos en la
vegetación (8).
Algunos de estos anillos presentan una
particularidad aún más sorprendente: las
setas suelen aparecer de la noche a la
mañana, como “por arte de magia”. Este
fenómeno también tiene una explicación
racional. Es bien conocido que todo ser
vivo está compuesto, esencialmente, de
agua: en el caso del hombre, el 70% de
su peso es agua, pero este porcentaje
aumenta al 90 ó 95% en el caso de los
hongos y las algas. Ciertas especies
pueden, en tiempos de sequía, reducirse
mediante deshidratación al tamaño de una
cabeza de alfiler, apenas visible. Al
llegar la lluvia, la criptógama crece
por absorción de agua a una velocidad
tal, que de buena fe puede creerse que
ha surgido de la nada. Todo el proceso
puede ocurrir en una noche.
LA RELACIÓN CON LOS OVNIS
Desde la muy temprana época de los
platillos volantes (años 50 y 60), los
ufólogos intentaron establecer una
relación entre los anillos de hadas,
hongos y OVNIS. El hecho de que en
algunos sitios aparecieran, de repente,
enormes hongos que no estaban ahí el día
anterior, o que en los prados se vieran
zonas casi perfectamente circulares de
anillos en donde la vegetación o bien,
había crecido superando en tamaño a la
que crecía fuera del círculo, o bien
formando un anillo de terreno “seco y
quemado”, dio lugar a que algunos
teóricos de los OVNIS difundieran la
idea de que algunos de estos aparatos
habían aterrizado en esas zonas. Sus
motores, decían, habían quemado la zona
y la radiación había alterado la hierba
haciéndola crecer de manera
desproporcionada. Muchos de estos casos,
la mayoría, se dieron en Argentina (9).
A principios de los 70 algunos ufólogos
críticos (10, 11) se percataron de que
estos fenómenos nada tenían que ver con
los OVNIS y así lo dieron a conocer. No
obstante, para la gran mayoría de los
aficionados a los OVNIS y las nuevas
generaciones que se acercan al tema, el
asunto de los anillos de hadas continúa
siendo parte integral del mito
ufológico.
Allan Hendry,
quien fuera director de investigaciones
del CUFOS, presenta el caso en su “The
UFO Handbook” (12), de un matrimonio
que vivía en Galena, Illinois. La mañana
del 7 de agosto de 1977 descubrieron un
gran anillo en el patio trasero de su
casa. Los testigos habían vivido en el
sitio desde 1946 y nunca habían visto
algo parecido. Le avisaron a su vecino y
éste se comunicó al CUFOS diciendo que
“nódulos de molibdeno o níquel formaron
un anillo de tres o 3.5 metros”.
Hendry se dirigió de inmediato al sitio
y encontró que en realidad tenía casi
unos cuatro metros de diámetro por 20
centímetros de ancho. El prado estaba
cubierto de pequeñas esferitas,
parecidas a cabezas de los alfileres, y
aglomeradas de forma muy compacta.
Dentro del anillo había, además, tres
manchas equidistantes que sugerían una
especie de trípode o tren de aterrizaje.
Pero la hierba no estaba aplastada,
aunque sí estaba cubierta, por arriba y
por debajo del suelo, con esa
sustancia.
Al colectar las bolitas se vio que no
eran metálicas y que se deshacían
fácilmente, en un fino polvo, al
tocarlas. El “nido de OVNI” se
encontraba directamente bajo las ramas
de un árbol y, a un lado, había varias
líneas de tensión. Definitivamente un
OVNI no podía haber aterrizado en ese
lugar.
Hendry recolectó algunas muestras del
material y lo llevó a analizar al
Field Museum of Natural History, en
Chicago. El veredicto fue “lodo de
hongos” (Myxomycetes sporangia),
un hongo primitivo. Este hongo comienza
su crecimiento como una simple espora y
va creciendo, de manera radial, en forma
de gel transparente, unas cuantas
pulgadas por día. Cuando entra en la
fase de esporas, más o menos cuando el
círculo que va formando, alcanza unos
tres metros de diámetro, y se vuelve
visible ya que adopta la forma de
pequeñas microesféras de aspecto
metálico.
Curiosamente cinco días después un
investigador OVNI independiente envió
muestras “de una sustancia dejada por
dos OVNIS al aterrizar en un terreno al
noroeste de la Universidad de Purdue en
Indiana”. Hendry las identificó de
inmediato como las esporas del
Myxomycetes. Las muestras provenían
de dos anillos adyacentes de ocho pies y
once pulgadas de diámetro. Tanto los
estudiantes de la universidad como el
sheriff del condado, supusieron que las
habían dejado dos OVNIS al aterrizar.
En México varios casos de aterrizaje
investigados por el comité OVNI de la
“Sociedad Mexicana para la Investigación
Escéptica”, resultaron ser anillos de
hadas (13). El caso de Tula, en
particular, fue presentado en la
televisión en el programa “¿Usted qué
opina?”. En esa ocasión, Héctor
Escobar fue el encargado de hablar
del asunto. Desafortunadamente Héctor
tenía poco de conocer el fenómeno de los
anillos de hadas y tampoco entendió mi
explicación sobre los análisis que hice
del terreno, por lo que su presentación
fue poco entendida. Tan es así que la
señora Zita Rodríguez, que en ese
entonces dirigía la revista “Reporte
OVNI”, se atrevió a decir que los
escépticos “tenían una gran
imaginación”. Rodríguez escribió (14):
“Algunos ‘analistas escépticos’ del
fenómeno OVNI, formularon la hipótesis
de que estos círculos fueron creados ‘de
la noche a la mañana’ por unos hongos de
tipo carnoso de pie y sombrero que son
muy comunes en nuestros bosques (…) Para
su desarrollo tardarían varias semanas y
los daños se verían en un período de uno
a dos meses”.
La que tenía mucha imaginación y poca
cultura era Zita, quien creía que
nosotros imaginábamos un enorme hongo
bajando del cielo y produciendo la
huella. Tampoco sabía que,
efectivamente, las setas podían aparecer
“de la noche a la mañana”.
Por otra parte, nosotros nunca dijimos
que las huellas que aparecieron en el
cerro de La Estrella se debieran a
hongos. Lo que encontramos, simplemente
al entrevistar a la gente del lugar, era
que tales círculos se habían formado
porque ahí salían a entrenar a unos
caballos. Atados de cuerdas se les hacía
girar y habían llegado a formar esos
surcos. Esto lo debería saber Zita,
porque estuvo en el sitio y sólo hay dos
explicaciones: o era muy mala
investigadora y no preguntó a los
vecinos por el fenómeno, u ocultó la
explicación en aras de poder vender su
revista.
Finalmente, en su artículo citado extrae
un largo párrafo sacado de algún texto
de educación secundaria, para darles una
clase sobre los hongos a esos
“escépticos tan imaginativos”, y de paso
demostrar sus enormes conocimientos de
“botánica”.
Ciertamente los artículos críticos sobre
el tema de los anillos de hadas han
tenido poca difusión, pero confío en que
este artículo pueda, de una vez y para
siempre, dejar el asunto zanjado y los
ufólogos ya no vuelvan a mezclar esas
cosas que se ven en el cielo con
aquellos manjares tan suculentos de la
tierra.
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NOTAS Y REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
(1) Una versión original
de este artículo apareció en los
siguientes boletines:
Ruiz Noguez, Luis.
“Corros de brujas”. “Esto me Interesa”.
No. 3. México. Marzo de 1978. Páginas
8-10.
Ruiz Noguez, Luis.
“Anillos de hadas”. “Perspectivas
ufológicas”. Año 1. No. 1. México.
Diciembre de 1993. Páginas 33-36.
(2) No confundir con los
famosos crop circles, cuyo
origen, en su mayoría, es espurio.
(3) En ese entonces la
mantequilla se batía dentro de una
especie de toneles o barriles que en la
parte superior tenían una especie de asa
o palo que era el que se agitaba
caminando alrededor del barril.
(4) Se celebraba el 1 de
mayo y se decía que los brujos,
hechiceras y demonios se reunían en el
Broken (un cerro), y que por la mañana
se podía ver su enorme sombra proyectada
sobre la niebla: el famoso espectro del
Broken, que también tiene alguna
relación con los OVNIS, misma que
veremos en otra ocasión.
(5) Walter Yveling Evans
Wentz. “The Fairy-Faith in Celtic
Countries. The Classic Study of the
Luminous Reality of Leprechauns, Pixies,
and other Fairy Spirits”.
Citadel Press/Carol
Publishing Group. Nueva York. 1977.
(6) Los micellia
pueden llegar a ocupar una superficie de
varios cientos de hectáreas. Se sabe que
el ser vivo
más grande (y
probablemente el más antiguo) del mundo
es un hongo que se extiende por miles de
hectáreas en zonas boscosas que abarcan
gran parte de Canadá y el norte de los
Estados Unidos.
(7) Shirtloff, Randall.
“How to control lawn diseases and
pests”. Intertec Publishing Co. Kansas.
1974.
(8) Dickinson C. y Lucas
J. “The Encyclopaedia of mushrooms”.
Crescent Books. Nueva
Cork. 1983.
(9) El ufólogo Carlos
Alberto Demaría publicó
diversos artículos en su boletín
“Extraterrestre”, en Buenos Aires,
Argentina.
(10) González, M.;
Janosch H.; Ujvari A. y Alcaraz A. “Caso
Correa. Retrospectiva. Los Hongos:
¿Desafían a la Ciencia?”. “CEFANC
Boletín Informativo”. Año 1. No. 2,
Buenos Aires, Argentina. 1980.
(11) Bourtembourg,
Charles y Scornaux, Jacques. “Anillos
de hadas”.
“OVNIS un desafío a la ciencia”.
Año II. No. 9. Buenos
Aires, Argentina. Octubre-noviembre de
1975.
Ver también Scornaux,
Jacques y Piens, Christiane. “A la
búsqueda de los OVNIS”. Barcelona,
España. 1977.
285 Páginas.
(12) Hendry, Allan.
“The UFO handbook”. Doubleday & Company
Inc.
Garden City. Nueva Cork.
1979.
(13) Ruiz Noguez, Luis;
García, Óscar; Escobar, Héctor y
Chavarría, Héctor. “Aterrizaje en Tula:
Un cuento de hadas”. “Perspectivas
ufológicas”. Año 1. No. 1. México.
Diciembre de 1993. Páginas 11-20.
García, Óscar. “El OVNI
de Poza Rica”. “Perspectivas
ufológicas”. Año 1. No. 1. México.
Diciembre de 1993. Páginas 26-32.
(14) Rodríguez,
Zita. “¿Qué misterioso efecto produce
círculos en los campos?”. “Reporte
OVNI”. Año 1. No. 16. México. Enero de
1994. |